CEMENTERIOS

Los dos primeros días de noviembre siguen siendo, tradicionalmente, los días de honrar a nuestros muertos. Aunque en la actualidad estas celebraciones se hayan transformado mucho, mezclándose con otras costumbres y, en parte, perdiendo su sentido, esta sigue siendo la época de más actividad en todos los cementerios. Así que nosotros hemos buscado fotos de cementerios en nuestro archivo.

Empecemos por los cementerios de la ciudad de Toledo. Curiosamente, no hemos encontrado imágenes del cementerio actual, dedicado a la Virgen del Sagrario, inaugurado en 1893. Sí hay imágenes del cementerio viejo, el que se situaba más o menos donde hoy está el Instituto de Enseñanza Secundaria “María Pacheco”, entre las actuales Avenida de Barber y calle Rosa Parks. De acuerdo con Rafael del Cerro, del que extraemos muchos de los datos de este post, este cementerio se inauguró en 1836 y fue el primero que tuvo carácter general y municipal, sustituyendo a los cementerios que gestionaban determinadas comunidades o a los espacios de enterramiento dentro y alrededor de las parroquias. Fue clausurado en 1893, cuando se inauguró el actual, pero los familiares tuvieron todavía un plazo de 30 años para trasladar voluntariamente los restos al nuevo camposanto. Por tanto, en 1923 el Ayuntamiento ordenó la exhumación y traslado de todos los restos que quedasen, subastándose el terreno para otros usos, tal como nos cuenta el Archivo Municipal. Gracias también a la estupenda página web de nuestros compañeros podemos datar en 1910 al menos una de las fotografías que tenemos del interior de este cementerio, la que tiene como fondo la inconfundible silueta de la ciudad; la otra, tomada en sentido contrario, no hemos podido datarla pero, obviamente, se trata de imágenes de este cementerio ya en desuso.

Fotografía del cementerio de la Misericordia, la ermita del Cristo de la Vega, la Fábrica de Armas y el río Tajo.
El cementerio de la Misericordia y la ermita del Cristo de la Vega. Al fondo, la Fábrica de Armas y el río Tajo.

En la zona conocida como “Vega Baja” se han localizado dos cementerios muy cercanos entre sí. Por un lado, el de la Misericordia o de San Ildefonso, que gestionaba el Hospital de la Misericordia. Como reza la inscripción de su puerta, se concluyó en 1710, se reedificó en 1850 y funcionó hasta 1885, aunque todavía se permitía años después que se enterrasen allí a las monjas que atendían la beneficencia provincial, razón por la que también se conoce como “cementerio de las monjas”. La fotografía que os mostramos, tomada desde lejos, nos muestra su parte trasera y la ermita que preexistía a los nichos, así como la cercana puerta al Cristo de la Vega. A principios de nuestro siglo la Diputación Provincial ha intentado recuperar este espacio para usos culturales, con un éxito relativo.

Grupo de jóvenes vestidos de época en el patio del cementerio del Cristo de la Vega, junto a los nichos
Grupo de jóvenes en el patio del cementerio del Cristo de la Vega

Precisamente en el Cristo de la Vega existe también otro panteón con nichos, de estructura arquitectónica muy similar al anterior. Fue construido en 1846 para dar sepultura a los canónigos de la Catedral, función que todavía hoy sigue realizando ocasionalmente. En nuestra foto vemos a un numeroso grupo de jóvenes en este lugar. A juzgar por sus vestiduras, parece que vayan a realizar alguna función teatral.

Todas las fotografías que os hemos presentado hasta ahora pertenecen al fondo “Rodríguez”. Como sabéis, el AHPTO custodia también el fondo fotográfico de Luis Escobar, que vivió y trabajó en Albacete, donde está enterrado. Y aquí, naturalmente, encontramos fotografías del cementerio de la ciudad manchega, dedicado a su patrona, la Virgen de los Llanos. Aunque la calidad técnica no es muy buena, podemos presentaros la portada del recinto y la capilla del Cristo de las Misericordias que se encuentra en su interior.

Interior del taller de un marmolista: cinco personas trabajando alrededor de una lápida que reza "Paquita".
Interior del taller de un marmolista albaceteño.

Para terminar, queremos llamar la atención sobre una foto más especial de lo que parece. Se trata del interior del taller de un marmolista albaceteño que no hemos podido identificar. La fotografía tiene interés por presentar a una de estas pequeñas industrias en plena faena, aunque quizá también estén posando para la ocasión. Pero el caso es que la lápida está dedicada a “Paquita”. Observando la foto con atención, vemos que se trata de Paquita Escobar Ureña, es decir, la hija mayor del fotógrafo, que falleció en 1943 a la edad de 32 años. Así pues, Luis Escobar fotografió la fabricación de la lápida de su propia hija. Un caso realmente singular.

JORGE MANUEL, EL HIJO DEL GRECO

Entre los historiadores del arte, y también entre muchos toledanos, Jorge Manuel Thetocópuli ­o simplemente Jorge Manuel­, es un personaje bien conocido. Como sabéis, era hijo natural del Greco y de Jerónima de las Cuevas y nació en Toledo en 1578. Aparece retratado a los ocho años en una de las obras más importantes de su padre, “El entierro del señor de Orgaz”, y, ya de adulto, su padre le hizo otro retrato que hoy conserva el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Al igual que Doménico, Jorge Manuel Theotocópuli ha dejado abundantes huellas documentales en nuestro archivo.

