EL INSTITUTO PROVINCIAL DE HIGIENE

La sanidad pública fue materia de la que el Estado no se ocupó seriamente hasta 1925. De ese año son los primeros pasos reales para organizar la prevención y la curación de manera efectiva en todo el país mediante, entre otras medidas, la creación de organismos provinciales. Así, en cada provincia existiría una Inspección Provincial de Sanidad, una Junta Provincial de Sanidad y, sobre todo, un Instituto Provincial de Higiene, distribuido en los servicios de Epidemiología y Desinfección, Análisis y Vacunación. En los años siguientes, el papel de los Institutos sería cada vez más importante, como centro de las actuaciones sanitarias en cada provincia, y también ampliaría sus funciones al ritmo de la lucha contra las principales enfermedades de cada momento. En 1939 los Institutos quedarán sujetos a las nuevas Jefaturas Provinciales de Sanidad y cambiarán su nombre por el de Institutos Provinciales de Sanidad.

Bien, pues los documentos de hoy son los planos de la construcción del nuevo y flamante edificio del Instituto Provincial de Higiene de Toledo en 1933. Como se puede ver, el edificio elegido está en la esquina del Callejón de Jesús y María y la calle de Joaquín Costa, hoy Alfonso XII, muy cerca de la sede actual del AHPTO. El edificio venía siendo residencia de la Compañía de Jesús, pero fue incautado por el Estado tras la supresión de la orden religiosa en 1932, y al año siguiente se decidió instalar allí el IPH.

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El proyecto fue encargado al arquitecto municipal de Toledo, Flaviano Rey de Viñas, que había intervenido en la construcción del teatro de Mora y en la reforma de su Ayuntamiento, y después realizaría otras obras oficiales, como la reforma del Cuartel de la Guardia Civil de La Puebla de Montalbán o la del Ayuntamiento de Torrijos. Como se puede ver, todo se organiza alrededor del patio trapezoidal, utilizado como sala a de espera. A él se abren algunos de los despachos de atención sanitaria más utilizados, desde la sala de embarazadas y la de puericultura hasta la de “curaciones de higiene social”. Más recónditos están los espacios dedicados algunas de las enfermedades a las que se otorgaba atención especial, como el paludismo o la tuberculosis. En su fachada, el edificio incluía una airosa portada.

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Poco tiempo permanecería aquí el Instituto Provincial de Higiene. En 1938 los jesuitas pudieron volver a España y se les devolvieron sus bienes, incluyendo este edificio. De manera que el IPH debió buscarse otro acomodo. Tras largos debates, finalmente recaló en 1940 en la Plaza del Colegio de Doncellas.

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En la fotografía podemos ver el aspecto de nuestro edificio hacia los años de 1950. Parece que la portada no llegó a realizarse y se sustituyó por otra más funcional y menos estética. Lo que sí conserva todavía es el mástil de la bandera propia de los edificios oficiales.

Los Institutos Provinciales de Sanidad serán suprimidos en 1967, y sus funciones se repartieron entre los Ayuntamientos y las propias Jefaturas Provinciales de Sanidad. Pero, en el caso de Toledo, para entonces ya todos sus servicios habían pasado al edificio de la Jefatura Provincial de Sanidad, en la calle Real, junto a la Diputación.

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