COSAS QUE SE DICEN

La mayor parte de los archivos conservamos documentación de carácter más o menos oficial. Eso significa que su lenguaje es de tipo jurídico o burocrático, con tendencia a los formulismos y poco espacio para la espontaneidad. Pero también, de vez en cuando, encontramos que el escribano o el funcionario desliza alguna que otra expresión que hoy nos resulta curiosa y hasta divertida. Os vamos a presentar tres ejemplos que hemos ido encontrando.

Nota en un inventario de bienes del colegio de San Bernardino
Nota en un inventario de bienes del Colegio de San Bernardino

Hacia 1750 una anotación nos informa que el notario Juan de Herrera Suárez, “vivió más que la sarna y murió en paz año de 1744”. No acaba ahí la cosa, porque su sucesor en la oficina fue “Félix Ortiz Pareja, escribano, coxo con una pata de palo”. Como vemos, no eran tiempos de delicadezas verbales. La nota está al final de uno de los inventarios de bienes del Colegio de San Bernardino que forma parte de un libro de inventarios del que ya os hablamos hace un tiempo con motivo de su restauración. Por nuestra parte, podemos decir que efectivamente conservamos protocolos de Ortiz Pareja entre 1735 y 1779, aunque hasta ahora no conocíamos nada de su aspecto físico. En cuanto a su antecesor, conservamos protocolos entre 1687 y 1742, 55 largos años de notario, y todavía vivió un par de años más ante el pasmo, quizá un poquito perverso, de nuestro anónimo escribiente.

Nota en el libro almocraz del convento de la Concepción de Escalona
Nota en el libro almocraz del convento de la Concepción de Escalona

También hace algunos meses os hablamos del libro almocraz del convento de la Concepción de Escalona, que tiene unos llamativos dibujos. Pues en este mismo libro hemos encontrado una larga nota escrita, según su autor, “a fin de que los curillas no metan la mano en mies ajena”. El indignado escribiente no duda en poner su firma (que no somos capaces de descrifrar) y la fecha: 28 de septiembre de 1794. La nota en cuestión se refiere a que los párrocos de los lugares donde el convento tenía propiedades se incautaban de los diezmos que legalmente pertenecían al convento. Como ya os contamos en su día, el tomo presenta un estado de conservación bastante malo, pero la nota y el exabrupto se leen perfectamente.

Nota en un expediente de censo de la cofradía del Santísimo Sacramento de Menasalbas
Nota en un expediente de censo de la cofradía del Santísimo Sacramento de Menasalbas

Terminamos con un aviso a navegantes. A las espaldas de un expediente de censo perteneciente a la Cofradía del Santísimo Sacramento de Menasalbas encontramos esta nota: “Este censo no tenía escriptura, y se consiguió se hiciese en la forma en que está, que no costó pocas diligencias. Adviértase para en adelante”. Lo firma el licenciado Muñoz, evidentemente agotado pero también un punto orgulloso por haber conseguido devolver esta pequeña renta a su cofradía después de revolver papeles, bregar con abogados y negociar con arrendatarios. La nota probablemente pueda datarse hacia 1765, fecha del último documento del expediente.

CONTABILIDAD ARTÍSTICA

Hoy vamos a compartir con vosotros una pequeña y maravillosa sorpresa de esas que, de vez en cuando, nos depara nuestro Archivo. Se trata de un libro almocraz del convento de la Concepción de Escalona, realizado entre 1726 y 1802. Como ya explicamos en otra ocasión, el “almocraz” es un libro en el que se anotan todas y cada una de las rentas de que disponía el convento, así como sus pagos o las incidencias reseñables. Es, pues, un instrumento básico de gestión económica. Este libro en concreto, sin embargo, había sido incluido dentro del fondo documental de los protocolos notariales hasta que hace pocos días hemos descubierto el error.  

Pero lo que nos ha llamado la atención es que el mayordomo o quien se encargase de las cuentas del convento (quizá una de las monjas) demuestra tener, además, una considerable imaginación y no pocas dotes artísticas. En efecto, al principio de varias de las hojas adorna las letras con pequeños dibujos realmente deliciosos. El libro está en mal estado de conservación, como podéis comprobar, pero aun así no nos hemos resistido a fotografiar, con todo cuidado, algunos de esos dibujos. Tened en cuenta que cada dibujo mide alrededor de dos o tres centímetros cuadrados, y que solo parecen haberse utilizado los mismos útiles que para la escritura vulgar: tinta sepia y una pluma de ave o un cálamo.

