LAS CARTAS DE UNAMUNO

¿Por qué unas cartas de Unamuno en nuestro archivo?

El 28 de julio de 2018 nuestro director publicó un post sobre uno de nuestros fondos, de los más reducidos en volumen, pero no en importancia, el fondo, más bien colección, de Rafael Altamira y Crevea, (1866-1951). Recordando unos cuantos datos suyos: fue jurista e historiador, además de senador y figura de gran trascendencia en la escena cultural y política de nuestro país, vivió exiliado desde 1936 hasta su fallecimiento.
A nuestro archivo llegó una colección de 71 documentos, que componían la correspondencia de Rafael Altamira con determinados personajes de la vida universitaria, cultural y política del momento. Ocho de ellos son cartas escritas de puño y letra de Miguel de Unamuno fruto de su relación de amistad entre ellos, en las que tratan lo profesional, lo personal y hasta lo espiritual.
Más conocida es la figura de Miguel de Unamuno 1964-1936, escritor y filósofo, miembro destacado de la generación del 98, estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, realizó su tesis “Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca”. Podría definírsele como vasco españolista, su postura le llevó a polemizar con Sabino Arana, pionero del nacionalismo vasco, pues no creía en el bilingüismo del euskera y el español. Ostentó el cargo de rector de la Universidad de Salamanca en tres ocasiones, la primera a la temprana edad de 30 años.

Vamos a revisar tres de esas cartas: una de 1897 y dos de 1898 fechadas en Salamanca donde estaba ejerciendo sus enseñanzas desde la Universidad.
En estos años que las escribe, Unamuno estaba sufriendo una gran depresión de tipo personal y religiosa entre otras causas por la enfermedad incurable de su hijo Raimundo, en ese momento también había abandonando el partido socialista al que perteneció desde 1894. Del estado de su espíritu se hacen eco sus escritos, en la carta de 14 de marzo de 1897, dice: “Estoy pasando un gran crisis espiritual. Hace tiempo que no sentía con tanto movimiento por dentro. Preveo que es la muda, y quiera Dios que sea en bien”.
Y así en la de 11 de octubre de 1898 refiere a Altamira:
“Recuerdo que en una de sus cartas me aconsejaba usted que me dedicase a los trabajos de erudición y de investigación. Intento hacerlo sin lograr conseguirlo. No gozo de la serenidad de ánimo que para ello hace falta, preocupaciones de orden familiar me embargan más cada día”.
Más adelante prosigue:
“Y siempre, siempre, siempre oyendo el perdurable rumor de la aguas profundas de mi espíritu, el eco de mi niñez recogida y algo triste, y siempre con la obsesión de la muerte sobre el alma…. pero ¡me vendría tan bien una compañía de personas como usted!. Es, por otra parte, una desgracia el haber nacido en un país y en una época en que las aptitudes que pueda uno tener son de las que el país ahora no necesita. Estoy persuadido de que España necesita poco de lo que yo pueda hacer y de que no puedo hacer bien otra cosa. Si pudiera emigraría seguro de que mi país nada perdía con ello y yo tal vez ganase. Pero ¿quién sabe?. Me haría mucho su serenidad de usted, su fe en el trabajo, su disciplina para la investigación pero no lo logro”.

En 1897 había publicado su novela Paz en la guerra que se desenvuelve durante la tercera guerra carlista, que él conoció en su niñez, en su trasfondo plantea la relación del yo con el mundo, condicionado por el conocimiento de la muerte.
En la misiva de 14 marzo 1897 pregunta a Altamira qué le pareció la novela “Celebraré lo que me diga de mi pobre novela, que no sé qué suerte irá corriendo por el mundo.
Un año después, el 9 de abril de 1898 dice en otra de ellas: “Una de las cosas con que menos tino llevé a cabo el editar mi novela fue el reparto de ejemplares de regalo y propaganda, como me ha demostrado el resultado de los más de 100 ejemplares así distribuidos. En el carnet donde llevo cuidadosamente registrada la experiencia de mi primera publicación – de que estoy satisfecho- figuran ya muchas notas a ese respecto”.
Y meses después, en octubre del mismo año: “El ensayo de mi novela me salió bien; gané con aquello, y si hoy me encontrase en situación análoga repetiría el ensayo, publicaría algo por mi cuenta”.
Las cartas mencionan otros muchos detalles de tipo profesional sobre los trabajos lingüísticos de Unamuno y la actividad académica de ambos, en ese momento Altamira era docente de la Universidad de Oviedo y a la sazón también allí era catedrático Leopoldo Alas Clarín. Sobre éste último le dice Unamuno a Rafael Altamira: “A ver si en Oviedo endereza usted a Clarín, que anda algo torcido y perdido… del genus irritabile litteratorum”.
La carta de 11 de octubre de 1898 finaliza así: “Usted sabe, amigo Altamira, que a pesar de no haber tenido tiempo de intimar directamente face à face, le tiene como a una de sus mejores amigos. Su afecto. Miguel de Unamuno”.
Y a modo de postdata: “Ahora me dedico bastante al dibujo, arte en que me he ejercitado durante doce años y en que creo poseer alguna destreza, y es fácil, que pronto me lance a publicar dibujos o artículos ilustrados por mí mismo (siempre d´aprés nature, pues no dibujo jamás de memoria). Don Miguel era un buen dibujante, aprendió dibujo en Bilbao con el pintor y paisajista Antonio Lecuona, según afirmaba él mismo, su falta de dominio sobre el color, le hizo desistir de una carrera artística.
Las cartas que conservamos son sólo una reducida muestra de la relación epistolar entre ambos, debió ser abundante la correspondencia mantenida por ellos. Se han publicado otras misivas escritas de estas mismas fechas, incluso con días de diferencia, en las que menciona los mismos asuntos, sobre la novela o su crisis personal. Se conocen varias, dispersas actualmente en distintas instituciones, contrastando todas ellas se podría seguir la secuencia y frecuencia de su comunicación.
El periódico El País, publicó el contenido de dos cartas más procedentes de la Residencia de Estudiantes que están relacionadas con las nuestras: https://elpais.com/…/2…/03/12/cultura/1047423604_850215.html.
La biblioteca virtual Miguel de Cervantes, recoge en digital otra muy cercana en fecha, del 26 de marzo 1897, en la que Unamuno habla también de Clarín. Esta carta pertenece al “Legado Altamira”, del Instituto Jorge Juan de Alicante, que conserva el acervo documental allí depositado por voluntad del propio Rafael Altamira: http://www.cervantesvirtual.com/…/carta-de-miguel-de-unamu…/
Por último decir que La Casa Museo Unamuno http://unamuno.usal.es/autor.html es otra fuente de documentación relativa al escritor que conserva más correspondencia.
Retrato de Unamuno realizado por Ramón Casas http://www.swarthmore.edu/Humaniti…/…/espanol_11/unamuno.htm

2 comentarios en “LAS CARTAS DE UNAMUNO

    • De nada, María Jesús. Difundir siempre es un placer compartiendo la rica e interesante información de nuestros documentos. Viene al caso la frase de Unamuno: “Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos”. Gracias.

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