LAS ALMAZARAS DE AQUILINO BRAVO

El aceite es uno de los principales productos agrícolas de nuestra provincia desde siempre. Por eso, entre la documentación del AHPTO se pueden encontrar muchas referencias a la producción y distribución de este líquido. Hoy nos vamos a centrar en las almazaras de Orgaz y Los Yébenes, en concreto las que, durante los años de posguerra, pertenecieron a D. Aquilino Bravo Carbonell.

Para ambientarnos, empezaremos con esta fotografía del interior de una almazara. No sabemos su fecha ni podemos identificar de qué instalación se trata, ni siquiera la localidad, pero podemos suponer que las que nos ocupan serían bastante parecidas. Añadimos un curioso documento de 1919 en el que la Junta Provincial de Subsistencias abronca duramente al Ayuntamiento de Orgaz porque, siendo principal productor de aceite, sin embargo pide que se le provea de este producto para su población, lo que implica que está permitiendo la especulación.

Portada del Libro de la Almazara 554, de Los Yébenes, de 1948

Pero centrémonos en las almazaras de Aquilino Bravo. No tenemos muchos datos de este señor, aparte de que era concejal en Orgaz en 1945 y poseía en esta localidad y en la vecina de Los Yébenes sendas almazaras entre 1945 y 1951 al menos. También su hermano Juan era propietario de una almazara en Orgaz. Lo que nos ha llamado la atención es que, entre los documentos procedentes del Ayuntamiento orgaceño, han aparecido los correspondientes “Libros de almazaras” completos, cuando se trata de documentación que debía permanecer en el archivo de la propia empresa. El caso es que ahora están aquí. Como puede verse, las almazaras se identificaban por un número; las que nos ocupan hoy son la 381, de Orgaz, y la 554, de Los Yébenes.

Los “libros de almazaras” son registros oficiales en los que se anota cuidadosamente la actividad diaria de la industria. En general, se anotan las cantidades de aceituna ingresada, la que se muele y el resultado final, pero también cualquier tipo de incidencia. Por ejemplo, el día 15 de enero de 1945 se anota “la suspensión de la molturación por falta de aceituna al haberse suspendido la recogida por causa del temporal de nieve reinante”. Hay que recordar que el invierno de 1945 es todavía hoy el más frío en España desde que se tienen estadísticas fiables. También se anotaban en los libros las inspecciones periódicas que realizaba la Comisaría de abastecimientos y Transportes. A veces, incluso se dejaba en el libro una copia del acta completa de la inspección, como esta también de 1945.

Las almazaras de Aquilino Bravo dejaron también abundante huella en la documentación municipal relacionada con el abastecimiento a la población. Por ejemplo, tenemos aquí el acta de puesta en marcha de la producción en 1944, en la que declara que venderá su producto a la empresa “Lizarriturri y Rezola”, fabricante, entre otras marcas, del popular jabón “Lagarto”. También se levantaba acta del final de campaña y precintado de las instalaciones hasta el año siguiente, esta vez de 1947.

Y finalizamos con unos documentos muy delicados, que se redactaban cuidadosamente: los “conduces”, es decir, las autorizaciones para transportar aceituna a la almazara o aceite desde la almazara a alguna industria transformadora. Aquí os ofrecemos uno de 1945 para transportar aceituna desde la finca hasta el molino: se autoriza una cantidad determinada y luego se registran todos los viajes que hayan sido necesarios. También se anotan los familiares y obreros dependientes de la almazara, porque tenían derecho a reservarse determinadas cantidades para su consumo propio. Por último, un “conduce” para llevar el aceite, en carreta, hasta las instalaciones de la Viuda de A. Barbudo, en Mora. No hemos podido averiguar a qué se dedicaba exactamente esta última empresa, aunque quizá estuviese relacionada también con la fabricación de jabón.

CARTA AL FRANCÉS

4 de septiembre de 1811. En Navalmoral de Toledo (localidad que, como veis, nos está dando mucho juego últimamente) están que trinan. A finales de julio habían recibido un Real Decreto exigiéndoles 453 fanegas y 9 celemines de trigo, y 223 fanegas y 9 celemines de cebada, o lo que es lo mismo, casi 20 toneladas de trigo y 7,3 de cebada, que debían depositarse “en los almacenes de Talavera”. En el mes transcurrido desde entonces ya había entregado un tercio del trigo, y lo que faltaba se estaba retrasando por la escasez de caballerías para el transporte, seguramente por culpa de la guerra. Pero ahora ha aparecido en el vecino Navalmoral de Pusa un “Comisario de Guerra” con el encargo de requisar suministros para el ejército francés y, extralimitándose claramente, ha requisado también “con auxilio militar” dos tercios de la cosecha de Navalmoral de Toledo. El representante de nuestro pueblo, indignado, reclama ante el “subprefecto” de Talavera, José Sánchez Yebra.

Reclamación de Navalmoral de Toledo
Reclamación de Navalmoral de Toledo

El caso es muy interesante porque se mezclan varias jurisdicciones en tiempo de guerra. En efecto, en este momento la administración josefina había establecido una división territorial de España basada en “prefecturas” y “subprefecturas”. La prefectura del “Tajo-Alberche”, con capital en Toledo, era la que administraba Navalmoral de Toledo, mientras que Navalmoral de Pusa dependía de la subprefectura de Talavera, que a su vez estaba subordinada a la prefectura “del Tajo” con capital en Cáceres. Como sabemos, ambos Navalmorales estaban prácticamente unidos, de manera que a los ojos de un recién llegado parecían el mismo pueblo. Además, el prefecto de Toledo había complicado la situación al ordenar que se enviase el grano del pueblo “toledano” a Talavera, sin duda para abastecer mejor desde allí al ejército.

Fragmento de contestación del subprefecto de Talavera (montaje)
Fragmento de contestación del subprefecto de Talavera (montaje)

Al margen del escrito del representante de Navalmoral tenemos la minuta de la contestación del subprefecto de Talavera exigiendo que se haga saber al Comisario de Guerra que Navalmoral de Toledo no está bajo la jurisdicción de Talavera sino bajo la de Toledo y que está cumpliendo con lo que, por esta vía, se le ha pedido en materia de impuestos, “y que si sus apremios dependiesen de la autoridad militar, se entiendan con sus jefes en los recursos que le convengan, puesto que los civiles no tienen conocimiento ni versación de las medidas de que estén encargados los comandantes de las columnas”. El enfado del funcionario es evidente y refleja las tensiones entre los burócratas civiles al servicio del rey José, que intentaban administrar el país (o al menos la zona que controlaban) con relativa normalidad, y las autoridades militares francesas, bastante menos sutiles y tendentes a incautarse de todo lo que necesitasen sin muchas contemplaciones.

Carta de Navalmoral de Toledo al General Gobernador, en francés (montaje)
Carta de Navalmoral de Toledo al General Gobernador, en francés (montaje)

Consciente de ello, el abogado de Navalmoral de Toledo se dirige también a la máxima autoridad militar en la zona, el General Gobernador (cuyo nombre no hemos conseguido averiguar), pero esta vez en francés. Hace un resumen de la historia y, finalmente, le pide “que le dit village ne doit payer que le contingent établi par le Préfet de Toléde”. En nuestro Archivo no tenemos muchos documentos en otros idiomas, así que, naturalmente, esta carta nos ha llamado la atención. Con todo, no sabemos cómo acabó este asunto pero, teniendo en cuenta las circunstancias, es probable que el cereal incautado acabase en los cuarteles y campamentos del ejército francés a pesar de todas las protestas y escritos.