Letras adornadas

Empezamos con algunas letras adornadas con motivos geométricos o vegetales con las que se inician los epígrafes: “Títulos de este convento”, “Memorias de Angulo”, “El Prado”.

Letras adornadas
Letras adornadas

Después, las caras, a veces enfrentadas, para las que viene muy bien la O, pero observad el diálogo de estas dos en “Herustes” (sic) o las de dos perros (eso parecen) que se ladran mutuamente en mitad de una M.

Letras adornadas con soles y lunas

Otros motivos clásicos son los cuerpos celestes: soles y lunas, por cierto bastante mal encarados.

Letras adornadas con animales
Letras adornadas con animales
Letras adornadas con escenas

Pero donde nuestro artista echa el resto es, sin duda, en las escenas con animales, llenas de vida: el caracol al principio de Madrid o el pájaro que introduce a Su Excelencia. Repite en dos ocasiones el tema de la cigüeña luchando con la culebra. Es deliciosa la escena en la que un padre abraza a su hijo mientras su perrillo retoza, todo ello para formar una simple O, y no menos las dos moscas, una de ellas encerrada en la O y la otra que parece darle ánimos desde fuera.

Letra adornada con escena
Letra adornada con escena

Y dejamos para el final las dos escenas que más nos gustan. En primer lugar, el gato que maúlla frente a la casa (quizá porque le han echado de allí), enmarcado por dos figuras humanas danzantes de sabor realmente moderno. Por último, un dibujo que son dos. Por un lado el gato que corre tras el ratón con las garras ya preparadas, y junto a ellos una cara bifronte, como el dios Jano, tutelar de los archivos, y además con sendas antiparras. ¿Y si fuera el archivero de la comunidad?

SANTA FE

Como sabéis casi todos los que vivís cerca de Toledo, hoy se inaugura la colección de arte de Roberto Polo, en el antiguo convento de Santa Fe. Con este motivo, os ofrecemos algunos de los documentos que conservamos referidos a este lugar.

El convento de Santa Fe fue fundado en el siglo XIII por la Orden de Calatrava en una zona que había sido en época musulmana el “alficén”, es decir, el recinto amurallado. A principios del siglo XVI, tras un fugaz paso por la orden de la Concepción Francisca, pasó a las Comendadoras de Santiago, momento en que se debieron hacer importantes obras. Las Comendadoras se mantuvieron aquí durante cuatro siglos hasta que a principios del siglo XX, debido a la escasez de vocaciones, alquilaron parte de su convento a la orden de la Sagrada Familia de Loreto, conocida como “ursulinas”, que establecieron allí un colegio. En 1935 el Estado se incautó de la zona ocupada por las monjas santiaguistas, que se trasladaron a una parte del convento de Santo Domingo el Real, donde permanecen todavía hoy.

Alzado del convento de Santa Fe de Toledo

El edificio, por su parte, iba a ser destinado a sede del Banco de España, pero la guerra civil frustró el proyecto y finalmente fue ocupado por completo por las ursulinas y su colegio, que sin embargo también acabaron marchándose en 1973. En ese momento el Estado se hizo cargo directamente del edificio como ampliación del vecino Museo de Santa Cruz, situación en la que permanece hasta hoy. En nuestro archivo conservamos los expedientes de algunas obras de consolidación o restauración realizadas por el Ministerio de Cultura en estos años, como una de 1982 a la que pertenece este alzado.

Retrocediendo en el tiempo, encontramos una fotografía del ábside mudéjar, resto del primitivo convento calatravo, fechada en 1963, y una imagen parcial del claustro de la década de 1950, en la época del colegio de ursulinas. La fotografía datada más antigua que poseemos es anterior a la marcha de las Comendadoras en 1935, porque aparece en ella una monja de esta orden leyendo en el claustro. Todas estas fotos pertenecen al fondo “Rodríguez”.

Este convento, como parte de la Orden de Santiago, sufrió la desamortización del siglo XIX y, por tanto, su documentación fue a parar al Archivo Histórico Nacional. No obstante, como era habitual, algunos documentos permanecieron en la Delegación de Hacienda de Toledo y hoy están en nuestro archivo. En concreto, conservamos dos libros de censos datados en el siglo XVIII.

