EDUCACIÓN EN TIEMPOS DE GUERRA: EVACUADOS, COEDUCACIÓN Y LOS “NIÑOS DE MORELIA”

La vuelta al cole siempre es complicada, pero en plena guerra lo era muchísimo más. Hoy nos vamos a fijar en la oficina que debió ocuparse de la organización de la enseñanza primaria en la zona republicana de nuestra provincia durante la guerra civil, la “Sección Administrativa de Primera Enseñanza”.

Lista de integrantes de una expedición de evacuados desde Madrid hasta Ocaña

Como toda la administración provincial republicana, a principios de 1937 se trasladó de Toledo a Ocaña. Desde ahí, los funcionarios no solo intentaron que los niños y niñas pudieran seguir asistiendo a clase, sino que también afrontaron algunos retos de envergadura. A juzgar por la documentación que nos ha llegado, lo que más trabajo daba era, como es lógico, el movimiento de docentes evacuados y refugiados. Muchos de ellos pedían ayuda para llegar a sus destinos, tarea nada fácil en zonas cercanas al frente de batalla. En ocasiones se organizaban también caravanas de profesores refugiados que iban o venían de Madrid. Hay que tener en cuenta que cada maestro o maestra se desplazaba con su familia, y también que las circunstancias podían cambiar mucho de un día para otro.

Tarjeta certificado de trabajo de Pilar Giles Giralt

Más frecuentes eran las solicitudes de cambios de destino o las peticiones para ser nombrado maestro o maestra. Como es natural, muchas de estas peticiones estaban motivadas por enfermedad o por un miedo apenas disimulado, pero a veces parece claro que existía también un deseo sincero de ayudar a la República en tiempos difíciles. Así ocurre con la solicitud de Pilar Giles, afiliada a la CNT y profesora en el “Ateneo de Bellas Vistas” de Madrid. No solo aporta informes políticos favorables, sino incluso un certificado de su trabajo en formato carnet, con todos sus sellos y firmas y hasta con una bonita fotografía coloreada.

Acta de la reunión para la implantación de la coeducación el Los Yébenes

Como decimos, las reformas educativas también dieron quehacer a nuestra pequeña “sección”. Una Orden de 9 de septiembre de 1937, hace justo 85 años, implantó la coeducación de ambos sexos en las escuelas primarias. Con un entusiasmo innegable, los inspectores educativos se lanzaron a recorrer las escuelas de sus respectivas zonas celebrando reuniones con los maestros y maestras, explicando el nuevo sistema y organizando las cuestiones prácticas que, como se puede suponer, no eran pocas. Las actas de estas reuniones, como esta de Los Yébenes, nos permiten conocer esos detalles. Resulta significativo que, aunque las niñas y los niños compartirían aulas y maestros, se reservan algunas horas para que las niñas “no abandonen sus clases de labores”, tiempo que los chicos, por su parte, dedicarán “a dibujo y trabajos manuales”, a veces calificados de “actividades creativas”.

No menos compleja fue la evacuación de niños que se organizó en la primavera de 1937 bajo el eufemismo de “colonias infantiles”. Se trata de la expedición que acabó llevando más de 450 niños a México, los conocidos como “niños de Morelia”, por el nombre de la ciudad que los acogió, y que contó con un apoyo especial por parte del presidente Lázaro Cárdenas y de su esposa Amalia Solórzano. La idea original era simplemente organizar unas colonias temporales, y se pedía la colaboración de maestros y maestras dispuestos a acompañar a los niños tanto en el viaje como en su instalación en México. Algunos maestros se ofrecieron enseguida, como José Chimenea, del que ya os hablamos hace algunas semanas. Pero, desde luego, no fue el único. Eso sí, la mayoría quiere desplazarse junto con su familia, por motivos fácilmente comprensibles. Ciriaco Uriel, por ejemplo, dice que su compañera podría ser también útil por su condición de modista. Otro maestro, Justo Fernández, más cauto, quiere saber primero las condiciones del viaje. En todo caso, los niños y sus acompañantes embarcaron vía Burdeos a finales de mayo y llegaron a México a principios de junio. Muchos se instalarían definitivamente en el país americano.