El primer documento en que aparece mencionado, al menos en nuestro Archivo, es una carta de poder de 1601 que le otorga su padre para que, junto con el doctor Gregorio de Angulo, acordasen con el Hospital de la Caridad de Illescas los términos del retablo que El Greco debía realizar. Podemos imaginar que el Greco envía a su joven hijo junto con el curtido jurista para que vaya aprendiendo los tejemanejes administrativos del oficio de artista. Por lo visto, el vástago aprendió rápido, porque solo dos años después se les encarga al padre y al hijo, de mancomún, la realización de esta espléndida obra.

Recibo de dos pagos, a favor del Greco, por el retablo del Colegio de san Bernardino, firmado por Jorge Manuel
Recibo de dos pagos por el retablo del Colegio de San Bernardino

Desde entonces, Jorge Manuel aparece como uno de los colaboradores habituales de su genial padre. Así lo encontramos cobrando algunos de los pagos del retablo del Colegio de San Bernardino en 1603, en un recibo doble donde encontramos su firma por primera vez. Obsérvese que no pone su apellido en el texto (sí en las firmas) y que se refiere a su padre como “mi señor”.

Firmas del Greco y de Jorge Manuel de la carta de obligación del pago del alquiler de las casas del marqués de Villena
Firmas del Greco y de Jorge Manuel de la carta de obligación del pago del alquiler de las casas del marqués de Villena

La estrecha relación con su padre se confirma con un par de ejemplos. Así, no solo vivían en la misma casa, sino que el alquiler estaba a nombre de los dos, como se ve en esta carta de obligación de pagarlo que ambos firman. Pero, sobre todo, pocos días antes de morir, Doménico encarga a su hijo que haga testamento en su nombre mediante una carta de poder donde está la última firma del pintor. Poco después, Jorge Manuel realizaría el famoso inventario de bienes del Greco, documento excepcional que merece que algún día le dediquemos un post específico.

Final del concierto entre Jorge Manuel y el convento de Santo Domingo el Antiguo sobre el enterramiento de su familia
Final del concierto entre Jorge Manuel y el convento de Santo Domingo el Antiguo sobre el enterramiento de su familia

Para entonces, Jorge Manuel ya había realizado varios encargos de cierta envergadura: una capilla en San Ginés de Toledo, el retablo de San Martín de Montalbán, el de la villa de Bayona, hoy Titulcia, o la fachada del actual Ayuntamiento de Toledo. Tras la muerte de su padre hubo de asumir los encargos sin terminar, como el retablo del Hospital Tavera, y también los pleitos y problemas. Uno de los más interesantes tiene que ver con el lugar de enterramiento de ambos artistas y de su familia, asunto sobre el que se ha escrito mucho. Digamos que, en principio, el enterramiento estaría en la iglesia del monasterio de Santo Domingo el Antiguo. Sin embargo, tras la muerte del Greco surgieron diversos inconvenientes que hicieron que Jorge Manuel lo trasladara a la parroquia de San Torcuato. Pero esta iglesia fue desamortizada en el siglo XIX y luego derribada casi por completo, así que la tumba del Greco y de su hijo están hoy perdidas aunque, como decimos, sobre esto hay diversidad de opiniones. Nosotros nos limitamos a presentaros dos documentos: un concierto entre las monjas de Santo Domingo y Jorge Manuel sobre el monumento funerario, de 1618 (está la firma de Jorge Manuel entre las de todas las monjas, además de la rúbrica del notario), y una declaración de nuestro protagonista, dos años después, sobre el letrero que debía campear en la nueva tumba ya en San Torcuato.

Declaración de Jorge Manuel sobre un letrero en el enterramiento de su familia en la iglesia de San Torcuato
Declaración de Jorge Manuel sobre un letrero en el enterramiento de su familia en la iglesia de San Torcuato

Jorge Manuel casó tres veces. De su primera esposa, Alfonsa de los Morales, tuvo un hijo que luego profesó en el convento de San Agustín de Toledo. De su segunda esposa, Gregoria de Guzmán, tuvo dos hijas que le sobrevivieron, Claudia y María, y otro hijo que murió siendo niño. De su tercer matrimonio, con Isabel de Villegas, no tuvo descendencia. De este modo, al morir él en 1631 se perdería para siempre el apellido Theotocópuli en Toledo.

ESCENAS DE LA VIDA UNIVERSITARIA

En estos días empiezan también las clases los alumnos universitarios, así que hemos buscado un par de expedientes de sus compañeros de hace casi doscientos años. Son retazos de vidas de estudiantes corrientes, pero, como veremos enseguida, cada uno tiene su pequeña historia detrás.

José Laureano Carrera parece ser un chico de lo más normal. Su certificado de bautismo nos dice que nació en la parroquia de San Miguel de Toledo en 1822. Su padre y sus abuelos paternos también eran toledanos, mientras que su madre y su abuela materna procedían de Polán y su abuelo materno de Mazarambroz. El párroco asegura que el chaval, a sus trece años, siempre ha sido de buena conducta política y moral, y que ha estado bien educado. Un buen chico, sin duda. Así que en 1835 entra a cursar los preceptivos tres años de filosofía previos a cualquier carrera universitaria. Como es habitual en los expedientes de alumnos de esta época, tenemos los certificados de sus profesores de haber aprobado las asignaturas y, cuando procede, documentos similares de las academias, como este de la de San Agustín, con su sello de placa incluido. También se pueden encontrar de vez en cuando en estos expedientes algunos exámenes, con los que podemos conocer qué se preguntaba, qué se respondía y cómo se realizaban. De José Carrera conservamos cuatro exámenes, dos de sus años de filosofía y otros dos de los cursos de Leyes, que fue la carrera superior que eligió. Pero nos vamos a centrar en su examen de física de 1837.

