MOJONERAS

Las mojoneras o deslindes son documentos en los que se deja constancia de los límites entre dos territorios. Hoy en día esto se realiza mediante los sistemas de información geográfica, pero durante mucho tiempo no hubo más remedio que hacerlos de forma literal, es decir, describiendo los “mojones” o hitos que señalan los límites en cuestión. Estas operaciones son relativamente abundantes y, de hecho, uno de los documentos más antiguos que tenemos en nuestro archivo es precisamente eso, un deslinde entre Azután y Talavera de la Reina realizado a mediados del siglo XIII y del que ya os hablamos en su día.

Portada de la mojonera entre Ocaña y Villatobas
Portada de la mojonera entre Ocaña y Villatobas

Hoy os traemos un expediente con mojoneras del siglo XVIII. Lo curioso de ellas es que están unidas, formando un cuadernillo, y al principio encontramos una nota señalando que “en 6 de agosto de 1778 el señor Gobernador entregó esta mojonera, que se había puesto en su poder por un religioso diciendo que […] se habían restituido en confesión a el Ayuntamiento”. Esto de devolver documentos a través del secreto de confesión no es algo extraño a los archivos, aunque rara vez se deja constancia de ello tan claramente.

Nota sobre la devolución de los documentos
Nota sobre la devolución de los documentos

El expediente así devuelto consta de varios deslindes entre Ocaña y los pueblos de alrededor: Dosbarrios, Villatobas, Yepes, Huerta de Valdecarábanos, Cabañas de Yepes “alias Villafranca de Gaitán”, Villarrubia de Santiago y Noblejas, todos ellos realizados en diciembre de 1740. Además, encontramos el deslinde con las localidades de Colmenar y de Oreja, hoy unidas, de marzo de 1744, y el del despoblado de Cabezuelas, propiedad de los condes de Mora, hecho en octubre de 1749. Hay también el deslinde de dos montes llamados “Grande” y “Chico” (o “De a Cinco”), realizado en junio de 1744. Por último, encontramos una copia del deslinde entre Ocaña y Ontígola de octubre de 1608.

Firmas de la mojonera entre Ocaña y Villarrubia de Santiago
Firmas de la mojonera entre Ocaña y Villarrubia de Santiago

Los documentos detallan el procedimiento para realizar estos deslindes. Fijémonos en el correspondiente a Villarrubia de Santiago. La cita fue el 12 de diciembre de 1744 “a la hora de las nueve de la mañana de él, con corta diferencia” en un lugar bien determinado: “en el mojón del Cerro del Puerco, que es la clave que divide los términos entre Ocaña, Santa Cruz, Viloria y Villa Rubia, donde llaman la Cañada del Choco”.  Aquí se juntaron las autoridades de ambos pueblos y todos los posibles interesados: el intendente, los comisarios de rentas, el síndico procurador de Ocaña y su equivalente el alcalde de Villarrubia, los alcaldes de la Santa Hermandad de ambos pueblos, el escribano, varios “labradores inteligentes en las cosas del campo” y otros vecinos y “azadoneros” de las dos localidades. Toda esta comitiva paseó por todos los mojones, “renovándolos” uno a uno, es decir, reconociéndolos de nuevo y, si era necesario, volviéndolos a colocar para que quedasen claros. Al final, firman todos los que saben hacerlo y se ordena que una copia auténtica vaya al ayuntamiento de Villarrubia, mientras que “la mojonera original se ponga con las demás en los archivos de esta dicha villa [de Ocaña] para que en todo tiempo conste”. Bonita frase que, como hemos visto, no impidió que los documentos desapareciesen del archivo ocañense y tuviesen que volver a él vía confesionario.

LIBRO DE RUTA AL VALLE DE LOS CAÍDOS

Un libro con una portada como la que veis en la imagen no puede pasar desapercibido, y menos si está entre los expedientes de la Audiencia Provincial de 1962. El peculiar —y significativo— montaje fotográfico, y el membrete de la “Oficina de Peregrinaciones a la Santa Cruz del Valle de los Caídos”, con sede en la madrileña iglesia de Montserrat, llaman la atención de cualquiera.

