LA CODORNIZ Y EL DIARIO MADRID, SECUESTRO Y RETIRADA DE PRENSA

Cada 3 de mayo se celebra a nivel mundial el día de la libertad de prensa, hoy traemos a escena documentos de nuestro archivo sobre la confiscación y retirada de algunos ejemplares del diario Madrid y de la revista de humor gráfico La Codorniz, cuando no existía tal libertad de prensa en la época franquista.

Los hechos tuvieron lugar en distintos momentos, el primero en 1956, cuando en la comisaría de Policía de Toledo, se recibió un oficio del Juez Decano de Instrucción de Madrid, para retirar de la venta los ejemplares del 18 de noviembre, del número 783, de la revista La Codorniz. Los agentes de policía se personaron en el centro de periódicos de Toledo, propiedad de Antonio Pareja Braojos, para retirar los 12 ejemplares que quedaban, pues ya habían sido vendidos otros 16. Según el telegrama recibido para parar su venta, la causa fue la publicación de un dibujo titulado “He aquí nuestra cortísima historieta titulada el billetito”, del que no hemos podido encontrar imágenes.

Esta revista de humor gráfico que se publicó en España entre 1941 y 1978, era dirigida en ese momento por Álvaro de Laiglesia y se autoproclamaba como “la revista más audaz para el lector más inteligente” y posteriormente también como “decana de la prensa humorística”.  Durante su periodo de existencia tuvo problemas con la censura en reiteradas ocasiones, puesto que la Ley de prensa de 1938, no dejaba mucho margen a la libertad de expresión, que promulgada en plena Guerra Civil, consideraba a la prensa como vehículo transmisor de los valores oficiales del régimen para el adoctrinamiento político.

En cuanto al secuestro del número 9054 del diario Madrid de 30 de mayo de 1968, fue bastante más sonado. Entre las diligencias que se llevaron a cabo, se confiscaron 28 ejemplares también del centro de periódicos de Antonio Pareja, quedando estos a disposición de los Delegados Provinciales de Información y Turismo, ministerio que había ordenado el secuestro. Asimismo, desde la comisaría de Policía de Talavera se remitieron 40 ejemplares del mismo que, en este caso, no llegaron a ser recibidos en la librería Herranz del Camino, que era su destino. Un funcionario de policía los recibió en la estación de autobuses, donde se esperaba su llegada, puesto que viajaban en autobús con la empresa La Sepulvedana, y allí mismo fueron requisados.

En total se destruyeron 68 ejemplares en la provincia. El secuestro administrativo estaba previsto en la vigente Ley de Prensa e Imprenta de 1966, disposición que había suavizado las medidas respecto a la de 1938, aunque preveía sanciones para quien publicase en contra del ordenamiento jurídico franquista y los principios fundamentales del Movimiento. El secuestro fue ordenado por el entonces ministro Manuel Fraga, y además lo suspendió durante cuatro meses. La sanción a este periódico fue la más dura prevista en la ley, que en principio preveía dos meses de suspensión, pero que se sumaron un total de cuatro meses por otro artículo anterior.

La causa fue el artículo titulado: “Retirarse a tiempo: No al general De Gaulle”, que firmaba Rafael Calvo Serer. Expresaba en su texto, que es incompatible un gobierno personal o autoritario con las estructuras de la sociedad industrial, y con la mentalidad democrática de la época en el contexto del mundo libre, lo que suponía un claro ataque y cuestionamiento del régimen en España. En Francia los acontecimientos apuntaban a las protestas contra el general De Gaulle, recordemos el movimiento de “Mayo del 68”, la acción de estudiantes, sindicatos e izquierda contra el general, así como otras manifestaciones en Europa. Esto le lleva a expresar que España mantiene una semejanza de situaciones políticas y sociales con el país vecino. El artículo fue lo suficientemente explosivo para los oídos del régimen y derivó en las medidas de suspensión. En el siguiente enlace podemos acceder al texto completo del artículo causante, con interesantes testimonios al respecto:  

Según declaraciones de Antonio García Trevijano, apoderado del diario Madrid en 1968, este artículo tenía como finalidad, provocar el cierre del diario debido a su estado de quiebra inminente. De este modo, no habría quiebra y el desprestigio sería para el régimen. Sin embargo, no surtió el efecto deseado en el Gobierno, sino que provocó la suspensión del periódico. Este intento de cierre político para poder cobrar la indemnización es una versión algo débil, puesto que el diario Madrid siguió saliendo a la calle durante unos años más. Otras opiniones apuestan a que la intención con este artículo era dejar clara, por parte del periódico, su posición anti-franquista, y hacer notar al régimen que existía una oposición democrática. Al margen de las causas, hay que reconocer que “No al general De Gaulle” obtuvo lo que pretendía, la provocación.

Alcahuetería y amoríos clandestinos en La Calzada de Oropesa

Una declaración de testigos nos conduce a conocer los hechos que tuvieron lugar en La Calzada de Oropesa, en los que estaban implicadas algunas alcahuetas del lugar allá por el año de 1556. Según el diccionario de la Real Academia, alcahueta es la persona que concierta, encubre o facilita una relación amorosa generalmente ilícita. A esta definición se ajustan las mujeres que fueron acusadas por numerosos testigos por su reiterada actividad para concertar encuentros de carácter sexual.

