LOS JURADOS DE EMPRESA

Los Jurados de Empresa se crean en agosto de 1945 y fueron una de las concreciones más claras del concepto franquista de las relaciones laborales. Se conciben como “la representación genuina de los elementos que integran la producción ante la Empresa, los Sindicatos y el Estado” y debía existir uno en cada empresa de más de 50 trabajadores, aunque este número varió a lo largo del tiempo. En resumen, se trataba de los órganos que canalizaban la participación (controlada, por supuesto) de los trabajadores en la gestión de la empresa. Estaban presididos por el dueño o gerente de la empresa y sus miembros eran elegidos por los diferentes grupos profesionales de trabajadores. En las empresas más pequeñas, o como primer escalón de representación en las más grandes, existían también los “enlaces sindicales”. En 1953 se reguló detalladamente su funcionamiento y en 1958 se les encomendó participar en las negociaciones de los convenios colectivos. Los Jurados de Empresa fueron suprimidos por el Estatuto de los Trabajadores de 1980, que encomienda la representación laboral a los Comités de Empresa.

Por su propia naturaleza, la documentación de los Jurados de Empresa debería conservarse en los fondos de cada una de las empresas. Sin embargo, el control que ejercía sobre ellos la Delegación Provincial de Sindicatos hizo que mucha de su documentación haya acabado en el fondo documental de esta institución. Por ejemplo, estas fotografías, que acompañan a un informe sobre un acto celebrado en Talavera de la Reina en diciembre de 1974 con ocasión de la toma de posesión de los Jurados de determinadas empresas de la comarca.

Acta de reunión del Jurado de Empresa del Salto de Castrejón
Acta de reunión del Jurado de Empresa del Salto de Castrejón

Entre los documentos enviados a la Delegación se encuentran las actas de las reuniones de los Jurados. En general, estas actas son muy breves y, además de su contenido explícito, transmiten una sensación de tranquilidad laboral que a veces nos sorprende. Por ejemplo, esta del jurado de la empresa “Salto de Castrejón”, de La Puebla de Montalbán, donde se plantea nada menos que el despido de todo el personal por fin de obra en 1966 (se refiere, evidentemente, a la construcción del pantano del mismo nombre). La reunión, según el acta, duró apenas una hora y nadie, por lo visto, hizo ningún comentario digno de mención.

Informe sobre elecciones de Jurados de Empresa
Informe sobre elecciones de Jurados de Empresa

Pero los conflictos se presentan, aunque a veces haya que leerlos entre líneas. En las elecciones de 1960 a jurados de la empresa “Cementos Hispania”, de Yeles, hubo más de cincuenta papeletas en blanco. El funcionario que informa de esta y otras elecciones a sus mandos en Madrid atribuye esta circunstancia a que los trabajadores “son de una gran incultura que repercute en una abulia que da como resultado la indiferencia”, tanto más, según el informante, que esta abstención se ha producido en el sector de “peones de cantera”.

Fragmento de Hoja Informativa sindical
Fragmento de Hoja Informativa sindical

En los últimos los del franquismo los conflictos son ya más evidentes. Así, en la “Hoja Informativa” que el Sindicato Nacional de Transportes y Comunicaciones elaboró de forma especial para los trabajadores de RENFE en marzo de 1973, después de tratar aspectos salariales y de organización del trabajo, su presidente añade una apostilla sobre ciertos rumores relativos a su actuación personal. Desde luego, el texto merece la pena.

EL RELOJ

Desgraciadamente, esta vez no podremos reunirnos en la plaza del pueblo en Nochevieja, esperando que el reloj del Ayuntamiento o de la iglesia dé las doce campanadas. Aunque solo en esa noche le prestamos algo de atención, prácticamente todos los pueblos y ciudades tienen su reloj público, marcando las horas durante todo el año. Pero, ¿desde cuándo existen estos relojes?