Portada del "Libro de ruta"
Portada del “Libro de ruta”

El interior no es menos curioso. Junto con postales y carteles entre turísticos, religiosos y políticos, aparecen diversos escritos pegados, o incluso anotaciones en el propio libro, con sellos y firmas de autoridades civiles y religiosas. Se trata de un auténtico dossier o “álbum de ruta” en el que el dueño, al que llamaremos “ABC”, al parecer iba recogiendo todo vestigio documental que le pudiera ayudar a recoger apoyos para su idea: organizar excursiones político-religiosas al Valle de los Caídos. Hay desde su propia partida de bautismo a la bendición apostólica de Juan XXIII. Según se desprende del propio libro, ABC había realizado estas actividades en Madrid antes de ampliar su “negocio” a Toledo. Por lo visto, había conseguido apoyo incluso económico de varias personas, empresas e instituciones. Hasta convenció a una conocida imprenta toledana para que le hiciera el cartel anunciador de la excursión y otros impresos.

Cartel anunciador de la peregrinación
Cartel anunciador de la peregrinación

Para entonces la Policía ya vigilaba muy estrechamente a nuestro hombre. Según sus informes, ABC había estado organizando actividades similares en diversas ciudades españolas, siempre a costa de la buena fe de las personas, aunque no está claro si alguna vez llegó a ser condenado por ello. De todos modos, los agentes aducen, como motivo adicional de sospecha, que nuestro protagonista, pese a sus protestas públicas de católico ferviente, hacía difusión clandestina de ideas protestantes y además “vivía maritalmente” con una mujer viuda que ya tenía dos hijos y con la que ABC había tenido otro; a ojos policiales esto debía ser un argumento definitivo. Así que, después de permitirle actuar en Toledo durante un tiempo, al fin decidieron detenerle. Eso sí, antes de terminar su informe sugieren al juez que el “álbum de ruta” se devuelva a la Comisaría “para su posterior envío al Museo de la Escuela General de la Policía”. Afortunadamente para nosotros, el juez no hizo caso.

Desde luego, el “álbum de ruta” es muy singular, y no deja de sorprender que ABC hubiera conseguido tantas firmas y sellos, todos ellos auténticos, excepto la firma de Franco, que obviamente fue recortada de otra publicación. La estética nacional-católica es omnipresente, sin que falten varias páginas con recortes de periódicos relacionados con Antonio Rivera y, en general, al asedio del Alcázar.

Pero, después de todo, finalmente el juez puso en libertad a ABC, considerando que, si bien es cierto que la prometida excursión no llegó a realizarse, no fue por falta de voluntad, sino precisamente porque fue detenido por la Policía. Se devolvió su dinero a los que habían contribuido (salvo la imprenta, que perdió parte de lo invertido) y ABC quedó libre. Nosotros le hemos rastreado un poco por Internet y hemos sabido que nuestro protagonista siguió organizando actividades entre religiosas, políticas y solidarias al menos hasta 1977, y que entró y salió de la cárcel en diversas ocasiones. Sin duda, todo un personaje.

COMERCIO, FÁBRICAS Y ESCAQUEO EN OCAÑA

En 1773 Carlos III ordena que en las ciudades que tengan comerciantes y no tengan consulado, se elabore la lista de todos los comerciantes existentes en la localidad, distinguiendo los españoles de los extranjeros. Así se hizo en todas partes, y en nuestro Archivo conservamos un expediente con las listas completas de Ocaña entre 1773 y 1783.

Portada de la Real Cédula de 22 de junio de 1773
Real Cédula de 22 de junio de 1773

Las listas de por sí ya son suficientemente interesantes. Las realizan, en años alternos, los dos únicos mayoristas de la localidad: Francisco Hayden, de origen irlandés, y Manuel del Río. Se insiste en que este último no es propiamente comerciante, pero debe incluirse en la nómina “pues su fábrica de curtidos sólo conduce al beneficio público” y evita la entrada de artículos extranjeros. De hecho, en 1776 Del Río consigue la protección real para sus fábricas de curtidos y de jabón duro. La documentación nos informa de que la fábrica de curtidos la compró a Martín González Salvador “hace muchos años”, mientras que la de jabón fue establecida en 1745 y desde entonces ha contribuido con cerca de 500.000 reales al erario público. Además, “la de curtidos tiene todas las oficinas correspondientes y los operarios precisos para su servidumbre, cuyos géneros son suelas, baquetas, cordobanes y badanas con abundancia y de especial calidad. Y en la de jabón hay una caldera de seiscientas cincuenta arrobas con todas las oficinas precisas, siendo el jabón duro que en ellas se labra de especial calidad, cuyos derechos y el de sus ingredientes producen anualmente a mi Real Hacienda veinte y cinco mil reales poco más o menos”. Se le ordena que no use “por ningún caso ni motivo de cabezas de cobre cerradas sin sangradores”, sino que funcione de acuerdo con las ordenanzas del sector.

