EL ÚLTIMO VIAJE DE UN ARRIERO

Como es sabido, los arrieros eran los profesionales encargados del transporte a larga distancia de mercancías y ocasionalmente también de personas. Es decir, antecesores directos de los camioneros actuales. En España los más famosos eran los procedentes de la comarca de La Maragatería, en León, pero, como es natural, había arrieros en todas partes. Hoy os vamos a hablar de uno de Mora, que se llamaba Domingo López Díez. Murió lejos de su casa y quizá por no tener familiares directos los documentos que llevaba encima fueron a parar al escribano del pueblo. Echemos, pues, un vistazo.

En primer lugar, encontramos algunas páginas con multitud de certificaciones breves y algo desordenadas, que dan fe de los lugares por donde fue pasando y nos permiten reconstruir su itinerario. Al final de una de estas páginas puede verse que llegó a Peñafiel el 12 de septiembre de 1844. Justo detrás, encontramos la siguiente nota: “Ha permanecido hasta hoy, que ha fallecido. Peñafiel, 15 de noviembre [de] 1844”. Las certificaciones nos informan de que Domingo había salido de la parroquia de San Miguel de Basauri (Vizcaya) el 5 de noviembre y pasó por Rivabellosa, Castil de Peones y Villafruela, entre otras localidades que no hemos sabido identificar. En total, 256 kilómetros en ocho días, a unos 32 kilómetros diarios. Además de este viaje, los documentos permiten reconstruir otros viajes anteriores, incluyendo un largo periplo de 900 km por las actuales provincias de Alicante y Murcia, esta vez a una media de 45 km diarios. Digamos que el trayecto hacia el norte se realizaba por Bargas, Navalcarnero y El Escorial mientras que el del Levante pasaba por Quintanar de la Orden, El Provencio, La Roda, Pozo de la Peña y Villena, volviendo desde Murcia por Hellín y Barrax.

Pero volvamos a su último viaje, porque todavía nos proporcionará algunos detalles interesantes. En efecto, en esta ocasión Domingo llevaba “catorce bultos con catorce quintales de bacalao”, unos 1.400 kg, que habían sido consignados por el conocido comerciante bilbaíno Tiburcio María Recacoechea y tuvo que pasar por algunos controles militares en Vitoria y Miranda de Ebro. No olvidemos que la I guerra carlista había terminado hacía dos años escasos. Por lo demás, los documentos atestiguan que el bacalao era uno de los productos que más trabajaba nuestro transportista.

Pasaporte de Domingo Martín López para pasar desde Piña de Campos (Palencia) hacia el sur.
Pasaporte de Domingo Martín (1844)

Entre los documentos tenemos también un pasaporte, expedido durante un viaje anterior, en agosto del mismo 1844 en el lugar de Piña de Campos (Palencia), gracias al que sabemos que nuestro hombre tenía 37 años, era bajito (5 pies de alto, poco más de 1,5 metros), de pelo castaño, ojos pardos, color trigueño y nariz regular, sin ninguna marca especial. El permiso se le concede “para que pase a los pueblos del interior a ejercer su tráfico. Le abona el que deja cumplido”, es decir, que su propio trabajo le sirve de garantía de buena conducta.

Recibo expedido por Agustín Wunsh en favor de Domingo López de la entrega en Santander de algunos vasos y copas.
Recibo expedido por Agustín Wunsch en favor de Domingo López (1842)

El conjunto de documentos incluye otras varias guías y abundantes cuentas, recibos y cartas, a veces difíciles de relacionar con nuestro arriero. Pero no queremos dejar pasar el recibo que le extiende Agustín Wunsch en junio de 1842 sobre tres (quizá dos; no conseguimos leerlo bien) vasos de medio cuartillo, y un vaso y una copa dorados. Se trata, como vemos, de mercancía delicada y relativamente costosa. Además, aparece la dirección de entrega: “Tienda de alemanes. Calle de San Francisco en Santander”. Esta calle sigue siendo una de las más comerciales de la capital cántabra y la “tienda de alemanes” aparece citada en el libro “Escenas montañesas” de José María de Pereda, publicado en 1864.

