LOS TRASLADOS AL VALLE DE LOS CAÍDOS

El Decreto de 1 de abril de 1940 acordó erigir, en el lugar llamado “Cuelgamuros”, en la Sierra de Guadarrama, al norte de Madrid, una “Basílica, Monasterio y Cuartel de Juventudes” con el fin de “perpetuar la memoria de los que cayeron en nuestra gloriosa Cruzada”. Las obras duraron 18 años. Cuando faltaban pocas semanas para la inauguración, se lanzó una campaña a través de la prensa para que los familiares enviasen los restos de sus deudos a la basílica en cuestión. La consecuencia fue una operación logística de bastante importancia cuya organización recayó en los gobiernos civiles. En el caso de Toledo, los documentos generados por estos traslados, fechados entre 1958 y 1972, ocupan unas dos cajas y media.

Solicitud de Albert Greindl para que los restos de su hermano Baudouin sean enterrados en el Valle de los Caídos
Solicitud de Albert Greindl para que los restos de su hermano Baudouin sean enterrados en el Valle de los Caídos

Los familiares interesados debían dirigirse al Gobierno Civil, quien decidiría si procedía el traslado o no. Hubo muchas solicitudes, la mayoría de 1958 y 1959, aunque en los años siguientes el goteo de peticiones no cesó. Por ejemplo, en 1967 el aristócrata belga Albert Greindl pide que su hermano Baudouin sea enterrado allí, lo que le sería concedido poco después.

"Estado expresivo de los puntos de esta provincia en que existen enterramientos colectivos, con indicación de las causas"
Listado de enterramientos colectivos

También nos han llamado la atención bastantes solicitudes denegadas, casi siempre sin dar explicaciones. Suponemos que el motivo más frecuente era la dificultad de localizar el lugar exacto del enterramiento. De hecho, se realizaron incluso listas de lugares de enterramientos colectivos en los que encontramos bastantes indeterminaciones. Así se observa en el documento que os presentamos, donde, además y significativamente, se dice que algunos grupos fueron “asesinados por los rojos” y otros “ejecutados por fuerzas nacionales”. Incluso hay un grupo de “moros”, muertos junto al cementerio de Valmojado, del que ni siquiera se sabe su número exacto.

Solicitud denegada para un enterramiento en el Valle de los Caídos.
Solicitud denegada para un enterramiento en el Valle de los Caídos

Pero hay una solicitud denegada que nos ha atraído en especial. Se trata de tres hermanos, dos de ellos religiosos (salesianos, por más señas), que lo piden para sus tres hermanos caídos en la guerra “aunque militaban en las filas rojas”. Lo interesante de este caso no es solo el hecho de hacer esta petición para quienes cayeron en el bando republicano, sino que, además, se ofrecen informaciones muy detalladas de la muerte de uno de ellos, también salesiano, que fue “ametrallado, en compañía de otros cuatro oficiales de Intendencia, por jefes de una unidad de Regulares a los que acababa de entregarse”. Los hermanos supervivientes señalan claramente, incluso con un mapa, el lugar donde fue enterrado, en las afueras de Cuerva.

Con las solicitudes concedidas se elaboraron las correspondientes listas y, finalmente, una estadística general, señalando los nombres de los trasladados desde cada localidad. El resumen general, realizado en 1959, indica el escaso entusiasmo que despertó la iniciativa: menos del 11 % de las familias de fallecidos se ofrecieron para el traslado. En todos los casos, una vez realizada la operación, se entregaba a la familia un pequeño recordatorio, que en los últimos años se sustituyó por un certificado.

Resumen de los gastos de una de las expediciones de traslado de restos al Valle de los Caídos (1959)
Resumen de los gastos de una de las expediciones de traslado de restos al Valle de los Caídos (1959)

Finalmente, toda esta operación no era gratis. Había facturas que pagar, que también conservamos.  Pero solo mostraremos el resumen detallado de los gastos de la expedición realizada en abril de 1959, una de las más numerosas: algo más de 32.000 pesetas de la época, aproximadamente 8.000 euros actuales.

EDUCACIÓN EN TIEMPOS DE GUERRA: EVACUADOS, COEDUCACIÓN Y LOS “NIÑOS DE MORELIA”

La vuelta al cole siempre es complicada, pero en plena guerra lo era muchísimo más. Hoy nos vamos a fijar en la oficina que debió ocuparse de la organización de la enseñanza primaria en la zona republicana de nuestra provincia durante la guerra civil, la “Sección Administrativa de Primera Enseñanza”.

Lista de integrantes de una expedición de evacuados desde Madrid hasta Ocaña

Como toda la administración provincial republicana, a principios de 1937 se trasladó de Toledo a Ocaña. Desde ahí, los funcionarios no solo intentaron que los niños y niñas pudieran seguir asistiendo a clase, sino que también afrontaron algunos retos de envergadura. A juzgar por la documentación que nos ha llegado, lo que más trabajo daba era, como es lógico, el movimiento de docentes evacuados y refugiados. Muchos de ellos pedían ayuda para llegar a sus destinos, tarea nada fácil en zonas cercanas al frente de batalla. En ocasiones se organizaban también caravanas de profesores refugiados que iban o venían de Madrid. Hay que tener en cuenta que cada maestro o maestra se desplazaba con su familia, y también que las circunstancias podían cambiar mucho de un día para otro.

