LA CAPILLA DEL CARMEN DE BARGAS

El plano y alzado de la capilla del Carmen, en Bargas, es el excepcional documento que hemos elegido como imagen principal de nuestra exposición “Edificios de papel”. Como todos los documentos, tiene una historia detrás, lo que los archiveros denominamos “contexto”, que es esencial para entenderlos. Veamos cuál es la historia de este dibujo, con la ayuda de otros documentos que le acompañaban.

32438_5A finales de 1741 los hermanos Gaspar, Manuel y Francisco Sánchez Agudo, naturales y vecinos del pueblo de Bargas, junto con su convecino Gabriel Peral Sevillano, deciden labrar a su costa una capilla en la iglesia parroquial para mejor rendir culto a una imagen de la Virgen del Carmen que allí se veneraba. Como primer paso, se pusieron en contacto Francisco Jiménez Revenga, a la sazón “maestro de obras” o arquitecto de la Catedral, para que reconociese el terreno y realizase un primer proyecto de la obra. Fruto de ese trabajo fueron unos planos que no conservamos (luego sabremos por qué), y unas detalladas condiciones que sí conservamos, fechadas el 15 de enero de 1742. En ellas se especifica que la obra costaría 9.300 reales en total, pero que “si acaso los devotos se quisieren encargar de los materiales, como son cal, ladrillo, piedra, rejas, redes, madera, teja, vidrieras y azulejos, yeso moreno y blanco, tendrá el costo de manos quatro mil y quatroçientos reales”.

Con los planos y las condiciones, los cuatro bargueños pidieron el preceptivo permiso al arzobispo don Luis de Borbón. El consejo de Gobierno del Arzobispado, a la vista de los documentos y también del informe favorable del cura párroco afectado, da su visto bueno y el 27 de abril el cardenal extiende su licencia, con sello de placa y todo. Hace poco hablábamos de estos sellos, así que no nos hemos resistido a fotografiar este.

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Pero una vez concedida la licencia los promotores decidieron encargar unos nuevos planos, esta vez a José Díaz, arquitecto toledano, que son los que conservamos hoy, aunque manteniendo las condiciones redactadas por Jiménez Revenga; por eso, los primeros planos no se incorporaron al expediente. Mientras tanto, la noticia del proyecto se hace correr entre los constructores cercanos, y el 13 de junio se presenta una primera propuesta o “postura”, a cargo del “maestro de obras de albañilería” Bernardo García, de Toledo, que se declara dispuesto a realizar la obra por un máximo de 7.500 reales. Es probable que la rebaja en el precio se relacione con el cambio de proyecto, sustituyendo el primero por otro más sencillo y barato. En todo caso, el constructor se compromete a tener la capilla terminada para finales de octubre.

Inmediatamente después se colocó en la puerta del Ayuntamiento de Bargas el anuncio de la subasta de las obras, a celebrar el 23 de junio. Merece la pena detenernos en la mecánica de esta subasta, detallada en uno de nuestros documentos. A las cinco de la tarde del día previsto, los promotores se encuentran a las puertas de las casas del Ayuntamiento, donde está fijado el anuncio por falta de pregonero. La adjudicación “se ha de dar por rematada en la persona que de última mejora la tuviese puesta al consumirse una cerilla que incontinenti se havía de poner en las dichas puertas”. En efecto, se fijó la cédula en las puertas, y al lado una “cerilla” (es decir, una vela delgada y larga) encendida y sujeta con una armella, para que todo el mundo pudiese leer el documento. Se presentaron varios maestros de obras, entre ellos el propio José Díaz, autor de los planos, quien dijo que mejoraba la oferta en cincuenta reales, es decir, que haría la obra por un total 7.450 reales de vellón. “Y pasado tiempo como de media hora se consumió del todo la dicha cerilla sin haber parecido quien hiziese otra mexora alguna”, con lo que quedó adjudicada la obra a José Díaz.

El 8 de julio se firma el contrato, en el que Díaz aparece asociado al maestro carpintero Manuel Gutiérrez, también de Toledo. El mismo día se firma el acuerdo con el cura párroco, Jaime Castaño, comprometiéndose los promotores a tener finalizada la capilla en el plazo de un año. El último documento del expediente es el testamento de doña Manuela Isidora Alonso de Rozas y Aguado, viuda de Gregorio Sánchez Agudo, vecina de Bargas y natural de la parroquia de San Vicente de Toledo. Entre otras cosas, lega cien reales a cada uno de sus alnados o hijastros Gaspar, Francisco y “fray Manuel” (religioso franciscano), y dona dos mil reales para la obra de la capilla. “Y en caso que no tenga efecto el hacer la dicha capilla, se empleen los dichos dos mil reales en hazer un vestido para la dicha imagen de Nuestra Señora”. Eso sí, mientras no se tengan que gastar, los dos mil reales deberán permanecer en el “arca de tres llaves de la dicha iglesia” sin que se pueda utilizar para otra cosa.

La desconfianza de doña Manuela no parece exagerada si tenemos en cuenta que hoy en día no existe la capilla en la parroquia de Bargas. No hemos encontrado ningún documento que explique si las obras no se llegaron a realizar, o si la capilla fue demolida o reutilizada con posterioridad.

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