EL HOMBRE QUE DEMANDÓ A LOPE DE VEGA

Jerónimo Velázquez era un tipo importante en el panorama teatral de su época. Probablemente nació en Toledo y de joven se trasladó a Madrid, donde se ganó la vida como albañil y solador. Pero pronto destacó por sus dotes como actor y director teatral y formó una compañía que alcanzó bastante éxito. Hacia 1580 su hija Elena Osorio inició un turbulento romance con Lope de Vega, pese a estar casada con Cristóbal Calderón, uno de los actores de la compañía de su padre. Se suele identificar a Elena con la “Filis” de muchos poemas de Lope. La relación terminó de manera amarga (podéis encontrar un detallado relato en la biografía escrita por Zamora Vicente) y Lope escribió algunos libelos infamantes contra Elena y su familia, así que Jerónimo le demandó en 1587. El Fénix fue condenado a destierro de Castilla y de la Corte. Y es justo en ese momento cuando Jerónimo Velázquez empieza a aparecer en nuestros protocolos notariales.

Fragmento de documento en letra antigua
«…y busque a cualesquiera mujeres casadas representantas para venir y que vengan a mi compañía…»

Conservamos hasta ocho documentos en los que Velázquez interviene directamente. El primero es de noviembre de 1587, justo antes del proceso contra Lope, y nos presenta a nuestro director teatral haciendo un “casting” de mujeres: encarga a su yerno Calderón que busque “cualesquiera mujeres casadas representantas para venir y que vengan a mi compañía a esta ciudad de Toledo y a otras cualesquiera para representar y las traer a mi costa”, especificando que se las mantendrá a ellas y a sus maridos y se les dará la paga acostumbrada.

Documento en letra antigua
Lista de telas y vestidos comprados por Jerónimo Velázquez a los hermanos Lagarto

A partir de aquí nuestro hombre aparece en tres tipos de documentos. Los más prosaicos son las compras de material, como la de una larga lista de telas y vestidos que acuerda en enero de 1594 con Juan y Fernando Lagarto.

Después tenemos los contratos de transporte. Por ejemplo, en junio de 1594 Juan de Mora, vecino de Toledo, se compromete a llevar a Valencia a toda la compañía, para lo que utilizará 17 mulas a 5 ducados por mula. Será una mula de carga que llevará unas diez arrobas y media (unos 130 kg), y las demás “de silla y freno”, tres o cuatro de ellas “con sillones para mujer”. Todos los gastos, incluyendo la comida y el alojamiento del arriero, son por cuenta de Velázquez. Dos años después los carreteros Domingo y Luis Hernández se comprometen a llevar a la compañía sucesivamente a Santa Olalla, La Puebla de Montalbán y Talavera, en lo que hoy llamaríamos una gira. Serán dos carros y cuatro mulas, cada carro con un máximo de 80 arrobas (una tonelada, aproximadamente), por un precio de 36 reales diarios por carro o mula.

Documento en letra antigua. Incluye firmas.
Contrato entre Pedro Rodríguez, en nombre de Velázquez, y los mayordomos de la Catedral para ciertas representaciones en la octava del Corpus Christi

Pero los documentos que han llamado más la atención de los estudiosos son los que aluden a los lugares y fechas en que actuó la compañía. Así, en junio de 1590 Velázquez se compromete a pagar 400 reales por el uso del Mesón de la Fruta de Toledo, donde se habían celebrado una serie de funciones “a ocho reales por comedia”, lo que indica que se celebraron 50 comedias. Téngase en cuenta que cada día se podían representar varias comedias. También en marzo de 1594 Pedro Rodríguez, en nombre de Velázquez, acuerda con la Catedral “de hacer y que haga el día de la octava del Santísimo Sacramento… los dos autos que el dicho Jerónimo Velázquez está obligado a hacer en la dicha villa de Madrid el dicho día del Santísimo Sacramento, con dos entremeses y según y la manera que los hubiese hecho en la dicha villa de Madrid”.

Documento en letra antigua
Declaración de Miguel Ruiz sobre el viaje a Lisboa de la compañía de Jerónimo Velázquez

Y finalizamos con las curiosas declaraciones que hacen Velázquez, Rodríguez y un tal Miguel Ruiz de los pertrechos que han introducido en Toledo en mayo de 1596 para hacer sus funciones para el Corpus. Los declaran por motivos aduaneros, puesto que vienen directamente de Portugal, país en el que habían entrado en octubre o noviembre pasado para actuar en Lisboa, y dicen que no habían dejado allí absolutamente nada. Os presentamos aquí el principio de la declaración de Miguel Ruiz, que quizá sea la que mejor letra tenga. Aquí terminan nuestros datos sobre este «autor de comedias», pero, si queréis saber más, podéis consultar su biografía escrita por Carmen Sanz y Bernardo García.

NOTICIA DE LA COFRADÍA DEL CORPUS CHRISTI DE TALAVERA

Entre la extensa documentación que conservamos en el AHPTO procedente de las desamortizaciones del siglo XIX encontramos un buen número de documentos de cofradías y hermandades religiosas. En su mayor parte son documentos que se mantuvieron en la Delegación de Hacienda, responsable de la desamortización, fundamentalmente porque podían justificar derechos económicos como rentas, alquileres o propiedades. Entre todas estas cofradías abundan las dedicadas al Santísimo Sacramento, casi en cada lugar de la provincia. Pero nos hemos fijado en la de Talavera de la Reina por dos motivos: porque es la que ha conservado documentos más antiguos, y porque es la única que utiliza explícitamente la denominación “Corpus Christi”.