Tarjeta certificado de trabajo de Pilar Giles Giralt

Más frecuentes eran las solicitudes de cambios de destino o las peticiones para ser nombrado maestro o maestra. Como es natural, muchas de estas peticiones estaban motivadas por enfermedad o por un miedo apenas disimulado, pero a veces parece claro que existía también un deseo sincero de ayudar a la República en tiempos difíciles. Así ocurre con la solicitud de Pilar Giles, afiliada a la CNT y profesora en el “Ateneo de Bellas Vistas” de Madrid. No solo aporta informes políticos favorables, sino incluso un certificado de su trabajo en formato carnet, con todos sus sellos y firmas y hasta con una bonita fotografía coloreada.

Acta de la reunión para la implantación de la coeducación el Los Yébenes

Como decimos, las reformas educativas también dieron quehacer a nuestra pequeña “sección”. Una Orden de 9 de septiembre de 1937, hace justo 85 años, implantó la coeducación de ambos sexos en las escuelas primarias. Con un entusiasmo innegable, los inspectores educativos se lanzaron a recorrer las escuelas de sus respectivas zonas celebrando reuniones con los maestros y maestras, explicando el nuevo sistema y organizando las cuestiones prácticas que, como se puede suponer, no eran pocas. Las actas de estas reuniones, como esta de Los Yébenes, nos permiten conocer esos detalles. Resulta significativo que, aunque las niñas y los niños compartirían aulas y maestros, se reservan algunas horas para que las niñas “no abandonen sus clases de labores”, tiempo que los chicos, por su parte, dedicarán “a dibujo y trabajos manuales”, a veces calificados de “actividades creativas”.

No menos compleja fue la evacuación de niños que se organizó en la primavera de 1937 bajo el eufemismo de “colonias infantiles”. Se trata de la expedición que acabó llevando más de 450 niños a México, los conocidos como “niños de Morelia”, por el nombre de la ciudad que los acogió, y que contó con un apoyo especial por parte del presidente Lázaro Cárdenas y de su esposa Amalia Solórzano. La idea original era simplemente organizar unas colonias temporales, y se pedía la colaboración de maestros y maestras dispuestos a acompañar a los niños tanto en el viaje como en su instalación en México. Algunos maestros se ofrecieron enseguida, como José Chimenea, del que ya os hablamos hace algunas semanas. Pero, desde luego, no fue el único. Eso sí, la mayoría quiere desplazarse junto con su familia, por motivos fácilmente comprensibles. Ciriaco Uriel, por ejemplo, dice que su compañera podría ser también útil por su condición de modista. Otro maestro, Justo Fernández, más cauto, quiere saber primero las condiciones del viaje. En todo caso, los niños y sus acompañantes embarcaron vía Burdeos a finales de mayo y llegaron a México a principios de junio. Muchos se instalarían definitivamente en el país americano.

ARCHIVEROS EN GUERRA

Mañana, día 9 de junio, es el Día Internacional de los Archivos. Nosotros lo celebramos con nuestra exposición sobre el 90 aniversario del archivo, que permanecerá hasta septiembre. Pero hoy queremos hacer un homenaje especial a los archiveros que se ocuparon de nuestro centro durante la guerra civil. Además de Francisco de Borja San Román, esta labor correspondió a Isaac Soler Langa y Samuel Ventura Solsona. Su paso por Toledo fue breve, y todo indica que en circunstancias personales bastante complejas, además de las dificultades de la guerra. Pero conservamos de ellos sendas “memorias” en las que exponen su trabajo y que nos permitirán, de paso, conocer algo a sus autores. 

La memoria redactada por Soler Langa es en realidad solo una minuta manuscrita que no tiene fecha, aunque junto a él se conserva la copia de un oficio de remisión fechado en noviembre de 1937 que alude, sin duda, a esta memoria y a otra que no hemos conservado. Digamos, ante todo, que Isaac Soler Langa, zaragozano de nacimiento, había pasado por el archivo de la Delegación de Hacienda de Huelva y por la biblioteca de la Universidad de Granada antes de ser destinado al archivo de Hacienda de Toledo en diciembre de 1934. En 1938 obtuvo la plaza de archivero de la Diputación de Zaragoza y diez años después pasaría a la biblioteca de la Universidad de Zaragoza. En su informe, hace hincapié en los destrozos causados por las acciones bélicas en la zona del Hospital de Santa Cruz ocupada por el Archivo, pero también recalca que los protocolos notariales estaban intactos. Incluso nos dice su cifra exacta: 4.742 volúmenes. Por otro lado, en el oficio comunicando la remisión del informe alude a “haber sido arrebatada del pueblo de Illescas, donde se conservaba, la carta dotal de don Miguel de Cervantes y que fue llevada a Madrid”. Como sabemos, esta carta dotal nunca salió de su protocolo original, primero en Esquivias y luego en Illescas, y hoy se conserva en nuestro archivo. Pero es posible que Langa se refiera, sin saberlo, a la copia facsímil realizada en el siglo XIX y cuya historia hemos contado en otro lugar.