EL DESLINDE DE AZUTÁN

Hace algunos meses os presentamos un privilegio rodado por el que Alfonso VIII otorgaba determinados bienes al monasterio de San Clemente de Toledo, entre ellos, aunque sin nombrarlo, la localidad de Azután. Esta donación, como era de esperar, originó abundantes roces entre el monasterio y el cercano concejo de Talavera. El documento que os presentamos hoy lo deja bien claro: “que vos [el concejo de Talavera] querellades que se entra el abadesa [de San Clemente] lo vuestro, y otrosí que se querella el abadesa que vos entrades lo só”. Se pretende solucionar el asunto deslindando con precisión los límites entre el término de Azután, propiedad del monasterio, y el de Talavera, con el arbitraje del “alcalde del rey” en Toledo. El acuerdo está fechado en abril de la “era” de 1282, que equivale a nuestro año 1244, reinando Alfonso X el Sabio.

32441_3_002

Más que sobre el fondo del asunto, nos gustaría llamar la atención sobre algunos aspectos interesantes del propio documento. Lo más llamativo, sin duda, son los hilos de colores o “vínculos” que aparecen en la parte inferior. Servían para sujetar los sellos de cera que daban autenticidad al documento, junto con las firmas. Se trataba, sin duda, de los sellos del concejo de Talavera, del convento de San Clemente y del concejo de Toledo. Fijaos en que estos vínculos están unidos al documento mediante tres agujeros, un sistema habitualmente utilizado para sellos de plomo, que estaban reservados al rey o al papa; puede ser un simple detalle casual o quizá una forma discreta de mostrar poder por parte de alguno de los actores, o de todos ellos. Este detalle nos lo ha señalado la profesora Ana Belén Sánchez Prieto, de la Universidad Complutense, a quien se lo agradecemos. En todo caso, alguien cortó meticulosamente los sellos, que hoy están perdidos.

inserto

Otro elemento interesante, aunque mucho menos visible, es el documento inserto. En efecto, dentro del documento se copia literalmente otro anterior que el rey Fernando III había enviado al concejo de Talavera, ordenando que el alcalde del rey en Toledo don Servant arbitrase el pleito en cuestión, junto con dos “hombres buenos” toledanos, otros dos talaveranos y otros dos nombrados por la abadesa del monasterio. Gracias a esta costumbre de copiar documentos hemos podido conocer textos que, de otro modo, se hubieran perdido para siempre, como este caso. En la imagen hemos señalado el documento copiado.

32441_3_002-crop

 

Y, por supuesto, están las firmas en escritura árabe. Desgraciadamente, nuestros conocimientos de esta lengua son nulos, pero parece claro que se trata de la firma de algunos de estos “hombres buenos” que asesoran y representan a las partes en conflicto, y que conocen el terreno; del hecho, al otro lado firma, con mucha dificultad, uno de estos asesores, un tal “Johannes Stefanus”. Pero ninguno de los nombres que aparecen en el texto es un nombre árabe, por lo que la escritura en esta grafía quizá pudiera tratarse de aljamiado, es decir, palabras latinas escritas con caracteres árabes. Sea como fuere, es evidente que, dos siglos después de la conquista cristiana, la herencia musulmana todavía tiene mucho peso en esta zona, como indica, además de las firmas, que el lugar en disputa es denominado “Daralçotán”. Por cierto, que al hacer el deslinde se mencionan otros lugares, algunos fácilmente identificables, como “Alcolea en Tajo” o “Nava del Moral”, y otros no tanto, como el castillo del Berrueco del Lobo o el puente de “Ravia” o “Rania”. Como siempre, cualquier sugerencia sobre las firmas, los lugares o cualquier otra cosa será bienvenida.

TIRSO EN TOLEDO

Fray Gabriel Téllez fue un fraile mercedario español que ha pasado a la posteridad por su faceta de autor teatral bajo el seudónimo de Tirso de Molina. Nació en Madrid en 1579 y estudió en la Universidad de Alcalá, donde coincidió con Lope de Vega, al que rindió declarada admiración toda su vida. En 1600 ingresa en la Orden de la Merced y seis años después es ordenado sacerdote en Toledo. Aquí se instaló en el convento de su orden, situado en el lugar donde hoy se alza el palacio de la Diputación Provincial, y aquí permanecería hasta 1616, con algunos largos viajes intercalados en su estancia toledana.

