EL ÚLTIMO VIAJE DE UN ARRIERO

Como es sabido, los arrieros eran los profesionales encargados del transporte a larga distancia de mercancías y ocasionalmente también de personas. Es decir, antecesores directos de los camioneros actuales. En España los más famosos eran los procedentes de la comarca de La Maragatería, en León, pero, como es natural, había arrieros en todas partes. Hoy os vamos a hablar de uno de Mora, que se llamaba Domingo López Díez. Murió lejos de su casa y quizá por no tener familiares directos los documentos que llevaba encima fueron a parar al escribano del pueblo. Echemos, pues, un vistazo.

En primer lugar, encontramos algunas páginas con multitud de certificaciones breves y algo desordenadas, que dan fe de los lugares por donde fue pasando y nos permiten reconstruir su itinerario. Al final de una de estas páginas puede verse que llegó a Peñafiel el 12 de septiembre de 1844. Justo detrás, encontramos la siguiente nota: “Ha permanecido hasta hoy, que ha fallecido. Peñafiel, 15 de noviembre [de] 1844”. Las certificaciones nos informan de que Domingo había salido de la parroquia de San Miguel de Basauri (Vizcaya) el 5 de noviembre y pasó por Rivabellosa, Castil de Peones y Villafruela, entre otras localidades que no hemos sabido identificar. En total, 256 kilómetros en ocho días, a unos 32 kilómetros diarios. Además de este viaje, los documentos permiten reconstruir otros viajes anteriores, incluyendo un largo periplo de 900 km por las actuales provincias de Alicante y Murcia, esta vez a una media de 45 km diarios. Digamos que el trayecto hacia el norte se realizaba por Bargas, Navalcarnero y El Escorial mientras que el del Levante pasaba por Quintanar de la Orden, El Provencio, La Roda, Pozo de la Peña y Villena, volviendo desde Murcia por Hellín y Barrax.

Pero volvamos a su último viaje, porque todavía nos proporcionará algunos detalles interesantes. En efecto, en esta ocasión Domingo llevaba “catorce bultos con catorce quintales de bacalao”, unos 1.400 kg, que habían sido consignados por el conocido comerciante bilbaíno Tiburcio María Recacoechea y tuvo que pasar por algunos controles militares en Vitoria y Miranda de Ebro. No olvidemos que la I guerra carlista había terminado hacía dos años escasos. Por lo demás, los documentos atestiguan que el bacalao era uno de los productos que más trabajaba nuestro transportista.

Pasaporte de Domingo Martín López para pasar desde Piña de Campos (Palencia) hacia el sur.
Pasaporte de Domingo Martín (1844)

Entre los documentos tenemos también un pasaporte, expedido durante un viaje anterior, en agosto del mismo 1844 en el lugar de Piña de Campos (Palencia), gracias al que sabemos que nuestro hombre tenía 37 años, era bajito (5 pies de alto, poco más de 1,5 metros), de pelo castaño, ojos pardos, color trigueño y nariz regular, sin ninguna marca especial. El permiso se le concede “para que pase a los pueblos del interior a ejercer su tráfico. Le abona el que deja cumplido”, es decir, que su propio trabajo le sirve de garantía de buena conducta.

Recibo expedido por Agustín Wunsh en favor de Domingo López de la entrega en Santander de algunos vasos y copas.
Recibo expedido por Agustín Wunsch en favor de Domingo López (1842)

El conjunto de documentos incluye otras varias guías y abundantes cuentas, recibos y cartas, a veces difíciles de relacionar con nuestro arriero. Pero no queremos dejar pasar el recibo que le extiende Agustín Wunsch en junio de 1842 sobre tres (quizá dos; no conseguimos leerlo bien) vasos de medio cuartillo, y un vaso y una copa dorados. Se trata, como vemos, de mercancía delicada y relativamente costosa. Además, aparece la dirección de entrega: “Tienda de alemanes. Calle de San Francisco en Santander”. Esta calle sigue siendo una de las más comerciales de la capital cántabra y la “tienda de alemanes” aparece citada en el libro “Escenas montañesas” de José María de Pereda, publicado en 1864.

EL JUANELO NO-JUANELO

En noviembre de 2019 uno de nuestros investigadores habituales, D. Carlos Fernández Rodríguez, nos alertó de que había encontrado por casualidad un documento con la firma de Juanelo Turriano. Le agradecimos, por supuesto, su gentileza pero en aquel momento no hicimos mayores averiguaciones. Pocos días después iniciamos el trabajo de describir con detalle el documento que, efectivamente, estaba firmado sin duda por “Juanelo Turriano”.