La siguiente memoria, mucho más detallada y ya escrita a máquina, sí está fechada, en diciembre de 1938, y firmada por Samuel Ventura Solsona (su retrato lo hemos obtenido del Portal de Archivos Españoles en Red, PARES). Este arqueólogo y archivero castellonense obtuvo su primer destino en 1921 en el Archivo General de Indias, donde permaneció hasta el estallido de la guerra civil, momento en que se trasladó a Castellón de la Plana, colaborando activamente con la Junta Delegada de Incautación, Protección y Salvamento del Patrimonio Artístico. No sabemos cuándo ni por qué llegó a Toledo, pero aquí le encontramos en diciembre de 1938 y ya no estaba en julio de 1939. Teniendo en cuenta las fechas y su actuación anterior (Castellón fue ocupada por los franquistas en abril de 1938), y que tras la guerra fue depurado y trasladado forzosamente a Tarragona, es probable que su paso por Toledo fuese una especie de castigo, aunque tampoco hemos encontrado pruebas de ello. Sea como fuere, su informe describe minuciosamente los locales que ocupa el archivo, aludiendo en repetidas ocasiones a un croquis que, por desgracia, no se ha conservado. Pasa más brevemente por la descripción de los protocolos notariales que conserva, pero enseguida nos cuenta sus andanzas por la provincia en busca de más fondos documentales. No podemos detenernos en ello, pero Ventura insiste en la urgencia del traslado de los protocolos de los distritos notariales de Escalona, Torrijos e Illescas.

Oficio de remisión e informe sobre la situación del AHPTO en 1939.
Oficio de remisión e informe sobre la situación del AHPTO en 1939.

En julio de 1939 se reincorpora a su plaza Borja San Román. Enseguida, realiza un informe de situación que, como es natural, sustancialmente resume los datos aportados por sus dos predecesores. Junto al informe, conservamos la minuta de su oficio de remisión en el que nos informa de su vuelta a Toledo, celebra la conservación de todos los protocolos pero se lamenta de la pérdida de la documentación administrativa desde el inicio de los trabajos en 1933 hasta julio de 1936. A partir de aquí, se abre una nueva etapa en la historia del AHPTO.

UN MASÓN TOLEDANO

El expediente policial de José Quirós Fernández-Tello es uno de los más interesantes expedientes de este tipo que nos hemos encontrado en nuestro archivo. Desde luego, Quirós no es ningún desconocido para los expertos. Nacido en Alicante en 1897, se afilió al Partido Radical Socialista, llegó a ser gobernador civil de Navarra entre octubre y diciembre de 1933 y sería fusilado en Toledo en octubre de 1936. En Internet podéis encontrar un emotivo reportaje sobre su vida y la de su familia, del que hemos obtenido su retrato. Además, su hermana Jimena fue la primera mujer española en participar en una expedición oceanográfica y en publicar un trabajo sobre ciencias del mar.

Todo eso era interesante para la policía franquista, pero, en realidad, lo que llamó la atención fue la actividad masónica de José Quirós. De hecho, el primer documento del expediente es una nota de la Comisaría de Burgos de octubre de 1936 en la que comunica a la de Toledo que, entre unos documentos incautados, aparece el nombre de nuestro personaje como “Jefe de Grande Oriente Español (masonería)”. No obstante, pasarían más de dos años hasta que el comisario toledano ordene que se investigue a Quirós, haciendo hincapié en su filiación masónica. El resultado de la investigación, además de lo ya sabido, fue que “pertenecía a una sociedad denominada «Estrella de Oriente» cuyos fines eran propagar el espiritismo”. No hemos encontrado ninguna información sobre esta logia y, sin embargo, el historiador Manuel Requena confirma que Quirós formó parte de la única logia masónica conocida en Toledo, la “Adelante”, que efectivamente estaba bajo la obediencia del Grande Oriente Español.

Informe policial sobre José Quirós (1940)
Informe policial sobre José Quirós

En agosto de 1940 el Juzgado Militar Permanente pide de nuevo información sobre nuestro protagonista, junto con otra persona. En esta ocasión, la policía se limita a decir que ambos fueron fusilados. Pero en diciembre del mismo año sería la Dirección General de Seguridad, en concreto una sección llamada “Antimarxismo”, la que pide datos, de nuevo centrados en la masonería. Aquí la policía toledana se extiende, atribuyéndole ser “representante del Grande Oriente de España en esta capital [y] disfrazó la secta masónica en Toledo con una sociedad espiritista titulada «Estrella de Oriente», suponiendo debía tener un grado elevado en la masonería al encomendarle la secta la dirección de la misma en esta capital”. Además, se afirma que el cargo de gobernador de Navarra se lo encomendó el Frente Popular aunque, como sabemos, había ocupado este puesto casi tres años antes de la fundación de esa coalición política.

Una nueva petición de información en septiembre de 1942 repite la misma información, pero ahora añadiendo que “se cree perteneció al tribunal popular de Toledo”. Como vemos, en cada nueva ocasión se añaden nuevas sospechas, en general no comprobadas. Por fin, en enero de 1952 todavía se realiza una nueva petición de información y, en este caso, sí se aporta un dato concreto: José Quirós fue “ejecutado” en Toledo el 6 de octubre de 1936.