AHPTO_23041_04_f_449r

De su estancia en Toledo nos ha quedado su firma en un documento de febrero de 1615, autenticado por el notario Pedro de Galdo. En él, la comunidad de frailes mercedarios concede la propiedad y patronazgo de la capilla de Nuestra Señora de las Mercedes del convento toledano a Nicolás Suárez, Pedro Suárez y Pedro Ortiz. Como era costumbre, firman todos los miembros de la comunidad religiosa, y entre ellos, naturalmente, también nuestro autor.

Toda la vida adulta de Tirso es una lucha por mantener sus dos grandes vocaciones, la religiosa y la literaria, sobre todo teniendo en cuenta que nuestro autor se especializó en comedias de enredo y “de capa y espada”. Quizá las más conocidas sean “Don Gil de las Calzas Verdes” y “El vergonzoso en Palacio”, aunque también cultivó el teatro religioso, con algunas vidas de santos y autos sacramentales, y obras en prosa. Pero muchas personas de su tiempo consideraban que esta actividad literaria, sobre todo la “profana”, no cuadraba con los hábitos mercedarios. Por eso, en 1625 el mismísimo y todopoderoso Conde-Duque de Olivares ordenó su destierro, aunque resultó un destierro breve, de apenas un año. Después de vivir en lugares tan diversos como Santo Domingo, Madrid, Sevilla o Trujillo, Tirso volvió a Toledo en 1629 y permaneció aquí cuatro años antes de marchar a Cataluña. Tras diversos avatares y traslados, murió en Almazán en 1648. El retrato que os ofrecemos es un grabado del siglo XIX, obra de Bartolomé Maura, y se encuentra en la Biblioteca Nacional de España.

_Retrato_de_Fray_Gabriel_Téllez_Tirso_de_Molina_Material_gráfico__1-001

Toledo aparece en varias obras de Tirso, incluso en el título. Así, en las comedias “La villana de la Sagra” y “De Toledo a Madrid”, pero sobre todo en su obra en prosa “Los cigarrales de Toledo”. Se suele destacar también “El burlador de Sevilla”, considerada una de las primeras manifestaciones literarias del mito de Don Juan Tenorio y que habría sido compuesta, al menos en gran parte, durante la primera estancia de Tirso en Toledo. No obstante, hay autores que consideran errónea su atribución a Tirso.

LA SISLA, MONASTERIO Y PALACIO

Esta semana, gracias al investigador Francisco José Rodríguez de Gaspar —al que le agradecemos la indicación—, hemos podido identificar algunas fotos del palacio de la Sisla, cerca de Toledo, que no teníamos correctamente ubicadas. Lo que aparecía descrito como “casa particular” ahora sabemos que corresponde al palacio que levantó a principios del siglo XX Consuelo Cubas, condesa de Arcentales. Se conocían ya varias fotografías de este palacio, realizadas en sus primeros años, que reflejan su magnificencia un tanto exagerada; podéis verlas en el siempre estupendo blog “Toledo Olvidado”. Las que os ofrecemos ahora nos muestran un mobiliario mucho más austero, lo que nos hace suponer que se tomaron después de la guerra civil. En efecto, durante la contienda el edificio sufrió mucho debido a los saqueos y a encontrarse en pleno frente, y parece que sus propietarios posteriores se limitaron a utilizarlo como residencia ocasional.

page

Pero el lugar tiene mucha historia detrás. A mediados del siglo XII se cita una ermita de Santa María de la Cisla al sureste de Toledo, y a finales del mismo siglo ya aparece dependiente jurídicamente de la parroquia de Santa Leocadia. En 1384 la naciente orden jerónima recibe el lugar y empieza a construir en él un monasterio que prosperó con rapidez. Quizá los siglos XV y XVI fueron su época de mayor esplendor, como testimonian las tablas del “Maestro de la Sisla”, realizadas para este monasterio y que hoy se conservan en el Museo del Prado. Aquí profesaron Hernando de Talavera, que fue confesor de Isabel la Católica y arzobispo de Granada, y Diego de Yepes, confesor de Santa Teresa de Jesús y de Felipe II. Incluso en sus muros se firmó el acuerdo de paz definitivo entre los comuneros toledanos y las tropas imperiales en 1521. Más modestamente, en el AHPTO conservamos una relación de tierras y propiedades que atestiguan el poder económico de la comunidad en ese momento.