Como los demás exámenes, consta de dos partes. Por un lado, una papeleta con el nombre del alumno, cerrada bajo plica y con un lema identificativo. Por otro lado, en sobre aparte, las preguntas y las respuestas, con el mismo lema pero sin el nombre del alumno, de modo que se garantice el anonimato a la hora de corregir. Tras las respuestas del alumno encontramos la calificación de los profesores, un brillante “notablemente aprovechado” y sus firmas. Pero lo más curioso es que Carrera ha escogido un lema en árabe, cuando lo habitual era hacerlo en latín o en español. Se trata del conocido inicio de la shahāda, la profesión de fe islámica, que suele traducirse por “Solo Dios es Dios”. Nuestro alumno, con quince años, lo escribe en árabe, lo translitera al alfabeto latino y, de propina, añade un dibujo del triángulo de Dios con Su nombre en el interior, también en árabe. Eso sí, se abstiene de escribir el resto de la fórmula que, como es sabido, continúa diciendo “y Mahoma es su profeta”, de nuevo en traducción habitual. Las razones de esta omisión son fáciles de suponer.

Su compañero Luis de Cárdenas Chacón no parece ser tan aplicado, aunque sí tuvo una vida algo más resonante. Natural de Belalcázar (Córdoba) e hijo de Alonso de Cárdenas Chacón (es llamativo que padre e hijo tengan los mismos dos apellidos) había cursado los tres años de Filosofía en el Colegio de la Asunción de Córdoba y un año de Leyes en la Universidad de Sevilla. En 1833 se traslada a Toledo, por razones que ignoramos y pide se le “incorporen” (es decir, se le convaliden) estos estudios a pesar de no haber realizado los últimos exámenes por una enfermedad. A lo largo de su estancia en la Universidad de Toledo volverá a pedir algo similar en otra ocasión, esta vez a causa de una caída de caballo en 1834.

Al año siguiente de nuevo pide ser matriculado fuera de plazo porque tuvo que volver a su pueblo al ser elegido “blanco” (es decir, exento) en el sorteo de las milicias ordenadas ese año. Alega que, además de las 40 leguas de camino, él y su hermano José han debido dar un largo rodeo “por razón de estar ocupados los Montes de Toledo por los facciosos”, en alusión a los grupos carlistas que por entonces operaban en la zona. A pesar de todos estos incidentes, nuestro estudiante cordobés se graduó como bachiller en Leyes y se conserva la minuta, en latín, de su título. Por si tenéis curiosidad, sabemos que Luis de Cárdenas Chacón fue alcalde de su pueblo en 1844 y llegó a ser elegido diputado por su provincia en marzo de 1867, pero tuvo que dejar su escaño al estallar la revolución de 1868. En 1875 aparece como abogado en ejercicio en Belalcázar.

LA HERENCIA DE ALONSO DE VILLEGAS

Las vidas de santos han sido durante siglos uno de los géneros literarios de mayor éxito popular en Occidente. Una de las más famosas fue la “Flos sanctorum”, escrita por el clérigo toledano Alonso de Villegas (1534-1603). Este personaje nació y murió en Toledo, donde fue capellán mozárabe y beneficiado en las parroquias de San Sebastián y San Marcos, además de profesor en la Universidad. De joven escribió una obra de teatro llamada “Selvagia”, considerada una de las mejores secuelas de “La Celestina”.

Final del testamento de Alonso de Villegas, con su firma
Página final del testamento de Alonso de Villegas (1599)

En el AHPTO conservamos varios documentos relacionados directamente con Villegas, entre ellos sus dos testamentos, fechados en 1594 y 1599. Los dos han sido analizados cuidadosamente por Julio Martín Fernández y Jaime Sánchez Romeralo en un artículo del que hemos obtenido mucha de la información que hoy os ofrecemos. Lo primero que llama la atención de ambos documentos es la claridad de la letra, que contrasta con lo habitual en los documentos notariales de la época y hace pensar que los testamentos sean ológrafos, es decir, escritos por su propia mano y no por medio de un escribano. En la imagen que presentamos, además de la firma del propio Villegas, podéis apreciar esta diferencia entre ambos tipos de letra. En todo caso, por ellos sabemos que el clérigo no era precisamente pobre. Reparte respetables cantidades de dinero entre sus criados y deudos, y además declara ser poseedor de varias casas en Toledo y de un cigarral cerca del puente de San Martín. Le debía parecer mucho para un clérigo, así que quiso justificarse y declara que “lo más de ello lo he ganado y adquirido por medio de mis estudios y trabajos”. Además, se ocupa de dejar claras las cuentas de las ediciones de su obra más famosa, de la que dice no haber cobrado todavía todos los derechos que le corresponden.