Denuncia contra la viuda de José Quirós (fragmento)
Denuncia contra la viuda de José Quirós

Sorprendentemente, en el mismo expediente encontramos un pequeño grupo de documentos relacionados con la esposa (ya viuda) de José Quirós, que son muy significativos del ambiente del momento. Se trata de una denuncia efectuada por un agente de policía en agosto de 1938 porque, según parece, “personas que le merecen entero crédito y garantía” habían escuchado desde la calle una conversación de dos vecinas, una de ellas precisamente la “viuda de Quirós”, quien dijo: “Haber [sic] si la tarde de hoy es más tranquila que la de ayer, que eran imbéciles porque, si no, hubieran echado ya el resto y mejor hubiera sido”, en alusión a los bombardeos de la artillería republicana sobre la ciudad. Solo por esta frase, escuchada de lejos y no confirmada posteriormente por una de las testigos, se abrió una investigación que pudo haber terminado muy mal, aunque para entonces la familia se había marchado “por unos días” a Calatayud alegando una enfermedad familiar. El comisario se limitó a encargar una “vigilancia discreta” pero ni la viuda ni los hijos de José Quirós volvieron a Toledo hasta que la guerra hubo finalizado.

TRES HERMANAS MILICIANAS

Hace pocos días vimos en las redes sociales una conocida fotografía de una mujer rodeada de milicianos, tomada en Guadamur el 16 de agosto de 1936. El Museo Virtual de la Mujer Combatiente afirma haber identificado a la mujer que aparece, aunque lo cierto es que ya en 2012 había sido reconocida en otra red social. El caso es que se trata de Adelaida Lozano Gómez. Nos entró curiosidad, y descubrimos que en el fondo de la Prisión Provincial de Toledo tenemos su expediente de presa que, hasta donde sabemos, no ha sido utilizado por los investigadores. No solo eso, sino que también tenemos los expedientes de sus dos hermanas, Martina y Dolores. Y, naturalmente, en las cercanías del Día de la Mujer, no podíamos dejar de contar su historia.

Expediente de presa de Martina Lozano Gómez, (fragmento)
Expediente de presa de Martina Lozano Gómez (fragmento)

De las tres hermanas, la mayor es Martina, nacida en 1899 en Corral de Almaguer, de donde sigue siendo vecina cuarenta años después. En ese momento está casada con Juan García y tiene cuatro hijos. Ingresó en la “Prisión Depósito Municipal” de Quintanar de la Orden el 10 de mayo de 1939, es decir, a los pocos días de finalizar la guerra y fue acusada de “rebelión”. Se le hizo Consejo de Guerra el 1 de julio siguiente. Gracias a la base de datos de la web combatientes.es hemos averiguado que el expediente de conmutación de su pena (suponemos que de la de muerte a la de cadena perpetua) se encuentra actualmente en el Archivo General Militar de Guadalajara. El 8 de enero de 1940 es enviada a la Prisión Provincial de Toledo, de donde saldría dos días después con destino a la Prisión Central de Mujeres de Durango. No sabemos cuándo llegó allí, pero según la investigadora Ascensión Badiola, que utiliza documentos del Archivo Histórico Provincial de Bizkaia, murió en la prisión de Amorebieta el 13 de diciembre de 1941.

Dolores Lozano Gómez había nacido en Villa de Don Fadrique en 1910, pero era vecina de Corral de Almaguer, como sus hermanas. Su historia, en la parte que conocemos, es idéntica a la de su hermana mayor, de manera que fue detenida el mismo día, ingresada en la misma prisión, sufrió Consejo de Guerra el mismo día y enviada a la prisión de Durango, con un breve paso por la de Toledo, en las mismas fechas que Martina. No sabemos nada más de ella, aunque el expediente de su Consejo de Guerra se conserva en el Archivo General e Histórico de Defensa.

Hoja del expediente de presa de Adelaida Lozano Gómez
Hoja del expediente de presa de Adelaida Lozano Gómez

Y, por fin, llegamos a la mujer de la fotografía. En realidad, de Adelaida conocemos tres fotos, la que hemos mencionado y otras dos que aparecen en una investigación de Pedro Organero y que reproduce el propio Museo Virtual de la Mujer Combatiente. Había nacido en 1916 en Corral de Almaguer. Sabemos que estaba afiliada a la Juventud Socialista Unificada y combatió en las Milicias Populares de Madrid, donde estaba en enero de 1937. También sabemos que el ejército republicano le concedió una pensión por “inutilidad”, cuyo expediente se conserva en el Centro Documental de la Memoria Histórica. Fue detenida probablemente a la vez que sus hermanas; también, como ellas, ingresada en la Prisión Municipal de Quintanar de la Orden y sometida a Consejo de Guerra, todo ello en las mismas fechas. Se conservan sus expedientes del Consejo de Guerra y de conmutación de la pena, en los mismos archivos que sus hermanas.  Pero se le envió a la Prisión Provincial de Toledo casi un mes más tarde, el 3 de febrero de 1940, en compañía de María Pérez Morato, Andrés Chacón Escobar y Aniceto Rubio García. Su estancia en Toledo fue también algo más larga, aunque no mucho, y el 10 de febrero se le envía a Durango junto con otras dos mujeres: la ya citada María Pérez Morato y Francisca Sánchez Gallego, esta última junto con su hijo Gonzalo. Y aquí perdemos también su pista.

AMOR EN TIEMPOS DIFÍCILES

Gregorio y Rosa eran novios. Él con 20 años y ella con algunos menos. Él, de Toledo y ella de Escalona. Los azares de la vida han permitido que conservemos algunas de las cartas que se intercambiaron en esa época. Pero, ¡ay!, eran tiempos muy recios. Las cartas están fechadas entre el 10 de marzo y el 4 de abril de 1936, en vísperas de la guerra civil española, y Gregorio era secretario de la organización juvenil de Izquierda Republicana en Toledo. Como decimos, malos tiempos para el amor.