Texto en letra antigua. Se ha resaltado la frase "en nombre del cabildo y cofradía del Corpus Christi de  esta dicha villa".
«…en nombre del cabildo y cofradía del Corpus Christi de esta dicha villa…»

La primera mención que encontramos está en una escritura de censo que otorgan Gutierre González Doncel y su mujer doña Gracia a Bartolomé Martínez, colegial de Santa María, y a Pedro Sánchez, colegial de El Salvador “en nombre del cabildo y cofradía del Corpus Christi de la dicha villa”, sobre unas casas que tienen “entre los derfanales [¿?] mayores de la dicha villa” en la collación de Santa María. Es de 29 de mayo de 1459 y, como puede observarse, está muy afectada por la corrosión provocada por la tinta ferrogálica.

Fragmento de documento con escritura antigua. Está resaltada la frase "de la santa y noble cofradía que es dicha y llamada en esta dicha villa la la [sic] cofradía del cuerpo de Cristo"
«…de la santa y noble cofradía que es dicha y llamada en esta dicha villa la la [sic] cofradía del cuerpo de Cristo…»

La siguiente mención está en el testamento de Antón Sánchez de Ribera, fechado el 27 de julio de 1465, quien deja la llamada Huerta de Villegas “a los mis hermanos señores cofrades de la santa y noble cofradía que es dicha y llamada en la dicha villa la la [sic] cofradía del Cuerpo de Dios”.

Poco después, el 7 de octubre de 1467, la cofradía arrendará la misma huerta a María González, viuda de Diego Sánchez de Villegas, y a su yerno Toribio González, ambos vecinos de Talavera. El censo será vitalicio, por 800 maravedíes “y cincuenta duraznos” al año. En este documento, unido a la licencia del deán para realizar el arrendamiento y al juramento de ambas partes de cumplir lo acordado, encontramos ya algunos detalles interesantes.  Así, aparece un “prioste”, que lo es Pedro López, canónigo de la Colegiata. Los cofrades son todos clérigos talaveranos, empezando por el propio deán Alfonso Núñez, con varios clérigos de la Colegiata y otros de las iglesias de Santa Leocadia, Santa Eugenia, San Pedro, Santiago el Nuevo y San Martín. En la huerta se incluye “una casa y una cocina techada y tejada con teja y enhiesta y adobada y bien reparada, y la dicha huerta con su aceña y entruesga, todo moliente y corriente”; la “entruesga” era la rueda dentada de un molino. Y a la hora de jurar, lo hicieron “los dichos clérigos por las órdenes de recibieron y los dichos María González y Toribio González por el Nombre de Dios y de Santa María y sobre la señal de la Cruz que con sus manos derechas corporalmente tangieron [quiere decir que hicieron la señal con sus propios dedos] y a las palabras de los Santos Evangelios donde quiera que más largamente sean escritos”.

Inicial miniada, con figura de pez, de "In Dei nomine"
Inicial miniada de «In Dei nomine»

Junto con estos documentos encontramos otros que no se refieren directamente a la cofradía del Corpus Christi, sino más bien a esta “huerta de Villegas”. Pero no nos resistimos a reproducir aquí el dibujo con que se inicia una carta de juramento, asociada a la venta de la finca en cuestión y hecha en julio de 1454. Esta especie de pez representa la inicial de “In Dei nomine”, la invocación con que empieza el documento. Bien podría servir para una “tarasca” de alguna procesión de estos días.

COSAS QUE SE ENCUENTRAN

Una copla manchega dice: “Andandillo, andandilllo, se encuentran cosas”. Pues nosotros, a lo largo de 90 años de existencia, también hemos encontrado “cosas”, es decir, objetos que no esperábamos encontrar, entre los documentos que ha ido llegando a nuestro archivo. Algunos de ellos ya los hemos presentado aquí, como el dibujo de un caballero dieciochesco alanceando un toro o el conjunto de documentos de dos logias masónicas de Nueva York. De estos últimos, hay una curiosa foto de sus componentes, todos con sus mandiles rituales sobre los trajes de gala, que podéis ver en nuestra exposición sobre los 90 años del AHPTO.

Cruz de Caravaca (fragmento)

En esta misma exposición hemos rescatado algunos objetos más. Así, el fragmento de una Cruz de Caravaca de metal, que apareció en agosto de 1994 entre los folios de un protocolo notarial, en concreto el correspondiente a Juan de Soria, notario de Talavera de la Reina, y al año 1621. Agradecemos al investigador D. Mariano Maroto que nos comunicase este hallazgo. Lo consideramos el documento más pequeño del archivo porque mide poco más de un centímetro de altura, aunque propiamente no es un documento.