Nuestra sorpresa fue mayúscula al comprobar que el documento estaba fechado el 20 de febrero de 1593, es decir, más de ocho años después de la muerte del famoso ingeniero italiano. La firma era clara y la comparación con la de su testamento (del que en su día ya os hablamos) dejaba lugar a pocas dudas. En las imágenes podéis ver tanto la firma del testamento como la del documento recién descubierto: son casi idénticas. ¿Qué había sucedido? ¿Había resucitado nuestro personaje? ¿Alguien había falsificado su firma y su nombre? Afortunadamente, poco antes habíamos establecido relación con el máximo especialista en Juanelo, el profesor Cristiano Zanetti, del Harvard University Center for Italian Renaissance Studies en Florencia. Él nos aclaró el misterio: se trataba en realidad del nieto del ingeniero, que también se llamaba Juanelo Turriano. Podríamos llamarlo “Juanelo II”. Era hijo de Bárbula Medea, hija a su vez de “Juanelo I”, y de Orfeo de Diana, y llegó a ser el responsable del famoso artificio creado por su abuelo para el abastecimiento de agua a la ciudad. Y todavía habrá un tercer Juanelo Turriano viviendo en Toledo, sobrino de “Juanelo II” y que también recogerá el ilustre nombre de su bisabuelo.

Principio de la carta de poder otorgada por María de Esquivias a su marido Francisco de Hita
Cláusulas de autorización recíproca entre María de Esquivias y su marido Francisco de Hita

No deja de ser este, pues, un documento curioso, de manera que podemos prestarle un poco de atención. Adelantemos que el papel de Juanelo II en él es muy secundario: simplemente es el testigo del acto jurídico. En efecto, se trata de una carta de poder otorgada por María de Esquivias, mujer de Francisco de Hita, para que éste acuda en su nombre a la partición de los bienes dejados por sus difuntos padres (de ella), que se llamaban Alonso de Esquivias e Isabel Díaz. Es interesante observar que, según la legislación del momento, para cualquier acto jurídico la mujer tenía que pedir permiso al marido y este concedérselo, permiso que solía indicarse en el propio documento principal, como ocurre aquí. Así que María pide permiso a Francisco para otorgar el documento, Francisco se lo otorga, y entonces María da permiso a Francisco para que este actúe en nombre de ella en la partición de bienes de sus padres (los de ella). Un curioso caso de “ping-pong” jurídico bastante corriente en su época y que hoy nos resulta chocante.

Hoja final de la carta de poder otorgada por María de Esquivias a su marido Francisco de hita.
Poder de María de Esquivias a su marido Francisco de Hita (final)

Por lo demás, sabemos que Francisco de Hita era arrendador de los molinos de Lázaro Buey y que en 1588 inició un pleito con el propietario de los molinos porque pretendía que se le rebajase la renta a la mitad a consecuencia de una riada en 1586. Podemos añadir que Alonso de Esquivias era también molinero, así que todo quedaba en familia. Quizá Juanelo II tenía relación con estas personas por su oficio de ingeniero, pero lo cierto es que no tenemos ninguna noticia cierta de los motivos por los actúa como testigo en este asunto.

MELQUE

Uno de los monumentos más conocidos de nuestra provincia es Santa María de Melque, en la zona norte del municipio de San Martín de Montalbán. Se trata de la iglesia de un antiguo monasterio visigodo, construido entre los siglos VII y VIII, que en época musulmana fue reutilizado como castillo y, tras la conquista cristiana, pasó a ser ermita. Además de los indicios arqueológicos, aparece ya citada como tal en las “Relaciones de Felipe II”, entre 1574 y 1578. Curiosamente, no la hemos encontrado citada en el “Catastro de Ensenada” (1752), pero sí es famosa la descripción que hace de ella Tomás López en su “Diccionario geográfico” que, como sabéis, no llegó a publicarse, aunque los documentos con las informaciones recopiladas por este geógrafo se conservan en la Biblioteca Nacional, han sido digitalizados y están accesibles en la red. Y aquí no solo se dan detalles sobre esta iglesia, sino que se dibuja un detallado plano, todo ello redactado por Manuel de Muncharaz en 1788.

En nuestro archivo tenemos algunas representaciones gráficas de Melque, aunque son muy someras. Así, en la “pañoleta” o plano general del término municipal realizado en 1893 para los trabajos del denominado “avance catastral” aparece la situación de una “Casa y ermita ruinas [sic] del Melque”, localizadas entre el arroyo del mismo nombre y el Arroyo de las Zorras. Un poco más al norte aparecen otras dos “casas”, llamadas “del Torrezno” y “de González”. Además, podemos comprobar cómo la ermita era el final de dos caminos que llevaban exclusivamente hasta este lugar.

Detalle del plano catastral de 1893 con indicación del lugar de la "Casa y ermita ruina de Melque"
Detalle del plano catastral de 1893

En 1910, en un croquis que representa gráficamente las variaciones en las fincas, volvemos a encontrar la “Casa de Melque”. Parece que ya había desaparecido incluso el recuerdo de la antigua función religiosa del edificio y tampoco parecen existir restos de otras edificaciones anexas. La documentación catastral revela que, en este momento, el propietario del terreno era Benito Sánchez Escobar, vecino de Torrijos, quien lo dedicaba al cultivo de cereal de secano. En 1933 este mismo propietario declaró dedicar estas tierras a la caza.