Fragmento del testamento de Alonso de Villegas, con la manda en favor de la Capilla Mozárabe
Manda a favor de la Capilla Mozárabe de la Catedral de Toledo (1594)

Nosotros, por nuestra parte, nos hemos fijado en tres mandas relacionadas con libros y objetos artísticos. En primer lugar deja a la Capilla Mozárabe un breviario mozárabe y “una imagen de Nuestra Señora en tabla de una vara de largo con un tafetán verde, la cual hizo Guió, famoso pintor, y es de mucha estima entre pintores”. Esta tabla dice que la compró de la almoneda de los bienes del entallador Linares y especifica que deberá colocarse en la capilla en cuestión; si no fuese así, nuestro clérigo retira la donación de la pintura y la Capilla deberá conformarse con el breviario. Toda esta manda desaparece en el testamento de 1599, seguramente porque para entonces Villegas las había donado ya en vida a la propia Capilla. Por otro lado, no tenemos noticia ni del pintor “Guió” ni del entallador Linares.

Una segunda manda interesante es la de “un lienzo e imagen grande de Nuestra Señora con su bendito Hijo y San José y San Juan Evangelista y San Ildefonso, con mi retrato allí puesto, la cual hizo Blas del Prado”, que lega al convento de la Compañía de Jesús. El cuadro se encuentra actualmente en el Museo del Prado y en su parte inferior, efectivamente, encontramos un retrato de Alonso de Villegas arrodillado entre San Juan y San Ildefonso.

Fragmento del testamento de Alonso de Villegas con la manda de dos libros raros para la biblioteca de la Catedral de Toledo
Manda a favor de la biblioteca de la Catedral de Toledo (1594)

Por último, lega a la biblioteca (“librería”, como se decía en la época) de la Catedral dos libros singulares: “El uno es un Estropherino, libro raro, y el otro es, en romance, la segunda década de Tito Livio, que en latín hasta hoy no se ha hallado, y así este libro debe estimarse en mucho. Es de mano [es decir, manuscrito] y tiene algunos pliegos de pergamino y letra antigua, y sería posible no hallarse otro en España ni fuera de ella”. El primer libro aludido es el “Calendarium Romanum Magnum”, obra del matemático alemán Johannes Stöffler, cuyo nombre Villegas castellaniza con toda soltura. El segundo libro es hoy mucho más conocido, pero no podemos estar seguros de qué se trata exactamente porque la historia de la transmisión de la obra de Tito Livio es muy azarosa. Lo peor es que estas dos joyas bibliográficas se encuentran perdidas. Existe un ejemplar de la de Stöffler en la Biblioteca de Castilla-La Mancha pero no podemos saber si es el mismo que aparece en el testamento (agradecemos este dato a nuestros compañeros de la biblioteca regional). Ninguno de los dos libros se encuentra hoy en la Biblioteca Capitular de Toledo, y esta manda tampoco aparece en el testamento de 1599. Es muy posible que Villegas cambiase de opinión por algún motivo y se desprendiese de ambos libros sin que sepamos a quién se los dio.

RESTAURACIONES EN SAN JUAN DE LOS REYES

El monasterio de San Juan de los Reyes es una de las joyas arquitectónicas no solo de Toledo sino de toda Europa. Pero ha tenido una historia muy agitada. Además de monasterio, ha servido de cuartel y de museo, y ha sido varias veces destruido con mayor o menor amplitud y otras tantas reconstruido con mayor o menor fortuna. Si tenéis curiosidad por la historia de todas estas destrucciones y restauraciones, podéis consultar el libro de Daniel Ortiz, de donde hemos sacado algunos datos para este post.

Conservamos una buena colección de fotografías de restauraciones en San Juan de los Reyes dentro del fondo Rodríguez. Por ejemplo, esta que presenta el andamio colocado en el exterior del ábside de la iglesia y que sabemos fue realizada en 1916 porque salió publicada ese año en la revista “Toledo”. Sin embargo, muchas de las fotos que tenemos no están fechadas, como ocurre con la que nos muestra a un grupo de trabajadores, incluyendo quizá al arquitecto y al maestro de obras, a los que no hemos sabido identificar.

Entre todas las restauraciones sufridas por este edificio destaca la que realizó la Dirección General de Regiones Devastadas, organismo dependiente del Ministerio de la Vivienda, entre 1953 y 1966, bajo la dirección de los arquitectos Francisco Echenique y José Losada. La documentación de estas obras, incluyendo los planos, se encuentra hoy en el Archivo General de la Administración, pero algunos reportajes fotográficos se encargaron a la Casa Rodríguez y hoy tenemos estas fotos en el AHPTO. Por ejemplo, este otro grupo de trabajadores en el exterior del cimborrio. Pero incluso dentro de la serie “Rótulo” del fondo citado hay algunas cajas con información escrita que permite conocer no sólo quién encargó el reportaje, sino también la fecha y el fotógrafo. Las imágenes más recientes son del 28 de noviembre de 1958 cuando Luis Rodríguez Garrido, “Luisito”, fotografió las pechinas que soportan el cimborrio del crucero, ya restauradas. El sobre que guardaba este negativo junto con algunos más nos da alguna pista sobre la forma de trabajar de la empresa en estos momentos.

Foto de una escultura de santa sin cabeza, con una anotación al margen

Del año anterior, en concreto del 8 de febrero de 1958, es esta fotografía suelta de una escultura de santa sin cabeza en el taller de restauración, también obra de “Luisito”. Aquí, los datos sobre autor, fecha y motivo están escritos sobre la misma placa fotográfica. Digamos, de paso, que el taller de cantería y esculturas de piedra para esta restauración estuvo al cargo del escultor Cecilio Béjar y sus hermanos.