ALEJANDRO CASONA FELICITA AL MAESTRO DE GANDULLAS

Se llamaba José Chimenea Cabrera. Gracias a Internet hemos podido averiguar muchas cosas de su vida. Sabemos que en 1907 optó ya a una plaza de maestro en el distrito universitario de Valladolid y que en 1917 optó a un puesto de Agente de Vigilancia. En 1924 ya ejercía de maestro en Almoharín (Cáceres), donde participó en un homenaje a otro maestro. En 1928 parece que vivía en Piñuecar, al norte de la provincia de Madrid. En 1932 presentó un libro de texto titulado “Método de rectas y curvas” que fue rechazado por el Ministerio. A finales de 1934 se encontraba en Gandullas, cerca de su anterior domicilio, y ahí es cuando su destino se cruza con el de Alejandro Casona.

Fotografía de Alejandro Casona
Alejandro Casona (fuente: http://www.escritores.org)

Como sabéis, Casona, cuyo nombre real era Alejandro Rodríguez Álvarez, fue uno de los más importantes dramaturgos españoles del siglo pasado. Lo que nos interesa aquí es que, además de escritor, era inspector de enseñanza. En 1934 ya había adquirido bastante notoriedad como autor teatral e incluso había estrenado la que será su obra más recordada, “La sirena varada”. Pero, como parte de su otra tarea profesional, le tocó inspeccionar la escuela de Gandullas. Al parecer, el trabajo de José le agradó mucho, y dejó constancia de ello en la correspondiente acta de inspección, la cual nuestro maestro copió a la letra, sin duda orgulloso de que tan famoso personaje hiciese aquellos elogios a su humilde labor. Aquí tenéis la copia en cuestión.

En abril de 1937 José Chimenea era maestro en Los Navalucillos. Estamos en plena guerra civil y este pueblo estaba todavía en zona republicana. Como es sabido, desde la toma de Toledo, la administración provincial se había trasladado a Ocaña, incluyendo la administración educativa. Entre las tareas que le correspondieron a la llamada “Sección Administrativa de Primera Enseñanza” estuvo la de organizar la evacuación de niños a México, buscando maestros que estuviesen dispuestos a acompañarles. José se ofreció voluntario, junto con su mujer y, para apoyar su pretensión, aportó la copia del elogioso escrito de Alejandro Casona. Aquí tenéis su solicitud para ir a este viaje.

No sabemos si fue y volvió o si no llegó a ir, pero de nuevo tenemos que recurrir a la red para averiguar algo sobre el resto de la vida de nuestro maestro. En el Archivo General e Histórico de Defensa se conservan dos sumarios a su nombre, y el Centro Documental de la Memoria Histórica tiene también una ficha dedicada a él, calificándole de “correligionario” de Marcelino Domingo, es decir, miembro de Izquierda republicana. No sabemos si fue condenado ni a qué pena. En todo caso, en diciembre de 1941 aspiraba al puesto de maestro de Antas (Almería), pero el jefe local de Falange de Los Navalucillos emitió un durísimo informe contrario en un oficio remitido a su colega de la localidad almeriense. A pesar de eso, parece que José pudo hacerse con el puesto, y en 1945 aparece como maestro titular de la localidad. Sabemos, finalmente, que se jubiló en 1954, ejerciendo por entonces en Almansa, y aquí perdemos su pista definitivamente.

LOS ALUMNOS DE LA CLASE DE DIBUJO

En la exposición sobre los 500 años de la Universidad y los 175 del Instituto de Toledo hemos seleccionado uno de los exámenes de dibujo realizados en 1901-1902 por los alumnos de primero y segundo. Pero el que exponemos solo es uno de los 64 dibujos realizados por estos chicos (solo varones) de 12-13 años de edad, así que aquí vamos a aprovechar para mostraros algunos más. Y, ya puestos, no nos hemos resistido a la curiosidad de investigar un poco sobre ellos: ¿qué fue de estos alumnos que coincidieron en el Instituto de Toledo hace 120 años? Algo hemos podido averiguar.

El dibujo que el comisario de la exposición, David Martín, ha elegido para ella es la cabeza de perfil de estilo clásico que hizo Álvaro de Malibrán y Escasi. De él hemos averiguado que en 1914 residía en Barcelona y se vio envuelto en un extraño asunto de intento de secuestro que apareció en la prensa local. Pero también ese año es calificado de “spanish inventor” en una publicación norteamericana especializada, como artífice de un nuevo equipo reproductor de música. Malibrán debió dedicarse a la industria musical durante el resto de su vida, porque en 1933 se convirtió en el dueño de la “Compañía del Gramófono Columbia”, una de las primeras compañías productoras y distribuidoras de discos en España, con sede en Barcelona.