Aunque el proceso judicial -que no conservamos completo- se habría iniciado antes, solo contamos con las pesquisas realizadas desde enero de 1556 por el alcalde, no lo indica, pero posiblemente de Oropesa. Como oficial de la justicia inicia un interrogatorio a diversos testigos y a las acusadas que declararon bajo juramento, con la finalidad de averiguar los sucesos acaecidos en La Calzada, en este momento lugar de señorío de los condes de Oropesa.

Empezaremos con una de las alcahuetas, Águeda López, mujer viuda a la que se le acusa de tener encubiertos en su casa a un hombre y una mujer, ambos estaban a su vez casados con terceras personas, a los había encerrado en ella con llave. Mientras permanecía en la calle, a la espera, acudió la hija de Águeda, llamada María y la encontró sentada en las gradas de la iglesia que estaba junto a la casa, que le insistió para que abriese la puerta, y aunque fueron repetidas las negativas de la madre, finalmente María abrió la puerta descubriendo allí al hombre y la mujer. Según un testigo, se había visto a Águeda con anterioridad hablar en secreto con la mujer en el pilón mientras llenaba un cántaro de agua, suponiendo que estaba concertando a la mujer para que fuese a su casa y tuviese acceso carnal con el hombre. Este testigo manifiesta que es público y notorio que el hombre y la mujer estaban amancebados, porque les había visto entrar de día y de noche en la casa de ella ocasionando gran escándalo. Después llegó el momento de la declaración de Águeda, de unos 50 años que afirmó conocer al hombre y a la mujer, y reconoció que los pasó a un corral, donde estaban hablando sobre ciertas fanegas de trigo, asegurando que ella no los encerró, aunque era verdad que estaba cerrada la puerta y al llegar su hija María le dijo que quería entrar a beber y la abrió, pero ellos ya no estaban. Águeda reconoce que sabía que tenían participación carnal desde hacía quince años. Como podemos suponer, su hija María no debía estar muy de acuerdo con las actividades de su madre, porque refiere otro testigo que le había contado que venía de casa de su madre, muy enojada de ver cómo había hallado un hombre y una mujer que su madre tenía encubiertos.

Pero Águeda no era la única acusada, otro testigo dice que es pública la fama que tiene Francisca Hernández, apodada “la Carpintera” por el oficio de su marido, que también ha encubierto en su casa a un hombre con una mujer casada para tener acceso carnal y que los habían visto también otras personas en distintos momentos. En la declaración de “la Carpintera”, reconoció que la mujer estuvo en su casa antes de misa, había ido a por un poco de hilado para unas tocas y que después había entrado el hombre, para comprar también. Afirma que no se hablaron, pues a ella al verlo se le puso la cara encendida como unas brasas y que el hombre se turbó y que estuvieron siempre los tres juntos. A la pregunta sobre si sabía que era público que ese hombre y mujer tenían acceso carnal, “la Carpintera” dijo que lo había oído y que estuvieron media hora en su casa y “los echó de allí con el diablo”.

Una tercera acusada en las declaraciones es Catalina, conocida como “la de Torrecilla” que había engañado a varias mujeres, casadas y solteras, para llevarlas a su casa y que se concertasen con un tal Antón de Otero y que una vez allí las encerraba con él y él se aprovechaba de ellas. Por tales encuentros Antón de Otero le pagó a “la de Torrecilla” en una ocasión una fanega de trigo y una tarja (moneda de cobre). Del mismo modo Catalina prometió a otra mujer a la que propuso ir a su casa con Antón de Otero que si accedía, le pagaría muy bien por ello o la casaría. Vemos en este caso que el dinero estaba por medio para concertar estas relaciones ilícitas. Son numerosas las acusaciones de mujeres que habían sido incitadas por ella a yacer con este hombre. “La de Torrecilla”, fue apresada en la cárcel de Oropesa por sus actividades, no sin presentar resistencia según se nos cuenta. Pero no sabemos más, ni como fue condenada Catalina ni lo que sucedió con el resto de las alcahuetas.

El perfil de las mujeres acusadas de alcahuetería en La Calzada nos recuerda a la famosísima Celestina de Fernando de Rojas, icono y protagonista de un tema recurrente en la literatura de fines de siglo XV y del XVI en la que abundan los personajes literarios femeninos de esta condición, tanto es así que la palabra celestina ha quedado como sinónimo de alcahueta. Las alcahuetas son mujeres que representan una figura pecaminosa que fue perseguida por la ortodoxia religiosa, generalmente se nos presenta como una mujer de cierta edad, dedicada a un oficio que sirve para encubrir su actividad como concertadora de citas de carácter amoroso y sexual. Encontramos muchos paralelismos del personaje novelesco con el caso real de nuestras alcahuetas, unos 60 años tenía Francisca y unos 50 Águeda, edad avanzada para la época. También se corresponde con el mismo patrón femenino el hecho de que, paralelamente, estas mujeres se dediquen a oficios de venta en su casa, como nuestra Francisca, que dice que vende hilado, telas u otros enseres para costura y que, en realidad, serviría para atraer mujeres a su casa y encubrir su otra actividad.