No menos singular, pero sí más bonito, es el recorte de la silueta de un caballero en pleno galope, con su sombrero y pluma. Es un objeto muy delicado porque está hecho de papel barba tintado y recortado, pero aun así no hemos querido dejarlo atrás en nuestra exposición. Lo cierto es que no estamos seguros de cómo llegó hasta el AHPTO. Hasta donde hemos podido averiguar, apareció junto a una bula de Gregorio XIII, de 1572, que confirma determinadas indulgencias para los que acudiesen a rezar a la capilla del Colegio de San Bernardino, adscrito a la Universidad de Toledo. Pero no podemos saber si su presencia junto a este documento no es más que una casualidad. Por cierto, que en la bula en cuestión encontramos una interesante nota, fechada en 1843, en la que un colegial afirma que la “reformé fielmente… pues apenas se podía leer». De hecho, se aprecian perfectamente en el documento las letras repintadas por este “restaurador” de hace doscientos años.

Bandolera de guarda rural, con su placa en el centro.

Entre los fondos que conservamos se encuentran los de las Cámaras Agrarias locales de muchas localidades de nuestra provincia. Son documentos de gran valor para la historia local del siglo XX, en especial para los pequeños pueblos. Bien, pues entre sus competencias estaban algunas relacionadas con la denominada “policía rural”. Así que, entre los documentos correspondientes a la Cámara Agraria de La Torre de Esteban Hambrán apareció la bandolera del guarda rural. Obviamente, no tiene fecha y apenas podemos decir que es de la segunda mitad del siglo pasado.

ELECCIONES EN ÉPOCA DE FRANCO

Una de las fórmulas con las que el régimen franquista buscó legitimarse fue la de autodefinirse como “democracia orgánica”. La expresión alude a que la representación de los ciudadanos no venga a través de los partidos políticos o de los sindicatos libres, sino a través de las organizaciones consideradas “naturales”: la familia, el sindicato único y el Estado. La Ley de Bases del Régimen Local de 1945 traduce esta concepción general a la manera de elegir los concejales. El total de concejales de una localidad se divide en tres “tercios”. El primer tercio es elegido por los “cabezas de familia”, lo que excluía en la práctica a la gran mayoría de las mujeres (no a todas; de hecho incluso hubo mujeres candidatas); el segundo tercio por “los organismos sindicales radicantes [sic] en el término”, y el último tercio los elegían los concejales de los dos primeros tercios de entre una lista propuesta por el Gobernador Civil entre “vecinos miembros de entidades económicas, culturales y profesionales radicantes en el término o, si estas no existiesen, entre vecinos de reconocido prestigio”. Si a esto añadimos que el alcalde era designado y cesado directamente por el Gobernador Civil o por el Ministro de la Gobernación (según el tamaño de la población), podemos hacernos una idea del significado real que la palabra “democracia” tenía en de este peculiar sistema.

Pero lo cierto es que elecciones, haberlas habíalas. En noviembre de 1963 se celebraron elecciones municipales. En estas fotografías hechas por la Casa Rodríguez en Toledo podemos ver a los ciudadanos esperando su turno bajo las arcadas de la Casa Consistorial, y también los que esperan ya depositar su voto en la urna situada probablemente en el interior. Hubo más de un punto de votación en la ciudad, como muestran las dos imágenes de las votaciones en el aula de un centro docente, quizá el Instituto Provincial.

Incluso se permitía la propaganda electoral. Aquí tenemos las octavillas que hicieron imprimir algunos candidatos de Toledo. Y, por supuesto, la información oficial animando a votar, Obsérvese que tanto a los funcionarios como a los que cobrasen subsidio por desempleo o por jubilación se les obligaba a presentar el justificante de haber votado para poder cobrar la nómina más cercana.

La documentación del Gobierno Civil sobre estas elecciones es abundante. Por ejemplo, la Guardia Civil elaboró detallados informes sobre la vida, costumbres e ideología política de todos y cada uno de los candidatos. Pocos días antes de las elecciones el Gobernador Civil envió al Ministerio un detallado informe dando cuenta de las reuniones y gestiones realizadas para evitar ningún imprevisto; de él hemos extraído algunos párrafos suficientemente significativos. El “artículo 55” al que se alude es el de la ley electoral de 1907, todavía vigente, que permitía la designación directa del concejal cuando, por fallecimiento repentino o por cualquier otra causa imprevista, faltasen candidatos. Y, además, una no menos expresiva carta que el jefe local de Falange en Talavera de la Reina escribe al Secretario del Gobierno Civil para que se incluya a una persona determinada en la lista de candidatos al tercio de “entidades” en Navamorcuende.

Por si tenéis curiosidad, aquí está el informe oficial que el Gobierno Civil envió al Ministerio de la Gobernación con los resultados de estas elecciones en la provincia. Como puede observarse, en el tercio familiar la participación fue del 43 %. Pese a las consignas oficiales, no parece que esta forma de entender la democracia levantase grandes entusiasmos.

EL CARNAVAL Y LA ROMERÍA DE SANTA APOLONIA

Después de dos años de suspensión, ya podemos celebrar los Carnavales, aunque todavía con algunas restricciones. Pero, como sabéis, no siempre fueron las enfermedades o los imponderables los que impidieron celebrar estas fiestas. Con frecuencia las autoridades civiles y religiosas fruncieron el ceño ante tal manifestación de regocijo, llegando a veces a prohibirla. Esto fue lo que pasó en 1744 en las cercanías de Talavera de la Reina. Aunque hay algunos detalles que hacen especial este caso.