Las primeras fotografías datadas de esta restauración son del 17 de octubre de 1956 y llevan la firma de “Luis [Rodríguez Dorado]”. Como las anteriores, se trata de fotografías que buscan simplemente documentar los trabajos de restauración, lejos de cualquier pretensión estética. Y se ocupan de los elementos arquitectónicos, como esta enorme columna que sostiene el coro de la iglesia, y también de las esculturas que se restauraban en el taller, como estas tres estatuas de santos.

EL HOMBRE QUE DEMANDÓ A LOPE DE VEGA

Jerónimo Velázquez era un tipo importante en el panorama teatral de su época. Probablemente nació en Toledo y de joven se trasladó a Madrid, donde se ganó la vida como albañil y solador. Pero pronto destacó por sus dotes como actor y director teatral y formó una compañía que alcanzó bastante éxito. Hacia 1580 su hija Elena Osorio inició un turbulento romance con Lope de Vega, pese a estar casada con Cristóbal Calderón, uno de los actores de la compañía de su padre. Se suele identificar a Elena con la “Filis” de muchos poemas de Lope. La relación terminó de manera amarga (podéis encontrar un detallado relato en la biografía escrita por Zamora Vicente) y Lope escribió algunos libelos infamantes contra Elena y su familia, así que Jerónimo le demandó en 1587. El Fénix fue condenado a destierro de Castilla y de la Corte. Y es justo en ese momento cuando Jerónimo Velázquez empieza a aparecer en nuestros protocolos notariales.

Fragmento de documento en letra antigua
«…y busque a cualesquiera mujeres casadas representantas para venir y que vengan a mi compañía…»

Conservamos hasta ocho documentos en los que Velázquez interviene directamente. El primero es de noviembre de 1587, justo antes del proceso contra Lope, y nos presenta a nuestro director teatral haciendo un “casting” de mujeres: encarga a su yerno Calderón que busque “cualesquiera mujeres casadas representantas para venir y que vengan a mi compañía a esta ciudad de Toledo y a otras cualesquiera para representar y las traer a mi costa”, especificando que se las mantendrá a ellas y a sus maridos y se les dará la paga acostumbrada.

Documento en letra antigua
Lista de telas y vestidos comprados por Jerónimo Velázquez a los hermanos Lagarto

A partir de aquí nuestro hombre aparece en tres tipos de documentos. Los más prosaicos son las compras de material, como la de una larga lista de telas y vestidos que acuerda en enero de 1594 con Juan y Fernando Lagarto.

Después tenemos los contratos de transporte. Por ejemplo, en junio de 1594 Juan de Mora, vecino de Toledo, se compromete a llevar a Valencia a toda la compañía, para lo que utilizará 17 mulas a 5 ducados por mula. Será una mula de carga que llevará unas diez arrobas y media (unos 130 kg), y las demás “de silla y freno”, tres o cuatro de ellas “con sillones para mujer”. Todos los gastos, incluyendo la comida y el alojamiento del arriero, son por cuenta de Velázquez. Dos años después los carreteros Domingo y Luis Hernández se comprometen a llevar a la compañía sucesivamente a Santa Olalla, La Puebla de Montalbán y Talavera, en lo que hoy llamaríamos una gira. Serán dos carros y cuatro mulas, cada carro con un máximo de 80 arrobas (una tonelada, aproximadamente), por un precio de 36 reales diarios por carro o mula.

Documento en letra antigua. Incluye firmas.
Contrato entre Pedro Rodríguez, en nombre de Velázquez, y los mayordomos de la Catedral para ciertas representaciones en la octava del Corpus Christi

Pero los documentos que han llamado más la atención de los estudiosos son los que aluden a los lugares y fechas en que actuó la compañía. Así, en junio de 1590 Velázquez se compromete a pagar 400 reales por el uso del Mesón de la Fruta de Toledo, donde se habían celebrado una serie de funciones “a ocho reales por comedia”, lo que indica que se celebraron 50 comedias. Téngase en cuenta que cada día se podían representar varias comedias. También en marzo de 1594 Pedro Rodríguez, en nombre de Velázquez, acuerda con la Catedral “de hacer y que haga el día de la octava del Santísimo Sacramento… los dos autos que el dicho Jerónimo Velázquez está obligado a hacer en la dicha villa de Madrid el dicho día del Santísimo Sacramento, con dos entremeses y según y la manera que los hubiese hecho en la dicha villa de Madrid”.

Documento en letra antigua
Declaración de Miguel Ruiz sobre el viaje a Lisboa de la compañía de Jerónimo Velázquez

Y finalizamos con las curiosas declaraciones que hacen Velázquez, Rodríguez y un tal Miguel Ruiz de los pertrechos que han introducido en Toledo en mayo de 1596 para hacer sus funciones para el Corpus. Los declaran por motivos aduaneros, puesto que vienen directamente de Portugal, país en el que habían entrado en octubre o noviembre pasado para actuar en Lisboa, y dicen que no habían dejado allí absolutamente nada. Os presentamos aquí el principio de la declaración de Miguel Ruiz, que quizá sea la que mejor letra tenga. Aquí terminan nuestros datos sobre este «autor de comedias», pero, si queréis saber más, podéis consultar su biografía escrita por Carmen Sanz y Bernardo García.