Al menos tres eran las alcahuetas que ejercían en este pequeño pueblo del que no podemos precisar su número de habitantes en esas fechas por no haberse recogido en las relaciones de Felipe II de 1575, pero por aproximación sabemos que un siglo después tenía 435 vecinos. Acompañamos de una espléndida foto de su iglesia tomada del blog http://lamejortierradecastilla.com/una-visita-a-la-calzada-de-oropesa-1/, para ponerle escenario a nuestra micro historia, pues recordemos que Águeda vivía en la plaza junto a la iglesia y en las gradas de ella se sentaba a esperar mientras mantenía encerrados en su casa a los amantes.

Y para saber más, os dejo este enlace a un interesante artículo de Juan Antonio López Cordero sobre las alcahuetas en el siglo XVI, su reflejo en la legislación, en los procesos judiciales y en la literatura: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5712535

AMENAZAS EN VERSO

Anónimo
Anónimo

“Luis de Vidales, alcalde,/lástima tengo de ti./Si no bajares el pan/aquí tienes que morir”. Una amenaza en verso, nada menos. Este “haiku” intimidatorio (si se nos permite la expresión) apareció una buena mañana en medio del lugar de Mascaraque, fijado a una estructura con forma de horca. Era para tomárselo muy en serio. Tanto como que el expediente de la investigación sobre el caso alcanza casi los 300 folios, y solo conservamos la primera pieza. Pero ya es tiempo de explicar lo sucedido.

Portada del expediente
Portada del expediente

Estamos en el año 1802. Es una época de tensiones en toda Europa como consecuencia de la Revolución Francesa y, en general, de la crisis del Antiguo Régimen. Una serie de malas cosechas estaban provocando fuertes subidas de los precios en todas partes, y nuestra provincia no era una excepción. El 23 de mayo las autoridades de Mascaraque se enteran de que en la vecina Mora se han producido motines “destruyendo todos los hornos de los tahoneros, sacándoles la harina y trigo que tenían y haciendo otras destrucciones”. Un asunto muy importante para ellos, porque resulta que Mora era su abastecedor principal de pan, toda vez que en Mascaraque no había más que un panadero “y este no cocer la mayor parte del tiempo por falta de caudales”. Así que el 2 de junio decidieron requisar todo el pan, harina y trigo disponibles para guardarlo en una casa fuerte y así poder racionarlo.

Página del expediente
Página del expediente

Pero al llegar a la casa en cuestión se encontraron con un grupo numeroso y muy enfadado de vecinos y “principió un fuerte orgullo y alboroto… diciendo el pan se ha de dar a diez cuartos no obstante estar a catorce, con varias expresiones denigratorias e injuriosas”. Los notables del lugar, incluyendo el señor cura, se vieron encerrados y uno de ellos fue herido levemente. Los amotinados exigían el precio tasado “y si no había de ser peor que en Francia”. Tras algunas negociaciones, el grupo se retiró pero solo para ir a registrar las casas de los encerrados en busca de pan y trigo. Al día siguiente apareció el anónimo. Un testigo dijo posteriormente que los amotinados la tomaron con este alcalde en concreto “porque decían había dicho los había de ver rabiar de hambre”. Sea como fuere, la responsabilidad de investigar el caso recayó en el otro alcalde.

Oficio del Presidente del Consejo de Castilla
Oficio del Presidente del Consejo de Castilla

La investigación, como decimos, fue larga, con muchos testigos. Se dictó orden de detención contra 17 personas. Algunas fueron detenidas enseguida, pero a otras hubo que buscarlas lejos y se tardó varias semanas. Incluso se organizó una redada en toda regla la noche del 8 al 9 de junio, con un pequeño destacamento de soldados. Al pobre alcalde se le plantea el problema añadido de dónde meter a tanto procesado “por la estrechez de la Real Cárcel, en donde apenas podrán custodiarse cinco o seis”; pide que le dejen enviar algunos a la cárcel de Toledo, pero recibe una negativa: que se apañe como pueda. Cada cierto tiempo se informa al presidente del Consejo de Castilla. Desgraciadamente, nos falta la segunda pieza, así que no sabemos cómo terminó todo.

Página del expediente
Página del expediente

Como siempre en estos casos, además del asunto principal, se deslizan en los documentos frases que nos acercan a la vida cotidiana. Así, un testigo afirma que la noche de autos estaba de ronda, “yendo por la calle de la Paloma… tocando una vihuela” con otros amigos. A veces incluso podemos “oír” hablar a una persona de hace 120 años, como alguien que en la taberna exclamó “que como no fuese a segar el amo, que él no había de ir”. O bien otro que, al acercarse el criado del alcalde a un corrillo de personas, le espetó: “cuidado que se lo parles a tu amo, que ha de haber sotana… no saques el gallo y márchate a contar”. Frases que expresan muy bien la tensión que se vivió aquella noche en Macaraque.

LAS CALERAS DE MANZANEQUE

En nuestro archivo conservamos algunos conjuntos documentales cuya coherencia interna parece clara pero que, honradamente, no sabemos cuándo ni por qué llegaron a nuestro centro. Entre ellos hay un grupo, que actualmente ocupa apenas una caja, que consiste en cuentas del administrador del conde de Orgaz en esa villa y sus aledaños entre 1812 y 1826. Probablemente estos documentos ingresaron en el AHPTO entre 1972 y 1975, pero poco más podemos decir de ellos. Entre todas esas cuentas, trufadas de alguna que otra carta breve, nos ha llamado la atención un expediente que aparece intitulado como “Caleras de Manzaneque”.