Dibujo de Ubaldo Izquierdo.
Dibujo de Ubaldo Izquierdo

Un dibujo similar, también bastante bueno, es el de Ubaldo Izquierdo [Carvajal], que se dedicó a la pintura con cierta fortuna. Hoy sus cuadros se venden en subastas por todo el mundo e incluso tiene dos en el Museo Reina Sofía. Sabemos que en 1930 era comandante de infantería y residía en Tenerife, donde sus pinturas llamaron la atención de los críticos isleños. Combatió durante la guerra civil en el bando republicano y probablemente por ello debió exiliarse a Francia, donde murió hacia 1960.

Curiosamente, de los alumnos que hemos elegido solo tenemos en el AHPTO el expediente de uno de ellos, el de José Asensio García. Así sabemos que nació en Alcalá de Henares, de familia militar, por lo que en Toledo vivió en el Colegio de Mª Cristina. Por cierto que, según su partida de bautismo, su madre, doña Narcisa García León, procedía de Pichucalco, en Chiapas (México). Probablemente sea él mismo que en septiembre de 1945 era Brigada enfermero auxiliar del Ejército del Aire, destinado en la Escuela de Transformación del grupo de Levante, y que es separado del servicio activo a petición propia.

Dibujo de Isidro Garoz
Dibujo de Isidro Garoz

Es posible que esta falta de información en nuestro archivo sobre estos alumnos se deba a que, tras cursar uno o dos años, pasaron a los estudios de Magisterio, a los que por entonces se accedía con catorce años. Por ejemplo, en el dibujo de Isidro Garoz aparece la anotación “2ª curso. Magisterio”. Este estudiante ya en 1910 era maestro en Pioz (Guadalajara) y cinco años después ascendió a la categoría de 1.000 pesetas. De él se conserva una ficha en el Centro Documental de la Memoria Histórica que atestigua que en 1938 hizo un donativo a un semanario comunista de Guadalajara.

También maestro fue nuestro último estudiante, Ramón Pueo Calvera. Una búsqueda por la estupenda base de datos del BOE nos permite reconstruir su currículum: en 1910 en Sestrica (Zaragoza), antes de 1921 en Valdeverdeja y desde ese año en El Puente del Arzobispo; en 1924 estaba en Mondéjar y en 1928 se trasladó a Pantoja. Aquí se establecería definitivamente y debió ser un maestro muy querido, pues hoy tiene dedicada una de las calles principales del pueblo. No obstante, conservamos el expediente de su depuración política durante la guerra civil y, pese a contar con informes favorables y a que fue detenido y encarcelado por los republicanos, acabaron condenándolo a suspensión de empleo y sueldo e inhabilitación de un año.  

EL PREMIO

Alberto Bernáldez estaba nervioso, y no era para menos. Faltaban diez minutos para las diez de la mañana del domingo 7 de junio de 1863 y estaba a punto de presentarse ante un tribunal de profesores del Instituto provincial que decidiría si se le otorgaba el premio ordinario en la asignatura “Historia de España”. Si lo conseguía, le darían un diploma y una medalla de plata como la que aparece en el dibujo. Alberto ya se imaginaba el acto de entrega, en la apertura del curso siguiente, con su familia venida expresamente desde Torrijos, su pueblo, y con todos sus compañeros y profesores aplaudiendo. Iba a ser muy emocionante.

Modelo de medalla para alumnos de los Institutos
Modelo de medalla para alumnos de los Institutos

Pero aún tenía que aprobar. No lo tenía demasiado difícil, porque había un premio por cada asignatura y él era el único que había obtenido la nota previa de “sobresaliente”. Esta nota era el requisito para poder presentarse al premio. El vigente Reglamento de Segunda Enseñanza de 1859 era muy claro en esto, y por eso ya en su expediente se había incluido un certificado del secretario del Instituto: nuestro estudiante podía exhibir la máxima nota en esta asignatura.