Al margen de los relojes de agua y solares, se dice que el primer reloj mecánico fue inventado por el ingeniero chino Su Song en el siglo XII, y en el siglo siguiente empezaron a aparecer en Europa, extendiéndose poco a poco. En Talavera de la Reina, por ejemplo, no se construyó uno hasta 1475, y se puso en la torre de la Colegiata. En efecto, en febrero de ese año, el cabildo de la Colegiata y el concejo de la ciudad llegan a un acuerdo por el que este último pagaría a los eclesiásticos mil maravedíes anuales por el mantenimiento del reloj. Se dice que “el dicho concejo hubo hecho una campana grande para reloj, la cual dicha campana está puesta e asentada en la torre de la dicha iglesia a nuestro pedimiento para que la dicha campana esté y permanezca de ahora para siempre para reloj como está y según que se acostumbra en las ciudades y villas de este Reino dando las horas de continuo” (como siempre, hemos actualizado la ortografía). Conservamos este documento en una copia hecha en 1502, cuando el cabildo colegial tuvo que enviar el original fuera de Talavera y pide que se haga una copia autenticada porque “se teme e recela que se podría perder la dicha carta o romper o quemar o mojar o le podría acaecer algún caso fortuito”. Así que “luego [que] el señor juez tomó la dicha escritura con sus manos y la miró por todas partes y la vio que estaba sana, no rota ni cancelada ni en parte alguna sospechosa”, se ordenó hacer la copia.

No todos los pueblos tuvieron tanta suerte. En Magán tuvieron que esperar hasta febrero de 1768, cuando el ayuntamiento se dirige al Consejo de Castilla porque “respecto de haberse comprado por dicho lugar un reloj de campana, por no tenerle hasta ahora, el cual se hallaba en casa del maestro residente en esta Corte para acabarle de perfeccionar y establecer en el sitio que estaba destinado para beneficio de todos los vecinos y enfermos y especialmente para las horas canónicas”, al final resultó que no tenían con qué pagarlo. Por ello, piden autorización para arrendar el prado de Marjalías y pagar el reloj con esa renta. El Consejo ordena que el corregidor de Toledo envíe un experto que haga un informe, que se presentó antes de junio de 1771, y que nos informa “que el reloj se hallaba puesto y armado, habiendo sido de costo de veinte mil seiscientos veinte reales y veintisiete maravedís”, pero que solo se había pagado aproximadamente una cuarta parte a base de limosnas. El Consejo concede el permiso que se pide, con todas las firmas y sellos reglamentarios, y así Magán tuvo su primer reloj público.

ESCUELAS DE LATINIDAD

Ahora que empieza el nuevo curso nos hemos fijado en unos documentos de septiembre de 1827 que nos informan con detalle de la situación de las “escuelas de latinidad” en lo que entonces era la provincia de Toledo.

Estas escuelas, junto con los Estudios de Gramática o de Humanidades, equivalían en el antiguo régimen a lo que hoy llamamos Enseñanza Secundaria, muy orientada a la preparación para la universidad. Serían suprimidas por las reformas liberales de la primera mitad del siglo XIX, otorgando a la enseñanza secundaria un carácter propio, cada vez menos dependiente de las universidades, todo ello no sin momentos de retroceso. Uno de estos momentos fue la restauración del absolutismo en 1823 tras tres años de gobierno liberal. En este contexto se publica el “Reglamento General para las Escuelas de Latinidad y Colegios de Humanidades”, que establecía las condiciones para que pudieran funcionar estos establecimientos. En consecuencia, se revisaron todas las escuelas de latinidad del país, incluyendo informes precisos no solo sobre la titulación y aptitudes del responsable, sino también sobre su “purificación” política.

Informe

Esta tarea fue coordinada por las Universidades. Por eso contamos nosotros con expedientes detallados sobre cada uno de los “preceptores” de estas escuelas en Toledo y su circunscripción, completados con resúmenes más o menos extensos. Así, en este relativo a la zona de Talavera de la Reina se nos dice que en la propia ciudad talaverana solo hay un preceptor de Gramática, José Gorrón y Contreras, natural de Madrid y vecino de Torrijos. Pero más adelante nos informa que en Guadalupe hay tres: dos sacerdotes —uno de ellos vinculado al monasterio— y un tal Rafael Pulido, “fraile secularizado” que está considerado “constitucional exaltado” y que, además, no solo enseña gramática sino que “enseña más de 20 discípulos de 1ª letras, filosofía y moral”. Un sujeto a vigilar, sin duda.

Resumen de informe

Hay que decir que otros resúmenes correspondientes a otras zonas no son tan exhaustivos. Así, tenemos uno del partido de La Mancha que se limita a consignar los nombres de los preceptores y el pueblo de actuación. Llama la atención que en Ciudad Real o en la propia Almagro —que contaba con Universidad propia— solo existiese una escuela de latinidad, mientras que Moral de Calatrava o Manzanares contaban con dos.