Se trata de seis cartas mecanografiadas, escritas por Gregorio a Rosa y sin firmar salvo la última; probablemente sean transcripciones de las originales. A estas cartas hay que añadir una más de ella a él, del 6 de marzo, esta vez escrita a mano y todavía con su sobre original, en el que algún policía ha escrito una siniestra nota interesando la búsqueda y captura del muchacho. Y es que las cartas están dentro del expediente policial del joven líder republicano, algo nada habitual.

Carnets de Izquierda republicana y de un club deportivo
Carnets de Izquierda Republicana y de un club deportivo

Pero empecemos por el principio. De Rosa la verdad es que no sabemos casi nada: que era de Escalona pero tenía relación con Nombela, y que su hermana Amelia vivía en Toledo. Pero de Gregorio sabemos bastante más. En una de sus cartas él mismo hace una narración de su vida, aunque también hemos averiguado otras cosas por otras fuentes. Había nacido en Toledo en 1915, de familia humilde. Su madre le destinó a sacerdote y le envió al Colegio de Infantes. En el blog Toledo Olvidado hay un par de fotos suyas allí de esa época. Pero el joven entendió que aquella no era su vocación y alude a “las cosas que conmigo habían hecho en el Seminario”. Al volver a su casa sufrió la incomprensión familiar y hubo de buscarse la vida. Consigue un empleo en el Gobierno Civil y allí descubre la política. En 1935 se afilia a Izquierda Republicana, cuyo carnet se conserva en su expediente policial, junto con otro de la misma época correspondiente a un club deportivo pero que incluye su fotografía. Los cambios políticos le dejan cesante pero encuentra empleo como agente de seguros y “en casa de D. Félix Urabayen”, aunque no sabemos qué haría con el célebre escritor. Mientras tanto, intenta sacarse el bachillerato por libre —conservamos su expediente de alumno del Instituto—, pero no consigue terminar. Al contarle esto a Rosa, aprovecha para despacharse contra el sistema educativo que favorece solo a los ricos.

Principio de una de las cartas de Gregorio
Principio de una de las cartas de Gregorio

Al año siguiente, Gregorio ya era Secretario de la organización juvenil de su partido. Seguramente por entonces conoce a Rosa y empiezan las cartas. La primera es la de Rosa, en la que ella se preocupa por “si se an enterado en tu casa i si te an dicho algo”. Pero la carta más impactante es la primera de Gregorio, porque cuenta los tristes sucesos del 8 de marzo en Escalona, el pueblo de Rosa, en los que murieron tres personas durante una manifestación. Nuestro joven político estaba allí y, naturalmente, explica a su novia su versión de los hechos. No entraremos aquí en los detalles de este lamentable incidente, pero sí diremos que la lectura de la narración de Gregorio nos hace vivir la extraordinaria tensión que se vivía en toda España en esos momentos.

Fragmento de una de las cartas de Gregorio
Fragmento de una de las cartas de Gregorio

Las siguientes cartas siguen reflejando este ambiente difícil, aunque poco a poco se deslizan ya detalles más cotidianos. Todavía Gregorio acudirá al entierro de los muertos de Escalona, con algunos momentos de nerviosismo pero sin llegar a la violencia física. Nuestro protagonista insiste una y otra vez en que ni él ni su partido son comunistas y en que rechazan de plano todo tipo de violencia, para intentar contrarrestar el relato de la derecha del momento, empeñada en meterlos a todos en el mismo saco. En su carta del 20 de marzo, trata de explicar a Rosa su ideario político que, tras largas y encendidas explicaciones, consigue resumir en tres pilares: “legislación social beneficiosa al obrero y al pequeño propietario…, libertad de ideas políticas y religiosas… [e] impulso a la enseñanza”.

Fragmento de una de las cartas de Gregorio
Fragmento de una de las cartas de Gregorio

Poco a poco, como decimos, la política va dejando paso a algunos chismorreos, planes de viajes a Madrid para hacerse un traje y alusiones a la pequeña feria que, por lo visto, se instalaba en el Miradero. También reflexiona sobre si habrá o no procesiones en la próxima Semana Santa y en cómo se desarrollarán las fiestas del 14 de abril. En este contexto, Gregorio ya desliza algunas frases de enamorado, con alguna queja velada. Incluso le riñe suavemente: “Eso de no comer para estar a la moda es un poco de niña cursi, tú come y déjate de ponerte a la moda. Para mí, que es para quien únicamente te debe interesar ponerte a la moda, estás guapísima como estabas y no tienes que preocuparte de perder o ganar quilos”.

Portada del expediente de preso de Gregorio
Portada del expediente de preso de Gregorio

Por desgracia, el tiempo de la felicidad fue muy breve. En julio estallaría la guerra y probablemente Gregorio fue movilizado. Sabemos que en agosto de 1938 fue ascendido a teniente y en abril de 1939 fue detenido. En su expediente de preso consta que está casado —¿con Rosa?— y no tiene hijos. Tras un breve paso por la prisión de Toledo, le enviaron a Badajoz para ser juzgado, y aquí perdemos su pista. En cuanto a Rosa, lo cierto es que no hemos averiguado ni siquiera su apellido.