COSTUMBRES TOLEDANAS

A finales de 1965 el Ministerio de Información y Turismo puso en marcha un proyecto para recopilar todo tipo de tradiciones y costumbres a lo largo y ancho de España, y publicarlas en un libro con el título “España legendaria”. Para ello, envió una circular a los alcaldes de determinados municipios. Parece que las respuestas no fueron todo lo rápidas que se esperaba, de manera que en marzo de 1966 se insistió en el tema, pero ahora con la intermediación de los gobiernos civiles. Hacia abril el Gobierno Civil de Toledo ya contaba con los informes de Bargas, Carpio de Tajo, Illescas, Maqueda, Mazarambroz, Mora, Ocaña, Oropesa, Puente del Arzobispo, Torrijos, Villarrubia de Santiago, Orgaz y Guadamur. Estos dos últimos se quedaron en una carpeta con una nota que dice “Por hacer”, pero del resto se realizaron copias en limpio con un formato uniforme y, tras realizar dos copias adicionales, se enviaron los informes al Ministerio. Sin embargo, la proyectada obra no llegó a ver la luz. De hecho, solo hemos detectado que la localidad de Calaceite (Teruel) aprovechó su informe para publicarlo por su cuenta. Por cierto, que también hemos averiguado que, con el nombre de “España legendaria” ya se había publicado un libro en 1934, obra de José Xandri Pich.

Pero volvamos a nuestro tema. Ya hemos visto que solo se pidieron datos a algunos ayuntamientos, y, de estos, todavía los hubo que se quejaban de no haber recibido la “ficha” orientativa y que por eso no contestaban. De entre los que sí lo hicieron, algunos se limitaron a enviar publicaciones relacionadas con el tema. Así, Orgaz mandó un ejemplar del libro de Juan Moraleda “Historia de la muy noble, antigua y leal villa de Orgaz” en su edición de 1964, mientras que La Puebla de Montalbán remitió un programa de fiestas del año anterior, un folleto turístico y un curioso opúsculo titulado “Cien jotas típicas de La Puebla de Montalbán”, obra de Anastasio Oliva. Por su parte, el propio Gobierno Civil colaboró con una útil lista completa de los gobernadores civiles de la provincia desde 1887, quizá la única de estas características que conservamos hoy.

Uno de los informes que más nos ha llamado la atención es precisamente el que se quedó sin pasar a limpio, es decir, el de Guadamur. En él no solo encontramos las letras de las canciones tradicionales, sino incluso la partitura de la música de una de ellas, en concreto una copla de Navidad. Pero, además, se detallan los rituales de una “saludadora”, que fueron recogidos por el etnógrafo riojano Ismael del Pan y calificados sin rubor de “exorcismos”. Añádase que es el único informe donde se alude a las celebraciones del Carnaval. Todo esto, quizás, explica por qué no se envió al Ministerio.

Los informes de las localidades van desde apenas un párrafo hasta las decenas de páginas. Algunos se centran en una o dos tradiciones concretas, como los “Soldados de la Virgen” de Ocaña o las leyendas sobre la Virgen de Bienvenida y la fundación del lugar de El Puente del Arzobispo. Por lo general, abundan las leyendas piadosas o incluso alguna hagiografía del santo local. También aparecen letras de canciones tradicionales, como estas de Mora.

Página del informe de El Carpio de Tajo donde describe la "Carrera del ganso" y la práctica de "Decir los dichos".

Y terminamos con dos de las tradiciones de El Carpio de Tajo que ya en este momento suscitaban ciertas reservas. Por un lado, la “carrera del ganso”, que se celebraba cada 25 de julio y que, según se dice, fue suprimida desde 1958 a instancias de la Sociedad Protectora de Animales. Por otro lado, el “decir los dichos” de las parejas que se van a casar, acto que encubría un auténtico regateo entre familias y que el informante dice que “refleja lo que pasaba en los antiguos mercados de negras”. La “Carrera del ganso” se sigue celebrando hoy, en medio de la polémica, pero, hasta donde sabemos, ya “los dichos” prenupciales tienen un carácter meramente ritual

LA FIESTA DEL OLIVO DE MORA EN 1959

Como sabéis, estos días se celebra en Mora su tradicional “Fiesta del Olivo”. Esta celebración se originó en 1957, por iniciativa del agricultor José Fernández-Cabrera Martín-Maestro y rápidamente alcanzó gran notoriedad. Apenas dos años después, se encargó a la Casa Rodríguez un reportaje completo de la III Fiesta del Olivo, que hoy se conserva en nuestro archivo y del que os queremos ofrecer algunas muestras.

La Fiesta del Olivo se celebra actualmente el último domingo de abril, pero en el año que nos ocupa lo hizo el día 12, tal como vemos en el cartel, que hemos extraído de la completísima web que el Ayuntamiento dedica a su fiesta principal. Por cierto, en esta web se puede encontrar, además de abundante información, un buen número de fotografías, diferentes de las nuestras. Pero vamos con nuestro reportaje. El acto central es el desfile de carrozas, como estas dos relacionadas con la aeronáutica, una con un avión y otra con un cohete que lo mismo señala la dirección de Venus que la de Toledo.