ELECCIONES EN ÉPOCA DE FRANCO

Una de las fórmulas con las que el régimen franquista buscó legitimarse fue la de autodefinirse como “democracia orgánica”. La expresión alude a que la representación de los ciudadanos no venga a través de los partidos políticos o de los sindicatos libres, sino a través de las organizaciones consideradas “naturales”: la familia, el sindicato único y el Estado. La Ley de Bases del Régimen Local de 1945 traduce esta concepción general a la manera de elegir los concejales. El total de concejales de una localidad se divide en tres “tercios”. El primer tercio es elegido por los “cabezas de familia”, lo que excluía en la práctica a la gran mayoría de las mujeres (no a todas; de hecho incluso hubo mujeres candidatas); el segundo tercio por “los organismos sindicales radicantes [sic] en el término”, y el último tercio los elegían los concejales de los dos primeros tercios de entre una lista propuesta por el Gobernador Civil entre “vecinos miembros de entidades económicas, culturales y profesionales radicantes en el término o, si estas no existiesen, entre vecinos de reconocido prestigio”. Si a esto añadimos que el alcalde era designado y cesado directamente por el Gobernador Civil o por el Ministro de la Gobernación (según el tamaño de la población), podemos hacernos una idea del significado real que la palabra “democracia” tenía en de este peculiar sistema.

Pero lo cierto es que elecciones, haberlas habíalas. En noviembre de 1963 se celebraron elecciones municipales. En estas fotografías hechas por la Casa Rodríguez en Toledo podemos ver a los ciudadanos esperando su turno bajo las arcadas de la Casa Consistorial, y también los que esperan ya depositar su voto en la urna situada probablemente en el interior. Hubo más de un punto de votación en la ciudad, como muestran las dos imágenes de las votaciones en el aula de un centro docente, quizá el Instituto Provincial.

Incluso se permitía la propaganda electoral. Aquí tenemos las octavillas que hicieron imprimir algunos candidatos de Toledo. Y, por supuesto, la información oficial animando a votar, Obsérvese que tanto a los funcionarios como a los que cobrasen subsidio por desempleo o por jubilación se les obligaba a presentar el justificante de haber votado para poder cobrar la nómina más cercana.

La documentación del Gobierno Civil sobre estas elecciones es abundante. Por ejemplo, la Guardia Civil elaboró detallados informes sobre la vida, costumbres e ideología política de todos y cada uno de los candidatos. Pocos días antes de las elecciones el Gobernador Civil envió al Ministerio un detallado informe dando cuenta de las reuniones y gestiones realizadas para evitar ningún imprevisto; de él hemos extraído algunos párrafos suficientemente significativos. El “artículo 55” al que se alude es el de la ley electoral de 1907, todavía vigente, que permitía la designación directa del concejal cuando, por fallecimiento repentino o por cualquier otra causa imprevista, faltasen candidatos. Y, además, una no menos expresiva carta que el jefe local de Falange en Talavera de la Reina escribe al Secretario del Gobierno Civil para que se incluya a una persona determinada en la lista de candidatos al tercio de “entidades” en Navamorcuende.

Por si tenéis curiosidad, aquí está el informe oficial que el Gobierno Civil envió al Ministerio de la Gobernación con los resultados de estas elecciones en la provincia. Como puede observarse, en el tercio familiar la participación fue del 43 %. Pese a las consignas oficiales, no parece que esta forma de entender la democracia levantase grandes entusiasmos.

UN MASÓN TOLEDANO

El expediente policial de José Quirós Fernández-Tello es uno de los más interesantes expedientes de este tipo que nos hemos encontrado en nuestro archivo. Desde luego, Quirós no es ningún desconocido para los expertos. Nacido en Alicante en 1897, se afilió al Partido Radical Socialista, llegó a ser gobernador civil de Navarra entre octubre y diciembre de 1933 y sería fusilado en Toledo en octubre de 1936. En Internet podéis encontrar un emotivo reportaje sobre su vida y la de su familia, del que hemos obtenido su retrato. Además, su hermana Jimena fue la primera mujer española en participar en una expedición oceanográfica y en publicar un trabajo sobre ciencias del mar.

Todo eso era interesante para la policía franquista, pero, en realidad, lo que llamó la atención fue la actividad masónica de José Quirós. De hecho, el primer documento del expediente es una nota de la Comisaría de Burgos de octubre de 1936 en la que comunica a la de Toledo que, entre unos documentos incautados, aparece el nombre de nuestro personaje como “Jefe de Grande Oriente Español (masonería)”. No obstante, pasarían más de dos años hasta que el comisario toledano ordene que se investigue a Quirós, haciendo hincapié en su filiación masónica. El resultado de la investigación, además de lo ya sabido, fue que “pertenecía a una sociedad denominada «Estrella de Oriente» cuyos fines eran propagar el espiritismo”. No hemos encontrado ninguna información sobre esta logia y, sin embargo, el historiador Manuel Requena confirma que Quirós formó parte de la única logia masónica conocida en Toledo, la “Adelante”, que efectivamente estaba bajo la obediencia del Grande Oriente Español.

Informe policial sobre José Quirós (1940)
Informe policial sobre José Quirós

En agosto de 1940 el Juzgado Militar Permanente pide de nuevo información sobre nuestro protagonista, junto con otra persona. En esta ocasión, la policía se limita a decir que ambos fueron fusilados. Pero en diciembre del mismo año sería la Dirección General de Seguridad, en concreto una sección llamada “Antimarxismo”, la que pide datos, de nuevo centrados en la masonería. Aquí la policía toledana se extiende, atribuyéndole ser “representante del Grande Oriente de España en esta capital [y] disfrazó la secta masónica en Toledo con una sociedad espiritista titulada «Estrella de Oriente», suponiendo debía tener un grado elevado en la masonería al encomendarle la secta la dirección de la misma en esta capital”. Además, se afirma que el cargo de gobernador de Navarra se lo encomendó el Frente Popular aunque, como sabemos, había ocupado este puesto casi tres años antes de la fundación de esa coalición política.