Certificado de calificación académica
Certificado de calificación académica

Alberto recordó que esto de los premios era algo relativamente reciente, un invento del nuevo Estado liberal, que había asumido el control de la educación y que había creado la “segunda enseñanza” como paso intermedio entre los estudios elementales y la Universidad. Nuestro joven soñaba con esta última, pero sabía que las dificultades eran mayores ahora que la de Toledo había sido suprimida (precisamente en su lugar se creó el Instituto al que él mismo pertenecía) y debía trasladarse a la flamante Universidad Central en Madrid, con los costes e inconvenientes que ello suponía. Pero, si le daban este premio, tendría muchos puntos ganados. Claro que hubiera sido mucho mejor obtener premio en varias asignaturas. Alberto no podía saberlo, pero en esos años la lista de premiados incluye varios nombres que se repiten: Manuel Galo, que obtuvo premio en Griego y Francés dos años consecutivos; o Tomás de Azcárate, que lo obtendría en 1863 en Geometría y Trigonometría y en Historia General. Allí a su lado, precisamente, esperando su turno estaba su compañero Juan Antonio Pedraza, que el año pasado había conseguido el premio de primer curso de Griego y ahora, en apenas un par de horas, se presentaba al del segundo año; seguro que se lo daban, Juan Antonio era todo un cerebro.

Registro de alumnos premiados
Registro de alumnos premiados

Al fin, el bedel le llamó. Alberto entró en la imponente sala y se sentó ante los tres solemnes profesores: Claudio Ortega, Antonio de Aquino y el secretario Rafael Díaz Jurado. El tema para su exposición fue “La Casa de Austria”, que había podido preparar con antelación en otra sala aislada. El aspirante habló con soltura y aplomo, y luego salió de la sala. La deliberación del tribunal fue breve: por unanimidad, Alberto obtuvo su premio, su medalla y su diploma.

Acta del tribunal del premio a alumnos del Instituto
Acta del tribunal del premio a alumnos del Instituto

Fue el comienzo de una brillante carrera. Alberto Bernáldez estudiaría Derecho en la Universidad Central y conseguiría la plaza de Juez de Primera Instancia de Torrijos. También se metió en política, en el Partido Liberal, llegando a presidir la Diputación Provincial entre 1889 y 1890.

ACADEMIAS

Como es sabido, la palabra “academia” remite a los cenáculos formados alrededor de algunos filósofos de la Grecia antigua y, en general, hace referencia a una reunión de sabios con finalidad de investigación o de docencia. Ya en el s. XVII se empezó a aplicar este nombre a las clases que recibían los aspirantes a ingresar en algunas órdenes religiosas. Los problemas vinieron cuando, a partir del siglo siguiente, estas academias empezaron a admitir alumnos seglares, es decir, universitarios. En Toledo, la primera academia de este estilo de la que tenemos noticia funcionaba en el convento de San Pedro Mártir.

Fragmento de anuncio referido a la academia de San Juan Nepomuceno
Fragmento de anuncio referido a la academia de San Juan Nepomuceno

Como era previsible, las universidades cercanas protestaron contra lo que consideraban una injerencia, pero lo cierto es que las academias empezaron a proliferar debido, en parte, a que sus enseñanzas estaban mucho más acordes con los nuevos tiempos de “ilustración” y lo que podríamos llamar “modernidad”. Incluso era frecuente que los propios catedráticos universitarios impartieran también clases en las academias. Así que pronto las universidades optaron por, en lugar de enfrentarse a ellas, integrarlas de algún modo. La integración fue tan exitosa que se llegó a exigir a los alumnos estar aprobados en las academias para poder obtener el grado universitario, como refleja claramente este anuncio de 1793. Las academias, pues, fueron parte esencial del funcionamiento de las universidades durante el siglo XVIII y hasta las reformas del primer tercio del XIX.

La primera academia que conocemos integrada en la Universidad de Toledo fue la de Cánones y Leyes de San Juan Nepomuceno, cuyas constituciones fueron aprobadas por el Claustro universitario en 1753, aunque en 1788 se dividiría en una academia de derecho eclesiástico (“cánones”) y otra de derecho civil (“leyes”); en la imagen vemos la aprobación por el Consejo Real de esta última. Hubo además otras cuatro, dedicadas a la filosofía, la teología, los “sagrados cánones, liturgia, historia y disciplina eclesiástica”, y la oratoria. Las academias se mantuvieron en funcionamiento hasta la supresión de la Universidad de Toledo en 1845.