Foto de la carroza de la Reina Mayor bajo el arco de entrada a la plaza de Mora

Entre las carrozas no puede faltar la de la reina de las fiestas. Ese año, la Reina Mayor fue Dª Mª de los Ángeles Ortega Benayas. Por cierto, que esta señorita fue después archivera en el Archivo Histórico Nacional durante largos y fructíferos años. Ahí tenéis a nuestra futura colega, sonriente y orgullosa en lo alto de una vistosa carroza de plumas y acompañada de sus Damas de Honor, pasando bajo la portada en la entrada de la plaza.

Además de las carrozas alusivas a situaciones o acontecimientos, los morachos se visten de sus mejores galas tradicionales, formando vistosos conjuntos. Así, este apuesto joven o este grupo de niños, siempre con sus preciados burros.

No hay fiesta que se precie que no tenga también sus actos oficiales. En esta ocasión parece que se aprovechó para inaugurar una placa en la céntrica Avenida del Olivo en homenaje a D. Julio Partearroyo Fernández-Cabrera, destacado fabricante de aceite de la localidad. Hasta donde sabemos, actualmente la placa ha desaparecido. Además, tenemos aquí a las autoridades del momento visitando la Feria del Aceite, un evento integrado dentro de la Feria del Olivo. Encontramos, entre otras personas, al alcalde D. Ángel Ramiro (con pajarita) y al pregonero de ese año, D. Antonio García Bernalt (con gafas oscuras), que era a la sazón, por más señas, Delegado provincial de Sindicatos.

El desfile terminaba en la Plaza de Toros, donde vemos llegar al grupo de niños con sus maestras, y donde ese año hubo una exhibición de un caballista, al que vemos en plena acción. Todo indica que fue un magnífico día.

LA CARRETERA DE MORA

En estos días de muchos movimientos por carretera queremos ofreceros algunos documentos sobre la construcción de una de las principales carreteras de la provincia, la antigua C-400, que unía Toledo con Alcázar de San Juan. Hoy se corresponde, en gran medida, con la A-40, llamada “Autovía de los Viñedos”.

Las primeras noticias que tenemos de esta vía corresponden a su tramo desde Mora hasta Madridejos, proyectado en 1860. Pero, como veis en el esquema general, estaba ya previsto prolongar la carretera hasta la capital provincial. Sin embargo, las previsiones en materia de infraestructura siempre son a largo plazo: la carretera de Toledo a Mora no se proyectó hasta 1889 (su autor fue Emilio Grondona, al que conocemos por haber intervenido en el Puente de Hierro de Talavera de la Reina), y todavía hubo de reformarse, de manera que la obra definitiva no empezaría hasta 1896. En el proyecto se incluye un croquis de las carreteras y los ferrocarriles de la provincia en ese momento que nos permite comprobar que, salvo algunos detalles, el mapa de comunicaciones de Toledo ya estaba fijado hace más de 120 años.

Plano del trozo inicial de la carretera de Toledo a Mora
Plano del trozo inicial de la carretera de Toledo a Mora

Quizá el tramo (“trozo”, dicen los documentos) de esta carretera donde más variaciones haya habido es precisamente la salida de Toledo, sobre todo por la construcción de la Academia de Infantería. Como podéis ver, la idea original era rodear el Castillo de San Servando y avanzar desde ahí hacia Nambroca por lo que hoy son los terrenos militares. El proyecto menciona expresamente la antigua calzada romana y edificios hoy derruidos u olvidados, como la ermita de Santa Ana o la Venta del Macho. Si queréis saber algo más sobre estos dos edificios, esta entrada del blog Toledo Olvidado está dedicada a Santa Ana, mientras que la venta del Macho aparece probablemente en un cuadro de Aureliano Beruete denominado “La venta del Castillo”, pintado en 1911 y hoy en el Museo del Prado.

Contamos también con dos fotografías del fondo Rodríguez, que retratan este tramo del camino, que no llegó a ser carretera, justo a la salida del Castillo de San Servando. Ninguna está fechada, pero en una de ellas se pueden ver las obras de construcción del Hospital Provincial, de manera que debe situarse hacia 1930; la otra fotografía, peor conservada, ni siquiera muestra edificios todavía en la cumbre del cerro de Santa Bárbara, lo que la sitúa al menos en la década anterior.

