EL PATRONATO DE PROTECCIÓN A LA MUJER

La atención a los derechos de las mujeres no siempre se ha entendido como lo hacemos hoy en día. Hasta tiempos muy recientes, al menos en España, se consideraba a las mujeres prácticamente como menores de edad, que debían ser “protegidas” desde el punto de vista del control sexual, pero cuya opinión no contaba. La documentación de archivo demuestra que esta afirmación no es ningún tópico vacío.

El primer organismo público español dedicado a mejorar la situación de las mujeres fue el “Real Patronato para la Represión de la Trata de Blancas”, creado en 1902 y de significativo nombre. En el AHPTO no conservamos documentación de este organismo, perdida en el incendio del Gobierno Civil de 1964, pero sí de su sucesor, el “Patronato de Protección a la Mujer” creado en 1941 con la misión principal de “dignificar moralmente a la mujer, impedir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a la enseñanza de la religión católica”. Se reorganizó en 1952, y con esta ocasión se desgranan sus funciones principales, entre las que encontramos:

  • “Velar por la moralidad pública y, muy especialmente, por la de la mujer”
  • Proteger a “la juventud femenina” y a las mujeres “que se desenvuelvan en medios moralmente nocivos o peligrosos”
  • Descubrir y reprimir los delitos relacionados con la corrupción de menores, la trata de blancas, la pornografía, las prácticas abortivas o anticonceptivas “y, en general, cuantos afecten a la moral católica y a los demás fines del Patronato”
  • “Atender a la regeneración de las mujeres caídas” con el internamiento en centros adecuados.
  • Organizar la formación de personal especializado en “los problemas de la tutela moral de la mujer”

El Patronato se regía por una Junta Central, por las oportunas Juntas Provinciales y, en ocasiones, también por Juntas Locales. Por supuesto, todas estas juntas estaban formadas exclusivamente por varones. Ya el repaso a sus normas básicas de funcionamiento indica su orientación casi exclusiva a la represión sexual y la fuerte influencia de la Iglesia.

Os ofrecemos aquí algunas de las circulares que la Junta central envió a su correspondiente toledana durante el franquismo y que resultan expresivas. En primer lugar, las dos primeras páginas de una de junio de 1943 en la que, entre otros asuntos, se trata de la “decencia” en los baños estivales —asunto que se repetiría machaconamente en los años sucesivos, indicio claro de que no se cumplía— y también de las mujeres “seducidas” por soldados y marineros, todo un clásico.

En segundo lugar, una circular de enero de 1951 especificando los trámites para controlar a las mujeres que salen al extranjero a trabajar en “espectáculos más o menos artísticos”, con peligro de abandonarse allí a “una vida vergonzosa… al punto de que hablar español pueda ser un signo de fácil acceso a nuestra mujer en ciertos países”.

Y, por último, la noticia del establecimiento en 1953 de una casa de acogida para las chicas que llegan a Madrid “en busca de colocación de sirvienta” y que pueden ser captadas por redes de prostitución o bien entregarse “a las diversiones peligrosas en bailes y espectáculos que tanto atraen a las jóvenes venidas de fuera y que son ocasión de muchas caídas morales”.

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Es cierto que este lenguaje va desapareciendo poco a poco, pero el Patronato permaneció con su normativa inalterada hasta bien entrada ya nuestra etapa democrática. En 1984 el Estado traspasó las Juntas de las provincias castellano-manchegas al gobierno autonómico, quien las suprimiría al año siguiente.

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