Portada del expediente
Portada del expediente

Como es sabido, por toda la zona central de nuestra provincia son frecuentes las caleras. En el blog “Villa de Orgaz” podéis encontrar información y bibliografía sobre estas construcciones y sobre el oficio de calero. Sin embargo, nuestra documentación, pese al rótulo que campea en el expediente, no trata sobre estas instalaciones, sino que parece referirse a tierras de labranza que, eso sí, se localizaban en un paraje así denominado, quizá porque hubiese habido caleras en otros tiempos. Alguna anotación es muy clara al respecto: “El pedazo de 5 fanegas […] le tiene rompido de barbecho para sembrarle en esta sementera”. No nos resistimos a mostrar también el “cerdo cebado que pesó 13 @ y 11 ½ libras” (casi 155 kg.), entregado por el arrendatario Eusebio Sánchez como parte del pago de 1822.

Lo más llamativo, sin embargo, es la forma de llevar el control de los pagos. El administrador confecciona una especie de mezcla entre mapa y listado que nos ha resultado muy curiosa. Fijémonos en la más antigua, de 1817. Casi toda la superficie del papel está ocupada por un gran rectángulo que representa el total de las tierras. En los cuatro lados del rectángulo se señala su orientación (Norte, Sur, Levante, Poniente) acompañada de alguna indicación geográfica precisa: el arroyo Riansares al Norte y el camino de las Carretas hacia el Este, e incluso, en la esquina superior izquierda (es decir, al nordeste) encontramos un dibujito que parece representar el pueblo de Manzaneque. El ya citado blog “Villa de Orgaz”, siempre bien documentado, nos informa también sobre los caminos, y a partir de su información podríamos pensar que quizá el “camino de las Carretas” sea en realidad el “camino de los Carros”. En todo caso, es posible que todavía hoy los que viváis por allí o conozcáis la zona podáis reconocer el lugar preciso.

Mapa-esquema de las suertes de las "Caleras de Manzaneque", 1817
Mapa-esquema de las suertes de las “Caleras de Manzaneque”, 1817

Toda esta finca aparece dividida en parcelas o “suertes” rectangulares, aparentemente iguales, que se numeran consecutivamente desde abajo arriba empezando por las que están “mirando a Orgaz” y terminando por las que lindan con el camino de los Carros o, lo que es lo mismo, de Oeste a Este. Cada suerte, a su vez, está dividida en dos medias suertes, una al norte y otra al sur. El conjunto parece un damero, y dentro de cada “casilla” se anota el arrendatario, el cultivo y su situación respecto a los pagos debidos. Este sistema de mapas-esquema debió parecerle bien al administrador, porque lo repite en los años sucesivos, como este de 1824, aunque no siempre aparecen tan pulcramente dibujados.

Mapa-esquema de las suertes de las "Caleras de Manzaneque", 1824
Mapa-esquema de las suertes de las “Caleras de Manzaneque”, 1824

LAS CALLES DE TOLEDO

Dentro del casi inagotable fondo de la Casa Rodríguez hay algunos grupos de fotografías en cierto modo especiales. Hace poco os presentamos las que se utilizaron para la edición del Catálogo Monumental de la Catedral de Toledo, y hoy vamos a fijarnos en el conjunto denominado “Calles de Toledo”.

Como sabéis, al cerrar la empresa en 1984 su fondo fotográfico fue comprado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Desgraciadamente, solo se compraron las fotografías, negativos y positivos, pero no el resto de documentación que hubiera permitido comprender el funcionamiento del establecimiento. Durante diez años, el conjunto estuvo almacenado en el Museo de Santa Cruz y en la propia sede de la Consejería de Educación y Cultura, antes de ingresar definitivamente en el AHPTO. Durante los tres años siguientes, hasta 1997, se emprendió la organización del fondo, tarea en la que intervinieron varias empresas y expertos pero en la que tuvo un papel decisivo Gerardo F. Kurtz, un reconocido especialista en la materia. Él fue el que estableció la organización interna en las series que conocemos hoy y que podéis consultar en la correspondiente entrada del Censo Guía de Archivos Españoles. Su principal empeño fue reconstruir los conjuntos de fotografías que reflejasen el funcionamiento de la empresa. Muchas veces el estado de desorden en el que llegaron los clichés lo hizo imposible, pero en algunas ocasiones consiguió identificar conjuntos coherentes que respondían a actuaciones de la Casa Rodríguez mientras estuvo activa. Uno de estos conjuntos es la serie denominada “Calles de Toledo”.

En efecto, se reconocieron un grupo de cajas rotuladas con esa expresión y con las fechas de 1964 y 1971. Tras algunas averiguaciones, Kurtz determinó que se trataba probablemente de unos encargos hechos por el Ayuntamiento en esas fechas, consistentes simplemente en ir por las calles cámara en ristre y plasmar todo lo que el fotógrafo considerase interesante. Posteriormente hemos podido datar alguna de estas imágenes por otros medios y hemos encontrado coincidencias, como esta de la calle Sinagoga que ya utilizamos hace un tiempo, pero otras fotografías corresponden a otras fechas, como la de la construcción del Puente de la Cava hacia 1977.