Plano de la carretera de Toledo a Mora (detalle de Nambroca a Almonacid)
Plano de la carretera de Toledo a Mora (detalle de Nambroca a Almonacid)

Pero lo habitual es que las carreteras no hagan demasiadas innovaciones respecto de los caminos precedentes. Como se puede ver en el detalle del tramo de Nambroca a Almonacid, en realidad los ingenieros aprovechan los trazados de los caminos que comunican los diferentes pueblos desde tiempo inmemorial, suprimiendo curvas y allanando obstáculos, pero manteniendo la ruta en términos generales.

Esquema de la traída de materiales para la carretera de Toledo a Mora
Esquema de la traída de materiales para la carretera de Toledo a Mora

Por último, un detalle curioso para los profanos es el esquema de los lugares de donde se irá sacando el material para la construcción de la carretera, cuidadosamente anotado.

ÁRBOLES GENEALÓGICOS

Los árboles genealógicos son uno de los tipos documentales más llamativos de cualquier archivo histórico, tanto que a veces podemos tener la impresión de que se realizan solo por razones estéticas, como si fuese una obra de arte. Lo cierto es que, aunque en ocasiones su versión final se presenta de manera muy cuidada, los árboles genealógicos se confeccionaban por motivos más prosaicos, por lo general para demostrar el mejor derecho de alguien a determinadas propiedades o rentas, como mayorazgos o capellanías, o a algún título nobiliario.

Copia del testamento de Ana María Delgado (fragmento)
Copia del testamento de Ana María Delgado (fragmento)

Imaginemos, por ejemplo, que Ana María Delgado, viuda de Eugenio de Guadalupe, vecina de Mora, funda un vínculo en su testamento. Esto significa que reúne (“vincula”) determinadas rentas y propiedades para que permanezcan siempre unidas e indivisibles, y además solo puedan transmitirse por herencia, no por venta ni donación. Este vínculo, también llamado “mayorazgo”, debe pasar al principal heredero, “prefiriendo siempre el mayor a el [sic] menor y el varón la hembra, aunque sea de menor edad”. Cuando había un hijo varón al que trasmitir el vínculo, todo iba bien, pero con el tiempo siempre acababa surgiendo algún problema que terminaba en los tribunales. Entonces, cada pretendiente debía demostrar que era el heredero más directo del fundador. Los árboles genealógicos servían para convencer de esto al juez.

Árbol genealógico de los herederos de Francisco Maldonado y Luisa Vázquez
Árbol genealógico de los herederos de Francisco Maldonado y Luisa Vázquez

Demostrar que alguien es hijo de su padre es relativamente sencillo, pero demostrar que uno es el heredero directo de un tatara-tatara-tatarabuelo ya no lo es tanto. Había que recurrir a profesionales, incluyendo genealogistas. En nuestro archivo conservamos un conjunto de documentos que testimonian este trabajo en un pleito por la posesión de dos vínculos, fundados en el siglo XVII por el matrimonio que hemos mencionado con tierras cercanas a Orgaz y Mascaraque, y por los que discutían varios pretendientes dos siglos después. Por ejemplo, hay un árbol genealógico bastante completo, a falta de algunos retoques.

Además, hay bastante notas, borradores y minutas de informes que nos ayudan a entender la complejidad de esta tarea. Por ejemplo, un borrador de la descendencia de Ana María Delgado y Eugenio de Guadalupe, incluyendo tachaduras y lagunas. O también una especie de lista de tareas relacionando las partidas de bautismo que era necesario recabar para dar consistencia legal al árbol genealógico, empezando por la del propio Eugenio de Guadalupe; en el legajo se conservan copias de la mayoría de estas partidas bautismales y certificados de matrimonio. Y, por fin, simples notas que casi nos permiten ver al genealogista inclinado sobre su mesa, a la luz de un quinqué, devanándose los sesos para desentrañar el hilo de la sucesión. Todavía hoy existen genealogistas profesionales que siguen desempeñando estas tareas.

AMENAZAS EN VERSO

Anónimo
Anónimo

“Luis de Vidales, alcalde,/lástima tengo de ti./Si no bajares el pan/aquí tienes que morir”. Una amenaza en verso, nada menos. Este “haiku” intimidatorio (si se nos permite la expresión) apareció una buena mañana en medio del lugar de Mascaraque, fijado a una estructura con forma de horca. Era para tomárselo muy en serio. Tanto como que el expediente de la investigación sobre el caso alcanza casi los 300 folios, y solo conservamos la primera pieza. Pero ya es tiempo de explicar lo sucedido.