Fragmento de proceso judicial por insultos
Fragmento de proceso judicial por insultos

Las academias mantenían su propia organización. En general, se reunían para sus clases en lugares ajenos a la universidad y fuera del horario lectivo. Por ejemplo, la de San Agustín se reunía los domingos en la parroquia de San Justo. Además de impartir las lecciones correspondientes y hacer sus ejercicios de evaluación, las academias ventilaban sus propios asuntos de forma casi asamblearia, lo que daba lugar a frecuentes disputas que acababan dirimiendo las autoridades universitarias, a veces con el recurso a la fuerza pública. Aquí tenemos el caso de un airado estudiante que, en la misma casa del presidente de su academia y pese a la presencia del alguacil municipal, todavía sigue “diciendo al mencionado presidente que era un navo [sic], que se cagaba en la Academia, que eran todos unos bolos, que estaban relajados [por la Inquisición], que aquella no era Academia y que todo se volvía intereses particulares”. El escribano encargado del caso anotó todo escrupulosamente y sin inmutarse.

Anuncio de función religiosa de la academia de San Agustín
Anuncio de función religiosa de la academia de San Agustín

Pero no todo eran problemas. También había lugar para las fiestas y celebraciones, como esta que anuncia la academia de San Agustín y que, además de su vertiente religiosa, sin duda tenían un claro componente social y lúdico.

ESCUELAS DE LATINIDAD

Ahora que empieza el nuevo curso nos hemos fijado en unos documentos de septiembre de 1827 que nos informan con detalle de la situación de las “escuelas de latinidad” en lo que entonces era la provincia de Toledo.

Estas escuelas, junto con los Estudios de Gramática o de Humanidades, equivalían en el antiguo régimen a lo que hoy llamamos Enseñanza Secundaria, muy orientada a la preparación para la universidad. Serían suprimidas por las reformas liberales de la primera mitad del siglo XIX, otorgando a la enseñanza secundaria un carácter propio, cada vez menos dependiente de las universidades, todo ello no sin momentos de retroceso. Uno de estos momentos fue la restauración del absolutismo en 1823 tras tres años de gobierno liberal. En este contexto se publica el “Reglamento General para las Escuelas de Latinidad y Colegios de Humanidades”, que establecía las condiciones para que pudieran funcionar estos establecimientos. En consecuencia, se revisaron todas las escuelas de latinidad del país, incluyendo informes precisos no solo sobre la titulación y aptitudes del responsable, sino también sobre su “purificación” política.

Informe

Esta tarea fue coordinada por las Universidades. Por eso contamos nosotros con expedientes detallados sobre cada uno de los “preceptores” de estas escuelas en Toledo y su circunscripción, completados con resúmenes más o menos extensos. Así, en este relativo a la zona de Talavera de la Reina se nos dice que en la propia ciudad talaverana solo hay un preceptor de Gramática, José Gorrón y Contreras, natural de Madrid y vecino de Torrijos. Pero más adelante nos informa que en Guadalupe hay tres: dos sacerdotes —uno de ellos vinculado al monasterio— y un tal Rafael Pulido, “fraile secularizado” que está considerado “constitucional exaltado” y que, además, no solo enseña gramática sino que “enseña más de 20 discípulos de 1ª letras, filosofía y moral”. Un sujeto a vigilar, sin duda.

Resumen de informe

Hay que decir que otros resúmenes correspondientes a otras zonas no son tan exhaustivos. Así, tenemos uno del partido de La Mancha que se limita a consignar los nombres de los preceptores y el pueblo de actuación. Llama la atención que en Ciudad Real o en la propia Almagro —que contaba con Universidad propia— solo existiese una escuela de latinidad, mientras que Moral de Calatrava o Manzanares contaban con dos.

En el informe general para toda la provincia se registran 28 preceptores con título oficial, más otros 12 sin título. Muchos de estos preceptores no oficiales son frailes exclaustrados que encuentran en esta ocupación una forma de sobrevivir fuera de sus conventos, como el ya citado Rafael Pulido o Francisco García Simón, antiguo franciscano que se ha instalado en el pequeño pueblo de Escarabajosa, hoy Santa María del Tiétar (Ávila). Es interesante fijarse en los señalados como políticamente peligrosos, como Buenaventura Domínguez Bustamante, de Cebolla, que “no está purificado ni quiere intentarlo” y además “tiene la nota de haber sido adicto con exaltación al sistema constitucional”; o Manuel Justo Morales, de Navalmoral de Pusa, que no solo está “impurificado” en primera instancia, sino que es sospechoso de pertenecer a “asociaciones reprobadas”. Por último, destaquemos a algunas buenas almas que comparten sus conocimientos prácticamente por amor al arte. Así hace Manuel Luis Calvo, el boticario de Sonseca, quien “se dedica a enseñar latinidad… a los que se le presentan”. O Félix Hervás, presbítero, que compagina su labor de maestro de primeras letras con la enseñanza de latinidad “a los más adelantados” en Mocejón; una situación parecida a la de Francisco Sánchez, de Huerta de Valdecarábanos. Más clara es la anotación de Eulogio Fernández, clérigo de primera tonsura en La Guardia, quien “enseña por afición a 4 niños”.

