NADIE SABE NADA

Muchas veces hemos observado que los documentos conservados en los archivos son, en realidad, la memoria de la gente corriente, del pueblo, en definitiva. La mayor parte son prueba de sucesos ordinarios, cotidianos, pero precisamente por ello dan la medida de una sociedad y una época, tanto o más que las grandes creaciones o los hechos espectaculares. Los documentos que hoy os presentamos son testimonio de una simple anécdota, una cuestión de rutina, pero que refleja el ambiente en La Mancha durante la Restauración, cuando pervivían aún muchos abusos de los propietarios más acaudalados para con las personas más pobres, abusos casi siempre envueltos en impecable cobertura legal. Los menesterosos a veces estallaban en revueltas, pero era más habitual encontrar expresiones solapadas de su descontento, como los anónimos y pasquines.

Estamos en Orgaz, en mayo de 1878. Debió ser el martes 13 o el miércoles 14 cuando una persona que se mantiene en el anonimato entrega al primer teniente de alcalde una hoja que había encontrado pegada en la plaza del pueblo a altas horas de la noche. El teniente la pasa al alcalde, quien resta importancia al asunto. El pasquín se refiere a la decisión del Ayuntamiento, en connivencia con una “Junta de Asociados”, de arrendar los pastos comunales (“los prados”) en lugar de permitir su uso libre por todos los vecinos, como venía siendo costumbre. Esta privatización de un recurso público fue un recurso muy habitual desde la Edad Media, siempre con el argumento de “cubrir los gastos del presupuesto municipal”, como declarará el propio alcalde ante el juez. Pero, obviamente, esta privatización dejaba a los más necesitados sin lugar donde sus escasos ganados pudieran pastar. Por eso, “todos los pobres de Orgaz” amenazan con “encenderse muchas eras de los que tién la culpa. Todos los días abrá quema”. Rematan con un “estamos dispuestos a quemar todo lo bibo, y cuidao”.

Pasquín

El alcalde se toma el asunto más en serio cuando aparece un nuevo cartel en la madrugada del domingo 19 de mayo, en la primera columna del soportal de la plaza. Esta vez lo descubrió el alguacil, y ahora sí se da conocimiento al juez. Este segundo pasquín, más extenso, repite la amenaza de incendiar las eras pero se añade que “cuidao con meterse con nadi, porque entonces pasaremos a otra cosa”.

Fragmento de informe

La investigación es breve. Tras interrogar al alguacil, que no sabe nada de nada, el alcalde dice sospechar de Anastasio Hinojosa Díaz, “Cacha”, a quien un vecino afirma haber visto la noche del sábado al domingo con otros campesinos en una reunión “de carácter tumultuoso… tratando de ponerse de acuerdo para invadir con sus caballerías la dehesa boyal el día que se abriera para el aprovechamiento de sus pastos”. Pero Hinojosa declara que esa noche estuvo “sembrando melones al otro lado de Yébenes” y después regresó a su casa al anochecer sin volver a salir. Por supuesto, tampoco sabe nada del asunto, ni tiene ningún interés en ello puesto que nunca ha llevado a sus dos caballerías a las eras comunales. Finalmente, el fiscal entiende que no hay caso. Las amenazas no parecen tener más objetivo que el de intimidar y, por otro lado, nadie sabe nada o al menos no dice nada al respecto. El juez archiva el asunto el 7 de junio. Pero el descontento popular en Orgaz estaba claro, aunque esta vez no llegó a concretarse.

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