Información sobre las fábricas de Manuel del Río
Información sobre las fábricas de Manuel del Río

Pero resulta que formar parte de esta lista tenía sus ventajas, entre ellas que los empleados de estos comercios mayoristas estaban exentos de las levas militares, lo que luego se llamarían “quintas”. Así que la insistencia en que Del Río y su fábrica fuesen considerados comercios mayoristas no era inocente. En 1776, este industrial afirma que tiene empleado a su sobrino Manuel Cecilio Huelves (cuyos descendientes, por cierto, serían prominentes políticos y alcanzarían la nobleza). Precisamente este mismo Huelves se había visto implicado el año anterior en una reclamación del síndico del concejo de Ocaña porque pretendía librarse de la leva alegando ser tenedor de libros en otra fábrica de jabón, la de Sebastián de Bonilla. El representante municipal alega que los fabricantes de jabón no pueden ser considerados comerciantes, que la lista había sido elaborada de forma fraudulenta, que el examen de las escrituras de los libros de caja de la empresa demuestra que Huelves no escribió nunca nada en ellos y, sobre todo, que “en ningún tiempo han necesitado de tales dependientes los comerciantes de aceite y jabón”. El asunto se resolvió porque, finalmente, el sorteo de los mozos obligados al servicio militar le resultó favorable pero, como hemos visto, al año siguiente ya tomó las correspondientes precauciones consiguiendo que su tío, Manuel del Río, le emplease en su fábrica de curtidos bajo protección real. Todo un montaje para evitar el servicio militar.

No queremos terminar sin aludir a los comerciantes al por menor, ajenos a todo esto pero que también aparecen puntualmente registrados. Durante estos años hay seis comerciantes al por menor, cinco de ellos dedicados a “varios géneros ultramarinos, de lanas y ferretería y fábricas de estos reinos”, y el otro dedicado a “cacao y azúcar y toda clase de especiería”. Además, en relación aparte se indica que hay un comerciante francés, Pedro del Val (llamado a veces Manuel), también dedicado a los ultramarinos.

LAS BULAS DEL ARZOBISPO INGUANZO

Pedro Inguanzo y Rivero fue arzobispo de Toledo entre 1824 y 1836 y llegó a nuestra diócesis procedente de la de Zamora. Se le considera un prelado muy tradicionalista y también un gran orador, que participó activamente en la política general de su época. En nuestro Archivo conservamos una pequeña pero muy interesante colección de seis bulas pontificias, más el traslado de otra, todas relacionadas con su llegada a Toledo.

Las seis bulas del arzobispo Inguanzo
Las seis bulas del arzobispo Inguanzo

Como sabéis, las “bulas” son documentos propios de las cancillerías pontificias, que se identifican precisamente por la “bulla” o bola de plomo con la que se confecciona el sello que sirve para validar el documento. Estos sellos tienen, por un lado, el nombre abreviado el papa, en este caso León XII, y por otro las efigies de San Pedro y San Pablo. Es muy frecuente que, con el tiempo, este tipo de sellos pendientes se desprendan de sus documentos y se pierdan, pero en nuestro caso los siete sellos se han conservado perfectamente. Se puede apreciar que los vínculos que los unen a los documentos son de cáñamo, salvo en un caso, en que está hecho de hilos rojos y amarillos. Todo ello pretende transmitir una teórica vocación de sencillez, aunque lo cierto es que los documentos son estéticamente muy llamativos, no solo por las bulas sino también por su enrevesada caligrafía y sus letras adornadas.