NUEVOS FONDOS JUDICIALES

Las “Juntas de Expurgo” no tienen un nombre muy alegre, pero son unos órganos muy útiles. Se encargan de valorar la documentación judicial, decidiendo qué documentos deberán ser destruidos y cuáles pasarán a formar parte de la memoria colectiva en archivos históricos como el nuestro. Bien, pues gracias a esta labor a finales del año pasado el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha nos envió un bonito conjunto de casi 140 cajas que contienen documentación fechada entre 1868 y 1986 procedente nada menos que de 16 juzgados diferentes, todos ellos de Ocaña y sus alrededores. De algunos ya teníamos documentos, como los de Primera Instancia e Instrucción de Ocaña y de Lillo, el Municipal de Ocaña o el Comarcal de Lillo. Pero otros llegan a nuestro archivo por primera vez, así que hemos querido presentároslos.

Expedientes del  Juzgado Comarcal de Yepes
Expedientes del Juzgado Comarcal de Yepes

Algunos de estos nuevos fondos (ya sabéis que un “fondo” es el conjunto de documentos producido por un organismo en el ejercicio de sus funciones) son de juzgados, digamos, “normales”, que se encargan de la justicia ordinaria. Así, los juzgados comarcales de Ocaña y Yepes, y el Juzgado de Paz de Ocaña. Ninguno de estos juzgados funciona hoy, e incluso en España ya no existen juzgados comarcales.

Expediente del Juzgado de Guardia de Toledo en Ocaña

Nos han interesado más los juzgados “especiales”, es decir, aquellos creados para casos específicos. El más llamativo es el “Tribunal Especial de Guardia”, que era uno de los “Tribunales Populares” que funcionaron durante la guerra civil en el bando republicano. Prácticamente fuera del control de jueces profesionales, se encargaban de delitos específicos con la intención de agilizar los procedimientos, lo que a veces daba lugar a abusos e injusticias. En concreto, los Tribunales de Guardia se encargaban de los “delitos flagrantes” de alta traición, terrorismo y espionaje, y desde 1938 también de los de “subsistencias”, es decir, de contrabando. A nosotros solo nos han llegado algunos expedientes de estos últimos delitos. El Tribunal de Guardia de la provincia de Toledo se ubicó en Ocaña porque, como es sabido, en esta localidad se situaron las oficinas del gobierno republicano desde la toma de la capital en septiembre de 1936.

Expedientes del Tribunal Instructor de Responsabilidades Políticas de Toledo
Expedientes del Tribunal Instructor de Responsabilidades Políticas de Toledo

No menos interesantes son los Tribunales de Responsabilidades Políticas instituidos tras la guerra. La provincia de Toledo dependía en este tema del Tribunal regional de Madrid, pero contaba con un Tribunal Instructor, encargado de realizar las investigaciones previas a la sentencia, así como de su ejecución. En esta ocasión, nos han llegado algunos expedientes fechados entre 1939 y 1960. Hay que tener en cuenta que toda la jurisdicción sobre responsabilidades políticas se suprimió en 1945, pero los casos abiertos siguieron su curso a veces hasta muchos años después.

Expediente de la Junta de Libertad Vigilada de Huerta de Valdecarábanos
Expediente de la Junta de Libertad Vigilada de Huerta de Valdecarábanos

Muchos condenados por delitos políticos fueron poco a poco excarcelados, pero estuvieron mucho tiempo en situación de libertad vigilada, asunto del que se encargaba la Policía pero en el que intervenían las Juntas de Libertad Vigilada, como las Juntas Locales de Ocaña (1952-1958) y de Huerta de Valdecarábanos (1945-1946). Estos organismos dependían de un “Servicio de Libertad Vigilada” creado en 1943 como instrumento para ayudar y controlar a la vez a las personas condenadas por “auxilio a la rebelión” que iban saliendo de la cárcel. En el AHPTO ya teníamos documentación de las juntas similares de Lillo y de Talavera de la Reina.

Expediente del Patronato de Presos y Libertos de Ocaña
Expediente del Patronato de Presos y Libertos de Ocaña

El seguimiento y a la vez asistencia a las personas excarceladas no siempre tuvo carácter político. En realidad, desde siempre hubo instituciones, sobre todo religiosas, que se ocuparon de asistir a estas personas. Para su coordinación, el Estado promovió desde 1915 las “Asociaciones de Patronato” vinculadas a cada prisión. Nos ha llegado la documentación de la Asociación de Patronato de la cárcel de Ocaña en los años previos a la guerra civil. Además de documentación económica y actas de sus sesiones, encontramos los expedientes de los expresos que pedían algún tipo de ayuda.  Por cierto, que todos los documentos fueron cosidos formando un único volumen, probablemente tras la guerra, cuando estas asociaciones fueron suprimidas.

Expediente de la Inspección de Justicia Municipal de Toledo
Expediente de la Inspección de Justicia Municipal de Toledo

Muy interesante es también la “Inspección de la Justicia Municipal”. No se trata de un órgano específico, sino de una función que se encomendaba a un juzgado de primera instancia, quien recibía informes y estadísticas y giraba visitas a los juzgados de toda la provincia. Durante la época de los documentos que nos han llegado (1946-1960) esta misión le correspondió sucesivamente a los juzgados de Quintanar de la Orden y Talavera de la Reina. Hoy, la inspección de la Justicia es competencia del Consejo General del Poder Judicial.

Expediente de creación del Tribunal Industrial de Ocaña
Expediente de creación del Tribunal Industrial de Ocaña

En fin, terminamos este elenco de tribunales con el Tribunal Industrial de Ocaña, cuya documentación va de 1920 a 1928. Los Tribunales Industriales son el antecedente directo de las Magistraturas de Trabajo, hoy Juzgados de lo Social, encargados de juzgar los conflictos laborales. En el AHPTO ya teníamos documentos del Tribunal Industrial de Toledo, pero estaban dentro del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de la capital, así que ahora hemos aprovechado para darles entidad propia.