Terminemos señalando que solo cinco localidades contaban con más de una escuela: dos había en Lillo, Villamayor de Santiago y Mora; y tres en Toledo y Guadalupe, aunque en la localidad cacereña dos eran extraoficiales, como hemos visto.

INSTITUTOS DE SECUNDARIA: NUEVOS DOCUMENTOS

Hace un par de semanas nos llegó un importante conjunto de documentos para la historia de la educación secundaria en nuestra provincia. Se trata de un conjunto de más de 640 cajas de documentación producida sobre todo por el Instituto provincial de Segunda Enseñanza y, en menor medida, por los institutos locales de segunda enseñanza de Talavera de la Reina y de Madridejos, además de algunos documentos sueltos que todavía corresponden a la antigua Universidad de Toledo. Los documentos más antiguos datan de 1824 y los más modernos de 2008.

Cajas de archivo

Pero quizá sea interesante saber cómo ha llegado esta documentación hasta nosotros. Como sabéis, en 1845 se decretó la supresión de varias universidades españolas, entre ellas de la Toledo, que fue transformada en Instituto de Segunda Enseñanza. En una fecha indeterminada entre 1966 y 1972, coincidiendo aproximadamente con el traslado del Instituto a su actual sede, se transfirió parte de su documentación histórica al AHPTO, donde se ha venido conservando y utilizando por los investigadores desde entonces. Pero otra parte de esta documentación histórica se quedó en el Instituto. En el año 2010 el Instituto, ya con su nombre actual de “El Greco”, envió la mayor parte de esta documentación al Archivo de Castilla-La Mancha, donde sin prisa pero sin pausa se fue organizando, describiendo e instalando adecuadamente. Por fin, el mes pasado el ACLM envió este segundo conjunto de documentos históricos al AHPTO, donde se ha reunido con el primer conjunto. De esta manera, medio siglo después, ya tenemos reunido aquí todo el fondo documental histórico del que durante décadas fue el único centro de enseñanza secundaria de nuestra provincia.

Fotografía antigua de grupo

Aún no hemos podido revisar con calma estos nuevos documentos. Poco a poco os iremos mostrando los que más nos llamen la atención, pero ahora, de momento, a modo de adelanto os podemos mostrar esta fotografía de un grupo de alumnos con sus profesores, fechada alrededor de 1883 y  firmada por “Apolo”, un fotógrafo del que no tenemos noticia.

Como decimos, la mayor parte de los documentos corresponden al Instituto de Toledo, pero hay documentos de los institutos locales de Talavera de la Reina y de Madridejos. La documentación de este último centro nos ha interesado especialmente porque en el AHPTO no teníamos material previo. El Instituto de Madridejos fue creado en 1928, como sus homónimos de Talavera de la Reina y Quintanar de la Orden (de los que sí que contábamos con documentación), y se suprimiría en 1939. Aquí os mostramos el acta de la primera sesión de su Claustro, presidido provisionalmente por el alcalde de la localidad, donde se decide la fecha de los primeros exámenes de ingreso: los días 18 y 19 de octubre de 1928.

Cartel

Incluso han aparecido algunos documentos sueltos correspondientes todavía a la extinta Universidad. Por ejemplo, este cartel anunciador del «Colegio de Isabel II”, que ofrece en 1842 lo que hoy llamaríamos “clases de apoyo” a los estudiantes universitarios, incluyendo las comidas y la asistencia de un paje para asegurar que iban y volvían de la Universidad sin problemas. No fuera a ser que alguno se “despistase” por el camino, suponemos.

LA UNIVERSIDAD ANDANTE DE LA MANCHA

Hoy os traemos el expediente de un curioso proyecto entre educativo, cultural y turístico que, hasta donde sabemos, aún no ha sido estudiado: la “Universidad Andante de La Mancha”.