En el informe general para toda la provincia se registran 28 preceptores con título oficial, más otros 12 sin título. Muchos de estos preceptores no oficiales son frailes exclaustrados que encuentran en esta ocupación una forma de sobrevivir fuera de sus conventos, como el ya citado Rafael Pulido o Francisco García Simón, antiguo franciscano que se ha instalado en el pequeño pueblo de Escarabajosa, hoy Santa María del Tiétar (Ávila). Es interesante fijarse en los señalados como políticamente peligrosos, como Buenaventura Domínguez Bustamante, de Cebolla, que “no está purificado ni quiere intentarlo” y además “tiene la nota de haber sido adicto con exaltación al sistema constitucional”; o Manuel Justo Morales, de Navalmoral de Pusa, que no solo está “impurificado” en primera instancia, sino que es sospechoso de pertenecer a “asociaciones reprobadas”. Por último, destaquemos a algunas buenas almas que comparten sus conocimientos prácticamente por amor al arte. Así hace Manuel Luis Calvo, el boticario de Sonseca, quien “se dedica a enseñar latinidad… a los que se le presentan”. O Félix Hervás, presbítero, que compagina su labor de maestro de primeras letras con la enseñanza de latinidad “a los más adelantados” en Mocejón; una situación parecida a la de Francisco Sánchez, de Huerta de Valdecarábanos. Más clara es la anotación de Eulogio Fernández, clérigo de primera tonsura en La Guardia, quien “enseña por afición a 4 niños”.

Terminemos señalando que solo cinco localidades contaban con más de una escuela: dos había en Lillo, Villamayor de Santiago y Mora; y tres en Toledo y Guadalupe, aunque en la localidad cacereña dos eran extraoficiales, como hemos visto.

DINERO EN LA GUERRA

Los casos de falsificación de moneda son relativamente frecuentes dentro de la documentación judicial. Pero los que os presentamos hoy nos han llamado la atención porque se concentran en marzo de 1937, en la ciudad de Talavera de la Reina y, sobre todo, porque incluyen ejemplares de los billetes supuestamente falsificados pero que, en realidad, no lo son. Vamos a explicarlo.

En noviembre de 1936, las autoridades franquistas decidieron que todos los billetes puestos en circulación antes del 18 de julio de ese año necesitasen de una estampilla o sello especial para poder utilizarse legalmente; los billetes emitidos después de esa fecha no se considerarían válidos. Los particulares debían dirigirse a la sucursal provincial del Banco de España para estampillar allí sus billetes. Como os podéis imaginar, en medio de la guerra no siempre era fácil este viaje, de manera que los billetes sin estampillar seguían circulando hasta que llegaban de algún modo al Banco de España. Esto es lo que sucedió en marzo de 1937 en la sucursal de Talavera de la Reina. Los empleados del Banco denuncian la entrega de estos billetes con “estampillado ilegal». Todos los casos se resuelven sin condenas específicas, aunque los interesados, evidentemente, pierden los billetes. El sistema de estampillado continuó hasta septiembre de 1938, cuando los franquistas decidieron incautarse de todo el dinero republicano, dando a cambio unos vales que pronto se convirtieron en papel mojado. Todavía hoy, algunos de los poseedores de estos vales o sus herederos luchan en los tribunales por recuperar su dinero.

Veamos ahora los billetes en cuestión. Todos ellos fueron elaborados por la empresa británica Bradbury, Wilkinson & Co, de New Malden, en Surrey (Inglaterra); la Casa de la Moneda de Madrid no empezaría a emitir papel moneda hasta 1940. El primer billete, pues, es uno de 25 pesetas emitido en agosto de 1928, pero que no empezó a circular hasta abril de 1933. Está dedicado a Pedro Calderón de la Barca, mostrando en el anverso su monumento en la Plaza de Santa Ana de Madrid, y en el reverso una escena de su comedia “La devoción de la cruz”, hecha a partir de un cuadro de Domingo Guzmán. Gracias a la información del blog “Billetes”, del que tomamos muchos datos para este post, sabemos que este en concreto empezó a circular antes del estallido de la guerra, por lo que debería ser reconocido por las autoridades franquistas sin más requisito que el estampillado.