Portada del expediente
Portada del expediente

Estamos en el año 1802. Es una época de tensiones en toda Europa como consecuencia de la Revolución Francesa y, en general, de la crisis del Antiguo Régimen. Una serie de malas cosechas estaban provocando fuertes subidas de los precios en todas partes, y nuestra provincia no era una excepción. El 23 de mayo las autoridades de Mascaraque se enteran de que en la vecina Mora se han producido motines “destruyendo todos los hornos de los tahoneros, sacándoles la harina y trigo que tenían y haciendo otras destrucciones”. Un asunto muy importante para ellos, porque resulta que Mora era su abastecedor principal de pan, toda vez que en Mascaraque no había más que un panadero “y este no cocer la mayor parte del tiempo por falta de caudales”. Así que el 2 de junio decidieron requisar todo el pan, harina y trigo disponibles para guardarlo en una casa fuerte y así poder racionarlo.

Página del expediente
Página del expediente

Pero al llegar a la casa en cuestión se encontraron con un grupo numeroso y muy enfadado de vecinos y “principió un fuerte orgullo y alboroto… diciendo el pan se ha de dar a diez cuartos no obstante estar a catorce, con varias expresiones denigratorias e injuriosas”. Los notables del lugar, incluyendo el señor cura, se vieron encerrados y uno de ellos fue herido levemente. Los amotinados exigían el precio tasado “y si no había de ser peor que en Francia”. Tras algunas negociaciones, el grupo se retiró pero solo para ir a registrar las casas de los encerrados en busca de pan y trigo. Al día siguiente apareció el anónimo. Un testigo dijo posteriormente que los amotinados la tomaron con este alcalde en concreto “porque decían había dicho los había de ver rabiar de hambre”. Sea como fuere, la responsabilidad de investigar el caso recayó en el otro alcalde.

Oficio del Presidente del Consejo de Castilla
Oficio del Presidente del Consejo de Castilla

La investigación, como decimos, fue larga, con muchos testigos. Se dictó orden de detención contra 17 personas. Algunas fueron detenidas enseguida, pero a otras hubo que buscarlas lejos y se tardó varias semanas. Incluso se organizó una redada en toda regla la noche del 8 al 9 de junio, con un pequeño destacamento de soldados. Al pobre alcalde se le plantea el problema añadido de dónde meter a tanto procesado “por la estrechez de la Real Cárcel, en donde apenas podrán custodiarse cinco o seis”; pide que le dejen enviar algunos a la cárcel de Toledo, pero recibe una negativa: que se apañe como pueda. Cada cierto tiempo se informa al presidente del Consejo de Castilla. Desgraciadamente, nos falta la segunda pieza, así que no sabemos cómo terminó todo.

Página del expediente
Página del expediente

Como siempre en estos casos, además del asunto principal, se deslizan en los documentos frases que nos acercan a la vida cotidiana. Así, un testigo afirma que la noche de autos estaba de ronda, “yendo por la calle de la Paloma… tocando una vihuela” con otros amigos. A veces incluso podemos “oír” hablar a una persona de hace 120 años, como alguien que en la taberna exclamó “que como no fuese a segar el amo, que él no había de ir”. O bien otro que, al acercarse el criado del alcalde a un corrillo de personas, le espetó: “cuidado que se lo parles a tu amo, que ha de haber sotana… no saques el gallo y márchate a contar”. Frases que expresan muy bien la tensión que se vivió aquella noche en Macaraque.

MAZAPÁN PARA LA NOCHEBUENA

La mayor parte de los toledanos asociamos el mazapán con la Navidad. Aunque este exquisito producto se elabora y se vende durante todo el año, es en estas fechas cuando más se consume. Y también es el mazapán, sin duda, uno de los productos más característicos de nuestra provincia. En el “Anuario Oficial de la Industria y Comercio de la Alimentación” de 1947-48, que conservamos dentro del fondo de la Delegación Provincial de Sindicatos, encontramos una detallada descripción de su fabricación acompañada de fotografías. Estas fotos no tienen identificación ni fecha, pero hace pocos días, al redactar la entrada del “Documento del mes” dentro del Portal de Cultura de Castilla-La Mancha, encontramos los negativos originales de algunas de estas fotografías que, de este modo, pueden ser fechadas antes de 1947.