No hemos podido confirmar si efectivamente existió tal contrato, pero, desde luego, lo que sí tenemos es el conjunto de 182 imágenes que retratan las calles de la ciudad, generalmente desde un punto de vista monumental, pero a veces con detalles de la vida cotidiana. El conjunto hace el mismo efecto que las imágenes que actualmente consultamos a través de algunas aplicaciones en Internet asociadas a los mapas, pero medio siglo antes. De hecho, muchas de estas fotos ya han sido utilizadas y sin duda os resultarán familiares. Pero no por eso pierden su interés.

ACCIDENTADA DETENCIÓN EN SAN MARTÍN DE PUSA

El 20 de agosto de 1806 la Chancillería de Granada, desde su alta jurisdicción, ordena a las justicias de San Martín de Pusa que arresten a Francisco Díaz de Rioja como reo de resistencia a la autoridad “y otros excesos”. Fácil de mandar, pero nada fácil de ejecutar.

Señas personales del reo
Señas personales del reo

El Alcalde Mayor, responsable directo ante el señor de la zona, el marqués de Malpica, estaba oportunamente enfermo, y para colmo ni siquiera había escribano. Así que le toca al alcalde ordinario, Antonio García Hidalgo, auxiliado por un humilde “fiel de fechos” en funciones de notario. Al principio, todo rueda por sus pasos: se expiden requisitorias a los pueblos vecinos para que arresten al reo en cuanto lo vean: un sujeto de “dos varas y de dos a tres dedos [1,70 metros, aproximadamente], moreno claro, carirredondo, ojos cejas y pelo negro, de buena presencia y un poco cargado de hombros, vestido muy decente de negro y de color”. Se repiten las requisitorias a lugares más lejanos: Malpica, La Puebla de Montalbán y Talavera. Todos lo conocen, pero nadie lo ha visto.

Fragmento de los autos judiciales para la detención de un vecino de San Martín de Pusa
El reo aparece en la fragua

 El 24 de septiembre, cuando el propio García Hidalgo está en la fragua del pueblo, se presenta allí el reo. El alcalde, que está solo, decide prudentemente retirarse a buscar vecinos que le ayuden pero, para cuando vuelve, Francisco ya no está. Varios amigos afirman que estuvo allí de charla con ellos, pero que se ha marchado y no saben a dónde. Amoscado, el alcalde y su cuadrilla lo buscan por varias casas de amigos, la de su padre, la taberna y hasta el puesto de aguardiente del lugar, registrando algunas (“y cogiendo Su Merced una luz se registró toda la casa de arriba abajo, y no se encontró nadie”) y hasta sacando de la cama a los vecinos. Nada, el reo ha desaparecido delante de sus narices. Don Antonio, enfadado, amenaza con serias multas a uno de los registrados “pues tenía noticia le hacía capa”, pero hubo de darse por vencido.

Fragmento de los autos judiciales para la detención de un vecino de San Martín de Pusa
La detención

Apenas cuatro días después, hacia las 12’30 horas, vienen a avisar al alcalde: ¡Francisco está en la taberna, tan tranquilo! Esta vez no le pillaría desprevenido, y reunió rápidamente a la “patrulla ciudadana” (por llamarla de algún modo), presentándose en la taberna. La escena de la detención merece la pena: “Entrando Su Merced dijo en alta voz ‘¡Favor al Rey!’, con la cual se echaron de repeso sobre él [el reo] diferentes personas, y agarrado les encargó se asegurasen y cuidasen de que no se les fuese. Y sujetándole unos de los brazos, otros del pelo, y otros de las piernas, haciendo dicho reo una fuerte resistencia, tanto que cuando se les escapaba alguno de los brazos o piernas empezaba a puñetazos, arañazos y patadas, sacudiendo hasta a cinco o seis de ellos, haciendo a dos de ellos sangre en las narices, lo que dio margen a que los insultados, en su defensa, le sacudiesen también, profiriendo las obscenas palabras de “barajo”, “por vida” y “votos”, jurando se había de vengar de todos, y diciendo tanto al juez como al fiel de fechos que eran unos barajos, llamando a este y diciéndole se acercase para sacudirle. Y conducido medio a rastra o como pudieron a la Real Cárcel” allí lo dejaron al cuidado del carcelero, que le puso “diferentes prisiones” hasta asegurarse de que no se escapaba. Solo se le encontró encima un rosario y “una navaja chica de picar cigarro”. Se le entregó su montera y su faja, que se le habían caído en la pelea, junto con cierta cantidad de dinero, aunque el reo reclamó que él llevaba más encima.

Fragmento de los autos judiciales para la detención de un vecino de San Martín de Pusa
El traslado a Talavera

Poco después llegó el cirujano del lugar a reconocer las heridas de Francisco, a petición del su padre, pero el reo volvió de nuevo a gritar e insultar a la autoridad, y el cirujano entonces le dijo: “Paco, a lo que vengo es a visitarte y registrarte si alguna parte tienes doliente, a que le respondió no le daba la gana que le registraran”. Así quedó el tema, y a las once de la noche el alcalde dejó a dos personas por guardia del preso. Durante los días siguientes don Antonio pasaría dos veces al día para asegurarse de que Francisco estaba bien atado y, mientras tanto, pidió ayuda al corregidor de Talavera para que le enviasen un piquete y se llevasen allá a tan incómodo huésped, donde las cárceles estarían mejor preparadas y, sobre todo, se acabarían los gastos ocasionados al escaso erario municipal de San Martín. Así fue, y el 3 de octubre por fin se presentaron “un cabo y cuatro soldados del regimiento de Húsares de Caballería” para llevarse al preso a Talavera, donde quedó alojado en la cárcel de la Santa Hermandad porque la de la villa no estaba en condiciones, hasta que la Chancillería decidiese lo que habría que hacer con él. Dos siglos después, casi podemos oír al buen alcalde ordinario respirar tranquilo al librarse de un asunto tan desagradable.