Croquis con las variaciones catastrales de 1910. aparece señalada la "Casa de Melque".
Croquis de variaciones catastrales (1910)

Nuestro siguiente plano es de 1963 y, de nuevo, corresponde al Catastro. En esta ocasión el dibujo es un poco más detallado y podemos intuir la forma de la antigua iglesia, que sigue siendo denominada como “Casa de Melque”. En la documentación textual ya aparecen las construcciones individualizadas respecto de las tierras de su entorno. En 1965 son descritas como “Casas y castillo” y en 1968 como “Casa y corrales”. Ese mismo año de 1968 la Diputación Provincial de Toledo se hace con el edificio por su importancia cultural y empieza una nueva etapa de puesta en valor.

Plano catastral de la zona del Melque, donde se dibuja la "Casa de Melque".
Plano catastral de la zona de Melque (1963)

En efecto, en 1970 se autoriza la primera de una serie de campañas de excavaciones arqueológicas que sacarán a la luz la enorme importancia no solo del edificio principal sino también de los anexos que, como hemos visto, parecen haber desaparecido. Dirigidas por el arqueólogo Luis Caballero Zoreda, las excavaciones arqueológicas se llevarán en paralelo con otras en la cercana iglesia de San Pedro de La Mata y en la más lejana de Santa Comba de Bande (Ourense). El resultado es una detallada memoria publicada en 1980.

Mientras tanto, en 1972 el Estado inicia los trámites para la adquisición de los terrenos colindantes. Como vemos en la nota que reproducimos, en 1974 sus propietarios aún no habían respondido. En la actualidad, tanto la iglesia como sus edificios relacionados han sido rehabilitados por la Diputación Provincial y, además, se utilizan para actividades culturales.

"Lugar de Melque, término de San Martín de Montalbán, Toledo". Nota al dorso de la orden para iniciar la compra de los terrenos colindantes.
Nota al dorso de la orden para iniciar la compra de los terrenos colindantes a Melque (1974)

DOS BULAS DE INDULGENCIA PLENARIA

Dentro del ámbito de la Iglesia católica, la “indulgencia” es la remisión de las penas asociadas al sacramento de la penitencia. En efecto, a través de este sacramento se perdonan los pecados, pero ello conlleva también la imposición de una pena al pecador. Bien, pues la indulgencia permite eliminar también esa pena. Surgidas ya en el cristianismo antiguo, las indulgencias no son parte del sacramento y podían ganarse a cambio, entre otras cosas, de una limosna. Como es sabido, el uso y abuso de esta práctica durante la Edad Media fue uno de los detonantes de la Reforma protestante, además de provocar protestas también en algunos sectores católicos. En la actualidad las indulgencias siguen existiendo, aunque ya se obtienen no a cambio de dinero sino de prácticas piadosas, como rezar algunas oraciones, visitar determinados templos, etc.

Las indulgencias se hicieron muy populares, entre otros motivos por su precio reducido que las ponía al alcance de la mayor parte de la población. En nuestro Archivo hemos localizado dos “bulas de indulgencia plenaria” (también había indulgencias parciales) del siglo XVIII. Estas “bulas” eran una especie de recibo que se entregaba al fiel y en el que se especificaba el alcance de la indulgencia, incluyendo el tiempo para el que era válida, por lo general un año. Las dos bulas que os presentamos hoy se han encontrado entre los documentos de sendas testamentarías. Fijaos en que son documentos impresos, de manera que el “buldero” o vendedor de bulas solo tenía que escribir el nombre del interesado en el lugar correspondiente.

Bula de indulgencia plenaria en favor de Eugenia Alvarado para 1710
Bula de indulgencia plenaria en favor de Eugenia Alvarado

La más antigua data de 1709 y se otorgó en favor del alma de la difunta Eugenia Alvarado, viuda de Simón Sánchez Riscos, para el año siguiente. Como vemos, el documento se encabeza con el año de su validez y con la calificación documental: “Bula de indulgencia plenaria concedida por Su Santidad…”. Sigue un dibujo de San Pedro y San Francisco y el escudo y el nombre del papa reinante, en este caso Clemente XI. Luego, el texto de la bula propiamente dicha, incluyendo el nombre del que paga la limosna y el de la afectada. Aquí encontramos que el precio era de dos reales de plata, que hoy podrían equivaler a unos cinco euros. Finalmente, el escudo del Consejo de la Santa Cruzada, que es una simple cruz patada, y la firma y el sello del Comisario General, Fernando Rodríguez de Mendarozqueta. Digamos que el Consejo de Cruzada era el organismo encargado de gestionar esta importante fuente de ingresos para la Iglesia y para el Estado españoles de la época.

Bula de indulgencia plenaria en favor de Manuel de Ochoa para el año 1786
Bula de indulgencia plenaria en favor de Manuel de Ochoa

El segundo ejemplo es algo posterior, de 1785 con validez para el año siguiente. Aquí es el propio interesado, Manuel de Ochoa Arnedo, el que obtiene la indulgencia para sí mismo por 21 cuartos, que en la época servían para comprar aproximadamente 1,5 kg. de pan. Como vemos, el documento es muy similar. Solo cambian algunos detalles, como los santos de la cabecera (San Francisco es sustituido por San Pablo), la incorporación de más texto, incluyendo al final los días y los templos en los que, rezando algunas oraciones y habiendo tomado esta bula, se puede ganar la indulgencia plenaria. Además, esta bula nos explica que, en realidad, el papa había concedido la indulgencia a todos aquellos “que fueren a su costa movidos por el celo de la fe a pelear contra los infieles en el ejército de Su Majestad Católica”, o incluso los que ayudasen de algún modo a las guerras de religión emprendidas por el rey. No obstante, se permitía a los obispos suspender temporalmente la aplicación de esta indulgencia generalizada, lo que obligaba a los fieles a obtener la correspondiente bula.