El segundo billete es de 50 pesetas, emitido también en agosto de 1928. Está dedicado a Diego Velázquez, presentando en su anverso una vista del Museo del Prado y en su reverso una reproducción del cuadro “La rendición de Breda”, que se conserva en dicho museo. Estos billetes empezaron a circular en julio de 1932, pero en concreto este que tenemos lo hizo después del 18 de julio de 1936 (lo sabemos por su número de serie), de manera que técnicamente se consideraba “dinero rojo”.

El billete de más valor que hemos encontrado es uno de 100 pesetas, dedicado a Felipe II y emitido en julio de 1925. Muestra en su anverso una vista del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y en su reverso reproduce el cuadro “La silla de Felipe II”, obra de Luis Álvarez Catalá, quien, por cierto, llegaría a ser director del Museo del Prado entre 1898 y 1901. Estos billetes empezaron a circular en junio de 1927, pero este que tenemos aquí lo hizo después del principio de la guerra civil con lo que, de nuevo, fue considerado ilegal por las autoridades franquistas. Sin embargo, como hemos dicho y al igual que en el caso anterior, no hubo mayor condena para su poseedor que la pérdida del billete.

INSTITUTOS DE SECUNDARIA: NUEVOS DOCUMENTOS

Hace un par de semanas nos llegó un importante conjunto de documentos para la historia de la educación secundaria en nuestra provincia. Se trata de un conjunto de más de 640 cajas de documentación producida sobre todo por el Instituto provincial de Segunda Enseñanza y, en menor medida, por los institutos locales de segunda enseñanza de Talavera de la Reina y de Madridejos, además de algunos documentos sueltos que todavía corresponden a la antigua Universidad de Toledo. Los documentos más antiguos datan de 1824 y los más modernos de 2008.

Cajas de archivo

Pero quizá sea interesante saber cómo ha llegado esta documentación hasta nosotros. Como sabéis, en 1845 se decretó la supresión de varias universidades españolas, entre ellas de la Toledo, que fue transformada en Instituto de Segunda Enseñanza. En una fecha indeterminada entre 1966 y 1972, coincidiendo aproximadamente con el traslado del Instituto a su actual sede, se transfirió parte de su documentación histórica al AHPTO, donde se ha venido conservando y utilizando por los investigadores desde entonces. Pero otra parte de esta documentación histórica se quedó en el Instituto. En el año 2010 el Instituto, ya con su nombre actual de “El Greco”, envió la mayor parte de esta documentación al Archivo de Castilla-La Mancha, donde sin prisa pero sin pausa se fue organizando, describiendo e instalando adecuadamente. Por fin, el mes pasado el ACLM envió este segundo conjunto de documentos históricos al AHPTO, donde se ha reunido con el primer conjunto. De esta manera, medio siglo después, ya tenemos reunido aquí todo el fondo documental histórico del que durante décadas fue el único centro de enseñanza secundaria de nuestra provincia.

Fotografía antigua de grupo

Aún no hemos podido revisar con calma estos nuevos documentos. Poco a poco os iremos mostrando los que más nos llamen la atención, pero ahora, de momento, a modo de adelanto os podemos mostrar esta fotografía de un grupo de alumnos con sus profesores, fechada alrededor de 1883 y  firmada por “Apolo”, un fotógrafo del que no tenemos noticia.

Como decimos, la mayor parte de los documentos corresponden al Instituto de Toledo, pero hay documentos de los institutos locales de Talavera de la Reina y de Madridejos. La documentación de este último centro nos ha interesado especialmente porque en el AHPTO no teníamos material previo. El Instituto de Madridejos fue creado en 1928, como sus homónimos de Talavera de la Reina y Quintanar de la Orden (de los que sí que contábamos con documentación), y se suprimiría en 1939. Aquí os mostramos el acta de la primera sesión de su Claustro, presidido provisionalmente por el alcalde de la localidad, donde se decide la fecha de los primeros exámenes de ingreso: los días 18 y 19 de octubre de 1928.

Cartel

Incluso han aparecido algunos documentos sueltos correspondientes todavía a la extinta Universidad. Por ejemplo, este cartel anunciador del «Colegio de Isabel II”, que ofrece en 1842 lo que hoy llamaríamos “clases de apoyo” a los estudiantes universitarios, incluyendo las comidas y la asistencia de un paje para asegurar que iban y volvían de la Universidad sin problemas. No fuera a ser que alguno se “despistase” por el camino, suponemos.