Sellos de plomo o "bullas"
Sellos de plomo o “bullas”

Las seis bulas originales, escritas sobre pergamino, están datadas “apud Petrum”, es decir, en la basílica de San Pedro de Roma, “quinto Kalendis Octobris”. Como es sabido, la Iglesia mantuvo mucho tiempo, y en algunos aspectos todavía mantiene, las formas cronológicas romanas, que dividen el mes en tres tramos disimétricos llamados “calendas”, “nonas” e “idus”, y luego se cuentan los días hacia atrás. De este modo, el 5 de las calendas de octubre se corresponde con el 27 de septiembre de 1824.

Bula de comisión para el juramento
Bula de comisión para el juramento

Cuatro de las seis bulas son muy similares en su contenido. Exhortan a obedecer al nuevo obispo a diferentes colectivos: el cabildo catedral, el clero, los obispos sufragáneos y los vasallos. Respecto a esta última, hay que recordar que todavía estamos bajo un régimen señorial, en el que el arzobispo era señor jurisdiccional de amplios territorios. Además, encontramos la bula de comisión para el juramento, y la de absolución, es decir, la que desligaba al interesado de su obispado anterior. El séptimo documento es un traslado de la fórmula del juramento que deberá pronunciar el nuevo arzobispo; no se trata propiamente de una bula, aunque también lleva el sello de plomo pendiente.

Notas al dorso
Notas al dorso

Precisamente al dorso de este traslado de la fórmula del juramento encontramos algunas anotaciones, mucho más fáciles de leer para nosotros. Además de una breve indicación del contenido del documento (los demás documentos también tienen una indicación parecida), nos muestran algunos aspectos burocráticos de las relaciones Iglesia-Estado en este momento. Así, el juramento tiene el visto bueno del secretario de la embajada de España en la Santa Sede, y también, en otra nota, se indica que el juramento de fidelidad a la Santa Sede no debe ir en perjuicio del juramento equivalente al rey, ni tampoco de las leyes civiles, entregándose una copia auténtica a la Cámara de Castilla

TRABAJANDO EN LOS HORNOS DE VIDRIO

Cadalso de los Vidrios es hoy una localidad de la Comunidad de Madrid, pero hasta 1833 perteneció al ducado de Escalona. Quizá por eso el documento que os presentamos hoy está en nuestro Archivo y, aunque no tiene un aspecto muy atractivo, contiene información realmente interesante. Se trata de un interrogatorio judicial del que tenemos las preguntas y las declaraciones originales de dos testigos. Tanto los testigos como los pleiteantes son trabajadores de los hornos de vidrio que dan su nombre al pueblo.  

Cabecera del interrogatorio
Cabecera del interrogatorio

El primer elemento de interés son precisamente estas personas. Aunque hay fuentes literarias que mencionan estos hornos en la Edad Media, la primera constancia documental es de mediados del siglo XVI y, según este artículo de Belinchón Yagüe, el primer maestro vidriero del que se tiene noticia en Cadalso fue un tal Juan Rodríguez, activo a principios del siglo XVII, conocido a través de fuentes literarias. Pues nuestro documento proporciona el nombre de otros cuatro: los maestros Antonio de Nombela y Pedro Gorrón, y los oficiales Francisco de Salas y Pedro de Navas, todos ellos activos en 1612-1613. Incluso Gorrón, de 48 años de edad, afirma llevar más de 18 como maestro vidriero, mientras que Navas, de 26 años, dice llevar nueve como oficial. No solo son los vidrieros más antiguos documentados en Cadalso, sino que también testimonian una actividad ya muy organizada dentro del sistema gremial propio de la época.

Firmas de los testigos Pedro Gorrón y Pedro de Navas
Firmas de los testigos Pedro Gorrón y Pedro de Navas

El segundo elemento de interés es el pleito. Se trata de una reclamación de cantidad que Salas hace a Nombela, que fue su patrón y del que se había despedido. Lo que nos interesa no son tanto los detalles concretos como las informaciones sobre las condiciones laborales del momento en este tipo de industrias. Dejemos hablar al propio documento: en la pregunta quinta se dice “que en el dicho oficio de labrar el vidrio jamás hubo costumbre de pagar días algunos que se dejasen de trabajar, porque el concierto que se hace con los maestros que tienen hornos es que trabajarán en ellos los días que tuvieren lugar los dichos oficiales, y que los días que faltaren del trabajo no se les pague […] de suerte que a cada uno le queda libertad de su persona: al dueño del horno, de despedir al oficial y al oficial de ir y acudir a las cosas que más le convienen cada y cuando que quiera o despedirse”. Como de costumbre, hemos actualizado la ortografía, pero están claras las condiciones laborales de estas fábricas a principios del siglo XVII.