Dorso de la bula en favor de Manuel de Ochoa con el texto "Papeles hallados entre los bienes, etc. Nada contienen de importancia"
Dorso de la bula en favor de Manuel de Ochoa

Esta bula, en su dorso, incluye una descripción (“Bula para Manuel de Ochoa Arnedo para el año 1786, de la Cruzada”) y también una breve nota que dice: “Papeles hallados entre los bienes etc. Nada contienen de importancia”.

COSTUMBRES TOLEDANAS

A finales de 1965 el Ministerio de Información y Turismo puso en marcha un proyecto para recopilar todo tipo de tradiciones y costumbres a lo largo y ancho de España, y publicarlas en un libro con el título “España legendaria”. Para ello, envió una circular a los alcaldes de determinados municipios. Parece que las respuestas no fueron todo lo rápidas que se esperaba, de manera que en marzo de 1966 se insistió en el tema, pero ahora con la intermediación de los gobiernos civiles. Hacia abril el Gobierno Civil de Toledo ya contaba con los informes de Bargas, Carpio de Tajo, Illescas, Maqueda, Mazarambroz, Mora, Ocaña, Oropesa, Puente del Arzobispo, Torrijos, Villarrubia de Santiago, Orgaz y Guadamur. Estos dos últimos se quedaron en una carpeta con una nota que dice “Por hacer”, pero del resto se realizaron copias en limpio con un formato uniforme y, tras realizar dos copias adicionales, se enviaron los informes al Ministerio. Sin embargo, la proyectada obra no llegó a ver la luz. De hecho, solo hemos detectado que la localidad de Calaceite (Teruel) aprovechó su informe para publicarlo por su cuenta. Por cierto, que también hemos averiguado que, con el nombre de “España legendaria” ya se había publicado un libro en 1934, obra de José Xandri Pich.

Pero volvamos a nuestro tema. Ya hemos visto que solo se pidieron datos a algunos ayuntamientos, y, de estos, todavía los hubo que se quejaban de no haber recibido la “ficha” orientativa y que por eso no contestaban. De entre los que sí lo hicieron, algunos se limitaron a enviar publicaciones relacionadas con el tema. Así, Orgaz mandó un ejemplar del libro de Juan Moraleda “Historia de la muy noble, antigua y leal villa de Orgaz” en su edición de 1964, mientras que La Puebla de Montalbán remitió un programa de fiestas del año anterior, un folleto turístico y un curioso opúsculo titulado “Cien jotas típicas de La Puebla de Montalbán”, obra de Anastasio Oliva. Por su parte, el propio Gobierno Civil colaboró con una útil lista completa de los gobernadores civiles de la provincia desde 1887, quizá la única de estas características que conservamos hoy.

Uno de los informes que más nos ha llamado la atención es precisamente el que se quedó sin pasar a limpio, es decir, el de Guadamur. En él no solo encontramos las letras de las canciones tradicionales, sino incluso la partitura de la música de una de ellas, en concreto una copla de Navidad. Pero, además, se detallan los rituales de una “saludadora”, que fueron recogidos por el etnógrafo riojano Ismael del Pan y calificados sin rubor de “exorcismos”. Añádase que es el único informe donde se alude a las celebraciones del Carnaval. Todo esto, quizás, explica por qué no se envió al Ministerio.

Los informes de las localidades van desde apenas un párrafo hasta las decenas de páginas. Algunos se centran en una o dos tradiciones concretas, como los “Soldados de la Virgen” de Ocaña o las leyendas sobre la Virgen de Bienvenida y la fundación del lugar de El Puente del Arzobispo. Por lo general, abundan las leyendas piadosas o incluso alguna hagiografía del santo local. También aparecen letras de canciones tradicionales, como estas de Mora.

Página del informe de El Carpio de Tajo donde describe la "Carrera del ganso" y la práctica de "Decir los dichos".

Y terminamos con dos de las tradiciones de El Carpio de Tajo que ya en este momento suscitaban ciertas reservas. Por un lado, la “carrera del ganso”, que se celebraba cada 25 de julio y que, según se dice, fue suprimida desde 1958 a instancias de la Sociedad Protectora de Animales. Por otro lado, el “decir los dichos” de las parejas que se van a casar, acto que encubría un auténtico regateo entre familias y que el informante dice que “refleja lo que pasaba en los antiguos mercados de negras”. La “Carrera del ganso” se sigue celebrando hoy, en medio de la polémica, pero, hasta donde sabemos, ya “los dichos” prenupciales tienen un carácter meramente ritual

COMUNIDAD PLURIRACIAL LUSOHISPANÓFONA

En 1971 el Gobierno Civil de Toledo recibe un folleto titulado “Comunidad Pluriracial Lusohispanófona (Plan Maysounave)”, enviado por la “Asociación Cultural Torre de Hércules” de Vitoria. El folleto, que tiene su correspondiente depósito legal, estaba editado por Manuel Maysounave Jiménez. Ante todo, ¿quién era este señor?