Provisión arzobispal sobre la romería de Santa Apolonia
Provisión arzobispal sobre la romería de Santa Apolonia

En realidad, lo que el cardenal Luis de Borbón prohíbe no es el Carnaval, sino los jolgorios que se producían en esas fechas en la ermita de Santa Apolonia. Digamos que en el lugar de Peña del Cuervo se había edificado en el siglo XVI una iglesia para servicio de sus vecinos, con la advocación de la patrona de los dentistas, aunque a veces las fuentes la confunden con Santa Coloma. En el año de nuestro documento parece que el lugar ha desaparecido como tal porque, según dice el señor cardenal “nos hallamos informado que a media legua de distancia de la nuestra villa de Talavera se halla una hermita [sic] con la advocación de Santa Polonia, en el distrito de la parroquia de San Miguel”. En realidad, la ermita no está “a media legua” sino al doble, a casi 5 kilómetros de la ciudad.

Provisión arzobispal sobre la romería de Santa Apolonia (fragmento)
Provisión arzobispal sobre la romería de Santa Apolonia (fragmento)

Pero eso es lo de menos, porque Su Eminencia tiene muy claro cuál es el problema: “en cuya hermita parece celebrarse en los días de Domingo de Carnestolendas de cada un año misa cantada con procesión alrededor de ella, a que han concurrido y concurren mucho número de personas de todos estados, originándose de ello desazones, quimeras y otros desórdenes, y por consiguientemente [sic], ofensas contra la Divina Majestad a que es ocasionado aquel sitio, por estar lleno de peñas y barrancos”. Recordad que “quimera” tiene el sentido de riña o pelea.

Provisión arzobispal sobre la romería de Santa Apolonia (fragmento)
Provisión arzobispal sobre la romería de Santa Apolonia (fragmento)

Por tanto, el cardenal ordena al párroco de San Miguel “que no hagáis ni permitáis se haga la celebridad de dicha misa y procesión en los referidos domingos de Carnestolendas y en adelante en la misma forma no permitáis que se ejecute la dicha procesión, y sí solamente que se celebre la dicha misa en la citada hermita en el día propio de la gloriosa Santa o en el de su octava”. Es decir: nada de procesiones por el exterior ni en fechas de Carnaval. Solo la misa dentro de la iglesia y el día de la santa (9 de febrero), nada más. Parece que el pueblo, y también los párrocos correspondientes, tendían a mezclar la romería de la santa con los cercanos carnavales, lo que provoca los excesos que tanto molestan a las autoridades religiosas.

Provisión arzobispal sobre la romería de Santa Apolonia (firmas, validación y resumen)
Provisión arzobispal sobre la romería de Santa Apolonia (firmas, validación y resumen)

El documento no lo firma el arzobispo, sino los miembros de su Consejo, los licenciados Pazuengos, Bódalo, Alcántara y Pavón, con el refrendo del notario episcopal Nicolás López Álvarez. No sabemos si don Luis y su Consejo tuvieron mucho éxito, porque la romería siguió celebrándose hasta 1967. Después dejó de realizarse, parece que más por falta de entusiasmo que por prohibición, pero fue recuperada en los años 90 del siglo pasado y hoy ha vuelto a consolidarse en el calendario de festejos talaveranos. Tenéis más información en el blog La mejor tierra de Castilla, de donde hemos sacado parte de los datos.

MUSULMANES Y MOZÁRABES

Hace unos días os presentábamos algunos documentos relacionados con judíos medievales de nuestro archivo. Hoy vamos a ver documentos relacionados con el mundo musulmán, aunque entendido esta vez de manera más flexible.

En efecto, si ya os dijimos que era difícil encontrar a los judíos en los documentos porque rara vez se asociaban a elementos visibles como firmas o sellos y había que buscarlos en el interior de los textos, mucho más ocurre eso con los musulmanes. Como podéis ver, para encontrarlos hay que sumergirse en los apretados textos de la letra cortesana del siglo XV. Pero al fin hemos encontrado a Hamete, hijo de Maestre Yuçaf Alvaní (¿albañil?), moro morador en Talavera, al que, en enero de 1461, el cura de la parroquia de San Pedro arrienda por cinco años una tienda junto a esa iglesia, por un precio de cinco reales anuales. Y unos años más tarde, en junio de 1497 y también en Talavera, el alcalde, el prioste y el avenidor de la cofradía de Santa María del Prado dan a censo enfitéutico la mitad de una viña en el llamado pago del Rey a “Homat, hijo de maestre Abdallá Chirón, herrero, moro, morador que sois en esta dicha villa de Talavera”, por precio de 70 maravedíes anuales. Observad cómo en ambos casos estas personas son calificadas de “moradores”, es decir, que no eran vecinos de pleno derecho aunque vivían en la ciudad.

Deslinde de Azután (1244)
Deslinde de Azután (1244)

Los mozárabes no eran musulmanes, sino cristianos viviendo en zonas de predominio musulmán. Tras la conquista de Toledo y su reino, a pesar del cambio de situación política y religiosa, los mozárabes siguieron manteniendo gran parte de su vida y costumbres, incluyendo la de firmar en árabe. Puesto que muchos de los cargos municipales de la ciudad de Toledo permanecieron mucho tiempo en manos de mozárabes, encontramos a veces estas firmas en algunos documentos. El más llamativo es el deslinde de Azután, de 1244. Aunque ya os hablamos largamente de él hace un par de años, no nos resistimos a mostrarlo aquí de nuevo, además de que podéis verlo en nuestra exposición “Historias de la Edad Media”. En él aparece la firma del alcalde mayor de Toledo, don Servant, escrita en aljamiado, que como recordaréis es la escritura castellana con caracteres árabes.