Una nueva petición de información en septiembre de 1942 repite la misma información, pero ahora añadiendo que “se cree perteneció al tribunal popular de Toledo”. Como vemos, en cada nueva ocasión se añaden nuevas sospechas, en general no comprobadas. Por fin, en enero de 1952 todavía se realiza una nueva petición de información y, en este caso, sí se aporta un dato concreto: José Quirós fue “ejecutado” en Toledo el 6 de octubre de 1936.

Denuncia contra la viuda de José Quirós (fragmento)
Denuncia contra la viuda de José Quirós

Sorprendentemente, en el mismo expediente encontramos un pequeño grupo de documentos relacionados con la esposa (ya viuda) de José Quirós, que son muy significativos del ambiente del momento. Se trata de una denuncia efectuada por un agente de policía en agosto de 1938 porque, según parece, “personas que le merecen entero crédito y garantía” habían escuchado desde la calle una conversación de dos vecinas, una de ellas precisamente la “viuda de Quirós”, quien dijo: “Haber [sic] si la tarde de hoy es más tranquila que la de ayer, que eran imbéciles porque, si no, hubieran echado ya el resto y mejor hubiera sido”, en alusión a los bombardeos de la artillería republicana sobre la ciudad. Solo por esta frase, escuchada de lejos y no confirmada posteriormente por una de las testigos, se abrió una investigación que pudo haber terminado muy mal, aunque para entonces la familia se había marchado “por unos días” a Calatayud alegando una enfermedad familiar. El comisario se limitó a encargar una “vigilancia discreta” pero ni la viuda ni los hijos de José Quirós volvieron a Toledo hasta que la guerra hubo finalizado.

JUAN DE BORGOÑA, PINTOR

La semana pasada se inauguró en el Museo de Santa Cruz de Toledo una exposición sobre Juan de Borgoña, con ocasión de la recuperación de unas tablas suyas procedentes de la iglesia de la Santísima Trinidad de Alcaraz. Como sabéis, Borgoña fue un pintor que estuvo activo en Toledo durante los últimos años del siglo XV y principios del XVI y cuya obra principal son las pinturas murales realizadas para la Catedral, tanto en la Capilla Mozárabe como en la Sala Capitular. Casi nada se sabe de su vida hasta que aparece trabajando en nuestra ciudad en 1495, pero desde ese momento se le puede seguir la pista hasta su muerte en 1536 gracias, en gran medida, a los abundantes documentos referidos a él que se pueden encontrar en nuestro archivo. Hoy os ofrecemos una pequeña selección de estos documentos.

Carta de obligación del pago de la dote en el matrimonio entre Juan de Borgoña e Inés de Torequemada (1516)
Carta de obligación del pago de la dote en el matrimonio entre Juan de Borgoña e Inés de Torequemada (1514)

En primer lugar, tenemos la obligación que contraen Garci Álvarez de Cuéllar y Lorenzo de Toledo —quizá de familia conversa— de pagar la dote que Inés de Torquemada, hija de Diego de Torquemada y Teresa López, habría de llevar a su boda con el pintor Juan de Borgoña. Se trata de la segunda boda del artista, que había casado previamente con Quiteria Fernández, ya difunta. Este documento está fechado el 1 de octubre de 1514 y en su esquina inferior derecha podemos ver la firma del artista. En el protocolo notarial en el que se encuentra le sigue inmediatamente después la correspondiente carta de arras, fechada el 12 de octubre, en la que se especifica que el matrimonio ya se ha celebrado y además se alude a la muerte del padre de la novia. Todo parece indicar que ambas cosas sucedieron en un plazo muy breve de tiempo.

Firma de Juan de Borgoña (1525)
Firma de Juan de Borgoña (1525)

Del segundo documento os ofrecemos el detalle de la firma. Se trata del acuerdo entre Borgoña y Alonso de Vozmediano —quien, por cierto, fue un importante funcionario de la Hacienda de Carlos V— para pintar el retablo de una de las capillas de la iglesia de la Almudena de Madrid. El documento es extremadamente difícil de leer pero al menos podemos obtener sus datos fundamentales, incluyendo su fecha: 29 de enero de 1525.

Por último, dos documentos sobre sus últimas obras. El 16 de mayo de 1535 nuestro pintor, junto con el arquitecto Alonso de Covarrubias, que actúa como su fiador, se compromete a acabar la obra del retablo de la iglesia de Santa María de Escalona. El caso era que Borgoña se había contratado para hacer esta obra junto con “el Maestre Copín”, es decir, Diego Copín de Holanda, un escultor que había trabajado en el retablo mayor de la Catedral de Toledo y probablemente también en el de la iglesia de Alcaraz donde aparecieron las pinturas de la exposición que hemos mencionado. Pero Copín había fallecido, así que ahora “yo el dicho Juan de Borgoña acabaré el dicho retablo de talla y pincel y oro conforme a la dicha obligación hecha por mí y por el dicho Maestre Copín desde hoy día de la fecha de esta [carta] hasta el día de Corpus Christi del año venidero de mil y quinientos y treinta y seis años”. Al final encontramos la firma tanto de Juan de Borgoña como de Alonso de Covarrubias pero, como es sabido, el pintor tampoco llegará a terminar este encargo.