El “Anuario” en cuestión se publicó por primera vez en este año y se compone, por un lado, de artículos sobre la elaboración y comercialización de distintos productos alimenticios, y por otro de la lista de elaboradores y comercializadores de toda España, ordenados por provincias, además de abundantes anuncios. La mayoría de los anuncios son muy escuetos, casi como tarjetas de visita, y solo en muy contadas ocasiones encontramos algo de color, como estos de la tapioca “Bantú”, de Vitoria o la maquinaria frigorífica del donostiarra Ramón Vizcaíno.

Tampoco encontramos muchos anuncios de nuestra provincia. Apenas hemos localizado dos: uno, muy escueto, de un pequeño industrial de Noblejas, y otro, algo más adornado, de los “Chocolates Nieto”, de Quintanar de la Orden, cuya herencia mantiene hoy la empresa Seofer Figueroa.

Lo que sí hay, naturalmente, es la lista de los industriales y comerciantes implicados. Para volver a centrarnos en la Navidad, aquí tenemos la lista de los elaboradores de mazapán de nuestra provincia. Algunos de ellos siguen con el mismo negocio, como “Peces” en Consuegra o “Sobrinos de Cañaveral” en Mora. Dos casos especiales encontramos en Sonseca. Por un lado, la empresa “Sucesor de Gil y Cía”, que alcanzó gran éxito bajo el nombre de “Donaire” hasta que fue vendida en 2015. Precisamente el comprador fue la no menos exitosa “Delaviuda”, es decir, la “Viuda de Manuel López” que encontramos en nuestro Anuario. Sin duda, habrá alguna empresa más que podría identificarse: no dudéis en decírnoslo si las encontráis. Pero permitidnos destacar a Pablo Alguacil, de Bargas, que es el bisabuelo de nuestra compañera Mª Eugenia Alguacil y cuya familia continúa hoy manteniendo su establecimiento de pastelería en la misma localidad.

Lista de fabricantes de mazapán de Toledo

¡Felices y dulces Navidades a todos!

MUJERES DEPOSITADAS

A finales del siglo XIX y principios del XX la protección a las mujeres maltratadas pasaba exclusivamente por los juzgados ordinarios. No existían juzgados especializados, ni protocolos policiales ni mucho menos servicios sociales dedicados a ello. Tampoco había casas de acogida pero, en los casos graves, el juez (siempre varón) podía determinar que la mujer fuese “depositada” en algún lugar considerado seguro, generalmente la casa de algún pariente. La misma palabra “depositar” ya es significativa, aunque se actuase en favor de las víctimas. Hoy os vamos a presentar brevemente tres casos que pasaron ante el Juzgado de Primera Instancia de Orgaz.

Portada de expediente judicial

El primero podría ser casi una historia de amor. En febrero de 1883 Remedios Fernández, de 20 años y vecina de Mora, pide al notario que en su nombre obtenga de su padre el preceptivo “consejo” (es decir, consentimiento) para casarse con su vecino Santiago Díaz. El padre se niega “por razones que se reserva” y entonces el abogado de Remedios pide al juez que la “deposite” en una casa segura puesto que su padre “la ha reprendido severamente de palabra y algunas veces de obra” y teme “desagradables consecuencias”. El juez ordena que Remedios viva con un tío sin ser molestada por su padre, quien además deberá entregarle “la cama y ropa de su uso”. Eso sí: deberá casarse en seis meses. Hay que observar que en todo el expediente Remedios nunca habla por sí misma y que tampoco se alude a la situación en que queda el novio. Suponemos que los jóvenes acabaron casándose, porque no volvemos a saber del asunto.

Portada de expediente judicial

Como ocurre muchas veces, en estas situaciones los malos tratos se combinan con la complejidad de los sentimientos humanos. En marzo de 1903 la vecina de Almonacid Catalina López pide el divorcio por malos tratos continuados de su marido. El juez declara el “depósito” de la mujer y acude al domicilio conyugal para llevarse a la interesada y a sus bienes. Allí, ambos cónyuges acuerdan pacíficamente la casa donde viviría Catalina y los bienes que se llevaría con ella. Pocos días después, se ordena una pensión alimenticia, pero resultó que Catalina y su marido ya la habían acordado por su cuenta y, al parecer, se cumplía escrupulosamente. Ocho años después no se habían realizado más actuaciones y, aparentemente, los cónyuges vivían juntos sin problemas. Así que el juez ordena el fin del proceso por caducidad, condenando a Catalina a pagar las costas, aunque, en realidad, las acabaron pagando a medias ella y su marido. Por lo visto, la paz había vuelto a este hogar.

