Manuel B. Cossío y Rafael Altamira

Una de las exposiciones más interesantes que actualmente están abiertas en nuestra provincia es la que el Museo de Santa Cruz dedica a la figura de Manuel Bartolomé Cossío. Aprovechamos esta ocasión para ofreceros una carta que el propio Cossío dirigió a Rafael Altamira, y que se conserva en nuestro archivo dentro del pequeño fondo personal de este último.

La carta está fechada el 5 de diciembre de 1912, y en ella Cossío, entonces director del Museo Pedagógico Nacional y miembro del Consejo de Instrucción Pública, informa a Altamira, que era Director General de Enseñanza Primaria, de los costes de una compra de libros con destino a una serie de bibliotecas que no especifica (probablemente, bibliotecas escolares), así como sobre los presupuestos educativos en Portugal y en Italia. Obsérvese que Cossío tiene en cuenta no solo el coste de los libros, sino también el de las cajas que los contendrán, e incluso los detalles del transporte, lo que revela un profundo conocimiento del trabajo bibliotecario. Esta carta muestra la gran preocupación que ambos intelectuales tenían por el desarrollo de las bibliotecas en general, y las escolares en particular.

Este interés es una de las razones por las que hoy seguimos recordando a Manuel Bartolomé Cossío como una figura esencial de la llamada ”Edad de Plata” de la cultura española. Nacido en Haro (La Rioja) en 1857, fue uno de los primeros alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, y permaneció ligado a su fundador, Francisco Giner de los Ríos, hasta su muerte. Impulsor también del Museo Pedagógico Nacional y de las famosas “Misiones Pedagógicas”, es uno de los nombres capitales para la historia de la educación en España. Pero, además, Cossío fue un muy notable historiador del arte, y debe recordarse especialmente su labor de reconocimiento de la figura del Greco, entonces todavía considerado un pintor casi secundario. Cossío murió cerca de Madrid en 1935. Es curioso que se le suela nombrar por el apellido de su madre, e incluso se piense, equivocadamente, que “Bartolomé” es su segundo nombre.

En cuanto a Rafael Altamira Crevea, fue un eminente político, jurista e historiador nacido en Alicante en 1866. También ligado a la ILE, fue catedrático en las universidades de Oviedo y Central, además de convertirse en 1912 en el primer Director General de Instrucción Primaria. Contribuyó activamente a la creación del Tribunal permanente de Justicia Internacional de La Haya, donde trabajó hasta que la invasión nazi de 1940 le obliga a huir, primero a Bayona (Francia) y luego a Ciudad de México, donde moriría en 1951, después de haber sido propuesto dos veces para el Premio Nobel de la Paz.

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