Detalle de una de las preguntas
Detalle de una de las preguntas

Las respuestas de los testigos confirman esta situación. Pedro Gorrón, que dice ser primo hermano de Nombela, afirma que siempre ha tenido muchos oficiales concertados por meses y por años y siempre con el mismo sistema: día no trabajado es día no cobrado, “ansí por su gusto como por otros inconvenientes”. Eso sí “no por eso los dichos oficiales están obligados a pagar interés alguno a los dichos maestros”; es decir, que los oficiales no pueden quejarse, porque tampoco tienen que pagar al maestro por el trabajo no realizado el día de ausencia ni por dejar el trabajo antes de tiempo.

Fragmento de las respuestas de Pedro Gorrón
Fragmento de las respuestas de Pedro Gorrón

Por su parte, Pedro de Navas, “oficial de labrar vidrio”, confirma que ha trabajado con varios maestros, incluyendo el pleiteante, y nunca le han pedido interés por los días no trabajados. Obviamente, estos son los testigos de la parte del maestro reclamado. Sería muy interesante conocer los testimonios de la parte del oficial reclamante. Pero, de momento, eso no es posible.

EL ARCHIVO NOTARIAL DE ORGAZ

Hoy, 9 de junio, es el Día Internacional de los Archivos. Así que es casi obligado que os presentemos un documento relacionado con nuestro propio ámbito de trabajo. Vamos a asistir, pues, a la formación del archivo notarial de Orgaz. Mejor dicho, a su no-formación. Expliquémoslo.

Portada del expediente
Portada del expediente

Estamos a principios del período revolucionario que había expulsado a Isabel II pero todavía no había acabado de encontrar la forma de gobierno adecuada para España. Una época convulsa, desde luego. El “gobierno provisional” decide acometer un asunto que venía de atrás: el destino de los protocolos de los notarios. Ya hemos hablado en otras ocasiones de los protocolos notariales, auténtico corazón de los Archivos Históricos Provinciales. Como sabéis, el “protocolo” es el conjunto de las escrituras “matrices” (es decir, la copia que se queda el notario de todas las escrituras otorgadas en su presencia) que ha otorgado un notario a lo largo de un año. Desde su regulación a nivel nacional, a principios del siglo XVI, los notarios están obligados a conservar todos los protocolos tanto suyos como de sus antecesores en la notaría. Pero con la llegada del Estado liberal empiezan a surgir voces contra la propiedad privada de unos documentos que ya no tienen, obviamente, valor notarial y sí valor histórico o cultural. Serían los gobiernos más progresistas los que hagan realidad disposiciones en este sentido. Una de ellas será el Decreto de 8 de enero de 1869, que dispone que en cada distrito notarial se constituya un “archivo general de protocolos”, formado con los protocolos de más de 30 años y otros registros que se especifican, y que estará al cargo de un notario del distrito. 

Oficio de la Audiencia Territorial de Madrid
Oficio de la Audiencia Territorial de Madrid

Ya decimos que eran tiempos convulsos. Así que, en el distrito de Orgaz hubieron de pasar casi cinco años sin que nadie hiciera nada al respecto, seguramente ocupados en otras cuestiones. En noviembre de 1873, con la situación general algo más estabilizada, la Audiencia de Madrid escribe al juez de primera instancia para que “por cuanto medio su celo le sugiera”, ponga en marcha de una vez este archivo. Y aquí empiezan los siempre entretenidos trámites burocráticos. En primer lugar, el juez le pasa la pelota al alcalde, para que provea de local adecuado.

Oficio de la Alcaldía de Orgaz
Oficio de la Alcaldía de Orgaz

A los pocos días el alcalde contesta. El único local adecuado es “una de las tres salas que, en el piso alto del edificio donde están establecidos el pósito de esta villa y cárcel del partido, se destinan a prisión de mujeres”, puesto que, con las otras dos salas ya es suficiente para mantener arrestadas a las mujeres presas que pudiera haber. Hoy, el antiguo pósito es sede del juzgado orgaceño y el edificio, reformado, sigue manteniendo allí el archivo judicial. Podéis encontrar más información sobre este interesante edificio en el blog Villa de Orgaz.