LA COLEGIATA DE TALAVERA

Una de las series documentales más llamativas y, a la vez, menos conocidas de nuestro archivo son los expedientes de restauración de monumentos. Se trata de un conjunto que supera los 150 expedientes, cada uno producido como consecuencia de la restauración de algún monumento histórico o artístico de nuestra provincia, realizadas por el Ministerio de Cultura entre los años 1971 y 1994, aunque la mayoría se datan en los años 80 del siglo pasado. Hoy nos vamos a fijar en la restauración que entre 1981 y 1985 se realizó a uno de los más importantes monumentos arquitectónicos de nuestra provincia: la Colegiata de Talavera de la Reina.

Fachada de  la Colegiata de Talavera

Parece que el solar de este templo hubo ya un templo romano y quizá también visigodo. Lo que sí está claro es que desde muy poco tiempo después de ser conquistada la ciudad por los cristianos a los musulmanes, esta iglesia ya gozaba de preeminencia sobre las demás. Por ejemplo, sabemos que de ella partía la solemne procesión del Domingo de Ramos. A principios del siglo XIII consigue el estatus de “colegiata”, es decir, que contaba con un “colegio” o “cabildo” de sacerdotes encargados de su administración, presididos por un “deán”, mientras que las parroquias normales solo contaban con un párroco. Para los que no estéis muy duchos en estas cuestiones conviene aclarar que las “catedrales” también cuentan con un cabildo y un deán, pero además son sede de la “cátedra” del obispo. Es decir, que nuestra iglesia tenía cabildo y deán, pero no obispo.

Alzado de la fachada

El magnífico templo se construyó en sus líneas fundamentales entre los siglos XV y XVI en un estilo gótico mudéjar, al que se añadieron algunos espacios en el siglo XVIII, singularmente el cuerpo superior de la airosa torre. Sufrió bastante con la invasión francesa y después con un grave incendio en 1846. Todo ello contribuyó a que perdiera su condición colegial en 1851, quedando reducida a simple parroquia. Sin embargo, no ha dejado de ser considerada la más importante iglesia de la ciudad hasta hoy.

Como es natural, a lo largo de su historia el edificio ha sufrido abundantes reformas y restauraciones. En nuestro archivo hemos encontrado rastro de dos restauraciones recientes. De una de ellas, realizada en 1963, solo sabemos que se trató de una intervención en las cubiertas y poco más. Pero de la que se desarrolló entre 1981 y 1985 conservamos el expediente administrativo completo, incluyendo el proyecto con sus correspondientes y espectaculares planos. Se trataba aquí de una restauración amplia de la sacristía el claustro y la torre, dirigida por el arquitecto José Manuel González Valcárcel, quien ya habría realizado las restauraciones del Corral de Comedias de Almagro o del Museo del Romanticismo, y quien inmediatamente después de esta obra realizó la restauración del Teatro Real de Madrid.

LAS CIUDADES DE LA PROVINCIA EN EL CATASTRO DE ENSENADA

Seguro que muchos de vosotros conocéis sobradamente el Catastro de Ensenada, del que ya os dimos algunas breves explicaciones hace ya algunos meses. Como dijimos entonces, el proceso de realización del Catastro de Ensenada fue bastante largo y laborioso, en especial en localidades grandes, y generó una documentación muy abundante.

Documento del Catastro de Ensenada

Los documentos del Catastro de Ensenada se organizan en dos partes desiguales. Por un lado, las “Respuestas Generales”, es decir, la información general sobre cada ciudad o pueblo sobre la base de un interrogatorio uniforme para todos. Por otro lado, las “Respuestas Particulares”, que a su vez distinguían entre el “Estado Seglar” y el “Estado Eclesiástico”, y que incluían información detallada en documentos muy diversos, como las listas de vecinos con los habitantes de su casa (“Libros de Familias”), o las “Relaciones de Haciendas”, es decir, las descripciones de todas y cada una de las propiedades, incluyendo su uso y, por supuesto, su valor. Todo ello estaba coordinado por la “Intendencia”, es decir, la representación del Rey en cada circunscripción territorial. Recordad que, en este momento, la Intendencia de Toledo era mucho mayor que la actual provincia e incluía amplias zonas de Madrid y Cuenca, así como enclaves en Ciudad Real, Extremadura y hasta Segovia o Soria. Bien, pues la Intendencia se solía ocupar primero de las “Respuestas Generales”, que, en principio, eran más sencillas de responder. Generalmente consisten en apenas algunas páginas, pero en el caso de Toledo ocupan un tomo de 430 folios. Para hacernos una idea de las dificultades con que a veces podían tropezarse los funcionarios encargados de su elaboración, para responder a la pregunta 14, referida al valor global de los frutos de las tierras del término, se pidieron dos meses de plazo.