image1

El siglo XIX fue el de la decadencia del monasterio.  Un incendio en 1802, los estragos de la guerra de la Independencia y dos desamortizaciones, en 1820 y 1835 —esta última definitiva— significaron la ruina del edificio, que acabó demolido. Aquí os ofrecemos la portadilla del expediente de venta de parte de las tierras que pertenecieron al monasterio extinguido.

image2-crop

Tras pasar por varios propietarios, el solar y los restos edilicios llegaron a la mencionada condesa de Arcentales, quien levantó un palacio de capricho del que se solían destacar las rejas de Julio pascual y los jardines diseñados por Cecilio Rodríguez. Esta segunda época dorada del edificio terminó con la guerra civil, como hemos señalado. Durante el período franquista debió utilizarse como simple casa de campo y en 1975 fue expropiado para ampliar los terrenos de la Academia de Infantería. Pero, antes de hacerse efectiva la expropiación, su propietario decidió volar los edificios que quedaban, al parecer para mostrar su desacuerdo con la indemnización que iba a recibir. Y así han quedado hasta hoy.

cats

Aunque la zona es de acceso restringido, podemos ver su estado actual gracias al estupendo reportaje fotográfico que hizo hace pocos años el fotógrafo David Utrilla.

GUADALUPE

Para muchos mexicanos y americanos en general, la Virgen de Guadalupe es parte de su identidad cultural. Se trata de una imagen anónima del siglo XVI, pintada sobre tela, que representa a la Virgen María, glorificada y con evidentes rasgos indígenas. Según la tradición, la imagen apareció de forma milagrosa en el “ayate” —tela para transportar aperos— del indio Juan Diego Cuauhtlatoatzin, después de que la Virgen se le apareciera en varias ocasiones en 1531. Juan Diego murió en olor de santidad, aunque su canonización oficial no llegaría hasta 2002. Las apariciones tuvieron lugar en el cerro del Tepeyac, al norte de la actual Ciudad de México, y allí se construyó un santuario que hoy es uno de los lugares de peregrinación más importantes de la Iglesia Católica, que ha declarado a la imagen patrona de México y de toda América Latina.

Según el relato tradicional, el nombre de “Guadalupe” fue propuesto por la propia Virgen. En todo caso, procede de otro monasterio, el situado en la localidad del mismo nombre en la provincia de Cáceres, en España. Este monasterio y sus priores jugaron un papel decisivo en el impulso y la financiación de los viajes de Colón, motivo por el que el descubridor bautizó como «Guadalupe» a una de las primeras islas que encontró, y el nombre pronto se popularizó entre los primeros conquistadores. Si continuamos atendiendo a las tradiciones, el monasterio cacereño tuvo su origen en una ermita levantada hacia 1330 por un pastor en el lugar donde se le había aparecido la Virgen. El rey Alfonso XI tomó la ermita bajo su protección y la convirtió en un “priorato secular” bajo patronato real lo que, entre otras cosas, implicó la independencia de la puebla asociada al templo. En 1389 se convirtió en monasterio de la orden jerónima. Tras la desamortización del siglo XIX, el monasterio fue suprimido y convertido en simple parroquia hasta que en 1908 se le devolvió su categoría monástica, aunque ahora encomendada a la orden franciscana. En cuanto a la imagen está fechada en los años finales del siglo XII, y ha sido declarada patrona de Extremadura. El maravilloso conjunto monástico es patrimonio de la Humanidad desde 1993.

Bien, pues como muchos de vosotros sabéis, este monasterio extremeño está bajo la autoridad eclesiástica del arzobispo de Toledo. Hay que tener en cuenta que el territorio de este arzobispado se origina durante las conquistas cristianas de la Plena Edad Media y fue muchísimo más amplio que el actual, abarcando la práctica totalidad de las actuales provincias de Madrid y Ciudad Real e importantes enclaves en Jaén, Soria o Badajoz, entre otras. Desde el siglo XIX el actual arzobispado toledano fue perdiendo territorios y ajustándose a los límites de la actual provincia. El caso de Guadalupe queda todavía como resto de la situación anterior, pero su especial situación histórica y simbólica hace que su paso a la diócesis de Coria-Cáceres se haya convertido incluso en una cuestión de debate político.