Manuel Maysounave había nacido en Osuna (Sevilla) pero estaba afincado en Vitoria desde 1958, donde ejercía como abogado. Por entonces ya había iniciado el “movimiento proverista”, basado en los principios de “verdad, corresponsabilidad, mérito y misión” y se había especializado en derecho laboral. Tuvo bastantes problemas con el régimen, que le había retirado su licencia profesional en 1967, pero en 1975, todavía en vida del dictador, consiguió legalizar su movimiento en forma de asociación, convirtiéndolo en partido político en 1977. En general, el “Partido Proverista” se considera de difícil clasificación pero vagamente conservador e incluso cercano en algunos aspectos al carlismo. Se presentó a las elecciones generales entre 1977 y 1989, pero sus escasos resultados propiciaron su disolución tras estas últimas. En 1981 promovería otro movimiento, esta vez de carácter más económico, llamado “Escuela de Vitoria”, centrado en el pleno empleo. Maysounave continuó ejerciendo su profesión en Álava hasta poco antes de su muerte en 2020.

Dos páginas del "2º borrador-propuesta para una carta constitucional de la "Comunidad Pluriracial Lusohispanófona"
Dos páginas de la propuesta de Comunidad Pluriracial Lusohispanófona

Como vemos, una persona bastante activa y singular. ¿Y qué hay de esta “Comunidad”? Según el folleto, que se presenta como un “2º borrador-propuesta para una carta constitucional”, pretende agrupar a todas las personas que hablen portugués o español o incluso que vivan en Estados donde se habla alguna de estas lenguas, aunque sea en minoría. Además del lenguaje, pretende “cumplir asociadamente un destino unitario en el concierto internacional, objetivos de desarrollo y otros fines comunes”. No establece una sede central concreta, pero sí detalla sus instituciones. Su cabeza visible será un Presidente, elegido por la Asamblea y ratificado por el Senado. Habrá un Secretario General, que integrará hasta 19 oficinas “o centros de obras o servicios”, y también un Comité Ejecutivo permanente integrado por representantes de los Estados afectados, por turno. La Asamblea General será elegida por cada “comunidad básica integrante”, y el Senado por representantes de los diferentes Estados. También se prevé una Corte Suprema de Justicia. Finalmente, dispone la creación de un pasaporte, un “día oficial” (el 18 de enero) y la integración en la ONU. De paso, propone el traslado de la sede de las Naciones Unidas a Jerusalén.

"Documento de trabajo. Comunidad Pluriracial Lusohispanófona (Plan Maysounave)". Con un sello que dice "Asociación cultural 'Torre de Hércules'. Vitoria".
Portada del folleto

Curioso documento. Al recibirlo, el Gobernador Civil de Toledo se limitó a decretar su archivo, sin más comentarios. Y ya no sabemos más de este proyecto.

JORGE MANUEL, EL HIJO DEL GRECO

Entre los historiadores del arte, y también entre muchos toledanos, Jorge Manuel Thetocópuli ­o simplemente Jorge Manuel­, es un personaje bien conocido. Como sabéis, era hijo natural del Greco y de Jerónima de las Cuevas y nació en Toledo en 1578. Aparece retratado a los ocho años en una de las obras más importantes de su padre, “El entierro del señor de Orgaz”, y, ya de adulto, su padre le hizo otro retrato que hoy conserva el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Al igual que Doménico, Jorge Manuel Theotocópuli ha dejado abundantes huellas documentales en nuestro archivo.

El primer documento en que aparece mencionado, al menos en nuestro Archivo, es una carta de poder de 1601 que le otorga su padre para que, junto con el doctor Gregorio de Angulo, acordasen con el Hospital de la Caridad de Illescas los términos del retablo que El Greco debía realizar. Podemos imaginar que el Greco envía a su joven hijo junto con el curtido jurista para que vaya aprendiendo los tejemanejes administrativos del oficio de artista. Por lo visto, el vástago aprendió rápido, porque solo dos años después se les encarga al padre y al hijo, de mancomún, la realización de esta espléndida obra.

Recibo de dos pagos, a favor del Greco, por el retablo del Colegio de san Bernardino, firmado por Jorge Manuel
Recibo de dos pagos por el retablo del Colegio de San Bernardino

Desde entonces, Jorge Manuel aparece como uno de los colaboradores habituales de su genial padre. Así lo encontramos cobrando algunos de los pagos del retablo del Colegio de San Bernardino en 1603, en un recibo doble donde encontramos su firma por primera vez. Obsérvese que no pone su apellido en el texto (sí en las firmas) y que se refiere a su padre como “mi señor”.