Todo es iniciativa de José García-Mazas, profesor de español en la Universidad de Nueva York, y persona muy relacionada con la famosa Hispanic Society. A finales de 1966 este profesor era director de una empresa dedicada a la enseñanza del español en Norteamérica, la Spanish Language Schools. En un evento en esa ciudad norteamericana conoció a Enrique Thomás de Carranza, gobernador civil de Toledo, al que expuso su idea de la “Universidad Andante de La Mancha”, una idea “quijotesca”, como él mismo la califica. Se trataría de construir o adaptar algunos molinos de viento donde pudieran vivir durante los veranos estudiantes norteamericanos interesados en aprender lengua y cultura españolas. En esos molinos-residencias los estudiantes podrían acceder por televisión a clases de los cursos de verano de los profesores de la Universidad Central —hoy Complutense de Madrid—, de la que entonces dependía el territorio afectado. Las instituciones españolas se encargarían de conseguir y adecentar los edificios adecuados, mientras que la empresa norteamericana proporcionaría la tecnología necesaria y los alumnos. No se entra en detalles económicos, pero parece que los cursos serían explotados por la Spanish Language Schools, aunque las instituciones españolas recuperarían la inversión realizada.

El gobernador parece contagiarse del entusiasmo de García-Mazas por la idea, e incluso propone utilizar viejas casonas para recrear “ventas” cervantinas en lugar de los molinos, idea mucho más práctica y barata. A principios de febrero de 1967 García-Mazas ya aporta más datos, como las condiciones de habitabilidad de las residencias, incluyendo aire acondicionado, las posibles retribuciones a los profesores, las poblaciones adecuadas para acoger estas “ventas” —se insiste en Almagro, por su pasado universitario— y, sobre todo, una modificación del sistema de distribución de las clases: en lugar de transmitirlas en directo, algo técnicamente inviable en ese momento, se propone distribuir por una especie de mensajería interna grabaciones en vídeo de las clases que los profesores de la Universidad impartieran en Madrid. El 15 de febrero el animoso profesor hispano-norteamericano empieza a impacientarse, como se observa en el dibujo que, a modo de mensaje pictográfico, envió a Thomás de Carranza.

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Una semana después, el gobernador civil envía una circular a los pueblos candidatos para que manifiesten su disposición a apoyar el proyecto y los locales que podrían utilizarse al efecto. Las respuestas llegaron entre marzo y abril, en general favorables. Incluso en algún caso, como Ocaña o Quintanar de la Orden, se menciona el coste de adquisición del inmueble disponible.

Aquí termina nuestro expediente. No sabemos qué sucedió después, pero el proyecto no llegó a buen puerto. Hay que tener en cuenta que en 1968 se instauró en España la enseñanza del Bachillerato a distancia, y dos años después se crearía la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Es posible que esto influyese en el abandono del llamativo proyecto de la “Universidad Andante de La Mancha”.

LA BIBLIOTECA DE LA ACADEMIA DE INFANTERÍA

Como todos sabéis, el pasado lunes se celebró el Día del Libro. Con esta ocasión, os presentamos dos curiosas fotografías de la biblioteca de la Academia de Infantería de Toledo. Lo interesante no son tanto las imágenes en sí como el hecho de ser dos tomas realizadas prácticamente desde el mismo sitio pero en dos circunstancias completamente distintas.

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Ambas proceden del fondo “Rodríguez” y tienen como objeto la Biblioteca de la Academia de Infantería, situada entonces en el Alcázar de Toledo. Ninguna de las dos tiene fecha, pero en el caso de la primera la datación es casi imposible, salvo que es anterior a la guerra civil; este breve pero muy jugoso artículo al respecto preparado por el Archivo Municipal de Toledo — donde además encontraréis otras fotografías históricas de esta biblioteca— propone los años cercanos a 1930. Sea como fuere, las circunstancias en que se encontraba al llegar al AHPTO hicieron que Gerardo Kurtz, organizador del fondo “Rodríguez”, la incluyera en una serie denominada “Positivos actuales”, es decir, positivos realizados después del cierre de la Casa Rodríguez en 1984 y antes de su ingreso en el AHPTO en 1994, con motivo de alguno de los muchos proyectos y actuaciones más o menos controladas que sufrió este fondo en esos años. En algunos casos se ha podido reconocer el negativo original, pero en muchos otros, como en este, se ha perdido toda referencia a su original. Por otro lado, esta imagen puede encontrarse en el artículo a que acabamos de aludir y en otros lugares de Internet, como la web del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha de la Universidad regional. Lo único que parece claro es que nuestra foto forma parte de un conjunto que retrata las instalaciones de la Academia y nos revela una biblioteca bien ordenada y dotada.