En todo caso, una vez elaboradas las Respuestas Generales, se enviaban a la “Contaduría Mayor de Cuentas”, un antecedente del actual Tribunal de Cuentas, y de allí pasaron al Archivo General de Simancas, donde se encuentran las Respuestas Generales de toda la Corona de Castilla. En cuanto a las Respuestas Particulares, permanecieron en las Intendencias, junto con una copia de las Generales, de donde pasaron en el siglo XIX a las Delegaciones de Hacienda y de allí a los Archivos Históricos Provinciales. Esto significa que en los AHP se conserva toda la información detallada pero solo de cada Intendencia, mientras que en el archivo de Simancas se conserva información más resumida de todo el territorio español peninsular, excepto Navarra, el País Vasco y la Corona de Aragón. En el caso de Toledo, las Respuestas Particulares del Catastro de Ensenada debieron pasar a nuestro archivo entre 1964 y 1966.

Entre los muchísimos detalles que se pueden entresacar de estos documentos, hemos destacado los dibujos esquemáticos de los términos municipales de Toledo y de Talavera de la Reina. Como veis, se trata apenas de unos croquis, que solo en el caso de Toledo representa la propia ciudad en un dibujo muy simple. Lo habitual es que, como vemos en el caso de Talavera, apenas se dibuje el propio término. Eso sí, en algunos casos excepcionales encontramos auténticos mapas, como el espectacular de Olías del Rey que os presentamos en el post al que hemos aludido antes, y algunos más que os mostraremos más adelante.

EL MUSEO DE CERÁMICA DE TALAVERA DE LA REINA

Como todos sabéis, hace pocos días la UNESCO ha declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad las cerámicas de Talavera de la Reina y Puente del Arzobispo, junto con las de Tlaxcala y Puebla, en México. Vaya por delante nuestra felicitación a todos los talaveranos y puenteños, así como a nuestros amigos mexicanos.

Quizá el lugar donde mejor pueda disfrutarse de esta artesanía en España sea el Museo Ruiz de Luna, en Talavera de la Reina. El Museo se creó para recoger la colección de cerámicas que había ido recopilando a lo largo de su vida el gran ceramista Juan Ruiz de Luna Rojas (1863-1945), nacido en la localidad de Noez aunque vivió casi toda su vida en Talavera. Ruiz de Luna instaló su colección en unas dependencias de su propia fábrica, el alfar “Nuestra Señora del Prado”. En las fotografías podemos ver al propio Ruiz de Luna en una de las estancias de su museo, y también una vista parcial de las instalaciones, con la Colegiata y la iglesia de santa Catalina al fondo.

Sin embargo, esta industria hubo de cerrar en 1961 y dos años después el Estado, en colaboración con la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Talavera, adquiere la colección para evitar su dispersión, con la idea de crear un “Museo de Cerámica”. Pero, como desgraciadamente ocurre con frecuencia, pasaron muchos años hasta que el museo fuese una realidad. Mientras tanto, se barajaron diversas opciones para su ubicación. En el fondo del Gobierno Civil conservamos el expediente de uno de esos intentos, que resultaría fallido. Se trata del inmueble que actualmente ocupa la Delegación de Servicios de la Junta de Castilla-La Mancha en la ciudad, en la emblemática Plaza del Pan, cerca de la antigua fábrica de cerámica. El edificio se construyó como vivienda en el siglo XVI y había tenido varios usos, desde Ayuntamiento hasta Instituto provincial. Después de la guerra civil se convirtió en colegio con el nombre de Miguel de Cervantes. En 1972 el Ayuntamiento, que era el propietario del inmueble, decidió cederlo al Estado para instalar el Museo de Cerámica. Como es natural, el inquilino, es decir, el citado colegio, presentó todas las reclamaciones posibles pero, como vemos por los documentos, fueron rechazadas y finalmente se autorizó esta cesión.