Firmas del Greco y de Jorge Manuel de la carta de obligación del pago del alquiler de las casas del marqués de Villena
Firmas del Greco y de Jorge Manuel de la carta de obligación del pago del alquiler de las casas del marqués de Villena

La estrecha relación con su padre se confirma con un par de ejemplos. Así, no solo vivían en la misma casa, sino que el alquiler estaba a nombre de los dos, como se ve en esta carta de obligación de pagarlo que ambos firman. Pero, sobre todo, pocos días antes de morir, Doménico encarga a su hijo que haga testamento en su nombre mediante una carta de poder donde está la última firma del pintor. Poco después, Jorge Manuel realizaría el famoso inventario de bienes del Greco, documento excepcional que merece que algún día le dediquemos un post específico.

Final del concierto entre Jorge Manuel y el convento de Santo Domingo el Antiguo sobre el enterramiento de su familia
Final del concierto entre Jorge Manuel y el convento de Santo Domingo el Antiguo sobre el enterramiento de su familia

Para entonces, Jorge Manuel ya había realizado varios encargos de cierta envergadura: una capilla en San Ginés de Toledo, el retablo de San Martín de Montalbán, el de la villa de Bayona, hoy Titulcia, o la fachada del actual Ayuntamiento de Toledo. Tras la muerte de su padre hubo de asumir los encargos sin terminar, como el retablo del Hospital Tavera, y también los pleitos y problemas. Uno de los más interesantes tiene que ver con el lugar de enterramiento de ambos artistas y de su familia, asunto sobre el que se ha escrito mucho. Digamos que, en principio, el enterramiento estaría en la iglesia del monasterio de Santo Domingo el Antiguo. Sin embargo, tras la muerte del Greco surgieron diversos inconvenientes que hicieron que Jorge Manuel lo trasladara a la parroquia de San Torcuato. Pero esta iglesia fue desamortizada en el siglo XIX y luego derribada casi por completo, así que la tumba del Greco y de su hijo están hoy perdidas aunque, como decimos, sobre esto hay diversidad de opiniones. Nosotros nos limitamos a presentaros dos documentos: un concierto entre las monjas de Santo Domingo y Jorge Manuel sobre el monumento funerario, de 1618 (está la firma de Jorge Manuel entre las de todas las monjas, además de la rúbrica del notario), y una declaración de nuestro protagonista, dos años después, sobre el letrero que debía campear en la nueva tumba ya en San Torcuato.

Declaración de Jorge Manuel sobre un letrero en el enterramiento de su familia en la iglesia de San Torcuato
Declaración de Jorge Manuel sobre un letrero en el enterramiento de su familia en la iglesia de San Torcuato

Jorge Manuel casó tres veces. De su primera esposa, Alfonsa de los Morales, tuvo un hijo que luego profesó en el convento de San Agustín de Toledo. De su segunda esposa, Gregoria de Guzmán, tuvo dos hijas que le sobrevivieron, Claudia y María, y otro hijo que murió siendo niño. De su tercer matrimonio, con Isabel de Villegas, no tuvo descendencia. De este modo, al morir él en 1631 se perdería para siempre el apellido Theotocópuli en Toledo.

EL MOSAICO DE CALERA Y CHOZAS

En abril de 1966 un agricultor llamado Benedicto de Ana, vecino de Calera y Chozas, hace saber al su alcalde que ha encontrado unos fragmentos de mosaico que podrían ser de interés. Al día siguiente, el regidor fue a casa del joven agricultor y su madre le entregó “un envuelto conteniendo los fragmentos del mosaico y un trozo de mármol blanco”. El alcalde, Isidro García y García del Valle, no dudó en identificarlos como restos romanos.

Informe del alcalde de Calera y Chozas sobre el descubrimiento del mosaico
Informe del alcalde de Calera y Chozas sobre el descubrimiento del mosaico

Inmediatamente trató de comunicarse con el Gobernador Civil, pero tuvo que conformarse con dar la noticia a su secretario particular, prometiendo un informe exhaustivo que, efectivamente, envió a los pocos días y que hoy conservamos en nuestro archivo. A la vez, se trasladó al lugar del descubrimiento, junto al arroyo de Covisa, acompañado por el farmacéutico local, “gran aficionado a la fotografía”, y ambos quedaron asombrados al comprobar que, efectivamente, se trataba de los restos de un hermoso mosaico que les causó “una impresión maravillosa”. Incluso levantó un detallado croquis del lugar. Por desgracia, las fotografías a las que alude en su informe no han llegado hasta nosotros, o al menos no las hemos encontrado.

Croquis del lugar del hallazgo del mosaico
Croquis del lugar del hallazgo del mosaico

D. Isidro no dudó en ordenar la paralización de los trabajos que habían hecho aflorar estos restos, que eran los de un segmento del Canal Bajo del Alberche y pedir un guarda a la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos “con la orden de que, fuera quien fuese, no se llevase del lugar ni el más pequeño pedazo que pudiera pertenecer al mosaico”. La verdad es no podemos menos que aplaudir a este alcalde. Por cierto, que actualmente lleva su nombre una de las calles del municipio, no sabemos si por este hecho o por otros motivos.