LAS FOTOS DEL CATÁLOGO DEL CONDE DE CEDILLO

Probablemente muchos de vosotros ya conozcáis el impresionante “Catálogo monumental de España”. Se trata de un proyecto iniciado por el Estado en 1900 para describir todas las riquezas monumentales y artísticas existentes en nuestro país, provincia por provincia. Se nombró director al académico Manuel Gómez Moreno, que naturalmente tuvo que ir delegando en otros estudiosos. La provincia de Toledo fue adjudicada hacia 1904 a Jerónimo López de Ayala, conde de Cedillo. Parece que en 1919 el aristócrata ya había entregado el manuscrito correspondiente a los pueblos de la provincia, pero nunca llegó a entregar el de la capital. Hoy todos los manuscritos del “Catálogo monumental de España” que fueron entregados, incluyendo el de la provincia de Toledo, se conservan en el Centro de Estudios Históricos del CSIC, han sido digitalizados y pueden consultarse fácilmente.

A finales de la década de 1980 el nieto de don Jerónimo encontró en su biblioteca familiar un volumen de notas que parecían corresponder a ese “Catálogo” de la ciudad de Toledo que nunca llegó a entregarse. De entre ellas, las correspondientes a la Catedral estaban prácticamente listas para ser publicadas y, en unión con la museóloga y académica Matilde Revuelta, prepararon su edición, que se realizó en 1991 por cuenta de la Diputación Provincial y que hoy también puede consultarse en Internet. En esta edición se incorporaron una serie de fotografías que, como señala la propia Revuelta, “han sido proporcionadas por la Consejería de Cultura y el Museo de Santa Cruz, en donde depositó sus clichés el equipo redactor del Inventario de la Catedral recientemente publicado”.

Sin duda, las fotografías “proporcionadas por la Consejería de Cultura” son del fondo Rodríguez, que en aquel momento aún se encontraba en el Museo de Santa Cruz. En efecto, al abordar su organización en el AHPTO en 1995 se pudo localizar un grupo de fotografías, todas relacionadas con la Catedral, que venían metidas en sobres con el membrete de la Consejería de Educación y Cultura. De entre estos “Sobres de Consejería” llamó la atención uno en particular que llevaba escrita la indicación “Positivos del Catálogo Monumental y Artístico de la Catedral de Toledo. Conde de Cedillo”. Cada foto llevaba al dorso una pegatina con la descripción de la imagen y un número que coincide plenamente con el de las imágenes del Catálogo. Por tanto, es evidente que este “sobre” contiene las que fueron utilizadas en esta edición del “Catálogo” del conde de Cedillo. Hay que señalar, no obstante, que durante el proceso de organización posterior algunas de estas fotos se llevaron a otras series, en concreto las denominadas “Original 1” y “Clasificadas”.

Hoy, el conjunto consta de 110 fotografías, que podéis consultar en el Archivo de la Imagen de Castilla-La Mancha (tenéis que escribir “SC-17” en el cajón de búsqueda), y aquí os dejamos algunas de ellas: la Virgen de la Capilla Mayor, el retrato de don Álvaro de Luna de la capilla de Santiago, la Virgen del Sagrario sin sus ornamentos habituales, la custodia de Arfe, el arca de San Eugenio y la Campana Gorda. Solo una mínima muestra del imponente patrimonio que atesora la Catedral.

DEPÓSITO LEGAL

Desde el siglo XVIII existen en España normas relacionadas con la protección de la propiedad intelectual. En 1847 se establece la obligación de depositar dos ejemplares de cada obra publicada con destino a la Biblioteca Nacional, pero no será hasta la Ley de Propiedad Intelectual de 1879 que se establezca en cada provincia un registro específico, ubicado en la Biblioteca provincial, para el control de las obras publicadas. Además, se añade la obligación de entregar un tercer ejemplar de la obra, que quedará en la propia biblioteca provincial. El sistema se mantiene hasta la actualidad, aunque desde 1983 sea competencia de la Comunidad Autónoma.

Inscripción en el Depósito Legal (1929)
Inscripción en el Depósito Legal (1929)

En nuestro Archivo conservamos algunos documentos de este “Depósito Legal”, como se denomina. La inscripción más antigua que conservamos corresponde al libro “Colección de juegos infantiles”, de Francisco Esteve González. Como veis, no hay un formulario específico, sino más bien una declaración del responsable del Registro y una reseña de la obra. También es evidente que esta no fue la primera obra registrada en Toledo, ni mucho menos. En realidad, lleva el número de inscripción 277 y el folio del registro es el 233. Conservamos algunas hojas sueltas más del mismo registro, pero el resto se han perdido.