Minuta de oficio del juez de instrucción de Orgaz
Minuta de oficio del juez de instrucción de Orgaz

Pero el asunto aún no ha terminado. En enero de 1874 el juez vuelve a remitir el asunto a la Audiencia de Madrid para que disponga el nombramiento del notario archivero. Se ve que el alto tribunal no tiene mucha prisa para estas cuestiones, porque no contesta. Sin embargo, en octubre de 1875 ordena al juez que gire visita de inspección al archivo. El juez, imperturbable, contesta que “no se puede girar visita al archivo de protocolos de este distrito en razón a no haber archivero nombrado en el mismo a donde estuvieran reunidos los protocolos de los pueblos del partido”. No sabemos si esto significa que los documentos ya estaban en el local previsto, pero faltaba quien se hiciese cargo de ellos o si, más bien, no se había hecho nada. Nuestro expediente termina aquí. Solo podemos decir que en algún momento las autoridades decidieron ocuparse de este asunto y hoy el archivo de protocolos de Orgaz funciona con normalidad.

ÁRBOLES GENEALÓGICOS

Los árboles genealógicos son uno de los tipos documentales más llamativos de cualquier archivo histórico, tanto que a veces podemos tener la impresión de que se realizan solo por razones estéticas, como si fuese una obra de arte. Lo cierto es que, aunque en ocasiones su versión final se presenta de manera muy cuidada, los árboles genealógicos se confeccionaban por motivos más prosaicos, por lo general para demostrar el mejor derecho de alguien a determinadas propiedades o rentas, como mayorazgos o capellanías, o a algún título nobiliario.

Copia del testamento de Ana María Delgado (fragmento)
Copia del testamento de Ana María Delgado (fragmento)

Imaginemos, por ejemplo, que Ana María Delgado, viuda de Eugenio de Guadalupe, vecina de Mora, funda un vínculo en su testamento. Esto significa que reúne (“vincula”) determinadas rentas y propiedades para que permanezcan siempre unidas e indivisibles, y además solo puedan transmitirse por herencia, no por venta ni donación. Este vínculo, también llamado “mayorazgo”, debe pasar al principal heredero, “prefiriendo siempre el mayor a el [sic] menor y el varón la hembra, aunque sea de menor edad”. Cuando había un hijo varón al que trasmitir el vínculo, todo iba bien, pero con el tiempo siempre acababa surgiendo algún problema que terminaba en los tribunales. Entonces, cada pretendiente debía demostrar que era el heredero más directo del fundador. Los árboles genealógicos servían para convencer de esto al juez.

Árbol genealógico de los herederos de Francisco Maldonado y Luisa Vázquez
Árbol genealógico de los herederos de Francisco Maldonado y Luisa Vázquez

Demostrar que alguien es hijo de su padre es relativamente sencillo, pero demostrar que uno es el heredero directo de un tatara-tatara-tatarabuelo ya no lo es tanto. Había que recurrir a profesionales, incluyendo genealogistas. En nuestro archivo conservamos un conjunto de documentos que testimonian este trabajo en un pleito por la posesión de dos vínculos, fundados en el siglo XVII por el matrimonio que hemos mencionado con tierras cercanas a Orgaz y Mascaraque, y por los que discutían varios pretendientes dos siglos después. Por ejemplo, hay un árbol genealógico bastante completo, a falta de algunos retoques.

Además, hay bastante notas, borradores y minutas de informes que nos ayudan a entender la complejidad de esta tarea. Por ejemplo, un borrador de la descendencia de Ana María Delgado y Eugenio de Guadalupe, incluyendo tachaduras y lagunas. O también una especie de lista de tareas relacionando las partidas de bautismo que era necesario recabar para dar consistencia legal al árbol genealógico, empezando por la del propio Eugenio de Guadalupe; en el legajo se conservan copias de la mayoría de estas partidas bautismales y certificados de matrimonio. Y, por fin, simples notas que casi nos permiten ver al genealogista inclinado sobre su mesa, a la luz de un quinqué, devanándose los sesos para desentrañar el hilo de la sucesión. Todavía hoy existen genealogistas profesionales que siguen desempeñando estas tareas.