Pero algo debió de ocurrir después, porque, como sabemos, el museo nunca llegó a instalarse en ese edificio. En 1992, cuando fue declarado Bien de Interés Cultural, el colegio Cervantes seguía allí y actualmente alberga la Delegación de Servicios de la Junta de Castilla-La Mancha. Será precisamente la administración autonómica la que impulse la construcción definitiva del museo. Nada más recibir su gestión de manos del Estado, en 1984, se inició el proyecto para instalar el “Museo Ruiz de Luna” en el antiguo convento de San Agustín, el cual se abrió al público por fin en febrero de 1996. Posteriormente, en marzo de 2013, se inauguró una ampliación de sus instalaciones.

EL COHETERO

El documento que esta vez nos ha llamado la atención es un breve proceso judicial que solo contiene el pedimiento (es decir, la petición al juez) y el auto judicial, sin que parezca que se hayan realizado mayores diligencias. El solicitante es Sebastián Fernández, vecino de Talavera de la Reina y maestro cohetero de profesión. Según declara, a mediados de mayo de 1752 dos vecinos de Herrera del Duque (Badajoz), criados de don Francisco Chacón, don Manuel Ortiz de Salceda y don José Romero, “llegaron a mis casas con Joseph Muñoz, mi convecino, y por medio de él se ajustaron a una partida de cohetes y un árbol en precio de cuatrocientos y veinte y cuatro reales, siendo de su cuenta el conducirlo y costearlo y de la mía enviar un oficial que lo disparase para el día veinte. Y con efecto los dos referidos cargaron y se llevaron toda la volatería y ruedas y dejaron los varales del árbol para que mi oficial se lo condujese. Y caminando este el día 18 por el sitio de Juarránquez, camino de dicha villa, le robaron la caballería y pólvora y le maltrataron”. En cuanto se enteró, Sebastián dio aviso a la Santa Hermandad y también pidió que se le pagasen 224 reales por la pólvora y las varas perdidas. Como su petición no fue atendida, “y sucede hallarse en esta villa un criado de los tres referidos mayordomos para quienes se ajustó y remití la pólvora”, pide que se le retengan sus caballerías en prenda de la cantidad debida. Así lo ordena el teniente de corregidor de Talavera el 26 de mayo de 1752, y el asunto parece terminar ahí.

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Algunos de vosotros quizá hayáis caído en la cuenta del año de este documento, 1752, el año de realización del Catastro de Ensenada que, como sabéis, se conserva en nuestro Archivo. No podíamos dejar pasar la ocasión de buscar ahí a nuestro artificiero. Efectivamente, en la “Relación del vecindario” de este Catastro encontramos a nuestro hombre viviendo en el Barrio de la Trinidad, al nordeste de la villa. En el “Libro de familias”, se nos informa de que Sebastián tenía 36 años de edad y vivía con su mujer, Antonia Martín, diez años menor, junto con una sobrina huérfana llamada Catalina Martín, de quince años. Y, en fin, en el “Registro de haciendas del estado seglar” encontramos a “Sebastián Fernández de la Cruz, polvorista”, al que se le han estimado unos rendimientos de 2.200 reales de vellón “por su industria en su oficio de cohetería”, además de su jornal, sin que tenga tierras de su propiedad. Es la misma cantidad que gana, por ejemplo, la matrona de la villa. No es de extrañar, pues, que Sebastián reclame una pérdida que supone el 10 % de todos sus ingresos anuales. Podemos decir que, según el mismo Catastro, había en la villa 5 maestros polvoristas, tres oficiales y ningún aprendiz; los maestros ganaban 7 jornales el día que trabajaban, y los oficiales 4 y los aprendices 2.

Y, una vez que sabemos todo lo que se puede saber de nuestro maestro cohetero talaverano, volvamos al documento judicial, que todavía nos dará algunos otros detalles jugosos. No dejéis de observar que los vecinos de Herrera del Duque hicieron un camino de más de cien kilómetros (bastante inseguro, como vemos) para buscar a un buen cohetero para sus fiestas, lo que dice mucho de su prestigio. Se insiste en que el entramado debe ser manejado por un oficial competente, y se aluden a detalles técnicos como los árboles, varas, ruedas y “volatería”. Y es que, aunque el documento no lo indica, el espectáculo estaba destinado a las fiestas de la Santísima Trinidad, que todavía hoy se celebran y que ese año cayeron, efectivamente, el 20 de mayo. Pero en 1752 los salteadores de caminos los dejaron sin fuegos artificiales.