Inscripción en el Depósito Legal (1930)
Inscripción en el Depósito Legal (1930)

Poco después, en 1930, se cambia el modelo de formulario, como podemos ver en la inscripción del pequeño opúsculo (declara que solo consta de dos páginas) “Identificación de los personajes del Entierro del Conde de Orgaz, cuadro del Greco”, de Ventura Fernández López. No obstante, tampoco conservamos más que algunos registros en este formato.

Inscripción en el Depósito Legal (1935)
Inscripción en el Depósito Legal (1935)

En 1935 encontramos ya un formato a folio completo que se mantendrá, con escasas variaciones, hasta el final de nuestros documentos, en 1987. En este caso se trata del chotis titulado “El tirillas”, obra de Abraham Abián, que nos sirve también para ilustrar cómo en el Depósito Legal no solo se registran textos literarios o científicos, sino también obras musicales. Por cierto, que ninguna de las tres obras que hemos escogido como ejemplos se encuentra actualmente en el catálogo de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, y solo la primera, la de Francisco Esteve, aparece en el catálogo de la Biblioteca Nacional.

Relación de obras registradas en diciembre de 1979
Relación de obras registradas en diciembre de 1979

La ley de 1879, además de convertir a las bibliotecas provinciales en oficinas del Depósito Legal y depositarias de un ejemplar de cada obra impresa en la provincia, establece la necesidad de enviar al Registro Central de la Propiedad Intelectual una relación mensual de las obras registradas. Aquí, nuestra documentación es aún más escasa, porque solo encontramos estas relaciones desde 1979; probablemente, en los años anteriores se enviaba la relación pero sin que quedase copia en la biblioteca de Toledo. En todo caso, en el ejemplo que os ofrecemos, de diciembre de 1979, vemos la inscripción de dos textos cuyo autor es Joaquín Rodríguez Guarnizo. Se observa que son escritos breves, de carácter científico y con tiradas extremadamente cortas, es decir, obras probablemente de uso interno pero que, sin embargo, son registradas para proteger la propiedad intelectual del autor.

LA FICHA AZUL

Nada más empezar la guerra civil, en ambos bandos surgieron diversas iniciativas más o menos espontáneas dirigidas a paliar los sufrimientos de la población. En el bando sublevado, una de ellas fue el “Auxilio de Invierno”, nombre con el que se conocía a una serie de comedores para niños que empezaron a crearse a partir de octubre de 1936, de manera totalmente desregulada. En febrero de 1937 se legalizó, integrándolo en la Sección Femenina de FET y de las JONS, y en mayo se agrupó con otras iniciativas similares para formar la Delegación de Auxilio Social, dependiente del partido único del régimen.

Desde entonces, los comedores y colegios del Auxilio Social, sin dejar de realizar su labor, no dejaron de formar parte de las visitas institucionales. Así, en estas fotografías vemos a los entonces Príncipes de España visitando el comedor ubicado en el Hospital Tavera en 1963; desgraciadamente, no hemos sabido identificar ni las personas ni el lugar de la otra fotografía. Como siempre, cualquier sugerencia será bienvenida.

Boletín de suscripción a la Ficha Azul
Boletín de suscripción a la Ficha Azul

El Auxilio Social se abastecía económicamente de los presupuestos públicos, pero también podía realizar cuestaciones, rifas, campañas de recaudación y otras actividades similares. Una de ellas fue la “Ficha Azul”, es decir, una suscripción “voluntaria” de un mínimo de una peseta. La imagen expresa perfectamente la razón del nombre de esta suscripción. Hay que subrayar que, aunque formalmente la Ficha Azul era voluntaria, se presionaba a trabajadores y empresarios para que se suscribieran no solo a través de propaganda, sino con otros detalles. Por ejemplo, las fichas de suscripción como la que os mostramos se imprimían en la parte de atrás de las fichas administrativas de control de los propios trabajadores del Auxilio Social, de manera que prácticamente todos se veían casi forzados a donar al menos una peseta de su sueldo a la causa.

Carta del Ayuntamiento de Almendral de la Cañada excusándose del pago de la Ficha Azul
Carta del Ayuntamiento de Almendral de la Cañada excusándose del pago de la Ficha Azul

La Ficha Azul no solo se pedía a particulares y empresas, sino también a los a Ayuntamientos. Pero, como vemos, al menos desde mediados de los años 60 algunos empezaron a intentar evitar el gasto de parte de su presupuesto en estas cuestiones.

Listado de casinos de la provincia
Listado de casinos de la provincia

Además de la Ficha Azul, el Auxilio Social organizaba constantes campañas y eventos para recaudar fondos. Así, los “emblemas” eran cuestaciones en las que, a cambio de la contribución de cada individuo, se les entregaba un distintivo (una pegatina o algún tipo de señal visible), que les identificaba como colaboradores y, de paso, evitaba que se les volviera a pedir, al menos en esa ocasión. El documento que os mostramos recoge el resumen de ingresos por “emblemas” en 1957 y, como vemos, se utilizaba a determinadas empresas, como casinos, cines o tabernas, como intermediarios más o menos voluntarios en estas operaciones. Observad también que unos documentos creados con la finalidad del control económico de los ingresos, han adquirido con el tiempo otros valores, de manera que ahora nos sirven para tener una lista muy completa de todos estos establecimientos en la provincia.