Nombramiento de tasadores para el retablo de la iglesia de Cuerva (1536)
Nombramiento de tasadores para el retablo de la iglesia de Cuerva (1536)

Para terminar, un documento realizado el 20 de diciembre de 1537, más de un año después de la muerte del pintor. Aquí, sus albaceas Alonso de Covarrubias, al que ya conocemos, y Luis de Borgoña, hijo de nuestro protagonista y de su primera mujer, acuerdan el nombramiento de tasadores para la obra del retablo de la iglesia de Cuerva, que Juan de Borgoña había concertado con la señora de la localidad, doña Sancha de Guzmán. Se especifica que “agora el retablo está fecho e acabado a costa del dicho Juan de Borgoña”, frase que hemos remarcado en la imagen. Merece la pena mencionar que los tasadores fueron los pintores Pedro de Comontes y Pedro Egas, este último hijo de arquitecto Enrique Egas. Como vemos, una estupenda ensalada de grandes artistas relacionados entre sí.

TRES HERMANAS MILICIANAS

Hace pocos días vimos en las redes sociales una conocida fotografía de una mujer rodeada de milicianos, tomada en Guadamur el 16 de agosto de 1936. El Museo Virtual de la Mujer Combatiente afirma haber identificado a la mujer que aparece, aunque lo cierto es que ya en 2012 había sido reconocida en otra red social. El caso es que se trata de Adelaida Lozano Gómez. Nos entró curiosidad, y descubrimos que en el fondo de la Prisión Provincial de Toledo tenemos su expediente de presa que, hasta donde sabemos, no ha sido utilizado por los investigadores. No solo eso, sino que también tenemos los expedientes de sus dos hermanas, Martina y Dolores. Y, naturalmente, en las cercanías del Día de la Mujer, no podíamos dejar de contar su historia.

Expediente de presa de Martina Lozano Gómez, (fragmento)
Expediente de presa de Martina Lozano Gómez (fragmento)

De las tres hermanas, la mayor es Martina, nacida en 1899 en Corral de Almaguer, de donde sigue siendo vecina cuarenta años después. En ese momento está casada con Juan García y tiene cuatro hijos. Ingresó en la “Prisión Depósito Municipal” de Quintanar de la Orden el 10 de mayo de 1939, es decir, a los pocos días de finalizar la guerra y fue acusada de “rebelión”. Se le hizo Consejo de Guerra el 1 de julio siguiente. Gracias a la base de datos de la web combatientes.es hemos averiguado que el expediente de conmutación de su pena (suponemos que de la de muerte a la de cadena perpetua) se encuentra actualmente en el Archivo General Militar de Guadalajara. El 8 de enero de 1940 es enviada a la Prisión Provincial de Toledo, de donde saldría dos días después con destino a la Prisión Central de Mujeres de Durango. No sabemos cuándo llegó allí, pero según la investigadora Ascensión Badiola, que utiliza documentos del Archivo Histórico Provincial de Bizkaia, murió en la prisión de Amorebieta el 13 de diciembre de 1941.

Dolores Lozano Gómez había nacido en Villa de Don Fadrique en 1910, pero era vecina de Corral de Almaguer, como sus hermanas. Su historia, en la parte que conocemos, es idéntica a la de su hermana mayor, de manera que fue detenida el mismo día, ingresada en la misma prisión, sufrió Consejo de Guerra el mismo día y enviada a la prisión de Durango, con un breve paso por la de Toledo, en las mismas fechas que Martina. No sabemos nada más de ella, aunque el expediente de su Consejo de Guerra se conserva en el Archivo General e Histórico de Defensa.

Hoja del expediente de presa de Adelaida Lozano Gómez
Hoja del expediente de presa de Adelaida Lozano Gómez

Y, por fin, llegamos a la mujer de la fotografía. En realidad, de Adelaida conocemos tres fotos, la que hemos mencionado y otras dos que aparecen en una investigación de Pedro Organero y que reproduce el propio Museo Virtual de la Mujer Combatiente. Había nacido en 1916 en Corral de Almaguer. Sabemos que estaba afiliada a la Juventud Socialista Unificada y combatió en las Milicias Populares de Madrid, donde estaba en enero de 1937. También sabemos que el ejército republicano le concedió una pensión por “inutilidad”, cuyo expediente se conserva en el Centro Documental de la Memoria Histórica. Fue detenida probablemente a la vez que sus hermanas; también, como ellas, ingresada en la Prisión Municipal de Quintanar de la Orden y sometida a Consejo de Guerra, todo ello en las mismas fechas. Se conservan sus expedientes del Consejo de Guerra y de conmutación de la pena, en los mismos archivos que sus hermanas.  Pero se le envió a la Prisión Provincial de Toledo casi un mes más tarde, el 3 de febrero de 1940, en compañía de María Pérez Morato, Andrés Chacón Escobar y Aniceto Rubio García. Su estancia en Toledo fue también algo más larga, aunque no mucho, y el 10 de febrero se le envía a Durango junto con otras dos mujeres: la ya citada María Pérez Morato y Francisca Sánchez Gallego, esta última junto con su hijo Gonzalo. Y aquí perdemos también su pista.