LA BOTICA DEL HOSPITAL TAVERA

Entre la documentación del Instituto de Segunda Enseñanza de Toledo encontramos un pequeño pero muy interesante grupo de papeles correspondientes a la actividad del presidente de la Comisión provincial de Monumentos entre 1937 y 1939, Eduardo Juliá, quien además fue en esa época director del Instituto. Uno de esos documentos es un detallado inventario de la situación de la botica del Hospital Tavera fechado en septiembre de 1938 y firmado por Antonio del Castillo,  director de la Academia de Infantería —entonces provisionalmente instalada allí—; sor Teresa Enríquez, superiora de la comunidad de monjas carmelitas que había regentado el hospital; el alcalde de la ciudad Fernando Aguirre y el propio Juliá.

La botica en cuestión ha llamado siempre la atención de expertos y de simples visitantes e incluso hoy es uno de los principales atractivos de un edificio plagado de ellos. Eso motivó el informe, por supuesto, pero también había dado lugar a que el local hubiese sido fotografiado en bastantes ocasiones con anterioridad. Algunas de esas fotografías están hoy también en nuestro archivo, de manera que podemos unir la descripción textual con las imágenes para hacer un breve recorrido por este singular espacio. Las fotografías no están fechadas, pero es muy probable que todas sean anteriores a la guerra civil.

Así, en estas dos fotografías realizadas por Pedro Román se nos muestran la mesa o el mortero donde los boticarios realizaban su trabajo. El informe, por su parte, nos indica que la mesa mantenía en su sitio los tinteros y las salvaderas de estilo talaverano, además de algunos instrumentos modernos. En otras partes del informe se indica que los morteros también estaban en buen estado.

Otras fotografías nos presentan sus estanterías, decoradas con azulejos y llenas de tarros de vidrio coloreado y, sobre todo, de primorosa cerámica talaverana. El informe llega a contabilizar los tarros, según su clase y su ubicación. Nosotros no hemos comparado detalladamente estos datos con las imágenes, pero es evidente que se han perdido pocos.

Y, en fin, tenemos también el famoso “ojo del boticario”, un armario que, tras sus puestas de modesta celosía, oculta una espléndida cajonera decorada en el centro con el escudo del fundador del hospital. Aquí se guardaban los ingredientes o preparados más valiosos o peligrosos, de los que el boticario debía tener especial cuidado. Como es lógico, el informe también lo describe con detalle, y aquí sí señala algunos desperfectos reseñables. Hay que tener en cuenta que estos informes, bastante habituales en ese momento, unían a su finalidad de gestión del patrimonio histórico y artístico un matiz político, puesto que todos los destrozos localizables se achacaban sistemáticamente al bando contrario. Sin embargo, en la ciudad de Toledo, salvo la zona cercana al Alcázar y algunos otros puntos, los estragos de la guerra sobre estos materiales fueron relativamente escasos. De hecho, como hemos podido comprobar, la botica del Hospital Tavera y sus frágiles materiales habían permanecido casi intactos.

DINERO EN LA GUERRA

Los casos de falsificación de moneda son relativamente frecuentes dentro de la documentación judicial. Pero los que os presentamos hoy nos han llamado la atención porque se concentran en marzo de 1937, en la ciudad de Talavera de la Reina y, sobre todo, porque incluyen ejemplares de los billetes supuestamente falsificados pero que, en realidad, no lo son. Vamos a explicarlo.

En noviembre de 1936, las autoridades franquistas decidieron que todos los billetes puestos en circulación antes del 18 de julio de ese año necesitasen de una estampilla o sello especial para poder utilizarse legalmente; los billetes emitidos después de esa fecha no se considerarían válidos. Los particulares debían dirigirse a la sucursal provincial del Banco de España para estampillar allí sus billetes. Como os podéis imaginar, en medio de la guerra no siempre era fácil este viaje, de manera que los billetes sin estampillar seguían circulando hasta que llegaban de algún modo al Banco de España. Esto es lo que sucedió en marzo de 1937 en la sucursal de Talavera de la Reina. Los empleados del Banco denuncian la entrega de estos billetes con “estampillado ilegal». Todos los casos se resuelven sin condenas específicas, aunque los interesados, evidentemente, pierden los billetes. El sistema de estampillado continuó hasta septiembre de 1938, cuando los franquistas decidieron incautarse de todo el dinero republicano, dando a cambio unos vales que pronto se convirtieron en papel mojado. Todavía hoy, algunos de los poseedores de estos vales o sus herederos luchan en los tribunales por recuperar su dinero.

Veamos ahora los billetes en cuestión. Todos ellos fueron elaborados por la empresa británica Bradbury, Wilkinson & Co, de New Malden, en Surrey (Inglaterra); la Casa de la Moneda de Madrid no empezaría a emitir papel moneda hasta 1940. El primer billete, pues, es uno de 25 pesetas emitido en agosto de 1928, pero que no empezó a circular hasta abril de 1933. Está dedicado a Pedro Calderón de la Barca, mostrando en el anverso su monumento en la Plaza de Santa Ana de Madrid, y en el reverso una escena de su comedia “La devoción de la cruz”, hecha a partir de un cuadro de Domingo Guzmán. Gracias a la información del blog “Billetes”, del que tomamos muchos datos para este post, sabemos que este en concreto empezó a circular antes del estallido de la guerra, por lo que debería ser reconocido por las autoridades franquistas sin más requisito que el estampillado.