VISITAS PARA EL DÍA DE LOS ARCHIVOS

Animación institucional del Consejo Internacional de Archivos

Como todos sabéis, el próximo día 9 de junio es el Día Internacional de los Archivos. Este año, el Consejo Internacional de Archivos ha elegido como lema “Empoderar los archivos”

Cartel institucional de la Junta de Comunidades de Castilla-La mancha

Por su parte, y en la misma línea, la Viceconsejería de Cultura de Castilla-La Mancha ha elegido como tema: “Casas para la memoria: los edificios de archivo en Castilla-La Mancha”

Patio interior del AHPTO

Nosotros, desde el AHPTO, vamos a celebrar este día con dos tandas de visitas: a las 12:00 y a las 17:00 horas. Os enseñaremos partes de nuestro edificio que habitualmente están restringidas, incluyendo, por supuesto, las yeserías mudéjares, pero también nuestros depósitos de documentos y la exposición permanente. Como los grupos son limitados, por las restricciones sanitarias, es necesario que os inscribáis previamente en nuestros teléfonos (925 267 746 / 925 267 748) o mediante correo electrónico (ahp.toledo@jccm.es). ¡Os esperamos!

CARTA AL FRANCÉS

4 de septiembre de 1811. En Navalmoral de Toledo (localidad que, como veis, nos está dando mucho juego últimamente) están que trinan. A finales de julio habían recibido un Real Decreto exigiéndoles 453 fanegas y 9 celemines de trigo, y 223 fanegas y 9 celemines de cebada, o lo que es lo mismo, casi 20 toneladas de trigo y 7,3 de cebada, que debían depositarse “en los almacenes de Talavera”. En el mes transcurrido desde entonces ya había entregado un tercio del trigo, y lo que faltaba se estaba retrasando por la escasez de caballerías para el transporte, seguramente por culpa de la guerra. Pero ahora ha aparecido en el vecino Navalmoral de Pusa un “Comisario de Guerra” con el encargo de requisar suministros para el ejército francés y, extralimitándose claramente, ha requisado también “con auxilio militar” dos tercios de la cosecha de Navalmoral de Toledo. El representante de nuestro pueblo, indignado, reclama ante el “subprefecto” de Talavera, José Sánchez Yebra.

Reclamación de Navalmoral de Toledo
Reclamación de Navalmoral de Toledo

El caso es muy interesante porque se mezclan varias jurisdicciones en tiempo de guerra. En efecto, en este momento la administración josefina había establecido una división territorial de España basada en “prefecturas” y “subprefecturas”. La prefectura del “Tajo-Alberche”, con capital en Toledo, era la que administraba Navalmoral de Toledo, mientras que Navalmoral de Pusa dependía de la subprefectura de Talavera, que a su vez estaba subordinada a la prefectura “del Tajo” con capital en Cáceres. Como sabemos, ambos Navalmorales estaban prácticamente unidos, de manera que a los ojos de un recién llegado parecían el mismo pueblo. Además, el prefecto de Toledo había complicado la situación al ordenar que se enviase el grano del pueblo “toledano” a Talavera, sin duda para abastecer mejor desde allí al ejército.

Fragmento de contestación del subprefecto de Talavera (montaje)
Fragmento de contestación del subprefecto de Talavera (montaje)

Al margen del escrito del representante de Navalmoral tenemos la minuta de la contestación del subprefecto de Talavera exigiendo que se haga saber al Comisario de Guerra que Navalmoral de Toledo no está bajo la jurisdicción de Talavera sino bajo la de Toledo y que está cumpliendo con lo que, por esta vía, se le ha pedido en materia de impuestos, “y que si sus apremios dependiesen de la autoridad militar, se entiendan con sus jefes en los recursos que le convengan, puesto que los civiles no tienen conocimiento ni versación de las medidas de que estén encargados los comandantes de las columnas”. El enfado del funcionario es evidente y refleja las tensiones entre los burócratas civiles al servicio del rey José, que intentaban administrar el país (o al menos la zona que controlaban) con relativa normalidad, y las autoridades militares francesas, bastante menos sutiles y tendentes a incautarse de todo lo que necesitasen sin muchas contemplaciones.