Informe de la directora del Museo de Santa Cruz sobre el hallazgo del mosaico de Calera y Chozas
Informe de la directora del Museo de Santa Cruz sobre el hallazgo del mosaico de Calera y Chozas

Pero volvamos a abril de 1966. El diligente prócer local no solo informó al Gobernador Civil, sino que también comunicó con la directora del Museo de Santa Cruz, Matilde Revuelta, quien con no menor rapidez se desplazó al lugar. La arqueóloga calificó el hallazgo de “muy interesante” y también elogió la actitud del alcalde quien, según la nota marginal, fue oficialmente felicitado por su colaboración. Ella misma dice que informó igualmente a la Dirección General de Bellas Artes, entonces responsable de estas cuestiones e inició los trámites para el traslado del mosaico al Museo provincial.

Mosaico de Calera y Chozas instalado en  el Museo Etnográfico de la localidad.
Mosaico de Calera y Chozas. Fuente: Ayuntamiento de Calera y Chozas

Ahora ya es momento de detenernos en el mosaico en cuestión, que ha sido estudiado por Sergio de la Llave en 2010. Este investigador lo describe como una “composición geométrica de meandros de esvásticas con cuadrados”, de la que se habían conservado diez fragmentos de unos 75 cm2 cada uno. Concluye que pueden datarse hacia la segunda mitad del siglo IV de nuestra era y que se relacionan con otros restos similares encontrados en lugares relativamente cercanos como Rielves, Malpica de Tajo o Alcaudete de la Jara. Dice también que la primera noticia pública la dio Fernando Jiménez de Gregorio en una nota periodística en 1989, 23 años después del descubrimiento. Además, afirma que la documentación administrativa correspondiente de la Consejería de Cultura data el descubrimiento nada menos que de 1992 y por una persona diferente. Probablemente se trate de un segundo grupo de mosaicos, puesto que, según la página web del Ayuntamiento de Calera y Chozas, la colección en 2014 constaba de 24 fragmentos. Fue precisamente en 2014 cuando el mosaico se trasladó desde el Museo de Santa Cruz hasta el flamante Museo Etnográfico de Calera, donde se conserva hasta hoy. Con motivo de este traslado, el Ayuntamiento elaboró un interesante vídeo relatando las vicisitudes del mosaico aunque, eso sí, sin nuestra documentación.

LOS TRASLADOS AL VALLE DE LOS CAÍDOS

El Decreto de 1 de abril de 1940 acordó erigir, en el lugar llamado “Cuelgamuros”, en la Sierra de Guadarrama, al norte de Madrid, una “Basílica, Monasterio y Cuartel de Juventudes” con el fin de “perpetuar la memoria de los que cayeron en nuestra gloriosa Cruzada”. Las obras duraron 18 años. Cuando faltaban pocas semanas para la inauguración, se lanzó una campaña a través de la prensa para que los familiares enviasen los restos de sus deudos a la basílica en cuestión. La consecuencia fue una operación logística de bastante importancia cuya organización recayó en los gobiernos civiles. En el caso de Toledo, los documentos generados por estos traslados, fechados entre 1958 y 1972, ocupan unas dos cajas y media.

Solicitud de Albert Greindl para que los restos de su hermano Baudouin sean enterrados en el Valle de los Caídos
Solicitud de Albert Greindl para que los restos de su hermano Baudouin sean enterrados en el Valle de los Caídos

Los familiares interesados debían dirigirse al Gobierno Civil, quien decidiría si procedía el traslado o no. Hubo muchas solicitudes, la mayoría de 1958 y 1959, aunque en los años siguientes el goteo de peticiones no cesó. Por ejemplo, en 1967 el aristócrata belga Albert Greindl pide que su hermano Baudouin sea enterrado allí, lo que le sería concedido poco después.

"Estado expresivo de los puntos de esta provincia en que existen enterramientos colectivos, con indicación de las causas"
Listado de enterramientos colectivos

También nos han llamado la atención bastantes solicitudes denegadas, casi siempre sin dar explicaciones. Suponemos que el motivo más frecuente era la dificultad de localizar el lugar exacto del enterramiento. De hecho, se realizaron incluso listas de lugares de enterramientos colectivos en los que encontramos bastantes indeterminaciones. Así se observa en el documento que os presentamos, donde, además y significativamente, se dice que algunos grupos fueron “asesinados por los rojos” y otros “ejecutados por fuerzas nacionales”. Incluso hay un grupo de “moros”, muertos junto al cementerio de Valmojado, del que ni siquiera se sabe su número exacto.

Solicitud denegada para un enterramiento en el Valle de los Caídos.
Solicitud denegada para un enterramiento en el Valle de los Caídos

Pero hay una solicitud denegada que nos ha atraído en especial. Se trata de tres hermanos, dos de ellos religiosos (salesianos, por más señas), que lo piden para sus tres hermanos caídos en la guerra “aunque militaban en las filas rojas”. Lo interesante de este caso no es solo el hecho de hacer esta petición para quienes cayeron en el bando republicano, sino que, además, se ofrecen informaciones muy detalladas de la muerte de uno de ellos, también salesiano, que fue “ametrallado, en compañía de otros cuatro oficiales de Intendencia, por jefes de una unidad de Regulares a los que acababa de entregarse”. Los hermanos supervivientes señalan claramente, incluso con un mapa, el lugar donde fue enterrado, en las afueras de Cuerva.