El segundo billete es de 50 pesetas, emitido también en agosto de 1928. Está dedicado a Diego Velázquez, presentando en su anverso una vista del Museo del Prado y en su reverso una reproducción del cuadro “La rendición de Breda”, que se conserva en dicho museo. Estos billetes empezaron a circular en julio de 1932, pero en concreto este que tenemos lo hizo después del 18 de julio de 1936 (lo sabemos por su número de serie), de manera que técnicamente se consideraba “dinero rojo”.

El billete de más valor que hemos encontrado es uno de 100 pesetas, dedicado a Felipe II y emitido en julio de 1925. Muestra en su anverso una vista del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y en su reverso reproduce el cuadro “La silla de Felipe II”, obra de Luis Álvarez Catalá, quien, por cierto, llegaría a ser director del Museo del Prado entre 1898 y 1901. Estos billetes empezaron a circular en junio de 1927, pero este que tenemos aquí lo hizo después del principio de la guerra civil con lo que, de nuevo, fue considerado ilegal por las autoridades franquistas. Sin embargo, como hemos dicho y al igual que en el caso anterior, no hubo mayor condena para su poseedor que la pérdida del billete.

VICENTE MARTÍN-AMPUDIA, SU CARNET DE CONDUCIR Y TOLEDO EN 1936.

Como ya os contamos en otra ocasión, la primera regulación seria del automovilismo en España fue el Reglamento de 17 de septiembre de 1900. Entre otras cosas, aquí se establece la obligatoriedad tanto del permiso de circulación (para el vehículo) como el de conducción (para el conductor). En el caso de este último, el Reglamento los trata prácticamente como un permiso administrativo más, que debe ser solicitado al Gobernador Civil, quien comisionará “a la persona o personas facultativas que estime oportunas, a fin de que examinen los antecedentes y documentos relativos a la aptitud del interesado, haciéndole las preguntas y sometiéndole a las pruebas que consideren necesarias”. Como vemos, nada que ver con las actuales pruebas para obtener el carnet de conducir. En 1907 se reguló el modelo de autorización y hasta 1918 no se establecerá cuáles eran esos requisitos y documentos necesarios para obtener la autorización.

Carnet de conducir antiguo

En nuestro archivo no contamos con la serie de expedientes de expedición del permiso de conducir de Toledo. Sin embargo, sí que hemos encontrado alguno relativamente antiguo en otros fondos. En nuestra exposición “Sobre ruedas” mostramos el más antiguo, de 1928, que incluye además la fotografía del interesado, Vicente Martín-Ampudia Camino y que ha aparecido en su expediente policial. Así que este documento, además de ser el primer carnet de conducir que tenemos, tiene detrás una historia que merece ser contada.

Décimos de lotería antiguos

Ya en su momento Roberto Félix García, siempre atento, observó que Vicente había sido secretario del Gobernador Civil de Toledo, José Vega López, en 1936, y miembro de Izquierda Republicana. En efecto, el carnet que exponemos forma parte probablemente de la documentación que la Policía encontró en su casa al incautarse de sus bienes en 1937 y que, además de su carnet de conducir, incluye algunas fotografías y hasta unos décimos de lotería. Pero quizá lo más interesante de este expediente sean algunas cartas personales que nos permiten por un momento asomarnos al ambiente de extrema tensión que se vivía en algunos pueblos de nuestra provincia los días previos al estallido de la guerra civil. Os ofrecemos algunas de ellas que, creemos, no necesitan mayores comentarios.

Carta

El grueso del expediente, sin embargo, lo componen los informes policiales y los autos judiciales que, junto con los de su expediente de preso (que también conservamos en nuestro Archivo) nos permiten conocer algunos datos de su vida. Nacido en Madridejos en 1903, aunque algunos documentos lo hacen natural de Toledo, Martín-Ampudia había sido secretario de los gobernadores civiles Juan Serrano Piñana e Isidro Liarte Lausín, y continuó en el mismo puesto con el nuevo gobernador José Vega al estallar la guerra. Vivía con su familia en el conocido como “Jardín del Armiño”, inmueble que hoy sigue conservando este nombre, y los informes policiales franquistas le consideran un auténtico factótum durante el tiempo en que Toledo permaneció bajo control republicano, relacionándole especialmente con el que denominan “robo del tesoro artístico de la Catedral” y la requisa de algunos bienes del Palacio Arzobispal.

Carta

A la llegada de las fuerzas franquistas a Toledo, parece que Vicente se marchó a Ocaña, donde se instaló el Gobierno Civil republicano. Sería finalmente detenido en abril de 1939 y, conducido a la prisión provincial, entonces situada en el convento de San Gil. En 1942 y 1943 solicitó la libertad provisional, que le fue denegada en ambos casos. Finalmente, en abril de 1944, después de haber finalizado todas sus declaraciones en los procesos pendientes en Toledo, fue trasladado a la Prisión Provincial de Madrid, donde sería juzgado por el Tribunal Territorial Militar 1º; la documentación su juicio se encuentra hoy en el Archivo General e Histórico de Defensa, tal como informa la web Innovation and Human Rights.