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Muy diferente es la segunda imagen, realizada casi desde el mismo ángulo pero al poco de terminar el asedio del Alcázar al principio de la guerra civil. Como todo el edificio, la biblioteca quedó en estado ruinoso, con pérdida evidente no solo de los elementos arquitectónicos sino también de muchas de sus obras, si bien parece que se han  iniciado algunos trabajos de recogida de libros, que se encuentran apilados. Pero la sensación general de desolación es insoslayable. La fotografía se integra en la denominada “Caja Alcázar”, es decir, un conjunto de fotografías cuyo denominador común era, obviamente, el famoso edificio. Según el mismo Kurtz, es posible que se tratase de positivos destinados a su venta turística en el propio establecimiento “Rodríguez”, aunque no parece que una imagen como esta pueda tener mucho éxito entre los visitantes. En el artículo del Archivo Municipal que hemos mencionado encontraréis otra vista de la misma sala por la misma época, igualmente impactante.

En 1948 la Academia de Infantería se trasladó al nuevo edificio construido al otro lado del río Tajo y, naturalmente, allí se marchó también su biblioteca, con los libros que había conseguido salvar. Hoy cuenta con más de 45.000 volúmenes y casi un centenar de títulos de revistas y publicaciones periódicas. Aunque su uso está restringido a alumnos y profesores de la Academia, su catálogo está disponible en línea y puede pedirse autorización para su uso por personas ajenas.

Manuel B. Cossío y Rafael Altamira

Una de las exposiciones más interesantes que actualmente están abiertas en nuestra provincia es la que el Museo de Santa Cruz dedica a la figura de Manuel Bartolomé Cossío. Aprovechamos esta ocasión para ofreceros una carta que el propio Cossío dirigió a Rafael Altamira, y que se conserva en nuestro archivo dentro del pequeño fondo personal de este último.

La carta está fechada el 5 de diciembre de 1912, y en ella Cossío, entonces director del Museo Pedagógico Nacional y miembro del Consejo de Instrucción Pública, informa a Altamira, que era Director General de Enseñanza Primaria, de los costes de una compra de libros con destino a una serie de bibliotecas que no especifica (probablemente, bibliotecas escolares), así como sobre los presupuestos educativos en Portugal y en Italia. Obsérvese que Cossío tiene en cuenta no solo el coste de los libros, sino también el de las cajas que los contendrán, e incluso los detalles del transporte, lo que revela un profundo conocimiento del trabajo bibliotecario. Esta carta muestra la gran preocupación que ambos intelectuales tenían por el desarrollo de las bibliotecas en general, y las escolares en particular.

Este interés es una de las razones por las que hoy seguimos recordando a Manuel Bartolomé Cossío como una figura esencial de la llamada ”Edad de Plata” de la cultura española. Nacido en Haro (La Rioja) en 1857, fue uno de los primeros alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, y permaneció ligado a su fundador, Francisco Giner de los Ríos, hasta su muerte. Impulsor también del Museo Pedagógico Nacional y de las famosas “Misiones Pedagógicas”, es uno de los nombres capitales para la historia de la educación en España. Pero, además, Cossío fue un muy notable historiador del arte, y debe recordarse especialmente su labor de reconocimiento de la figura del Greco, entonces todavía considerado un pintor casi secundario. Cossío murió cerca de Madrid en 1935. Es curioso que se le suela nombrar por el apellido de su madre, e incluso se piense, equivocadamente, que “Bartolomé” es su segundo nombre.

En cuanto a Rafael Altamira Crevea, fue un eminente político, jurista e historiador nacido en Alicante en 1866. También ligado a la ILE, fue catedrático en las universidades de Oviedo y Central, además de convertirse en 1912 en el primer Director General de Instrucción Primaria. Contribuyó activamente a la creación del Tribunal permanente de Justicia Internacional de La Haya, donde trabajó hasta que la invasión nazi de 1940 le obliga a huir, primero a Bayona (Francia) y luego a Ciudad de México, donde moriría en 1951, después de haber sido propuesto dos veces para el Premio Nobel de la Paz.