OLOR A GASOLINA

A finales del siglo XIX, el automóvil se había convertido en uno de los inventos más sensacionales. Pero enseguida estuvo claro que necesitaba de cierta infraestructura que nadie había previsto. Por ejemplo, el repostaje. Parece que el primer repostaje de la historia tuvo lugar en agosto de 1888, durante el considerado también primer viaje interurbano en coche, protagonizado por Bertha Benz, esposa del ingeniero Karl Benz, uno de los padres del invento y fundador de la conocida marca Mercedes-Benz. En su camino entre Mannheim y Pforzheim, Frau Benz se detuvo en la farmacia de Willy Ocker, en Wiesloch, y compró una botella de ligroína, un derivado del petróleo utilizado entonces como producto de limpieza. Los sabrosos detalles de este viaje son muy conocidos: la intrépida conductora lo realizó a espaldas de su esposo, con la excusa de ir a ver a su madre pero, en realidad, con la intención de promocionar la nueva máquina ante su escaso éxito comercial. Durante el viaje, que se considera, también, una de las mejores acciones de márquetin de la historia, tuvo que afrontar numerosos problemas técnicos, incluyendo el del repostaje, que afrontó con ingenio y decisión, lo que ayudó mucho a las mejoras que la marca introdujo en sus modelos posteriores. No deja de resultar irónico que años después las mujeres necesitasen el permiso de sus maridos para conducir. En todo caso, hoy la ruta de Bertha Benz es un importante atractivo turístico.

Coche repostando frente a la Puerta de Bisagra

Durante bastantes años, el combustible para los automóviles se vendía en droguerías y farmacias. En Málaga todavía se hacía así en 1922.  No obstante, el primer edificio construido expresamente para esta función se ubicaba en Seattle y se abrió en 1907. Desgraciadamente, no hemos podido encontrar datos precisos sobre las primeras gasolineras en España ni en Toledo. Solo sabemos que el primer surtidor de gasolina establecido en Mallorca lo fue en 1910. En Toledo, la primera noticia datable que hemos encontrado es esta fotografía del surtidor situado frente a la Puerta de Bisagra. Al fondo, fijado a un lado de la puerta, se encuentra un cartel que anuncia “La Voz Médica”, una revista que se publicó entre 1922 y 1936. Por otro lado, el surtidor presenta el logotipo de la empresa la empresa “Petróleos Porto Pí”, fundada en 1910 y absorbida por CAMPSA en 1927, año que coincide con el final de la producción del Ford T, como el que aparece repostando y con matrícula de pruebas. Por tanto, la fotografía debe datarse entre 1922 y 1927.

En poco tiempo los simples surtidores se convertirían en amplios establecimientos dedicados a todo tipo de apoyo a los automovilistas, como se puede ver en la fotografía de la “Estación de Servicios Sandoval”, en Albacete, datable hacia los años de 1930. O en la gasolinera de la carretera de Madrid, en Toledo, que, a juzgar por el coche estacionado en ella, podría datarse en los años 1940-1950. Esta evolución desde el simple repostaje a la atención al viajero se mantiene hasta hoy, cuando en las estaciones de servicio el combustible es casi una excusa, aunque se mantenga el olor a gasolina.

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