LOS PRIMEROS INVESTIGADORES DEL AHPTO

Aunque el AHPTO empezó a funcionar probablemente en 1932, no sabemos mucho de su actividad durante los primeros años porque su documentación administrativa fue destruida durante la guerra civil. Así que tampoco sabemos quiénes fueron los primeros usuarios de nuestro centro. Solo a partir de 1937 empezamos a encontrar indicios a través de los informes y memorias elaborados por sus directores pero, por lo general, no hacen referencia a ningún usuario o, directamente, afirman no haber recibido a ninguno.

Hay que esperar al informe anual de 1943 para encontrar la primera referencia a un investigador. En realidad, a tres investigadores. El primero de ellos fue el historiador del arte Diego Angulo Íñiguez, al que, sin embargo, no se le pudo atender porque realizó una petición muy genérica. Pero también se indica que hubo otras dos consultas que sí se respondieron adecuadamente, en ambos casos, parece, con el mismo documento: el testamento de Juanelo Turriano, que se convierte, así, en el primer documento de nuestro centro en haber sido consultado, por lo menos hasta donde tenemos noticia. Por desgracia, el informe no menciona el nombre de la persona que realizó estas consultas.

En los años sucesivos, los informes insisten en las carencias de material, personal e infraestructuras, además de las dificultades de compartir el espacio con el Museo y la Biblioteca. Pero no mencionan nuevos investigadores. Solo en 1956 encontramos referencias al uso de los documentos en las “Respuestas al interrogatorio formulado por la Inspección de Archivos de la zona Centro-Sur” firmado por la entonces directora del centro Ana María Vigón, que luego fue muchos años directora del Archivo General de la Marina y cuya fotografía hemos obtenido del Portal de Archivos Españoles, PARES. Afirma esta archivera que han atendido al genealogista boliviano Adolfo de Morales y Sánchez-Tagle, al que se facilitaron “protocolos de la segunda mitad del siglo XVI”. También se dice que, por mediación de la archivera Consuelo Gutiérrez del Arroyo, se envió a “un investigador alemán” la transcripción de un documento que podemos identificar con el contrato firmado por El Greco en 1591 para el retablo de la iglesia de Talavera la Vieja. Al año siguiente, la directora ya afirma haber recibido cinco investigadores, sin mayores especificaciones, lo que parece indicar una cierta normalización en el uso del archivo.

Poco después, en 1959, el Ministerio de Educación establece la obligatoriedad de disponer de una “tarjeta especial de identidad” para poder consultar los fondos de los archivos, tarjeta que se podría expedir en los mismos archivos. Esto hizo que empezaran a recogerse sistemáticamente, por primera vez, los datos de los usuarios del nuestro centro, incluyendo una fotografía. El primer usuario del que tenemos datos registrados es Fernando Jiménez de Gregorio, conocido historiador de la zona occidental de nuestra provincia. La primera mujer registrada del mismo modo, pocos meses después, fue María Luisa García-Pando García, catedrática de instituto, que dice estar realizando una “recopilación de datos sobre inmuebles”. A partir de aquí, la mayor parte de los historiadores de nuestra provincia han pasado por el AHPTO y conservamos su información. Sirva este post como homenaje a todos ellos y ellas.

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