Pero tenemos otro documento que, si no es aparentemente tan bonito, nos ofrece hasta tres firmas en aljamiado. Se trata de un traslado (es decir, una copia autenticada por notario) de un privilegio del rey Fernando IV, “sellado con su sello de plomo colgado” por el que cede al monasterio de San Clemente el producto de todos los impuestos reales de sus vasallos (los del monasterio) en el reino de Toledo, excepto la moneda forera. El documento enumera todos estos impuestos, a saber: “los pechos, los pedidos, el fonsado, la fonsadera, los servicios, la yantar, la martiniega, la marzadga y las acémilas”; para que hoy nos quejemos de complejidad fiscal. Está fechada en Toledo el 6 de abril de la era de 1347, que corresponde a nuestro año 1309. Pero después de copiar el documento se dice: “Este traslado fue sacado de la carta dicha y concertado con ella ante los escribanos de Toledo, que sus nombres escribieron en fe de él”. Sigue la fecha: 16 de mayo del mismo año. Por fin cada uno de los tres escribanos atestiguan: “Yo Ferrand Alfón, escribano de Toledo, so testigo”, y la misma fórmula utilizan sus dos colegas Ruy Pérez hijo de Juan Pérez y Ruy Pérez hijo de Pedro López. Pero lo que más nos interesa es que debajo de cada uno de sus nombres aparece su rúbrica en caracteres árabes, probablemente en aljamiado. En medio siglo aproximadamente hemos pasado de firmar simplemente en aljamiado, a tener que firmar en ambas escrituras, la árabe y la castellana, señal clara de que le uso del árabe se estaba perdiendo poco a poco entre los mozárabes de la ciudad.

DOS DOCUMENTOS SOBRE JUDÍOS

En nuestra exposición “Historias de la Edad Media” hemos dedicado un lugar especial a los documentos en que aparezcan musulmanes o judíos, las dos minorías religiosas más características de la época. Hoy os vamos a presentar dos documentos en los que intervienen directamente judíos. Curiosamente, ambos están fechados el año 1464.

Carta de venta de una casa en Talavera de la Reina en 1464 (detalle del encabezamiento)
Carta de venta de una casa en Talavera de la Reina en 1464 (detalle del encabezamiento)

Como ocurre muchas veces con los documentos de archivo en general, y con los medievales en particular, su interés no es evidente sino escondido. Aparentemente, son papeles o pergaminos llenos de una escritura de difícil lectura para nosotros y sin apenas dibujos o adornos. Así es el primero de nuestros documentos de hoy. Se trata de una escritura de juramento fechada en marzo de 1464 que forma parte de un expediente sobre la venta que hizo doña Cetí, judía y viuda de don Yuçaf Abengadalla, de unas casas en la collación de Santa María de Talavera de la Reina a Martín González de Pedraza, gravadas con un censo en favor de la Colegiata. Sabemos que el difunto marido fue arrendador en 1460-61 del tributo de la “asadura” para la Hermandad Vieja de la ciudad, tributo que consistía en una tasa sobre el paso del ganado por determinados lugares. El primer detalle interesante es que en la carta de venta inmediatamente anterior vemos que Doña Cetí actúa en nombre de sus hijos Ilia y Cedina “como su tutriz e curatriz”, sin necesidad de licencia de ningún varón cercano, lo que resulta significativo en cuanto a la situación de las mujeres en finales de la Edad Media.

Detalle del juramento sobre la venta de una casa en Talavera de la Reina en 1464
Detalle del juramento sobre la venta de una casa en Talavera de la Reina en 1464

Pero lo más llamativo de este documento es el juramento propiamente dicho. Como era de rigor en el momento, después de otorgada la escritura de venta la vendedora debía jurar expresamente que no iba a echarse atrás ni ella ni sus herederos. La fórmula habitual hacía alusión a los Evangelios y a la Cruz, pero en esta ocasión la fórmula que utiliza es la siguiente: “juro por el Nombre del Criador vivo verdadero, que fiso çielo e tierra e mar e arenas e abrió la mar por dose carretas e dio la Ley a Moysén en el monte de Synay, e lo escribió con su dedo en tablas de piedra, e por los Diez Mandamientos de la Ley…”. Por supuesto, esta impresionante frase, que obliga por igual a cristianos y a judíos, es la fórmula legal que ya se recoge en el “Espéculo”, una de las recopilaciones de leyes mandadas hacer por Alfonso X, pero aun así no es demasiado habitual que aparezca en los documentos.

