LOS VOLUNTARIOS DE LA UNIVERSIDAD DE TOLEDO EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

En agosto de 1808 muchas partes de España se habían rebelado ya contra la invasión francesa, pero de forma todavía poco organizada. Como es sabido, se habían ido formando Juntas Provinciales que solo en septiembre de ese año convergerán en una Junta Suprema que se constituyó en Aranjuez. Mientras tanto, se iban organizando distintas formas de resistencia armada, entre ellas el “Batallón de Voluntarios de Honor de la Universidad de Toledo”.

Proclama

En efecto, en el mismo mes de mayo de 1808 se emite una proclama animando a todos los miembros de la Universidad a constituirse en unidad militar para combatir a los franceses. Los voluntarios deberán presentarse a hora y días determinados ante los profesores designados e inscribirse consignando sus datos personales en una papeleta. Conservamos un buen número de estas papeletas. La proclama, por su parte, otorgaba importantes beneficios académicos a los estudiantes voluntarios.

En agosto empezó la organización formal de todo este grupo de voluntarios. El claustro universitario elaboró dos planes de actuación consecutivos, uno para la Junta Provincial de Toledo y otro para la Junta Central, ubicada en Aranjuez, pero solo recibió contestación de esta última. El batallón lo formaron unos 300 voluntarios (la mitad de los previstos), a los que en noviembre se dieron mandos adecuados, con el marqués de Zevallos a la cabeza. Por cierto, que no hemos conseguido averiguar nada más sobre este título nobiliario, de manera que todas las sugerencias serán bienvenidas. En todo caso, solo unos días después recibió su primer encargo: escoltar a la Junta Central desde Aranjuez a Sevilla, a donde se trasladaba huyendo de la presión napoleónica.

Borrador de informe

En la capital andaluza el Batallón recibió sus primeras nociones mínimas de técnica militar, y sus progresos fueron tan grandes que sirvieron de base para la constitución de una Academia Militar en regla, que se inauguraría en diciembre de 1809. Pero casi enseguida hubieron de volver a trasladarse, esta vez a la Isla de León (hoy San Fernando, en Cádiz), de nuevo huyendo de los franceses. En abril de 1810 se pudieron reanudar las clases y, a la vez, se decidió la disolución del batallón. La mayor parte de sus miembros continuaron sus estudios en la Academia, y el resto se incorporó a otras unidades militares. Pero su recuerdo perduró.

En abril de 1815 el Inspector General de Infantería pide informe a las autoridades de Toledo sobre todas las unidades que se hubiesen levantado contra la invasión francesa, en el marco de una campaña para recoger los testimonios de “tan loable revolución”. En mayo, el Comandante Militar transmite esta petición a la Universidad, y el resultado es un extenso informe, cuyo borrador conservamos, elaborado por varios profesores y aprobado por el Claustro en septiembre. Este informe es una fuente básica para conocer la historia de esta peculiar unidad militar, pero, además, conservamos las detalladas cuentas que se presentaron en noviembre de 1816 y que fueron aprobadas por el claustro el mes siguiente. Sin entrar en detalles, el resumen es que la Universidad gastó 14.228 reales pero había ingresado 15.247, es decir, obtuvo un beneficio de algo más de 1.000 reales. Como curiosidad, digamos que el mayor ingreso fue una aportación de un estudiante al que se eximió de alistarse en el ejército regular a cambio de integrarse en el Batallón, y aportó nada menos que 5.000 reales. Por otro lado, el gasto mayor fueron los casi 3.000 reales pagados al comerciante Santiago Rojo por los botones de los uniformes, como consta por su correspondiente factura.

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