EL MUSEO DE CERÁMICA DE TALAVERA DE LA REINA

Como todos sabéis, hace pocos días la UNESCO ha declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad las cerámicas de Talavera de la Reina y Puente del Arzobispo, junto con las de Tlaxcala y Puebla, en México. Vaya por delante nuestra felicitación a todos los talaveranos y puenteños, así como a nuestros amigos mexicanos.

Quizá el lugar donde mejor pueda disfrutarse de esta artesanía en España sea el Museo Ruiz de Luna, en Talavera de la Reina. El Museo se creó para recoger la colección de cerámicas que había ido recopilando a lo largo de su vida el gran ceramista Juan Ruiz de Luna Rojas (1863-1945), nacido en la localidad de Noez aunque vivió casi toda su vida en Talavera. Ruiz de Luna instaló su colección en unas dependencias de su propia fábrica, el alfar “Nuestra Señora del Prado”. En las fotografías podemos ver al propio Ruiz de Luna en una de las estancias de su museo, y también una vista parcial de las instalaciones, con la Colegiata y la iglesia de santa Catalina al fondo.

Sin embargo, esta industria hubo de cerrar en 1961 y dos años después el Estado, en colaboración con la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Talavera, adquiere la colección para evitar su dispersión, con la idea de crear un “Museo de Cerámica”. Pero, como desgraciadamente ocurre con frecuencia, pasaron muchos años hasta que el museo fuese una realidad. Mientras tanto, se barajaron diversas opciones para su ubicación. En el fondo del Gobierno Civil conservamos el expediente de uno de esos intentos, que resultaría fallido. Se trata del inmueble que actualmente ocupa la Delegación de Servicios de la Junta de Castilla-La Mancha en la ciudad, en la emblemática Plaza del Pan, cerca de la antigua fábrica de cerámica. El edificio se construyó como vivienda en el siglo XVI y había tenido varios usos, desde Ayuntamiento hasta Instituto provincial. Después de la guerra civil se convirtió en colegio con el nombre de Miguel de Cervantes. En 1972 el Ayuntamiento, que era el propietario del inmueble, decidió cederlo al Estado para instalar el Museo de Cerámica. Como es natural, el inquilino, es decir, el citado colegio, presentó todas las reclamaciones posibles pero, como vemos por los documentos, fueron rechazadas y finalmente se autorizó esta cesión.

Pero algo debió de ocurrir después, porque, como sabemos, el museo nunca llegó a instalarse en ese edificio. En 1992, cuando fue declarado Bien de Interés Cultural, el colegio Cervantes seguía allí y actualmente alberga la Delegación de Servicios de la Junta de Castilla-La Mancha. Será precisamente la administración autonómica la que impulse la construcción definitiva del museo. Nada más recibir su gestión de manos del Estado, en 1984, se inició el proyecto para instalar el “Museo Ruiz de Luna” en el antiguo convento de San Agustín, el cual se abrió al público por fin en febrero de 1996. Posteriormente, en marzo de 2013, se inauguró una ampliación de sus instalaciones.

Damasquinadores

En estos días se celebra en Toledo la Feria Regional de Artesanía, conocida por sus siglas de FARCAMA. De entre los artesanos de nuestra tierra, unos de los más característicos son los damasquinadores. El damasquinado es una técnica de orfebrería ornamental que, en esencia, consiste en incrustar hilos y láminas dorados sobre una base de metal, formando figuras y motivos decorativos. Aunque es conocido desde muy antiguo, la historia moderna del damasquinado en España empieza con Eusebio Zuloaga, abuelo de famoso pintor Ignacio Zuloaga. Este industrial, asentado en Éibar a mediados del siglo XIX, descubrió la técnica en una armadura procedente de Damasco (de ahí el nombre de la técnica), conservada en el Museo Real de Madrid, y decidió incorporarla a su negocio de fabricación de armas. Su hijo Plácido la mejoraría notablemente. En 1875 algunos obreros de la fábrica de Zuloaga se trasladaron a Toledo al servicio de la Fábrica de Armas, y a partir de aquí el damasquinado arraigaría en la ciudad hasta hoy.

A mediados de los años de 1950 el turismo ya llegaba a Toledo de forma masiva, y los objetos adornados con damasquino eran, como hoy, uno de los principales recuerdos que podían adquirir. Con ocasión de ciertas denuncias relacionadas con la atracción ilegal de turistas a algunos de estos establecimientos (otro día os contaremos con detalle esta historia) en octubre de 1956 el Gobernador Civil ordena al Comisario de Policía que recabe de todos y cada uno de los damasquinadores de la ciudad una serie de datos: propietario de la industria, número de trabajadores, familiares que conviven con el dueño, impuestos que pagan, etc. Entre esos datos nos ha llamado la atención uno, el de la fecha de fundación del negocio. La inmensa mayoría declaran haber iniciado su actividad en los propios años 50, y son realmente muy pocos los que afirman haber empezado antes de la guerra civil. El más antiguo es el establecimiento de Dª Juana Garrido Muñoz, en la calle Carreteros, que afirma haber heredado el negocio de sus padres, quienes lo fundaron en 1888, es decir, poco después de que los obreros eibarreses trajesen la técnica desde el País Vasco hasta nuestra ciudad. Si no es la damasquinadora más antigua de Toledo, poco le falta.