Durante los años 60 y 70 del siglo pasado el Auxilio Social cambió de nombre y de adscripción administrativa en varias ocasiones hasta que en 1974 pasa a ser el “Instituto Nacional de Asistencia Social” y en 1977 quedó adscrito al Ministerio de Trabajo, momento en que se suprimieron las cuestaciones y actividades similares, incluyendo la Ficha Azul.

LAS VUELTAS QUE DIO EL TESTAMENTO

Hace algún tiempo os presentamos la copia que tenemos en el AHPTO del testamento de Teresa Enríquez, “La loca del Sacramento”, impulsora de la construcción de la espectacular Colegiata de Torrijos. Entonces nos fijamos en su contenido y en el personaje, pero toda la burocracia que lleva a su alrededor tiene también su interés. En eso nos vamos a fijar hoy.

Primera página del expediente de copia del testamento de Teresa Enríquez
Primera página del expediente de copia del testamento de Teresa Enríquez

Al primer vistazo vemos que no tenemos delante el testamento original sino una copia de casi dos siglos después, por el tipo de letra y por el papel timbrado. Enseguida se nos dice, en efecto, que estamos ante las autoridades municipales de Madrid y que el duque de Maqueda, descendiente de doña Teresa, a través de su abogado, quiere hacer copia auténtica de diversos documentos importantes de su archivo “por cuanto se hallan deteriorados a causa de su mucha antigüedad y con el transcurso del tiempo se ha perdido el color de la tinta e introducídose la polilla en algunos de ellos”. Cualquier archivero sabe la verdad que hay en estas palabras. Se dispone que la copia la haga un notario, pero bajo la supervisión de un experto contratado al efecto, el padre dominico Juan Gallego, “quien ha hecho otras compulsas y obras de esta calidad, como es público y notorio”. Como vemos, no cualquiera puede enfrentarse a las escrituras antiguas. Estas compulsas se entregarán al duque “para colocarlas en el archivo con sus originales en el lugar que les corresponda”. El teniente corregidor de Madrid accede a la petición y ordena al notario Pedro Suárez de Ribera que haga las copias de la forma indicada.

Fragmento del expediente de copia del testamento de Teresa Enríquez
Fragmento del expediente de copia del testamento de Teresa Enríquez

Así que ahora entra en acción el mencionado fray Juan Gallego, que dice que ha visto “en casa de los Excelentísimos Señores Duques de Arcos diferentes instrumentos que tienen en su archivo… para trasumptarlos [sic] y hacer la compulsa de ellos en letra más inteligible”. Por supuesto, el buen fraile exhibe ante el notario la licencia que tiene de su superior para hacer todo esto, licencia que el notario copia íntegra, una página; recordemos que los notarios en esta época cobraban por páginas.

Bien, pues vamos a transcribir el testamento, que es lo que nos importa. Pero resulta que lo que fray Juan tiene delante no es el testamento original, sino otra copia autorizada que nos lleva dos siglos atrás. En efecto, a los pocos días de la muerte de Teresa Enríquez, se presentó en el Ayuntamiento de Torrijos el fraile agustino Francisco de la Parra con el testamento cerrado de la fundadora en la mano, ya que él era uno de sus albaceas, y pidió que el alcalde mande hacer “uno o dos traslados o los que más conviniesen”. Y luego “el señor alcalde tomó en la mano el dicho testamento e le abrió en presencia de los dichos testigos e lo firmó de su nombre: Juan de Andrada, alcalde”. Enseguida compareció el prior de la Colegiata y, en su calidad de heredero, pidió ya la primera copia autorizada. Antes de otorgarla, el alcalde llamó a los que aparecen como testigos en el propio testamento para que juren que efectivamente ese es el testamento original, reconociendo las firmas y sellos. Se mandó contar las hojas del testamento original, “veinte y cinco hojas y una plana, y a la vuelta de ella está el otorgamiento y sello y firma de Su Señoría y del escribano, signado y firmado de los testigos. Y todas las dichas hojas al pie de ellas estaban cerradas con una raya, y la cabeza con unas rayas de tinta, y en la dicha postrera plana está asimismo por de dentro la firma de la dicha señora doña Teresa, que está en gloria”.

Fragmento del expediente de copia del testamento de Teresa Enríquez
Fragmento del expediente de copia del testamento de Teresa Enríquez

¿Y ya encontramos el testamento? Pues todavía no. Lo que con tanta prosapia entregó fray Francisco al alcalde torrijeño es un acta por la que el notario de la localidad, dentro de las propias casas de Teresa Enríquez, afirma que ella misma le hace entrega de un escrito doblado y cerrado declarando, delante de testigos, que ese era su testamento, y que estaba escrito en 25 hojas “en papel de pliego entero”, de una misma letra. De todo ello da fe el notario municipal para después, por fin, copiar el testamento propiamente dicho que, como hemos visto, acababa de abrir el alcalde. La copia ocupa 32 hojas, por la diferencia de letra.

Firmas al final del expediente de copia del testamento de Teresa Enríquez
Firmas al final del expediente de copia del testamento de Teresa Enríquez

Una vez conocido el testamento, ya las formalidades son pocas. Volvemos sin transición al siglo XVIII y a Madrid, donde fray Juan Gallego jura haber transcrito “bien y fielmente” todo el documento, y el notario da fe de haberse hecho la transcripción en 92 hojas en total, siendo el primer pliego en papel sellado y el resto en papel común. Y todo termina con la firma del notario y del transcriptor.