Aquí os dejamos algunas fotografías de la localidad, procedentes del fondo fotográfico de la casa “Rodriguez”. No tienen fecha, pero pueden datarse en el primer tercio del siglo XX, y quizá se hicieron específicamente con vistas a su venta posterior, a modo de recuerdo para turistas o curiosos.

LAS CASAS DEL TOLEDO EN EL SIGLO XV, EN UN DOCUMENTO RESTAURADO

Hoy os presentamos un documento que acaba de ser restaurado por el Centro de Restauración y Conservación de Castilla-La Mancha, en concreto por la restauradora Carmen Jiménez Limones. Se trata de la “Medida antigua de las posesiones que tiene en Toledo el monasterio de Santa Clara”, según la inscripción que campea en su carpetilla. El documento en sí está fechado entre el 8 y el 12 de junio de 1456, hace casi exactamente 562 años.

33647_3_002

Vamos a verlo primero por fuera. Se trata de un cuadernillo de 11 folios, del tamaño habitual en la época, unos 22 x 30 cm. Está escrito en letra cortesana, y empieza abruptamente. Es evidente que falta al menos un folio al principio. Durante la restauración se ha comprobado que se utilizaron los últimos folios para volver a coser todo el cuadernillo, forzando sus pliegues. En otras palabras, que en algún momento se intentó reforzar lo que quedaba del documento, señal de la importancia que se le otorgaba. Además de esto, llama la atención el fragmento de documento cosido al primer folio. El cosido de documentos ha sido habitual en las prácticas notariales durante muchos siglos y permitía, en algunos casos, ahorrarse el trabajo de copiar el documento que se pretende insertar. En este caso, solo se conserva un fragmento del documento cosido, aunque podemos suponer fácilmente quién lo escribió, cuándo y por qué.

33647_3_002-crop

Y ¿de qué va todo esto? Pues de lo que dice su título, de inventariar todas las posesiones que el monasterio de Santa Clara tenía en la ciudad de Toledo. Por algún motivo que desconocemos, el alcalde mayor de Toledo ordena al alcalde ordinario Gonzalo Fernández, “bachiller en leyes”, que gire visita a todos los inmuebles propiedad del monasterio. El equipo inspector estaría constituido, además de por el propio bachiller, por el alarife (carpintero) Martín Sánchez Bonifacio y por el escribano Gonzalo López de Alcaudete.

Se pueden contar unos 25 inmuebles, repartidos por toda la ciudad. Encontramos desde pequeñísimas tiendas de apenas seis metros cuadrados en la calle Lencerías, actual Comercio, hasta enormes casas de más de 1.000 metros cuadrados (en varias plantas, eso sí) en la cercana calle Cuchillerías, hoy Toledo de Ohio, más conocida como Cuesta de Belén. Hay inmuebles en el Arrabal, en la desaparecida parroquia de San Juan de la Leche, en los “Alamillos de Santiuste” o en el Horno de San Miguel, entre otras zonas. Las descripciones mencionan frecuentemente “cámaras”, pero también “palacios” (en el sentido de “habitaciones”), portales y portalejos, “patines” o patios y, ocasionalmente, bodegas o algún pozo. Y entre los inquilinos del monasterio hay desde prósperos mercaderes o hidalgos a simples artesanos, como un cintero, un correero o un espolero, fabricantes de cintas, correas y espuelas, respectivamente.

Sin duda, es un documento de gran interés, aunque se conocen otros similares realizados por la misma época. Por eso, este documento ha sido seleccionado para participar en la exposición “De puertas para adentro”, que se inaugurará a mediados del próximo mes de junio en el Museo de Santa Cruz. Precisamente uno de los comisarios de esta muestra, Jean Passini, es también uno de los principales conocedores del urbanismo medieval toledano y ha sido quien nos llamó la atención sobre este documento. Para saber más sobre el tema, podéis consultar su documentadísima web dedicada al urbanismo medieval toledano.