Portada de expediente judicial

Terminamos con un caso mucho más terrible, el de la niña Teresa Manzano, de diez años de edad e hija del cabo del puesto de la Guardia Civil de Mora. El 29 de abril de 1889 salió de su casa para ir al colegio y ya no volvió. Dos días después, la niña es entregada al fiscal municipal de Mora por “seis u ocho socios del casino Centro de Amigos”, y al día siguiente el fiscal pide que la niña sea depositada en su propia casa, como así ocurre. Mientras tanto, el padre de Teresa escribe una carta al juez pidiendo le devuelvan a su hija “por la suma falta que me hace por allarme impedido de poder salir del cuartel y necesitarla para los mandados y al propio tiempo como cariño de padre”. Explica que “yo no e abandonado a mi hija, y si temía el benir a casa fue por distraerse en el juego a la salida de dicho colegio y temer el ser castigada por su padre”. Dice además que la niña “tiene poco cariño a su padre” porque vive con él hace solo ocho meses “puesto que de muy pequeña quedó sin madre y a estado a los mimos de su agüela durante mi ausencia de 7 años en Cuba”. Pero la declaración de la niña es muy diferente. Afirma que su padre le pegaba mucho con unas correas en la cabeza y espalda y en una ocasión, a consecuencia de un puñetazo en el costado “le produjo el golpe fluxión de sangre por la boca y narices”; le pidieron que lo repitiera ante su padre y se negó a ello entre llantos. También dijo que “la cogía de las orejas y trenza de pelo y la levantaba en alto, tirándola […] al suelo, dándola puntapiés”, que nunca desayunaba e incluso la comida del mediodía era “escasa”. Los vecinos e incluso los guardias del puesto confirmaron su testimonio, de manera que el juez ordenó que Teresa continuara viviendo “depositada” en casa del fiscal.

EN LOS INICIOS DEL SOCIALISMO MANCHEGO

El 2 de diciembre de 1902 Nicanor de Gracia fue detenido en Mora, acusado de reunión ilegal. El día anterior el alcalde de la localidad manchega había declarado ante el juez municipal que el 30 de noviembre hacia las dos de la tarde se había celebrado en casa de Juan Manuel Moreno Díaz “el Moteño” “una reunión clandestina, al parecer de carácter socialista, y en la cual parece ser que se habló entre los gañanes y jornaleros a ella asistentes de subida de jornales y de rebaja de horas de trabajo”; asistirían unas treinta personas. No se sabía quién organizó la reunión, pero en ella se había leído una extensa carta firmada por Manuel Reyes y dirigida al citado Nicanor. En su detención se le encontró, en efecto, esa carta, junto con otros documentos, además de dos ejemplares de la vigente Ley de Asociaciones.

Este proceso nos permite acercarnos a los pormenores de los primeros tiempos de la organización de partidos políticos de izquierda en una zona rural como es la Mancha toledana. En concreto, se trata de la formación de una “Sociedad Obrera” vinculada al Partido Socialista Obrero Español, del que, efectivamente, Manuel Reyes era en ese momento uno de los dirigentes más destacados. Su carta, de la que os presentamos solo el principio y el final, además de animar a la constitución efectiva de la sociedad y hacer otras exhortaciones políticas, incluye detalladas instrucciones para que pueda celebrarse la reunión constitutiva de la Sociedad y esta pueda empezar a funcionar legalmente. El destinatario, Nicanor de Gracia, también fue un destacado activista y llegaría a ser concejal pocos años después. Sobre los primeros años del socialismo en Mora podéis consultar el estupendo artículo de Esteban Gutiérrez en su blog “Memoria de Mora”.

Pero volvamos a nuestros documentos y resumamos el asunto. Lo que ocurrió fue que los campesinos morachos desconfiaban de que el alcalde autorizase la reunión, así que la celebraron sin su conocimiento oficial, lo que, además de ser ilegal, afectó sin duda al amor propio del regidor.  Los interrogatorios judiciales subsiguientes proporcionan abundante información sobre el tipo de trabajadores convocados, lo que cada uno de ellos entendió —o dijo entender— de lo tratado en la reunión, sus motivos para acudir y la forma en que se organiza esta especie de embrión de asociación. Pero nos hemos fijado en este caso en la forma en que el juez moracho, llamado Juan Martín del Campo, llevó el asunto.