Con las solicitudes concedidas se elaboraron las correspondientes listas y, finalmente, una estadística general, señalando los nombres de los trasladados desde cada localidad. El resumen general, realizado en 1959, indica el escaso entusiasmo que despertó la iniciativa: menos del 11 % de las familias de fallecidos se ofrecieron para el traslado. En todos los casos, una vez realizada la operación, se entregaba a la familia un pequeño recordatorio, que en los últimos años se sustituyó por un certificado.

Resumen de los gastos de una de las expediciones de traslado de restos al Valle de los Caídos (1959)
Resumen de los gastos de una de las expediciones de traslado de restos al Valle de los Caídos (1959)

Finalmente, toda esta operación no era gratis. Había facturas que pagar, que también conservamos.  Pero solo mostraremos el resumen detallado de los gastos de la expedición realizada en abril de 1959, una de las más numerosas: algo más de 32.000 pesetas de la época, aproximadamente 8.000 euros actuales.

ESCENAS DE LA VIDA UNIVERSITARIA

En estos días empiezan también las clases los alumnos universitarios, así que hemos buscado un par de expedientes de sus compañeros de hace casi doscientos años. Son retazos de vidas de estudiantes corrientes, pero, como veremos enseguida, cada uno tiene su pequeña historia detrás.

José Laureano Carrera parece ser un chico de lo más normal. Su certificado de bautismo nos dice que nació en la parroquia de San Miguel de Toledo en 1822. Su padre y sus abuelos paternos también eran toledanos, mientras que su madre y su abuela materna procedían de Polán y su abuelo materno de Mazarambroz. El párroco asegura que el chaval, a sus trece años, siempre ha sido de buena conducta política y moral, y que ha estado bien educado. Un buen chico, sin duda. Así que en 1835 entra a cursar los preceptivos tres años de filosofía previos a cualquier carrera universitaria. Como es habitual en los expedientes de alumnos de esta época, tenemos los certificados de sus profesores de haber aprobado las asignaturas y, cuando procede, documentos similares de las academias, como este de la de San Agustín, con su sello de placa incluido. También se pueden encontrar de vez en cuando en estos expedientes algunos exámenes, con los que podemos conocer qué se preguntaba, qué se respondía y cómo se realizaban. De José Carrera conservamos cuatro exámenes, dos de sus años de filosofía y otros dos de los cursos de Leyes, que fue la carrera superior que eligió. Pero nos vamos a centrar en su examen de física de 1837.

Como los demás exámenes, consta de dos partes. Por un lado, una papeleta con el nombre del alumno, cerrada bajo plica y con un lema identificativo. Por otro lado, en sobre aparte, las preguntas y las respuestas, con el mismo lema pero sin el nombre del alumno, de modo que se garantice el anonimato a la hora de corregir. Tras las respuestas del alumno encontramos la calificación de los profesores, un brillante “notablemente aprovechado” y sus firmas. Pero lo más curioso es que Carrera ha escogido un lema en árabe, cuando lo habitual era hacerlo en latín o en español. Se trata del conocido inicio de la shahāda, la profesión de fe islámica, que suele traducirse por “Solo Dios es Dios”. Nuestro alumno, con quince años, lo escribe en árabe, lo translitera al alfabeto latino y, de propina, añade un dibujo del triángulo de Dios con Su nombre en el interior, también en árabe. Eso sí, se abstiene de escribir el resto de la fórmula que, como es sabido, continúa diciendo “y Mahoma es su profeta”, de nuevo en traducción habitual. Las razones de esta omisión son fáciles de suponer.

Su compañero Luis de Cárdenas Chacón no parece ser tan aplicado, aunque sí tuvo una vida algo más resonante. Natural de Belalcázar (Córdoba) e hijo de Alonso de Cárdenas Chacón (es llamativo que padre e hijo tengan los mismos dos apellidos) había cursado los tres años de Filosofía en el Colegio de la Asunción de Córdoba y un año de Leyes en la Universidad de Sevilla. En 1833 se traslada a Toledo, por razones que ignoramos y pide se le “incorporen” (es decir, se le convaliden) estos estudios a pesar de no haber realizado los últimos exámenes por una enfermedad. A lo largo de su estancia en la Universidad de Toledo volverá a pedir algo similar en otra ocasión, esta vez a causa de una caída de caballo en 1834.

Al año siguiente de nuevo pide ser matriculado fuera de plazo porque tuvo que volver a su pueblo al ser elegido “blanco” (es decir, exento) en el sorteo de las milicias ordenadas ese año. Alega que, además de las 40 leguas de camino, él y su hermano José han debido dar un largo rodeo “por razón de estar ocupados los Montes de Toledo por los facciosos”, en alusión a los grupos carlistas que por entonces operaban en la zona. A pesar de todos estos incidentes, nuestro estudiante cordobés se graduó como bachiller en Leyes y se conserva la minuta, en latín, de su título. Por si tenéis curiosidad, sabemos que Luis de Cárdenas Chacón fue alcalde de su pueblo en 1844 y llegó a ser elegido diputado por su provincia en marzo de 1867, pero tuvo que dejar su escaño al estallar la revolución de 1868. En 1875 aparece como abogado en ejercicio en Belalcázar.