El segundo documento que os queremos enseñar es un recibo. Forma parte del expediente de compra de un olivar en Val de Santo Domingo que adquirió el convento de Santo Domingo el Real de Toledo al judío don Baruc Alocanén, de Maqueda en julio de 1464. Se trata del recibo de haber pagado la correspondiente alcabala, un impuesto similar a nuestro IVA. El interés radica en que todos los intervinientes son judíos. En efecto, los arrendadores del impuesto son Yudá Alocanén —quizá pariente del comprador de la finca— y Mosén Bahalalú; este último parece que años después se convirtió al cristianismo con el nombre de Lope Fernández. Se especifica que el olivar en cuestión, llamado “El Majuelo”, situado en el pago de Las Tapias, había sido de Mosén Gavisón, y que el pago efectivo no lo hizo Baruc en persona, sino a través de Yudá Abençubal. Incluso encontramos dos firmas, presumiblemente de los dos arrendadores del impuesto: en efecto, en una de ellas se lee “Yudá” y luego un signo, mientras que la otra, mucho más pequeña, resulta completamente ilegible para nosotros. Como en el documento anterior, no es que las firmas de judíos medievales sean totalmente excepcionales en los archivos españoles, pero tampoco aparecen todos los días.

Por último, si tenéis curiosidad por saber más cosas sobre estos judíos, nosotros hemos sacado algunos datos de este artículo de César Pacheco sobre los de Talavera y de este otro de Gonzalo Viñuales sobre Maqueda.

ACCIDENTADA DETENCIÓN EN SAN MARTÍN DE PUSA

El 20 de agosto de 1806 la Chancillería de Granada, desde su alta jurisdicción, ordena a las justicias de San Martín de Pusa que arresten a Francisco Díaz de Rioja como reo de resistencia a la autoridad “y otros excesos”. Fácil de mandar, pero nada fácil de ejecutar.

Señas personales del reo
Señas personales del reo

El Alcalde Mayor, responsable directo ante el señor de la zona, el marqués de Malpica, estaba oportunamente enfermo, y para colmo ni siquiera había escribano. Así que le toca al alcalde ordinario, Antonio García Hidalgo, auxiliado por un humilde “fiel de fechos” en funciones de notario. Al principio, todo rueda por sus pasos: se expiden requisitorias a los pueblos vecinos para que arresten al reo en cuanto lo vean: un sujeto de “dos varas y de dos a tres dedos [1,70 metros, aproximadamente], moreno claro, carirredondo, ojos cejas y pelo negro, de buena presencia y un poco cargado de hombros, vestido muy decente de negro y de color”. Se repiten las requisitorias a lugares más lejanos: Malpica, La Puebla de Montalbán y Talavera. Todos lo conocen, pero nadie lo ha visto.

Fragmento de los autos judiciales para la detención de un vecino de San Martín de Pusa
El reo aparece en la fragua

 El 24 de septiembre, cuando el propio García Hidalgo está en la fragua del pueblo, se presenta allí el reo. El alcalde, que está solo, decide prudentemente retirarse a buscar vecinos que le ayuden pero, para cuando vuelve, Francisco ya no está. Varios amigos afirman que estuvo allí de charla con ellos, pero que se ha marchado y no saben a dónde. Amoscado, el alcalde y su cuadrilla lo buscan por varias casas de amigos, la de su padre, la taberna y hasta el puesto de aguardiente del lugar, registrando algunas (“y cogiendo Su Merced una luz se registró toda la casa de arriba abajo, y no se encontró nadie”) y hasta sacando de la cama a los vecinos. Nada, el reo ha desaparecido delante de sus narices. Don Antonio, enfadado, amenaza con serias multas a uno de los registrados “pues tenía noticia le hacía capa”, pero hubo de darse por vencido.

Fragmento de los autos judiciales para la detención de un vecino de San Martín de Pusa
La detención

Apenas cuatro días después, hacia las 12’30 horas, vienen a avisar al alcalde: ¡Francisco está en la taberna, tan tranquilo! Esta vez no le pillaría desprevenido, y reunió rápidamente a la “patrulla ciudadana” (por llamarla de algún modo), presentándose en la taberna. La escena de la detención merece la pena: “Entrando Su Merced dijo en alta voz ‘¡Favor al Rey!’, con la cual se echaron de repeso sobre él [el reo] diferentes personas, y agarrado les encargó se asegurasen y cuidasen de que no se les fuese. Y sujetándole unos de los brazos, otros del pelo, y otros de las piernas, haciendo dicho reo una fuerte resistencia, tanto que cuando se les escapaba alguno de los brazos o piernas empezaba a puñetazos, arañazos y patadas, sacudiendo hasta a cinco o seis de ellos, haciendo a dos de ellos sangre en las narices, lo que dio margen a que los insultados, en su defensa, le sacudiesen también, profiriendo las obscenas palabras de “barajo”, “por vida” y “votos”, jurando se había de vengar de todos, y diciendo tanto al juez como al fiel de fechos que eran unos barajos, llamando a este y diciéndole se acercase para sacudirle. Y conducido medio a rastra o como pudieron a la Real Cárcel” allí lo dejaron al cuidado del carcelero, que le puso “diferentes prisiones” hasta asegurarse de que no se escapaba. Solo se le encontró encima un rosario y “una navaja chica de picar cigarro”. Se le entregó su montera y su faja, que se le habían caído en la pelea, junto con cierta cantidad de dinero, aunque el reo reclamó que él llevaba más encima.