En cuanto acabó de tomar declaración a los principales afectados, envió el caso al juzgado superior, el de Instrucción de Orgaz, que a su vez informó a la Audiencia Provincial. Ambos juzgados pidieron al juez municipal que ampliase sus actuaciones, pero este dejó pasar varias semanas sin contestar, pese a que se lo pidieron con insistencia. Cuando al fin contesta, el 18 de enero de 1903, justifica su retraso por dos motivos. Por un lado, en el pueblo se corría el rumor de que el alcalde tenía mucho interés en solucionar pronto el asunto con un castigo a los organizadores de la reunión, de modo que el juez consideró que no era bueno dar la impresión de que, con una excesiva celeridad, en realidad se le estuviese dando un trato de favor. Por otro lado, le pareció conveniente dejar pasar unos días para que las aguas se remansasen. Y así fue: los afectados pidieron al alcalde la preceptiva autorización, aunque fuera de plazo, y ambas partes pudieron hablar directamente “constándome —dice don Juan—que se han amortiguado sensiblemente las prevenciones que se tenían entre dicha autoridad [sic]”. Con ello, el caso fue sobreseído, la asociación legalizada y todo el asunto terminó pacíficamente. No podemos menos que alabar el sentido común y el conocimiento de sus convecinos que demuestra este juez de pueblo.

LOS SELLOS DE LOS COLEGIOS DE NOTARIOS

Hoy os traemos una pequeña colección de sellos impresos de diferentes colegios de notarios o escribanos de España. Como sabéis, y en una definición muy somera, los notarios son los encargados de dar fe pública a los asuntos privados que se les presentan. Su oficio deriva de los “escribanos”, es decir, los que ponían estos asuntos por escrito en tiempos de analfabetismo generalizado. Durante la Edad Media solían ser los concejos los que nombraban a los escribanos que considerasen oportuno, además de los escribanos eclesiásticos y los nombrados directamente por el rey. A principios del siglo XVI se publicaron las primeras leyes efectivas para la regulación de la profesión de escribano o notario, en las que, entre otras cosas, se limitaba el número de escribanos de cada lugar. A la vez, en los lugares donde existían varias escribanías, sus titulares se agruparon en colegios o “cabildos” para defender sus intereses colectivos, tanto frente al intrusismo profesional como a los intentos regios de control excesivo de su actividad. En el AHPTO conservamos los fondos documentales de los colegios de escribanos de Toledo y de Talavera de la Reina, de los que os hablaremos en otra ocasión, pero, mientras tanto, aquí os dejamos el sello del colegio de Toledo en 1845. En 1862 finalmente el Estado asumió el control de los colegios de notarios, incluyendo la capacidad de establecerlos o suprimirlos, lo que significó que ambos colegios fueron absorbidos por el de Madrid hasta hoy, salvo durante los años 1903-1907 en que existió un colegio notarial de Toledo que abarcaba toda la provincia.

Sello del colegio de notarios de Toledo

Aunque cada notario era y es autónomo en el ejercicio de sus funciones, no era raro que los colegios notariales interviniesen en determinadas circunstancias, sobre todo cuando el asunto en cuestión implicase a notarios de diferentes colegios. Por eso, en nuestro fondo de protocolos notariales aparecen de vez en cuando los sellos de colegios notariales de diferentes lugares de España.

Sello del colegio de notarios de El Ferrol

El ejemplo más curioso que hemos encontrado, y también el más antiguo de esta pequeña colección, es el del notario de Ferrol Pedro Antonio Reguera, quien en 1804 atestigua que un documento es del puño y letra de su autor, Damián Martín Vegue, contador de la Real Armada y que, mediante ese documento, ha renunciado en favor de su hermana a su parte de “las majas de diamantes” que fueron de sus padres y que estaban a la sazón en poder de Rosa de Gracia, vecina de Mora.

Pero habitualmente estos sellos aparecen en documentos más prosaicos. Hemos seleccionado tres ejemplos similares procedentes de los protocolos notariales de Santa Olalla. En el primero, de 1830, la vecina de Madrid Ana María Gutiérrez da poder a Francisco López Escalona para que venda en su nombre una casa que posee en Santa Olalla, y tres notarios madrileños atestiguan que la firma del notario otorgante, Anselmo Ordóñez, es válida y que él mismo es “fiel, legal y de toda confianza”. Otro caso es el del marqués de Grañina, residente en Sevilla, que en 1819 da poder para que se haga efectiva la venta de ciertas tierras que tenía por vínculo de heredad, y de nuevo los notarios sevillanos atestiguan la autenticidad de la firma. Finalmente, en Badajoz en 1845 también los notarios legalizan la firma de su colega Antonio Silva Gómez en el poder que Victoriano Blanco, de esa vecindad, otorga a  para que en su nombre se tome posesión de una casa en Santa Olalla que le ha correspondido de la herencia de sus padres.