Carta de Navalmoral de Toledo al General Gobernador, en francés (montaje)
Carta de Navalmoral de Toledo al General Gobernador, en francés (montaje)

Consciente de ello, el abogado de Navalmoral de Toledo se dirige también a la máxima autoridad militar en la zona, el General Gobernador (cuyo nombre no hemos conseguido averiguar), pero esta vez en francés. Hace un resumen de la historia y, finalmente, le pide “que le dit village ne doit payer que le contingent établi par le Préfet de Toléde”. En nuestro Archivo no tenemos muchos documentos en otros idiomas, así que, naturalmente, esta carta nos ha llamado la atención. Con todo, no sabemos cómo acabó este asunto pero, teniendo en cuenta las circunstancias, es probable que el cereal incautado acabase en los cuarteles y campamentos del ejército francés a pesar de todas las protestas y escritos.

MAPAS, PLEITOS, ERMITAS Y APARICIONES

Navalmoral y Navalucillos, ambos apellidados “de Toledo”, andaban siempre enfrentados por temas de lindes, sobre todo por el control de la ermita de Nuestra Señora de Herrera y su entorno. En 1772 Navalucillos pidió revisar la mojonera y, naturalmente, se reavivaron los problemas. El pleito, largo y farragoso, llegó a la Chancillería de Valladolid y no terminó hasta 1807, casi un cuarto de siglo después. Conservamos los documentos que fue guardando la parte de Navalmoral en un expediente que, curiosamente, se intitula “Papeles sobre el pleito de Herrera. Viaje de don Jacinto de Prado y cuentas que dio”. Pero lo que nos ha sorprendido no es la duración del proceso, sino que, entre estos papeles, encontramos nada menos que tres planos de la zona, algo nada habitual.

Portada del expediente
Portada del expediente

El primer mapa que encontramos puede fecharse probablemente en 1783 y fue realizado por el receptor judicial Antonio Concejo. Se destaca la ermita pero también los molinos y batanes, testimonio de las minas de hierro que dieron fama y nombre al lugar y que, por esta época, ya no debían funcionar.

Mapa de la zona de la ermita de Herrera (1783)
Mapa de la zona de la ermita de Herrera (1783)

El segundo mapa es más bien un croquis, donde ya no aparece la ermita pero sí los molinos y batanes. Obsérvese que el punto de partida es “Piedralucillos”, lugar que al parecer es reconocido por ambas partes como linde.

Croquis de la zona de la ermita de Herrera
Croquis de la zona de la ermita de Herrera

El tercer mapa es, con mucho, el más detallado, y quizá pueda fecharse en 1800. Se reflejan, además de la ermita y los molinos, otras construcciones y todos los pasos sobre los ríos o entre los montes, junto con caminos, fuentes y hasta un pequeño olivar.

Mapa de la zona de la ermita de Herrera (1800)
Mapa de la zona de la ermita de Herrera (1800)

Y, aunque no esté en nuestro archivo, no podemos dejar de presentar también el espectacular mapa, pintado al óleo, que hizo Domingo Collazo en 1779 para este pleito y que hoy se conserva en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid.

Mapa de la zona de la ermita de Herrera (1779)
Mapa de la zona de la ermita de Herrera (1779). Fuente: Archivo de la Real Chancillería de Valladolid

Pero, como sucede muchas veces, entre los largos discursos y complicados argumentos legales, a veces encontramos algunos sabrosos comentarios. Por ejemplo, se nos informa “que Nuestra Señora de Herrera se apareció a uno del Carpio antes que estuviesen poblados Navalmoral y Navalucillos, que la llevaron en procesión y hicieron casa”. Pero también, a modo de comparación, se alude a “un caso casi idéntico”, de mediados del siglo XVII, narrado así: “apareciose Nuestra Señora de Bienvenida en un sitio que está en medio del término de Alcolea a un pastor del Puente del Arzobispo. Por ser pequeña la primera villa y ser los del Puente más vecinos y más poderosos y el pastor su convecino, edificaron una suntuosa hermita [sic], la dotaron y adornaron…”. Bonitas historias que aparecen donde menos se esperan.

Fragmento del expediente
Fragmento del expediente