Fragmento de los autos judiciales para la detención de un vecino de San Martín de Pusa
El traslado a Talavera

Poco después llegó el cirujano del lugar a reconocer las heridas de Francisco, a petición del su padre, pero el reo volvió de nuevo a gritar e insultar a la autoridad, y el cirujano entonces le dijo: “Paco, a lo que vengo es a visitarte y registrarte si alguna parte tienes doliente, a que le respondió no le daba la gana que le registraran”. Así quedó el tema, y a las once de la noche el alcalde dejó a dos personas por guardia del preso. Durante los días siguientes don Antonio pasaría dos veces al día para asegurarse de que Francisco estaba bien atado y, mientras tanto, pidió ayuda al corregidor de Talavera para que le enviasen un piquete y se llevasen allá a tan incómodo huésped, donde las cárceles estarían mejor preparadas y, sobre todo, se acabarían los gastos ocasionados al escaso erario municipal de San Martín. Así fue, y el 3 de octubre por fin se presentaron “un cabo y cuatro soldados del regimiento de Húsares de Caballería” para llevarse al preso a Talavera, donde quedó alojado en la cárcel de la Santa Hermandad porque la de la villa no estaba en condiciones, hasta que la Chancillería decidiese lo que habría que hacer con él. Dos siglos después, casi podemos oír al buen alcalde ordinario respirar tranquilo al librarse de un asunto tan desagradable.

NUEVOS FONDOS JUDICIALES

Las “Juntas de Expurgo” no tienen un nombre muy alegre, pero son unos órganos muy útiles. Se encargan de valorar la documentación judicial, decidiendo qué documentos deberán ser destruidos y cuáles pasarán a formar parte de la memoria colectiva en archivos históricos como el nuestro. Bien, pues gracias a esta labor a finales del año pasado el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha nos envió un bonito conjunto de casi 140 cajas que contienen documentación fechada entre 1868 y 1986 procedente nada menos que de 16 juzgados diferentes, todos ellos de Ocaña y sus alrededores. De algunos ya teníamos documentos, como los de Primera Instancia e Instrucción de Ocaña y de Lillo, el Municipal de Ocaña o el Comarcal de Lillo. Pero otros llegan a nuestro archivo por primera vez, así que hemos querido presentároslos.

Expedientes del  Juzgado Comarcal de Yepes
Expedientes del Juzgado Comarcal de Yepes

Algunos de estos nuevos fondos (ya sabéis que un “fondo” es el conjunto de documentos producido por un organismo en el ejercicio de sus funciones) son de juzgados, digamos, “normales”, que se encargan de la justicia ordinaria. Así, los juzgados comarcales de Ocaña y Yepes, y el Juzgado de Paz de Ocaña. Ninguno de estos juzgados funciona hoy, e incluso en España ya no existen juzgados comarcales.

Expediente del Juzgado de Guardia de Toledo en Ocaña

Nos han interesado más los juzgados “especiales”, es decir, aquellos creados para casos específicos. El más llamativo es el “Tribunal Especial de Guardia”, que era uno de los “Tribunales Populares” que funcionaron durante la guerra civil en el bando republicano. Prácticamente fuera del control de jueces profesionales, se encargaban de delitos específicos con la intención de agilizar los procedimientos, lo que a veces daba lugar a abusos e injusticias. En concreto, los Tribunales de Guardia se encargaban de los “delitos flagrantes” de alta traición, terrorismo y espionaje, y desde 1938 también de los de “subsistencias”, es decir, de contrabando. A nosotros solo nos han llegado algunos expedientes de estos últimos delitos. El Tribunal de Guardia de la provincia de Toledo se ubicó en Ocaña porque, como es sabido, en esta localidad se situaron las oficinas del gobierno republicano desde la toma de la capital en septiembre de 1936.

Expedientes del Tribunal Instructor de Responsabilidades Políticas de Toledo
Expedientes del Tribunal Instructor de Responsabilidades Políticas de Toledo

No menos interesantes son los Tribunales de Responsabilidades Políticas instituidos tras la guerra. La provincia de Toledo dependía en este tema del Tribunal regional de Madrid, pero contaba con un Tribunal Instructor, encargado de realizar las investigaciones previas a la sentencia, así como de su ejecución. En esta ocasión, nos han llegado algunos expedientes fechados entre 1939 y 1960. Hay que tener en cuenta que toda la jurisdicción sobre responsabilidades políticas se suprimió en 1945, pero los casos abiertos siguieron su curso a veces hasta muchos años después.

Expediente de la Junta de Libertad Vigilada de Huerta de Valdecarábanos
Expediente de la Junta de Libertad Vigilada de Huerta de Valdecarábanos

Muchos condenados por delitos políticos fueron poco a poco excarcelados, pero estuvieron mucho tiempo en situación de libertad vigilada, asunto del que se encargaba la Policía pero en el que intervenían las Juntas de Libertad Vigilada, como las Juntas Locales de Ocaña (1952-1958) y de Huerta de Valdecarábanos (1945-1946). Estos organismos dependían de un “Servicio de Libertad Vigilada” creado en 1943 como instrumento para ayudar y controlar a la vez a las personas condenadas por “auxilio a la rebelión” que iban saliendo de la cárcel. En el AHPTO ya teníamos documentación de las juntas similares de Lillo y de Talavera de la Reina.