¡VUELVE EL FÚTBOL!

Ya está aquí. Como casi todos sabéis, el pasado fin de semana arrancó de nuevo la Liga de fútbol en España, sin duda la competición deportiva más popular de nuestro país. Todos los días se escriben miles de palabras y se producen horas enteras de radio y televisión dedicadas en exclusiva a este espectáculo deportivo, sin que pueda decirse claramente cuánto tiene de espectáculo y cuánto de deporte. Pero más allá de los grandes equipos y sus estrellas, el fútbol es también el deporte más practicado no solo por los españoles sino en toda Europa, Latinoamérica y también en buena parte del resto del mundo, bien sea para fomentar la salud física, como forma de competición o simplemente para divertirse.

El periodista e investigador Enrique Sánchez Lubián, en un reciente y magnífico artículo sobre los orígenes de la práctica deportiva en Toledo, nos dice que el primer partido de fútbol conocido en Toledo data de 1906, entre un equipo de la Academia de Infantería y algún equipo madrileño. En cuanto a Talavera de la Reina, las primeras noticias son de 1924 con la creación del Club Deportivo Ébora. En ambos casos y como es evidente, se trata de choques entre grupos de aficionados, en campos precarios y con reglas poco claras. Muy lejos de la “liga de las galaxias” y del VAR, pero muy cerca del entusiasmo y las ganas de pasar un buen rato. Es lo que encontramos, por ejemplo, en estas dos fotografías: por un lado, un equipo que no hemos conseguido identificar, probablemente albaceteño, fotografiado en mayo de 1932, y por otro el equipo de la Academia de Infantería en su campo de la Escuela de Gimnasia, en una fecha indeterminada.

Con estos elementos se disputaban los partidos. Ya la semana pasada os mostrábamos uno de ellos, celebrado junto al palacio de los Gosálbez entre las provincias de Cuenca y Albacete. Hoy traemos otro lance de juego, esta vez de un partido en el campo de la Escuela de Gimnasia de Toledo, más o menos en el mismo lugar donde todavía hoy se sigue practicando este deporte. En el mismo sitio, un equipo, que por el escudo probablemente se relacione con la Fábrica de Armas, parece retirarse rodeado de aficionados una vez finalizado el encuentro en 1960.

Acta firmada

En el caso de Talavera, los partidos se desarrollaron desde el primer momento en las cercanías de la ermita de la Virgen del Prado. Después de la guerra civil, la Obra Sindical de Educación y Descanso asumió el mantenimiento y el control de estos terrenos y de la práctica deportiva en general. Aquí os mostramos el acta que firman los capitanes del “Imperio” y del “Frente de Juventudes”, en noviembre de 1947, junto con el conserje encargado, declarando que, tras el partido, las instalaciones se encontraban en buen estado; desgraciadamente, no nos dicen el resultado del encuentro.

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El éxito del fútbol fue arrollador desde el primer momento, y con él vinieron las pasiones desatadas. Cuando estas pasiones son negativas, la situación puede volverse muy tensa, como aparece en este informe de la Delegación comarcal de Falange en Talavera que relata los incidentes en el partido entre el equipo local y el del Val de Santo Domingo en octubre de 1949. El texto casi podría servir para muchos partidos de hoy.

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De hecho, ya desde 1929 los alcaldes podían pedir al Gobernador Civil la presencia de las fuerzas de orden público para evitar altercados, lo que hicieron con mucha frecuencia. En general, estas peticiones son bastante neutras, como corresponde a documentos administrativos, pero queremos terminar con la que hizo el alcalde de Yuncos en enero de 1968, donde especifica con sinceridad que “es norma de los equipos visitantes negarse a jugar sin la presencia de una pareja de la Guardia Civil”. Por cierto, que la solicitud no tuvo efecto porque, como indica la nota al margen y el sello de entrada en el Gobierno Civil, llegó con dos días de retraso. No sabemos qué ocurrió en ese partido.