Expediente del Patronato de Presos y Libertos de Ocaña
Expediente del Patronato de Presos y Libertos de Ocaña

El seguimiento y a la vez asistencia a las personas excarceladas no siempre tuvo carácter político. En realidad, desde siempre hubo instituciones, sobre todo religiosas, que se ocuparon de asistir a estas personas. Para su coordinación, el Estado promovió desde 1915 las “Asociaciones de Patronato” vinculadas a cada prisión. Nos ha llegado la documentación de la Asociación de Patronato de la cárcel de Ocaña en los años previos a la guerra civil. Además de documentación económica y actas de sus sesiones, encontramos los expedientes de los expresos que pedían algún tipo de ayuda.  Por cierto, que todos los documentos fueron cosidos formando un único volumen, probablemente tras la guerra, cuando estas asociaciones fueron suprimidas.

Expediente de la Inspección de Justicia Municipal de Toledo
Expediente de la Inspección de Justicia Municipal de Toledo

Muy interesante es también la “Inspección de la Justicia Municipal”. No se trata de un órgano específico, sino de una función que se encomendaba a un juzgado de primera instancia, quien recibía informes y estadísticas y giraba visitas a los juzgados de toda la provincia. Durante la época de los documentos que nos han llegado (1946-1960) esta misión le correspondió sucesivamente a los juzgados de Quintanar de la Orden y Talavera de la Reina. Hoy, la inspección de la Justicia es competencia del Consejo General del Poder Judicial.

Expediente de creación del Tribunal Industrial de Ocaña
Expediente de creación del Tribunal Industrial de Ocaña

En fin, terminamos este elenco de tribunales con el Tribunal Industrial de Ocaña, cuya documentación va de 1920 a 1928. Los Tribunales Industriales son el antecedente directo de las Magistraturas de Trabajo, hoy Juzgados de lo Social, encargados de juzgar los conflictos laborales. En el AHPTO ya teníamos documentos del Tribunal Industrial de Toledo, pero estaban dentro del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de la capital, así que ahora hemos aprovechado para darles entidad propia.

LOS JURADOS DE EMPRESA

Los Jurados de Empresa se crean en agosto de 1945 y fueron una de las concreciones más claras del concepto franquista de las relaciones laborales. Se conciben como “la representación genuina de los elementos que integran la producción ante la Empresa, los Sindicatos y el Estado” y debía existir uno en cada empresa de más de 50 trabajadores, aunque este número varió a lo largo del tiempo. En resumen, se trataba de los órganos que canalizaban la participación (controlada, por supuesto) de los trabajadores en la gestión de la empresa. Estaban presididos por el dueño o gerente de la empresa y sus miembros eran elegidos por los diferentes grupos profesionales de trabajadores. En las empresas más pequeñas, o como primer escalón de representación en las más grandes, existían también los “enlaces sindicales”. En 1953 se reguló detalladamente su funcionamiento y en 1958 se les encomendó participar en las negociaciones de los convenios colectivos. Los Jurados de Empresa fueron suprimidos por el Estatuto de los Trabajadores de 1980, que encomienda la representación laboral a los Comités de Empresa.

Por su propia naturaleza, la documentación de los Jurados de Empresa debería conservarse en los fondos de cada una de las empresas. Sin embargo, el control que ejercía sobre ellos la Delegación Provincial de Sindicatos hizo que mucha de su documentación haya acabado en el fondo documental de esta institución. Por ejemplo, estas fotografías, que acompañan a un informe sobre un acto celebrado en Talavera de la Reina en diciembre de 1974 con ocasión de la toma de posesión de los Jurados de determinadas empresas de la comarca.

Acta de reunión del Jurado de Empresa del Salto de Castrejón
Acta de reunión del Jurado de Empresa del Salto de Castrejón

Entre los documentos enviados a la Delegación se encuentran las actas de las reuniones de los Jurados. En general, estas actas son muy breves y, además de su contenido explícito, transmiten una sensación de tranquilidad laboral que a veces nos sorprende. Por ejemplo, esta del jurado de la empresa “Salto de Castrejón”, de La Puebla de Montalbán, donde se plantea nada menos que el despido de todo el personal por fin de obra en 1966 (se refiere, evidentemente, a la construcción del pantano del mismo nombre). La reunión, según el acta, duró apenas una hora y nadie, por lo visto, hizo ningún comentario digno de mención.

Informe sobre elecciones de Jurados de Empresa
Informe sobre elecciones de Jurados de Empresa

Pero los conflictos se presentan, aunque a veces haya que leerlos entre líneas. En las elecciones de 1960 a jurados de la empresa “Cementos Hispania”, de Yeles, hubo más de cincuenta papeletas en blanco. El funcionario que informa de esta y otras elecciones a sus mandos en Madrid atribuye esta circunstancia a que los trabajadores “son de una gran incultura que repercute en una abulia que da como resultado la indiferencia”, tanto más, según el informante, que esta abstención se ha producido en el sector de “peones de cantera”.

Fragmento de Hoja Informativa sindical
Fragmento de Hoja Informativa sindical

En los últimos los del franquismo los conflictos son ya más evidentes. Así, en la “Hoja Informativa” que el Sindicato Nacional de Transportes y Comunicaciones elaboró de forma especial para los trabajadores de RENFE en marzo de 1973, después de tratar aspectos salariales y de organización del trabajo, su presidente añade una apostilla sobre ciertos rumores relativos a su actuación personal. Desde luego, el texto merece la pena.